Ayer murió Oliver Sacks.
Un tipo sabio.
Y bueno.
Tuvo el tiempo y la lucidez para despedirse y contarnos que vivió una buena vida. Dice, aquí y aquí, que se va tranquilo y satisfecho, aunque le hubiera gustado quedarse un ratito más...
Sit tibi terra levis.
¡Seguimos!
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
lunes, 31 de agosto de 2015
domingo, 30 de agosto de 2015
Mary Shelley
Hoy, 30 de agosto, se cumplen 218 años del nacimiento en Londres de la escritora Mary Wollstonecraft Godwin [1797-1851], más conocida como Mary Shelley, hija del filósofo y político William Godwin [1756-1836] y de la escritora feminista Mary Wollstonecraft [1759-1797], pareja del poeta romántico Percy B. Shelley [1792-1822] y, sobre todo, autora de, entre otras obras, Frankenstein o el moderno Prometeo [1818].
sábado, 29 de agosto de 2015
gente que lee (52)
Hoy, 29 de agosto, se cumplen 100 años del nacimiento de la actriz sueca Ingrid Bergman, y 33 de su fallecimiento.
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viernes, 28 de agosto de 2015
jueves, 27 de agosto de 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
Testigo de ceniza
En la roca que el mar golpea
o en la seca corteza de ese árbol,
en el viento que aúlla contra los cristales,
sobre la huella de la arena o en la tierra más dura,
en el humo que se deshace entre tus manos,
escribe, escribe, como si aún descubrieras las palabras.
Escribe para pieles o piedras,
para blancos caballos, para aquellos ojos
que nunca te miraron y tú jamás miraste.
Escribe sin orgullo, pero tampoco con falsa modestia,
que no fue en vano tu paso por el mundo.
Olvida después tan estúpida frase
y mira el mar, las velas de aquel barco
que viene a rescatarte, su paciente cabecear sobre las olas,
las luces que se reflejan en la espuma.
Y escribe -sobre todo- cuando lo veas hundirse,
cuando desaparezca como el sueño o la bruma,
cuando ya no exista -sabido es que nunca existió-
escribe y repítelo en voz alta para el sordo mar, para el cielo distante.
Aprende así, testigo de ceniza,
el final implacable de tu ilusa labor,
y entonces, sin dudarlo -que no tiemble tu mano-,
escribe, escribe, escribe, escribe.
Juan Luis Panero [1942-2013]
o en la seca corteza de ese árbol,
en el viento que aúlla contra los cristales,
sobre la huella de la arena o en la tierra más dura,
en el humo que se deshace entre tus manos,
escribe, escribe, como si aún descubrieras las palabras.
Escribe para pieles o piedras,
para blancos caballos, para aquellos ojos
que nunca te miraron y tú jamás miraste.
Escribe sin orgullo, pero tampoco con falsa modestia,
que no fue en vano tu paso por el mundo.
Olvida después tan estúpida frase
y mira el mar, las velas de aquel barco
que viene a rescatarte, su paciente cabecear sobre las olas,
las luces que se reflejan en la espuma.
Y escribe -sobre todo- cuando lo veas hundirse,
cuando desaparezca como el sueño o la bruma,
cuando ya no exista -sabido es que nunca existió-
escribe y repítelo en voz alta para el sordo mar, para el cielo distante.
Aprende así, testigo de ceniza,
el final implacable de tu ilusa labor,
y entonces, sin dudarlo -que no tiemble tu mano-,
escribe, escribe, escribe, escribe.
Juan Luis Panero [1942-2013]
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martes, 25 de agosto de 2015
Somos espías, mirones
Me pregunté si sería pertinente, llegado a este punto, dar una explicación algo más profunda de por qué había tantos escritores viajando en autobuses o metros por las grandes ciudades. Me imaginé diciéndoles: "Todos nosotros, los que contamos historias, somos espías, mirones. La vida es demasiado breve como para vivir el número suficiente de experiencias, es necesario robarlas."
De la novela Extraña forma de vida [1997] de Enrique Vila-Matas [1948- ].
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lunes, 24 de agosto de 2015
Otras drogas semejantes...
Los teatros, los juegos, las farsas, los espectáculos, los gladiadores, los animales exóticos, las medallas, los cuadros y otras drogas semejantes eran para los pueblos antiguos los encantos de la servidumbre, el precio de su libertad y los instrumentos de la tiranía. Estos procedimientos, estas prácticas, estos engaños tenían los antiguos tiranos para adormecer a sus antiguos súbditos bajo el yugo. Así, los pueblos, entontecidos, encontrando bellos estos pasatiempos, distraídos por un vano placer que les pasaba ante los ojos, se acostumbraban a servir tan inocentemente -pero con mucho peores consecuencias- como los niños pequeños cuando, por ver las brillantes imágenes de los libros ilustrados, aprenden a leer.
Si Étienne de La Boétie [1530-1563] hubiera vivido en nuestro siglo quizá hubiera incluido en este párrafo de su Discurso algunas cosas más... quizá la tele, el fútbol...
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domingo, 23 de agosto de 2015
Estupidez almacenada
Me puse de pie y le solté un discurso: "Cada hora que pasa, el mundo se libra de miles de tontos. Piénsalo. ¿Te has parado alguna vez a pensar en la cantidad de estupidez almacenada que desaparece en el transcurso de un día? Imagínate todos los cerebros que dejan de funcionar, pues es ahí donde se almacena la estupidez. Y sin embargo, todavía queda mucha estupidez, porque algunos la han perpetuado en libros, y así se mantiene viva. Mientras la gente siga leyendo novelas, ciertas novelas de las que tanto abundan, la estupidez seguirá existiendo".
Del relato Últimas notas de Thomas F. para la humanidad del escritor noruego Kjell Askildsen [1929- ].
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sábado, 22 de agosto de 2015
viernes, 21 de agosto de 2015
jueves, 20 de agosto de 2015
14
El año pasado se publicaron montones de libros sobre la Primera Guerra Mundial conmemorando el primer centenario de su inicio. Echando un vistazo a las bibliografías que hay por ahí se encuentran libros sobre el desarrollo de la guerra, la estrategia militar, las consecuencias, las batallas, los personajes destacados que intervinieron... Miles de páginas contando la barbarie.
El libro de Echenoz no tiene desperdicio. En esas poquitas páginas (insisto) le da para contar no sólo el horror de las trincheras, sino también lo que ocurre en casa, cómo viven quienes se han quedado atrás, la relación entre mandos y tropa, la corrupción y los abusos que generan las guerras...
Con este librito vuelvo a confirmar esa teoría que tengo, y de la que cada vez estoy más convencido, de que para conocer la historia la literatura es (al menos) tan útil como los propios libros de historia.
Hace un par de días leí 14, del escritor francés Jean Echenoz [1947- ].
No llega a las cien páginas. Y da la impresión de que en esas pocas páginas está todo. Se lee de una sentada, casi sin pestañear. En la primera página la imagen, bucólica y amable, de un tipo montando en bici por el campo un sábado después de comer... Parece que va a ser un cuento fácil y con poca chicha. Pero poco a poco, casi sin darte cuenta, a las pocas páginas, estás en plena guerra contando qué pasa allí, contando la sorpresa e incluso la diversión de quienes son reclutados y salen de su ciudad como si fueran de turismo unos días, el frío y el calor, el peso del equipo que cargan, la mugre, el dolor, el ruido, la soledad...
Tantas veces nos han contado la guerra como algo limpio, necesario y heroico que libros como este parecen necesarios para acercarnos a la realidad.
Quizá los ejemplos en el cine son más claros. Pienso en esas pelis en las que hay unos malos y otros buenos, los buenos acaban con los malos limpiamente y vuelven a casa. Y asunto resuelto. Tal vez uno de los ejemplos más exagerados que me vienen a la memoria sea la peli-panfleto Objetivo Birmania, rodada meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, con la única intención de hacer propaganda antijaponesa en Estados Unidos en esos meses finales del conflicto. Tan absurda que a ratos parece una parodia.
