He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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martes, 10 de abril de 2018

To Edith

Through the long years
  I sought peace,
I found ecstasy, I found anguish,
  I found madness,
I found loneliness,
I found the solitary pain
  that gnaws the heart,
But peace I did not find.

Now, old & near my end,
   I have known you,
And, knowing you,
I have found both ecstasy & peace,
  I know rest,
After so many lonely years.
I know what life & love may be.
Now, if I sleep,
I shall sleep fulfilled.

***

A través de los largos años 
   Busqué la paz, 
Encontré éxtasis, encontré angustia, 
   Encontré locura, 
Encontré soledad, 
Encontré el dolor solitario 
   que roe el corazón, 
Pero la paz no la encontré. 

Ahora, viejo y cerca de mi final, 
   Te he conocido, 
Y, conociéndote, 
He encontrado éxtasis y paz, 
   Sé descansar, 
Después de tantos años solitarios. 
Sé lo que es la vida y el amor. 
Ahora, si duermo, 
Dormiré satisfecho.

Ésta es la dedicatoria con la que Bertrand Russell [1872-1970], uno de mis ingleses favoritos, inicia su Autobiografía. [La traducción es del google translate]

sábado, 7 de abril de 2018

Desdibujado

Estos días ando un poco así, como el personaje de este dibujo de Agustina Guerrero, como desdibujado... escuchándome y buscándome y tratando de definirme...
Y dentro de esa definición (nueva) que busco, una de las cosas que tengo claro que quiero que esté es la escritura...

¡Seguimos!

martes, 7 de noviembre de 2017

gente que lee (192)

Vero me hizo esta foto leyendo hace un par de días en Barcelona, cuando fuimos a ver a Mónica. Y antes de enviármela la n'undificó, claro...
;o)

viernes, 13 de octubre de 2017

martes, 26 de septiembre de 2017

Tomar notas

Es irresponsable viajar sin tomar notas, incluso vivir. La sensación mortífera del paso uniforme de los días es insoportable.

Entrada del 5 de septiembre de 1911 de los Diarios de Franz Kafka [1883-1924].

sábado, 3 de junio de 2017

La revolución

Ésta es la publicación número 1000 de este blog: mil libros y lecturas y escritores y escritoras y mis cosas que escribo y tanta gente que lee y tantas fotos y musicas y dibujos y pelis relacionados con las letras......

La única revolución posible...
¡¡¡Seguimos!!!

(La imagen es de Banksy)

miércoles, 31 de mayo de 2017

Favor

Empujé, y entonces vi al anciano.
Dormía apaciblemente recostado en una silla de playa a la sombra de un limonero. El portón daba directamente a un patio embaldosado. Al fondo estaba la casa, invariablemente blanca, y por todas partes se veían macetas con geranios. Junto al anciano había una mesa, y sobre ella un vaso de agua y unos terrones de azúcar. Busqué en las baldosas un testimonio de mi infancia, y allí estaba, en dos o tres moscas aplastadas, secas por el sol.
Mi abuelo practicaba la misma diversión: se echaba un poco de azúcar a la boca, la humedecía con un buche de agua y enseguida escupía la mezcla. Entonces ponía un pie levemente alzado sobre la dulce trampa y esperaba a que llegaran las moscas. Luego, ¡platsch!
—¡Ay, Gerardo! ¿Cómo puede ser tan malvado? —lo reprendía la abuela.
—Favor que le hago a la humanidad. Si estos bichos evolucionan se transforman en curas o militares —respondía el abuelo.

Patagonia Express [1995], del escritor chileno Luis Sepúlveda [1949- ].