Y pienso, por ponerme en el otro extremo, en la primera media hora de Salvad al soldado Ryan, otra peli también a ratos patriotera, con demasiadas banderas y con los malos demasiado malos y los buenos demasiado buenos, pero que durante esos primeros minutos en que cuenta el inicio del desembarco de Normandía muestra cómo debe ser el espanto y el miedo de situaciones así.
Quizá los ejemplos en el cine son más claros. Pienso en esas pelis en las que hay unos malos y otros buenos, los buenos acaban con los malos limpiamente y vuelven a casa. Y asunto resuelto. Tal vez uno de los ejemplos más exagerados que me vienen a la memoria sea la peli-panfleto Objetivo Birmania, rodada meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, con la única intención de hacer propaganda antijaponesa en Estados Unidos en esos meses finales del conflicto. Tan absurda que a ratos parece una parodia.
Y pienso, por ponerme en el otro extremo, en la primera media hora de Salvad al soldado Ryan, otra peli también a ratos patriotera, con demasiadas banderas y con los malos demasiado malos y los buenos demasiado buenos, pero que durante esos primeros minutos en que cuenta el inicio del desembarco de Normandía muestra cómo debe ser el espanto y el miedo de situaciones así.
El libro de Echenoz no tiene desperdicio. En esas poquitas páginas (insisto) le da para contar no sólo el horror de las trincheras, sino también lo que ocurre en casa, cómo viven quienes se han quedado atrás, la relación entre mandos y tropa, la corrupción y los abusos que generan las guerras...
Con este librito vuelvo a confirmar esa teoría que tengo, y de la que cada vez estoy más convencido, de que para conocer la historia la literatura es (al menos) tan útil como los propios libros de historia.
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miércoles, 19 de agosto de 2015
martes, 18 de agosto de 2015
Por su mismo peso se viene abajo y se rompe
Son, pues, los mismos pueblos los que se dejan o, más bien, se hacen someter, pues cesando de servir, serían, por eso mismo, libres. Es el pueblo el que se esclaviza, el que se corta el cuello, ya que, teniendo en sus manos el elegir estar sujeto o ser libre, abandona su independencia y toma el yugo, consiente en su mal o, más bien, lo persigue. [...] De la misma manera que el fuego de una pequeña chispa llega a ser grande y se refuerza más y más cuando se une a la madera, y aún más si ésta se encuentra en condiciones de arder, y si no se tiene agua para extinguirlo, únicamente no arrojando a él más madera, no haciendo más que abandonarlo, se consume a sí mismo y se convierte en algo sin forma y que deja de ser fuego; así también los tiranos más saquean, más exigen, más arruinan y destruyen mientras más se les entrega y más se les sirve, tanto más se fortalecen y se hacen tanto más fuertes y más ansiosos de aniquilar y destruir todo; y, si no se les entrega nada, si no se les obedece, sin combatir y sin herir, quedan desnudos y derrotados y no son nada, igual que la raíz que, no teniendo sustancia ni alimento, degenera en una rama seca y muerta.
[...] Este anhelo, esta voluntad para desear las cosas que, siendo valiosas, los hacen dichosos y alegres, es común a los sabios y a los indiscretos, a los valientes y a los cobardes. Sólo hay una, se puede decir, en la cual, no sé por qué, la naturaleza ha hecho imperfectos a los hombres para desearla: es la libertad, la cual es, sin embargo, un bien tan grande y tan agradable, que, una vez perdida, todos los males se hacen patentes, y los bienes mismos que aún duran pierden enteramente su gusto y su sabor, corrompidos por la esclavitud. La libertad sola no la desean los hombres, por la sencilla razón, a mi entender, de que si la desearan la tendrían. Es como si rehusaran a realizar esta bella adquisición, tan sólo porque es demasiado fácil.
[...] Éste que os domina tanto no tiene más que dos ojos, no tiene más que dos manos, no tiene más que un cuerpo, y no tiene ni una cosa más de las que posee el último hombre de entre los infinitos que habitan en vuestras ciudades. Lo que tiene de más sobre todos vosotros son las prerrogativas que le habéis otorgado para que os destruya. ¿De dónde tomaría tantos ojos con los cuales os espía si vosotros no se los hubierais dado? ¿Cómo tiene tantas manos para golpear si no las toma de vosotros? Lo pies con que holla vuestras ciudades, ¿de dónde los tiene si no es de vosotros? ¿Cómo tiene algún poder sobre vosotros, si no es por obra de vosotros mismos? ¿Cómo osaría perseguiros si no hubiera sido enseñado por vosotros? ¿Qué os podría hacer si vosotros no fuerais encubridores del ladrón que os roba, cómplices del asesino que os mata y traidores a vosotros mismos? [...] Pero podéis libraros si ensayáis no siquiera a libertaros, sino únicamente a querer ser libres. Estad resueltos a no servir más y seréis libres. No deseo que le forcéis, ni le hagáis descender de su puesto; sino únicamente no sostenerlo más; y le veréis como un gran coloso al que se ha quitado la base, y por su mismo peso se viene abajo y se rompe.
Parece que este texto hubiera sido publicado hoy mismo refiriéndose a muchxs de nuestros gobernantes y políticxs. Sin embargo fue escrito hace casi cinco siglos por Étienne de La Boétie [1530-1563], íntimo amigo de Michel de Montaigne, y de cuya muerte se cumplen hoy 452 años.
lunes, 17 de agosto de 2015
El hombrecito de la lluvia
Yo conozco al hombrecito de la lluvia. Es un hombrecito ligero, muy ligero, que vive en las nubes, que salta de una nube a otra sin hundir el pavimento blanco y vaporoso.
Las nubes tienen muchos grifos. Cuando el hombrecito abre los grifos, las nubes dejan caer el agua sobre la tierra. Cuando el hombrecito cierra los grifos, la lluvia cesa. El hombrecito de la lluvia tiene mucho trabajo, siempre abriendo y cerrando los grifos. Y a veces se cansa. Cuando está cansado, muy cansado, se tumba sobre una nubecita y se duerme. Duerme, duerme, duerme, y mientras tanto, como ha dejado abiertos todos los grifos, sigue lloviendo sobre la tierra. Afortunadamente, un trueno más fuerte que los demás lo despierta. El hombrecito se pone en pie de un salto y exclama: "¡Pobre de mí, quién sabe cuánto tiempo habré dormido!".
Mira hacia abajo y ve los pueblos, las montañas y los campos grises y tristes bajo el agua que continúa cayendo. Entonces empieza a saltar de una nube a otra, cerrando apresuradamente todos los grifos. Y la lluvia cesa. Las nubes se dejan empujar hacia lo lejos por el viento y moviéndose acunan dulcemente al hombrecito de la lluvia, que vuelve a dormirse.
Cuando se despierta exclama: "¡Pobre de mí, quién sabe cuánto habré dormido!". Mira hacia abajo y ve la tierra seca y humeante, sin una gota de agua. Entonces corré por el cielo abriendo todos los grifos.
Y así siempre.
Cuento del escritor y pedagogo italiano Gianni Rodari [1920-1980], especializado en literatura infantil y juvenil.