jueves, 25 de mayo de 2017

Acabados de lujo

—Como si es de cartón, me da lo mismo. ¿De verdad se cree que me importa de qué sea la caja? —dijo mi padre.
Creo que fueron las frases más largas que le oí decir en toda la tarde. El hombre de la funeraria nos miraba con cara inescrutable. Me sonaba haberme cruzado con él en algún pasillo durante estas últimas semanas. Imagino que parte de su trabajo consiste en estar al acecho de a quién le queda poco en cada planta y tener bien localizada a la familia para acudir inmediatamente a ofrecer sus productos.
—No, disculpe, dese usted cuenta de que no da ni mucho menos lo mismo un material que otro —insistió—. Precisamente le hablaba hace un momento de estos modelos de roble, con molduras de acero cromado y el interior acolchado en terciopelo blanco roto, con excelentes acabados, pero también me gustaría enseñarles estos otros fabricados en raíz de olivo. Es cierto que su precio sube ligeramente, pero sin ninguna duda la calidad no es ni remotamente comparable.
El hombre se ganaba su sueldo. Yo miraba la escena como si de algún modo me fuera ajena. Un rato antes, mientras bajábamos mi padre y yo en el ascensor, me dijo que ésto debía haber ocurrido antes. Hacía muchos meses que el abuelo estaba en la cama, esperando, sabiendo que ya no se iba a recuperar y que cuando saliera de aquella habitación sería con los pies por delante, como él decía. Le acompañé, los dos callados casi todo el rato, a hacer algún papeleo que nos habían dicho que era necesario en ese momento y luego nos reunimos en una pequeña salita, junto a la capilla, con el hombre de la funeraria.
—Aquí tienen también este otro modelo de cedro, y en esta otra página del catálogo están nuestros productos estrella: caoba con incrustaciones artesanales de ébano y acabados de lujo.
Mi padre le miraba sin decir nada. Aún no había llorado. Yo tampoco. No sé si lo hizo después en algún momento. Supongo que lo que le hubiera gustado es mandar a aquel gilipollas a la mierda y decirle que se metiera sus putas cajas de olivo y de cedro y de caoba por el culo y que nos dejara llorar tranquilos la muerte de su padre, de mi abuelo. Pero no, los dos seguíamos callados, hojeando sin verlos los catálogos que el hombre, impaciente, había desplegado sobre una mesilla baja de mármol negro con vetas blancas: papel couché con fotos excelentes, maravillosamente impresas.
A mi abuelo en ese momento le estarían llevando de la habitación al depósito, para esperar allí la caja que eligiéramos para él y luego le trasladarían a la sala del tanatorio, en la planta baja del hospital. Traté de imaginarle en nuestra situación, también callado, indeciso y triste. Imaginé que quizá algún día me tocaría a mí pasar por ésto y tomar estas decisiones. Entonces sentí, por primera vez, la congoja acumulada durante esos días y esa mañana. Pensé que me hubiera hecho bien llorar pero no quise hacerlo allí, con mi padre y con aquel tipo encorbatado que nos miraba echando cuentas de cuánto iba a facturar ese día.
—Nos quedamos con éste —dije mirando a mi padre y señalando una de las fotos del catálogo.
—Es una excelente elección, sin duda —me dijo el hombre de la funeraria—, excelente de verdad.
—Sí —respondí—, seguro que sí. Díganos qué tenemos que rellenar o qué datos necesita para cerrar ésto. Nos están esperando.
—Cómo se aprovechan éstos —me dijo mi padre sin mirarme mientras volvíamos al ascensor—. Gracias.
Me hubiera gustado abrazarle en ese momento. Se abrieron las puertas y con nosotros entraron un par de personas. Cuando llegamos a la planta en la que estaba la cafetería le dije «Aquí es» y le puse la mano en el hombro para salir. A través de la camisa sentí su espalda cansada, su pesadumbre.
–Sí –respondió–, vamos, que nos deben estar esperando. Vamos a comer algo, nos sentará bien, que aún nos queda un día largo.

La Cabrera, mayo de 2017.

Licencia Creative Commons
Acabados de lujo por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

sábado, 20 de mayo de 2017

Leyendo en el metro

No sé cuántos cienes y cienes de libros habré leído en mi vida viajando en el metro de Madrid...

lunes, 15 de mayo de 2017

Deberes

Hoy vuelvo a venir sin deberes al taller de escritura. Tengo las ganas, y algunas ideas, pero me falta el tiempo o la energía o la calma para ponerme...
Quizá tengo demasiados frentes abiertos...

viernes, 12 de mayo de 2017

En casa, leyendo.