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domingo, 16 de agosto de 2015
Doble dos
-No hay sin embargo un caso más raro que el de uno de nuestros más efímeros primeros ministros. Y esto no es una historia de lord Dim, por más que lo parezca -dijo lord Winson Green-. Ya saben, el pobre Alfred Hill, que apenas duró seis meses en Downing Street. Su guardaespaldas, el guardaespaldas del Primer Ministro era un escritor más bien frustrado que divagaba a diario con la fantasía de matarlo y así conseguir la fama que necesitaba para vender libros. Como le daba tantas vueltas a la idea, pensó luego que lo mejor sería que el Primer Ministro lo matara a él. Eso sí que sería una gran noticia. Pero para recoger sus frutos tenía que sobrevivir, aunque fuera con nombre supuesto. El Primer Ministro tenía un sosias; él también. El del Primer Ministro era un poco atolondrado; el suyo, en cambio, tenía mucho charme y además hablaba francés como la señora del Primer Ministro. No me pregunten cómo, pero se las ingenió para organizar un affaire entre ellos. Si el Primer Ministro, al sorprenderlos en flagrante adulterio en Downing Street, lo mataba en un arrebato a la española o si ya en frío mandaba asesinarlo, sería al sosias al que mataran. El Primer Ministro no se inmutó sin embargo. Él y su señora llevaban un tiempo buscando alicientes sexuales para reavivar su relación. Así que cuando vio en la cama matrimonial a su esposa desnuda cabalgando sobre quien creía el guardaespaldas, se despojó de sus ropas y se unió a ellos. Ni el Primer Ministro ni su esposa sabían que aquel no era el verdadero guardaespaldas. ¡Al fin te tenemos en nuestra cama! -le dijeron con alborozo. Ni que decir tiene que el muñidor del curioso enredo siguió siendo un escritor frustrado.
Del libro London Calling [2015] del escritor Juan Pedro Aparicio [1941- ].
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sábado, 15 de agosto de 2015
Colores
Uno de mis libros favoritos, desde hace años, es el diccionario. De vez en cuando, ojeándolo y hojeándolo, se descubren cosas sorprendentes. Y a veces muy hermosas.
Hace tiempo que, por ejemplo, encontré las definiciones de algunos colores. Y me encantan:
Me gusta esa especie de falta de rigor mezclada con poesía. Es posible que la RAE sea un sitio rancio, pero no cabe duda de que algunas de las personas que se sientan en esos sillones saben escribir bien y bonito.
Hace unos días, curioseando, me encontré con esta sorprendente décima acepción de la palabra amarillo que, obviamente, no conocía:
Aún sigo tratando de asimilarla. Uno nunca deja de sorprenderse...
P.S. En las últimas actualizaciones del diccionario han ido añadiendo en la definición de cada color la longitud de onda, en nanometros, correspondiente a la luz que lo produce. Afanes de ciencia que afortunadamente no han desplazado al cielo sin nubes, ni a la retama, ni a la hierba fresca...
Hace tiempo que, por ejemplo, encontré las definiciones de algunos colores. Y me encantan:
azul. 1. adj. Del color del cielo sin nubes.
amarillo, lla. 1. adj. De color semejante al del oro, la flor de la retama, etc.
verde. 1. adj. De color semejante al de la hierba fresca, la esmeralda, el cardenillo, etc.
Me gusta esa especie de falta de rigor mezclada con poesía. Es posible que la RAE sea un sitio rancio, pero no cabe duda de que algunas de las personas que se sientan en esos sillones saben escribir bien y bonito.
Hace unos días, curioseando, me encontré con esta sorprendente décima acepción de la palabra amarillo que, obviamente, no conocía:
amarillo, lla. 10. m. Adormecimiento extraordinario que los gusanos de seda, cuando son muy pequeños, suelen padecer en tiempo de niebla.
Aún sigo tratando de asimilarla. Uno nunca deja de sorprenderse...
P.S. En las últimas actualizaciones del diccionario han ido añadiendo en la definición de cada color la longitud de onda, en nanometros, correspondiente a la luz que lo produce. Afanes de ciencia que afortunadamente no han desplazado al cielo sin nubes, ni a la retama, ni a la hierba fresca...
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viernes, 14 de agosto de 2015
Caminata
Aún no ha amanecido cuando empezamos a caminar. Una niebla fina cubre el suelo como si fuera un rocío que no hubiera llegado a cuajar, como hebras de algodón que para avanzar hubiera que ir apartando con los pies. Mientras andamos, protegiéndonos del frío de la mañana, la niebla parece pelear con la luz, remoloneando como si no quisiera retirarse del todo, tratando de mantenerse sobre el terreno como una manta que lo protegiera del calor que ya se anuncia. Al esfuerzo del camino se une pronto la sensación del sol en la cara, la calidez de la mañana sobre la escasa superficie de piel que la ropa deja al descubierto.
El sol, por fin, se ha impuesto y la niebla ha desaparecido del todo. Ya está alto y empieza a sentirse de verdad el calor. Hacemos una primera parada. Buscamos una sombra junto al camino, bajo un roble. Cerca hay unos castaños, algún tejo. Sacamos agua, frutos secos, algo de pan, queso.
Enseguida seguimos andando para no enfriarnos. Ahora con menos ropa y más alegría. Cuando se levanta un poco de aire se nota fresco, pero el calor ya nos acompaña como uno más del grupo, formando parte del camino.
Llegamos al refugio en el que vamos a comer, junto a la laguna. El aire se siente limpio y al tumbarte y mirar las nubes, el cielo parece estar más cerca que cuando lo vemos desde la ciudad.
Ya de vuelta, cojo algunas flores que encuentro junto al camino: una digital, un pendiente de la reina. Durante un rato las llevo en la palma de la mano viendo cómo las enciende el sol ya bajo del atardecer, sintiendo su peso ligero sobre mi piel...
Madrid, septiembre de 2012.

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jueves, 13 de agosto de 2015
El mejor momento
-Camarón que se duerme...
-No estoy dormido. Busco el mejor momento.
-El mejor momento no existe, criatura. La vida es ahora, siempre.
De la novela Los cuerpos extraños [2014], de la serie de Bevilacqua y Chamorro, del escritor Lorenzo Silva [1966- ].
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miércoles, 12 de agosto de 2015
martes, 11 de agosto de 2015
Cuentitos y poesía para el verano
Los dos últimos libros que "han caído" estos días.
Este fin de semana he leído London Calling [2015] de Juan Pedro Aparicio [1941- ]. Es una colección de microrrelatos, si no recuerdo mal ninguno o casi ninguno pasa de las dos páginas, independientes pero con un hilo común: una reunión de caballeros ingleses, reunidos en un peculiar club con un embajador español, dialogan sobre diversos temas como el trato a los animales, las plumas de los ángeles o las relaciones de pareja...
Merece mucho la pena.
Y el otro es Palabra sobre palabra [2005], la poesía completa de Ángel González [1925-2008]. En realidad este libro llevaba ya unas cuantas semanas acompañándome junto a la cama y lo he ido leyendo de a poquitos. Ya he contado aquí más veces que no soy muy lector de poesía, pero me gusta probar... y lo de Ángel González ha sido un gusto.
(Por cierto, creo que se puede decir que Ángel ya es un "habitual" de este blog, pero Juan Pedro lo visitó ayer por primera vez.)
Este fin de semana he leído London Calling [2015] de Juan Pedro Aparicio [1941- ]. Es una colección de microrrelatos, si no recuerdo mal ninguno o casi ninguno pasa de las dos páginas, independientes pero con un hilo común: una reunión de caballeros ingleses, reunidos en un peculiar club con un embajador español, dialogan sobre diversos temas como el trato a los animales, las plumas de los ángeles o las relaciones de pareja...
Merece mucho la pena.
Y el otro es Palabra sobre palabra [2005], la poesía completa de Ángel González [1925-2008]. En realidad este libro llevaba ya unas cuantas semanas acompañándome junto a la cama y lo he ido leyendo de a poquitos. Ya he contado aquí más veces que no soy muy lector de poesía, pero me gusta probar... y lo de Ángel González ha sido un gusto.
(Por cierto, creo que se puede decir que Ángel ya es un "habitual" de este blog, pero Juan Pedro lo visitó ayer por primera vez.)
lunes, 10 de agosto de 2015
Homicidio en Heathrow
-¡Cuánto misterio emana de los aeropuertos! Yo les cuento otro caso -dijo lord Leighton Buzzard-. Este era también un hombre de empresa, un ejecutivo importante. Tenía un vuelo que no podía perder, como suele ocurrir con los ejecutivos, y buscaba desesperadamente un taxi en la zona de Knightsbridge. Iba a firmar un contrato en Qatar, vital para su futuro. Pero algo pasaba esa mañana con el tráfico. Por fin alcanzó a ver un coche libre y le hizo una señal muy llamativa. Había dejado el maletín en el suelo y agitaba los brazos por encima de su cabeza. Ya lo sé, demasiado nervioso para ser inglés. Una dama, joven todavía, en quien no había reparado, se le adelantó con descaro y se subió al taxi. Oyó que iba también a Heathrow. Le propuso que compartieran el coche, pero ella contestó con un mohín de desagrado. Decidió volver a su casa en Montpellier Walk y tomar su propio coche. Salió hacia Heathrow a toda la pobre velocidad que le permitió el tráfico y estacionó con tan mala suerte que produjo desperfectos en un coche vecino y tuvo que demorarse dejando sus datos en el parabrisas. Muy nervioso, se precipitó hacia la sala de embarque: el vuelo ya estaba cerrado. Con la sensación de haber sido asaltado, se acercó a la barra de la cafetería y pidió un whisky doble. Se lo bebió de un trago y pidió otro. No dejaba de pensar en el contrato perdido. Entonces vio a la mujer que le había quitado el taxi. Estaba sentada a una mesa tomándose muy plácidamente un té. Se acercó y le recriminó su conducta: ella se levantó muy airada "¡está usted bebido! -le acusó- ¿cómo se atreve a hablarme así?". Notó que ni siquiera lo había reconocido y se ofuscó. Agitó el brazo en actitud de rechazo como si quisiera apartar de sí el sonido de aquellas palabras, pero lo hizo con tal fuerza que la mujer se cayó hacia atrás y se desnucó. Salió a la calle entre gritos, los suyos, y los de la gente alrededor. Corrió sin saber a dónde y un autobús de los que unía las terminales lo atropelló. Tras una semana en coma, murió. Nadie logró convencer al marido de ella ni a la esposa de él de que no había habido entre ellos una turbulenta relación amorosa.
Del libro London Calling [2015] del escritor Juan Pedro Aparicio [1941- ].
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domingo, 9 de agosto de 2015
sábado, 8 de agosto de 2015
viernes, 7 de agosto de 2015
Agradecimiento
-Y por esto. Yo te estoy agradecido por esto.
-No tienes que darme las gracias.
-Claro que sí. Hay algo que leí, en un libro que seguramente nunca habría leído por mí mismo. Lo tenía un compañero mientras estábamos en un sitio con pocas distracciones y se lo pedí para hojearlo. Era un libro de cartas, entre un escritor y una escritora, mi amigo me dijo que lo compró porque le gustaba el escritor y le habían dicho que en aquellas cartas se desnucaba como en ningún otro escrito suyo. Y era verdad. En una de ellas decía algo que se me quedó grabado: "Siempre he creído que la mujer que se acostaba conmigo me hacía un favor". Es justo la misma sensación que he tenido yo siempre.
No supe muy bien cómo encajar aquello.
-No me tomes el pelo -protesté.
-En serio te lo digo. Y por eso entiendo muy bien otra cosa que escribía el hombre, en aquella carta. Que siempre que se veía con una mujer en los brazos, trataba de cuidarla y quererla lo mejor posible, para hacerle sentir ese agradecimiento que le inspiraba.
De la novela Música para feos [2015] de Lorenzo Silva [1966- ].
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jueves, 6 de agosto de 2015
El Paraíso
Junto a la tumba de Eva, dejó escrito Adán:
"Allá donde estuviera Eva, estaba el Paraíso"
De El diario de Adán y Eva, de Mark Twain [1835-1910].
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miércoles, 5 de agosto de 2015
martes, 4 de agosto de 2015
Mi tabla periódica
Espero con entusiasmo, casi ansiosamente, la llegada semanal de revistas como Nature y Science, y me dirijo inmediatamente a los artículos sobre ciencias físicas, y no, como tal vez debería, a los que tratan de biología y medicina. Las ciencias físicas fueron las primeras en fascinarme siendo niño.
En una reciente edición de Nature había un apasionante artículo del físico Frank Wilczek, ganador de un premio Nobel, sobre una nueva manera de calcular las masas ligeramente diferentes de los neutrones y los protones. El nuevo cálculo confirma que los neutrones son muy poco más pesados que los protones (la ratio entre sus masas es de 939,56563 a 938,27231). Se podría pensar que la diferencia es insignificante, pero si no fuese así, el universo, tal como lo conocemos, nunca habría llegado a desarrollarse. La capacidad de calcular algo así, dice Wilczek, “nos anima a predecir un futuro en el que la física nuclear alcanzará el nivel de precisión y versatilidad ya logrado por la física atómica”, una revolución que, por desgracia, yo nunca veré.
Francis Crick estaba convencido de que “el problema difícil” —entender cómo el cerebro produce la conciencia— estaría resuelto en 2030. “Tú lo verás”, solía decirle a Ralph, mi amigo neurólogo, “y tú también, Oliver, si llegas a mi edad”. Crick vivió hasta avanzados los 80 años, trabajando y pensando sobre la conciencia hasta el final. Ralph murió prematuramente, a la edad de 52 años, y ahora yo sufro una enfermedad terminal a los 82. Debo decir que no tengo demasiada experiencia con el “problema difícil” de la conciencia. La verdad es que no lo veo como un problema en absoluto, pero me entristece no ser testigo de la nueva física nuclear que vislumbra Wilczek, ni de otros miles de avances en las ciencias físicas y biológicas.
Hace unas semanas, en el campo, lejos de las luces de la ciudad, vi el cielo entero “salpicado de estrellas” (en palabras de Milton). Un cielo así, imaginé, solo se debía de poder contemplar en altiplanos secos y elevados como el de Atacama, en Chile (donde se encuentran algunos de los telescopios más potentes del mundo). Fue ese esplendor celestial el que me hizo darme cuenta de repente de qué poco tiempo, qué poca vida me quedaba. Para mí, mi percepción de la belleza del cielo, de la eternidad, estaba asociada indisolublemente a una sensación de fugacidad y muerte.
Dije a mis amigos Kate y Allen: “Me gustaría ver un cielo así cuando esté muriendo”.
Ellos me respondieron: “Nosotros empujaremos la silla de ruedas”.
Desde que en febrero escribí que tenía cáncer con metástasis, los cientos de cartas recibidas, las expresiones de cariño y aprecio, y la sensación de que (a pesar de todo) he vivido una vida buena y provechosa, me han consolado. Estoy muy feliz y agradecido por todo ello, pero nada me ha impactado tanto como lo hizo aquel cielo nocturno cubierto de estrellas.
Desde mi infancia he tenido la tendencia a afrontar la pérdida —pérdida de personas queridas— recurriendo a lo no humano. Cuando, siendo un niño de seis años, me enviaron a un internado a principios de la II Guerra Mundial, los números se hicieron mis amigos; cuando regresé a Londres a los 10, los elementos y la tabla periódica se convirtieron en mis compañeros. Las épocas de tensión a lo largo de mi vida me han llevado a volverme, o a volver, a las ciencias físicas, un mundo en el que no hay vida, pero tampoco muerte.