Este blog sobre cosas que leo y cosas que escribo es también, en cierto modo, un autorretrato, es un poco yo. Vero a veces me dice que es lo más yo que he hecho.

Hoy, que ando un poco revenío, tengo más ganas de leer en casa en silencio, que de escribir aquí sobre lo que leo...

¡Seguimos!

jueves, 11 de mayo de 2017

Perfil

Mi imagen de perfil de estos días en WhatsApp: observante, expectante, inquieto, reflexivo, atento, escuchando(me)...

domingo, 7 de mayo de 2017

Vive leyendo

En casa, leyendo, un domingo por la noche...

domingo, 26 de marzo de 2017

Ansia

Bajo un par de días a Madrid y echo al bolso tres o cuatro libros: uno para cuando viaje en el metro, otro por si tengo un rato para tomar un café en algún sitio chulo, otro por si se me acaban esos dos, otro de por si acaso...
Al final, muchas veces, me vuelvo con esos sin terminar y encima añado alguno que me presta alguien o uno que me compro o algo que cojo de la biblioteca...
¡Ay!

sábado, 25 de marzo de 2017

Leyendo...

Hace un par de noches, leyendo en la cama...

miércoles, 22 de febrero de 2017

Cansancio

A veces estás tan cansado que ni leer te apetece...

martes, 19 de julio de 2016

gente que lee (100)

Ayer por la tarde, un día antes de mi cuarenta y nueve cumpleaños, leyendo Walden en mi nueva casita a la que me acabo de mudar en La Cabrera.

martes, 14 de junio de 2016

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. 
No sé cuál de los dos escribe esta página.

De El hacedor [1960], del escritor argentino Jorge Luis Borges [1899-1986], de cuyo fallecimiento se cumplen hoy 30 años.
Borges fotografíado en 1969 por Pepe Fernández [1928-2006]

lunes, 23 de mayo de 2016

Pequeñas flaquezas

¡Cuántos coches he comprado! Pero ¿se puede ser más cretino? Lo único que lamento es no haber guardado la documentación. Podría hacer un gran cuadro, con mi fotografía al lado de cada uno de los coches que he tenido, quizá para mostrarles a mis nietos, si es que llego a tenerlos, lo cretino que era su abuelo.
"Vale -diréis-, pero ¿Qué nos importan a nosotros todas esas tonterías que cuentas de los coches?" Tengo que hablar de mí, ¿no?, y grandes cualidades que exponer no tengo, así que hablo también de mis pequeños defectos, de mis pequeñas flaquezas.

De Sí, ya me acuerdo... [1996], la autobiografía de Marcello Mastroianni [1924-1996].

martes, 12 de abril de 2016

Como un dirigible

¿Veis ese puente de hierro, esa audaz arcada, allí, sobre el río Duero? Se llama Doña María, una reina de Portugal, y lo proyectó el ingeniero Eiffel, al que todos conocen por la famosa Torre Eiffel de París.
Cuando veo "objetos" de este tipo, siento nostalgia por lo que me hubiera gustado ser: arquitecto. Quién sabe si hubiera sido bueno. Un arquitecto realiza cosas sólidas, destinadas a permanecer. Pero de mi oficio, ¿qué queda? Sombras, sombras chinescas.
Siempre he soñado con hacer casas; las he hecho con el dinero que he ganado gracias al cine, no como arquitecto. Mi casa ideal me hubiera gustado hacerla con el ingeniero Eiffel: un armazón de hierro, una torre con ascensor interior y, en lo alto, anclado, el dirigible. Ésta es mi casa ideal: te duermes en el norte y despiertas en el sur. Porque el dirigible se mueve a merced del viento. Por desgracia, el ingeniero Eiffel ya no vive, y mi casa ideal ha quedado en un simple sueño.
Cuando se lo conté al pintor Rauschenberg, me pintó un cuadro con trozos de periódicos y de papel, como hacía él: había una torrecilla que ascendía hacia el cielo con el dirigible anclado en lo alto; el apartamento estaba debajo de la cabina. Francamente, no hubiera estado mal.

De Sí, ya me acuerdo... [1996], la autobiografía de Marcello Mastroianni [1924-1996].