Y ahora, en este punto crítico, cuando la muerte ya no es un concepto abstracto, sino una presencia —demasiado cercana e innegable— vuelvo a rodearme, como cuando era pequeño, de metales y minerales, pequeños emblemas de eternidad. En un extremo de mi escritorio, en un estuche, tengo el elemento 81 que me enviaron unos amigos de los elementos de Inglaterra; en el estuche dice: “Feliz cumpleaños de talio”, un recuerdo de mi 81º cumpleaños, el pasado julio. Y después está el reino dedicado al plomo, el elemento 82, por mi 82º cumpleaños, que acabo de celebrar a principios de este mes. En él hay también un pequeño cofre de plomo que contiene el elemento 90: torio, torio cristalino, tan bello como los diamantes, y, por supuesto, radioactivo (de ahí el cofre de plomo).
A principios de año, las semanas después de enterarme de que tenía cáncer, me sentía muy bien a pesar de que la mitad de mi hígado estaba invadido por la metástasis. Cuando, en febrero, se aplicó a mi enfermedad un tratamiento consistente en inyectar gotas minúsculas en las arterias hepáticas (un procedimiento conocido como embolización), me encontré fatal durante un par de semanas, pero luego me sentí fenomenal, cargado de energía física y mental. (Casi todas las metástasis habían sido aniquiladas por la embolización). No se me había concedido una remisión, pero sí un descanso, un tiempo para profundizar amistades, visitar pacientes, escribir y volver a mi país natal, Inglaterra. Entonces la gente apenas podía creer que estuviese en fase terminal, y yo mismo podía olvidarlo fácilmente.
Esa sensación de salud y energía empezó a decaer cuando mayo dejó paso a junio, pero pude celebrar mi 82º cumpleaños por todo lo alto. (Auden solía decir que uno debería celebrar siempre su cumpleaños, no importa cómo se encuentre). Pero ahora tengo un poco de náusea y pérdida de apetito; escalofríos durante el día y sudores por la noche; y, sobre todo, un cansancio generalizado acompañado de agotamiento repentino cuando hago demasiadas cosas. Sigo nadando a diario, aunque ahora más despacio, ya que estoy empezando a notar que me falta un poco el aliento. Antes podía negarlo, pero ahora sé que estoy enfermo. Un TAC realizado el 7 de julio confirmó que las metástasis no solo se habían reproducido en el hígado, sino que se había extendido más allá de él.
La semana pasada empecé un nuevo tipo de tratamiento: la inmunoterapia. No está exenta de riesgos, pero espero que me proporcione unos cuantos buenos meses más. No obstante, antes de empezar con ella, quería divertirme un poco haciendo un viaje a Carolina del Norte para ver el maravilloso centro de investigación sobre lémures de la Universidad de Duke. Los lémures están próximos a la estirpe ancestral de la que surgieron todos los primates, y me gusta pensar que uno de mis propios antepasados, hace 50 millones de años, era una pequeña criatura que vivía en los árboles no tan diferente de los lémures actuales. Me encantan su saltarina vitalidad y su naturaleza curiosa.
Junto al círculo de plomo de mi mesa está la tierra del bismuto: bismuto de origen natural procedente de Australia; pequeños lingotes de bismuto en forma de limusina de una mina de Bolivia; bismuto fundido y enfriado lentamente para formar hermosos cristales iridiscentes escalonados como un poblado hopi; y, en un guiño a Euclides y la belleza de la geometría, un cilindro y una esfera hechos de bismuto.
El bismuto es el elemento 83. No creo que llegue a ver mi 83º cumpleaños, pero creo que hay algo esperanzador, algo alentador en tener cerca el “83”. Además, siento debilidad por el bismuto, un humilde metal gris, a menudo desdeñado e ignorado, incluso por los amantes de los metales. Mi sensibilidad de médico hacia los maltratados y los marginados se extiende al mundo inorgánico y encuentra un paralelo en mi simpatía por el bismuto.
Es casi seguro que no seré testigo de mi cumpleaños de polonio (el número 84), ni tampoco querría tener polonio cerca de mí, con su radiactividad intensa y asesina. Pero en el otro extremo de mi mesa —de mi tabla periódica— tengo un bonito trozo de berilio (elemento 4) elaborado mecánicamente para que me recuerde mi infancia y lo mucho que hace que empezó mi vida próxima a acabar.
Oliver Sacks [1933- ] anunció en febrero de este año que tenía un cáncer terminal en este artículo. Hace un par de días publicó un nuevo artículo en el que habla de su proceso con la enfermedad, de su vida y de su muerte. Entre tanta pamplina como nos encontramos cada día, en la red y fuera de ella, merece la pena prestar atención a estas gotitas de lucidez...
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lunes, 3 de agosto de 2015
País de vampiros
Aquí el descanso perfecto es imposible. No podemos dormir tranquilos, aunque nuestro cobijo sea seguro. Caemos en un sueño inquieto, temeroso, lleno de sobresaltos. Un sueño donde los presentimos, dedicados a su ávida busca, con el propósito indeclinable de alcanzarnos. Invadidos por un miedo que a veces nos hace despertar, imaginamos sus figuras oscuras, sus capas aleteantes, el maletín en que se guardan la aguzada estaca que esperan clavar en nuestro corazón.
José María Merino [1941- ]. Microrrelato de su libro La glorieta de los fugitivos [2007].
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domingo, 2 de agosto de 2015
Museo Cerralbo
Hace unos días visité el Museo Cerralbo. El Museo es el legado de un "coleccionista profesional": una vida entera dedicada a coleccionar objetos. En uno de los carteles que encontré en una galería decía que se podían ver tales y tales cosas "con un auténtico afán de acumulación que queda especialmente patente en la monumental vitrina que aloja un variado repertorio de menudencias y pequeñas figuras o bibelots de porcelana". Pues eso, una locura de cosas y cosas, desde armas medievales a lamparitas de aceite romanas, pasando por cuadros, mobiliario, cerámica, lámparas, relojes... En la foto, una parte de la biblioteca.
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sábado, 1 de agosto de 2015
viernes, 31 de julio de 2015
jueves, 30 de julio de 2015
Acaso
Me dicen que hoy es jueves.
La pequeña certeza
no la confirma nada:
ni el sol en los cristales
-débil y desteñido-,
ni la brisa que mece
borrosas ramas, lejos,
ni la lenta pereza
pesarosa
con la que me dispongo a ver qué pasa.
Salgo a la calle, y miro
sin comprender.
¿Qué tienen esos rostros
que no sea concebible cualquier martes?
El perro que olisquea la acacia desvaída,
¿no es el perro de ayer, por desventura?
Otros son los que insisten.
Me dicen que hoy es jueves.
Ángel González [1925-2008]
La pequeña certeza
no la confirma nada:
ni el sol en los cristales
-débil y desteñido-,
ni la brisa que mece
borrosas ramas, lejos,
ni la lenta pereza
pesarosa
con la que me dispongo a ver qué pasa.
Salgo a la calle, y miro
sin comprender.
¿Qué tienen esos rostros
que no sea concebible cualquier martes?
El perro que olisquea la acacia desvaída,
¿no es el perro de ayer, por desventura?
Otros son los que insisten.
Me dicen que hoy es jueves.
Ángel González [1925-2008]
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miércoles, 29 de julio de 2015
Oficio de palabras
Rescatando palabras, pequeñas islas de lucidez o de ternura,
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Recatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de las piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Recatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de las piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
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martes, 28 de julio de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Machado y Matute
Retrato pintado al óleo en diciembre de 1917 por Joaquín Sorolla [1863-1923].
Hoy hace 140 años del nacimiento en Sevilla del poeta Antonio Machado [1875-1939] y 90 del de la novelista y académica Ana María Matute [1925-2014], que murió hace ahora un poquito más de un año.
La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras:
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora.
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
Machado escribió esto hace poco más de un siglo. Era otra época, con otro contexto, con otras ideas, pero quizá nos vendría bien tener ahora unos cuantos Machados... Y unas cuantas Matutes...
Retrato fotográfico realizado por el fotógrafo Pere Formiguera [1952-2013] y perteneciente a su serie Ulls Clucs.
sábado, 25 de julio de 2015
Trueque
Lo vi hace una semana en La infinito, un café - librería de Lavapiés, en Madrid.
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viernes, 24 de julio de 2015
Fisiología
Sócrates no escribió jamás una sola palabra. Sin embargo, la filosofía griega se divide y se estudia en dos partes: los Presocráticos, y Sócrates y los grandes filósofos posteriores. Ahí es nada. No cabe la menor duda de que Sócrates es una figura fundamental del pensamiento occidental. Su búsqueda de la verdad, su indagación, mediante el diálogo, sobre la moral, la honestidad, la justicia, el conocimiento del hombre, -partiendo de la asunción del no conocimiento-, le convierten en un ser singular y por supuesto, en un ser peligroso para cualquier tipo de hipocresía, ya sea individual, colectiva, o incluso democrática. Es esa condición insobornable lo que le lleva -tras una larvada inquina incubada durante más de veinte años- a ser acusado por seres insidiosos cercanos al poder, de perversor de la juventud y negador de los dioses oficiales. Esa joven democracia no digería la independencia, agudeza y ética de un hombre íntegro, valiente, irónico, coherente y enfrentado por su actitud a las oscuridades de un sistema democrático dispuesto a devorar a sus más valiosos hijos. ¿Les suena a algo?
De las notas al programa de la obra Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, escritas por su autor y director Mario Gas, estrenada hace unos días en el Festival de Teatro Clásico de Mérida.
***
Desde hace algún tiempo da la triste sensación de que están acabando con todo. Me refiero a lo que se puede ver cuando uno se asoma un poco a lo que ocurre en las aulas: se reducen año a año las asignaturas de arte, música, filosofía, latín. Mientras se reducen las horas de estas materias se introducen cosas más o menos "exóticas" como economía, o se añaden horas de clase a informáticas, tecnologías, etc.
Hace años que los ministros de educación, tanto de un partido como de otro, eso da igual porque hace décadas que se volvieron indistinguibles, como si fueran uno solo, parecen haberse puesto de acuerdo en que la formación que se imparte en colegios e institutos sea sólo una formación "práctica", signifique eso lo que signifique. Y eso, claro, vuelve "inútiles" materias como la filosofía o el latín.
Creo que el problema no es Wert, que también y que espero que tanta paz haya llevado como paz dejó, ni el nuevo, que ni sé cómo se llama pero vi hace unos días que una de sus primeras acciones ha sido retirar de su despacho un retrato de Unamuno, por si se le pegaba algo sería. El problema creo que es que, desde hace siglos, con cualquier gobernante de cualquier signo, bajo reyes o dictadores, no se valora la educación, no es una prioridad, no es importante. Cualquiera puede ponerse en ese puesto y hacer cualquier cosa, sin mucho criterio, o sólo con el suyo propio... y no pasa nada.
Ahí vamos...
***
Hace unos días, hablando con uno de mis alumnos, le pregunté qué asignaturas tenía el próximo curso en la opción que había elegido en bachillerato:
-Matemáticas para humanidades, economía, informática, tecnología industrial, fisiología...
-¿Fisiología? ¿Y qué dais en fisiología?
-No sé de qué va... es el primer año que la tengo... no estoy seguro... creo que se da algo parecido a lo que damos en ética... o algo así... no sé...
-¿Filosofía?
-Sí, eso, filosofía.
¡Seguimos!
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jueves, 23 de julio de 2015
miércoles, 22 de julio de 2015
martes, 21 de julio de 2015
La fábula más corta
Una vez, tres cuentistas hicieron un concurso. Ganaría aquel de los tres que supiera la fábula más corta.
El primer cuentista contó una fábula de cien palabras.
El segundo contó una de cincuenta palabras.
El tercero permaneció callado, sin contar nada.
-Bueno, ¿qué pasa? -dijeron los otros dos-. ¿No dices nada?
-Ya he terminado. Mi fábula se titula: El silencio es oro.
Sus compañeros reconocieron que la suya había sido la fábula más corta y le dieron el premio. Pero no sé cuál fue el premio.
Gianni Rodari [1920-1980].
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lunes, 20 de julio de 2015
Rondó para Beverly
El sábado cerré mis 47 leyendo este mini librito maravilloso de John Berger [1926- ] (escrito en colaboración con su hijo Yves). Una delicia. Creo que todo lo que he leído de Berger me ha encantado. Un tipo sabio. Muy recomendable.
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domingo, 19 de julio de 2015
sábado, 18 de julio de 2015
I would prefer not to
Hace ya unas cuantas semanas que vi esta camiseta en La Central de Callao. Y hace unos días, por fin, la tenían de mi talla, así que me la regalé por mi cumple. Estoy encantado...
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viernes, 17 de julio de 2015
Sócrates en Mérida
El fin de semana pasado estuve en el Festival de Teatro Clásico de Mérida viendo Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano. Ha sido uno de mis mini-auto-regalos de cumple de este año...
Ya había estado otra vez en el festival hace años. Debió ser en el 88 ó en el 89. El otro día intenté echar cuentas de cuándo fue y no estoy muy seguro, pero sí recuerdo con quién iba y que la obra que vimos fue Calígula, de Albert Camus [1913-1960].
Me impresionó muchísimo todo: la obra en sí (entonces la verdad es que no había ido mucho al teatro), el espacio (el teatro de Mérida es un lugar que de algún modo sobrecoge simplemente con visitarlo), la fuerza del personaje de Calígula con ese final del espejo que me dejó de piedra.
Desde entonces he tenido ganas de volver, pero por un motivo o por otro nunca ha cuadrado para poder hacer la excursión hasta allí...
Hace un par de sábados me encontré este reportaje en el Babelia de El País en el que se hablaba de la obra, y me dio la impresión de que tenía muuuy buena pinta y que podría ser un muy buen plan para una escapada rápida de verano con Elia.
La cosa ha tenido un punto accidentado porque el mismo sábado por la noche (nos íbamos el domingo por la mañana) estaba lesionado, con un interesante dolor de cadera que me hacía difícil andar y que no parecía muy aconsejable para hacer más de 300 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en un par de días. Pero finalmente, aunque por la noche llegamos a ofrecer las entradas y la reserva de hotel por si alguien las aprovechaba, el domingo por la mañana me encontraba mejor y decidimos que merecía la pena...
El Teatro Romano de Mérida, en el que se representan las obras del Festival, es un espacio impresionante. Sólo por verlo y "habitarlo" durante unas horas, ya merece la pena ir hasta allí...
Recuerdo que en aquella primera visita que hice al Festival a finales de los ochenta, estuvimos charlando con un señor, que era familiar de una de las personas que íbamos en el grupo, y que había vivido toda su vida en Mérida. Nos contaba que cuando él era pequeño, no tengo ni idea de cuándo sería eso, pero supongo que en los años 20, jugaba en el campo con sus amigos alrededor de las partes del teatro que "asomaban" del suelo. Durante todos estos años me ha gustado pensar en esa imagen del teatro "enterrado", del que asomaban sólo las partes más altas de las gradas, y los niños jugando alrededor.
En la wikipedia he encontrado esta foto del siglo XIX de Jean Laurent [1816-1886], que supongo que se parece mucho al aspecto que tendría el lugar cuando aquel señor que nos contaba la historia jugaba allí de niño.
Hoy, naturalmente, el lugar no tiene nada que ver con ésto. Hay un recinto cerrado al que se accede con tu entrada, y dentro hay una especie de parque temático - cultural - de ocio que incluye el teatro y el anfiteatro. Con su garito nocturno incluido al lado del teatro, para que quien quiera pueda quedarse a tomar un gin-tonic después de haber disfrutado de Sófocles o Aristófanes...
La obra, escrita por Mario Gas y por Alberto Iglesias, y dirigida por el primero, no tiene desperdicio. A partir de los escritos que se conservan sobre Sócrates [470 - 399 a.C.], sobre todo de los Diálogos de su discípulo Platón [427-347 a.C.], han recreado el juicio por el que la ciudad de Atenas condenó a muerte a Sócrates, acusándole de no creer en los dioses y de corromper a la juventud.
La obra es densa, no es cómoda de ver, no es divertida. No te deja despistarte ni un minuto, casi constantemente los actores (seis hombres y una sola mujer, Jantipa, la esposa de Sócrates) se dirigen al público, dándole el papel de jurado en el juicio que se está celebrando en el escenario. Durante poco más de hora y media no te deja distraerte, te obliga a pensar, a seguir los razonamientos y los argumentos de amigos y enemigos del acusado, te hace meterte en esos "interrogatorios" que llenan los diálogos de Platón, en los que Sócrates va arrinconando a sus contertulios para hacerles llegar siempre a donde él quiere...
Y claro, inevitablemente, toda la obra está llena de referencias a la actualidad. No sólo a lo que ocurre últimamente en Grecia. Sino a la actualidad con mayúsculas, a lo que siempre parece ser actualidad desde que Platón escribió sobre ello hace venticuatro siglos: a la honestidad y la corrupción de quienes nos gobiernan, a lo que significa ser justo y ser legal y a la diferencia (más habitual de lo que nos gustaría) entre ambas cosas, a cómo permitimos que gobiernen quienes no son, ni de lejos, los más sabios ni los más buenos...
Supongo, espero, que después de las representaciones en el Festival de Mérida, la obra itinerará por otras ciudades. No se la pierdan. Merece la pena.
Sed buenos. Tratad bien a vuestra familia. Tratad bien a vuestros amigos. Sed felices.
Ya había estado otra vez en el festival hace años. Debió ser en el 88 ó en el 89. El otro día intenté echar cuentas de cuándo fue y no estoy muy seguro, pero sí recuerdo con quién iba y que la obra que vimos fue Calígula, de Albert Camus [1913-1960].
Me impresionó muchísimo todo: la obra en sí (entonces la verdad es que no había ido mucho al teatro), el espacio (el teatro de Mérida es un lugar que de algún modo sobrecoge simplemente con visitarlo), la fuerza del personaje de Calígula con ese final del espejo que me dejó de piedra.
Desde entonces he tenido ganas de volver, pero por un motivo o por otro nunca ha cuadrado para poder hacer la excursión hasta allí...
Hace un par de sábados me encontré este reportaje en el Babelia de El País en el que se hablaba de la obra, y me dio la impresión de que tenía muuuy buena pinta y que podría ser un muy buen plan para una escapada rápida de verano con Elia.
La cosa ha tenido un punto accidentado porque el mismo sábado por la noche (nos íbamos el domingo por la mañana) estaba lesionado, con un interesante dolor de cadera que me hacía difícil andar y que no parecía muy aconsejable para hacer más de 300 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en un par de días. Pero finalmente, aunque por la noche llegamos a ofrecer las entradas y la reserva de hotel por si alguien las aprovechaba, el domingo por la mañana me encontraba mejor y decidimos que merecía la pena...
El Teatro Romano de Mérida, en el que se representan las obras del Festival, es un espacio impresionante. Sólo por verlo y "habitarlo" durante unas horas, ya merece la pena ir hasta allí...
Recuerdo que en aquella primera visita que hice al Festival a finales de los ochenta, estuvimos charlando con un señor, que era familiar de una de las personas que íbamos en el grupo, y que había vivido toda su vida en Mérida. Nos contaba que cuando él era pequeño, no tengo ni idea de cuándo sería eso, pero supongo que en los años 20, jugaba en el campo con sus amigos alrededor de las partes del teatro que "asomaban" del suelo. Durante todos estos años me ha gustado pensar en esa imagen del teatro "enterrado", del que asomaban sólo las partes más altas de las gradas, y los niños jugando alrededor.
En la wikipedia he encontrado esta foto del siglo XIX de Jean Laurent [1816-1886], que supongo que se parece mucho al aspecto que tendría el lugar cuando aquel señor que nos contaba la historia jugaba allí de niño.
Hoy, naturalmente, el lugar no tiene nada que ver con ésto. Hay un recinto cerrado al que se accede con tu entrada, y dentro hay una especie de parque temático - cultural - de ocio que incluye el teatro y el anfiteatro. Con su garito nocturno incluido al lado del teatro, para que quien quiera pueda quedarse a tomar un gin-tonic después de haber disfrutado de Sófocles o Aristófanes...
La obra, escrita por Mario Gas y por Alberto Iglesias, y dirigida por el primero, no tiene desperdicio. A partir de los escritos que se conservan sobre Sócrates [470 - 399 a.C.], sobre todo de los Diálogos de su discípulo Platón [427-347 a.C.], han recreado el juicio por el que la ciudad de Atenas condenó a muerte a Sócrates, acusándole de no creer en los dioses y de corromper a la juventud.
La obra es densa, no es cómoda de ver, no es divertida. No te deja despistarte ni un minuto, casi constantemente los actores (seis hombres y una sola mujer, Jantipa, la esposa de Sócrates) se dirigen al público, dándole el papel de jurado en el juicio que se está celebrando en el escenario. Durante poco más de hora y media no te deja distraerte, te obliga a pensar, a seguir los razonamientos y los argumentos de amigos y enemigos del acusado, te hace meterte en esos "interrogatorios" que llenan los diálogos de Platón, en los que Sócrates va arrinconando a sus contertulios para hacerles llegar siempre a donde él quiere...
La muerte de Sócrates [1787] del pintor francés Jacques-Louis David [1748-1825]
José María Pou, que es quien interpreta a Sócrates, es un actor enorme. En todos los sentidos. Y él solo llena todo el teatro de Mérida y lo que le pongan por delante. Actúa sin actuar. Habla y gesticula como si estuviera charlando con un grupo de amigos en un bar, como si fuera lo único que sabe hacer y lo hiciera constantemente, todo el tiempo.Y claro, inevitablemente, toda la obra está llena de referencias a la actualidad. No sólo a lo que ocurre últimamente en Grecia. Sino a la actualidad con mayúsculas, a lo que siempre parece ser actualidad desde que Platón escribió sobre ello hace venticuatro siglos: a la honestidad y la corrupción de quienes nos gobiernan, a lo que significa ser justo y ser legal y a la diferencia (más habitual de lo que nos gustaría) entre ambas cosas, a cómo permitimos que gobiernen quienes no son, ni de lejos, los más sabios ni los más buenos...
Supongo, espero, que después de las representaciones en el Festival de Mérida, la obra itinerará por otras ciudades. No se la pierdan. Merece la pena.
Sed buenos. Tratad bien a vuestra familia. Tratad bien a vuestros amigos. Sed felices.
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jueves, 16 de julio de 2015
Marruecos
Ruido, tajín, cuscús, zumo de naranja, té con hierbabuena, pescado, harira, chuparkía, medinas y kasbas, alfombras, babuchas, tiendas, gritos, turistas, limpiabotas, dátiles, hombres en los cafés jugando a las damas y al parchís, petit taxis, grand taxis, ctm, moscas, miel, abejas que se meten en los vasos de té y que andan y vuelan impunemente entre los pasteles, anacardos, almendras, azulejos, banderas y fotos del rey. Más ruido, música, velos, el olor del pescado y de la carne en los mercados, la casquería, las especias, reconocer al cruzar un mercadillo el olor del cuscús de mi madre y de los caracoles de mi abuela, hombres sentados, mirando, fumando, playas, niños, mezquitas, callejones, avenidas, móviles, motillos ruidosas, más turistas, más hombres que miran desde los cafés, mujeres con críos, mujeres con velos a las que sólo se le ven los ojos, mujeres que conducen y fuman y besan y ríen, más banderas y más fotos del rey, banderas y fotos del rey por todas partes, miradas severas, represivas, vigilantes, miradas divertidas, cómplices, con ganas de hablar, de comunicar, manos y pies pintados de gena, chilabas. Más ruido, más música...
Marruecos, mayo de 2008.

Marruecos by Román J. Navarro Carrasco is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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miércoles, 15 de julio de 2015
gente que lee (47)
Miguel de Unamuno [1864-1936] fotografiado leyendo alrededor de 1930.
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martes, 14 de julio de 2015
Decisiones
En el estudio, Athena rompió a llorar. Laura fue a verla y, como era de esperar, enseguida se inició una sucesión de negociaciones:
-¿Quieres ésta, cariño? ¿La amarilla, la azul o la roja? ¿Cuál quieres?
Tú dale una y ya está, pensó Ifemelu. Abrumar a una niña de cuatro años con opciones, dejarle la carga de tomar una decisión, era privarla de la dicha de la infancia. Al fin y al cabo, la edad adulta ya asomaba en el horizonte, y ya tendría entonces que tomar decisiones cada vez más ingratas.
De Americanah [2013] de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
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lunes, 13 de julio de 2015
La hoguera
Es un asunto muy delicado
el de la pena capital,
porque además del condenado,
juega el gusto de cada cual.
Empalamiento, lapidamiento,
inmersión, crucifixión,
desuello, descuartizamiento,
todas son dignas de admiración.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sé que han probado su eficacia
los cartuchos del pelotón;
la guinda del tiro de gracia
es exclusiva del paredón.
La guillotina, por supuesto,
posee el chic de lo francés,
la cabeza que cae al cesto,
ojos y lengua de través.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
No tengo elogios suficientes
para la cámara de gas,
que para grandes contingentes
ha demostrado ser el as.
Ni negaré que el balanceo
de la horca un hallazgo es,
ni lo que se estira el reo
cuando lo lastran por los pies.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sacudir con corriente alterna
reconozco que no está mal:
la silla eléctrica es moderna,
americana, funcional.
Y sé que iba de maravilla
nuestro castizo garrote vil
para ajustarle la golilla
al pescuezo más incivil.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Ayer murió en Zahara de los Atunes, con 71 años, Javier Krahe.
Sit tibi terra levis.
el de la pena capital,
porque además del condenado,
juega el gusto de cada cual.
Empalamiento, lapidamiento,
inmersión, crucifixión,
desuello, descuartizamiento,
todas son dignas de admiración.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sé que han probado su eficacia
los cartuchos del pelotón;
la guinda del tiro de gracia
es exclusiva del paredón.
La guillotina, por supuesto,
posee el chic de lo francés,
la cabeza que cae al cesto,
ojos y lengua de través.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
No tengo elogios suficientes
para la cámara de gas,
que para grandes contingentes
ha demostrado ser el as.
Ni negaré que el balanceo
de la horca un hallazgo es,
ni lo que se estira el reo
cuando lo lastran por los pies.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sacudir con corriente alterna
reconozco que no está mal:
la silla eléctrica es moderna,
americana, funcional.
Y sé que iba de maravilla
nuestro castizo garrote vil
para ajustarle la golilla
al pescuezo más incivil.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Ayer murió en Zahara de los Atunes, con 71 años, Javier Krahe.
Sit tibi terra levis.
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domingo, 12 de julio de 2015
Jaritos
No hace mucho leí la serie de novelas policiacas del escritor griego Petros Márkaris [1937- ]. Estos días en que se está hablando tanto de Grecia, de su crisis y del referéndum del domingo pasado, me he acordado mucho de las historias del comisario Kostas Jaritos.
Todas las novelas de la serie están ambientadas en estos últimos 15 ó 20 años y los crímenes son una buena excusa en manos de Márkaris para contar cuál es la situación real en Grecia: describe los atascos de Atenas, las condiciones en las que está viviendo alguna gente a consecuencia de lo que está ocurriendo, el sentir de la gente de a pie, la situación de la prensa, de la policía, de empresarios y trabajadores, de los políticos... Leyendo estas novelas en España, son muchas, muchas, muchas cosas las que resuenan y resultan demasiado familiares.
Las primeras novelas de la serie están ambientadas en los noventa, pasan por los primeros 2000, por las olimpiadas de Atenas del 2004 y por el inicio de la crisis, y en la última que se ha publicado el escenario es el de una Grecia que ya ha salido del euro y que trata de recuperarse tras el desastre. Como tantas veces, la literatura, aún siendo ficción, cuenta tan bien o mejor la realidad que la prensa o la historia o la sociología...
Todas las novelas de la serie están ambientadas en estos últimos 15 ó 20 años y los crímenes son una buena excusa en manos de Márkaris para contar cuál es la situación real en Grecia: describe los atascos de Atenas, las condiciones en las que está viviendo alguna gente a consecuencia de lo que está ocurriendo, el sentir de la gente de a pie, la situación de la prensa, de la policía, de empresarios y trabajadores, de los políticos... Leyendo estas novelas en España, son muchas, muchas, muchas cosas las que resuenan y resultan demasiado familiares.
Las primeras novelas de la serie están ambientadas en los noventa, pasan por los primeros 2000, por las olimpiadas de Atenas del 2004 y por el inicio de la crisis, y en la última que se ha publicado el escenario es el de una Grecia que ya ha salido del euro y que trata de recuperarse tras el desastre. Como tantas veces, la literatura, aún siendo ficción, cuenta tan bien o mejor la realidad que la prensa o la historia o la sociología...
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sábado, 11 de julio de 2015
Ande yo caliente y ríase la gente
Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tanga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.
Busque muy en buena hora
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.
Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.
De Luis de Góngora y Argote [1561-1627], poeta y dramaturgo, de cuyo nacimiento en Córdoba se cumplen hoy 454 años.
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tanga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.
Busque muy en buena hora
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.
Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.
De Luis de Góngora y Argote [1561-1627], poeta y dramaturgo, de cuyo nacimiento en Córdoba se cumplen hoy 454 años.
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viernes, 10 de julio de 2015
Algunas veces todos tenemos que llorar
No hubo contestación. Sylvia miró de frente a la muchacha, cosa que hasta ese momento no había sido capaz de hacer. Vio que tenía los ojos cuajados de lágrimas, la cara llena de manchas -con aspecto casi sucio- y que parecía dominada por la angustia.
No hizo nada por evitar la mirada de Sylvia. Apretó los labios contra los dientes, cerró los ojos y se meció de atrás hacia adelante, como si ahogara un aullido. De pronto, para desconcierto de Sylvia, aulló. Aulló, lloró, tragó una bocanada de aire, las lágrimas le rodaron por las mejillas, moqueó y empezó a mirar desesperadamente alrededor en busca de algo para limpiarse. Sylvia salió corriendo y volvió con un puñado de Kleenex.
-Tranquilízate, estás aquí, aquí estás bien -le dijo, pensando que lo que debía hacer era cogerla en brazos.
Pero no tenía ninguna gana de hacerlo y podría empeorar las cosas. La muchacha podría darse cuenta de que Sylvia lo hacía a desgana, de lo incómodo que le resultaba semejante situación.
Carla dijo algo y volvió a decirlo:
-¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!
-No, no lo es. Algunas veces todos tenemos que llorar. No pasa nada, no te preocupes.
-Es una barbaridad.
Del relato Escapada, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], Premio Nobel de Literatura en 2013, que hoy cumple 84 años.
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