He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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lunes, 27 de agosto de 2018

No lea tanto

Almeda padece bastante de insomnio y el médico le ha recetado bromuro y una medicina para los nervios. Se ha tomado el bromuro, pero las gotas le han producido sueños que eran demasiado intensos e inquietantes, de modo que ha dejado el frasco para una emergencia. Le dijo al médico que notaba los globos oculares secos, como vidrio caliente, y que le dolían las articulaciones. No lea tanto, le dijo, no estudie; póngase buena y cánsese con el trabajo de la casa, haga ejercicio. Piensa que sus problemas desaparecerían si ella se casara. Lo piensa a pesar de que la mayor parte de la medicina para los nervios la prescribe a mujeres casadas.

Del cuento Meteseteung, de la escritora Alice Munro [1931- ], incluido en su libro Amistad de juventud [1990].

sábado, 21 de enero de 2017

Poesía en el CLS

La mayoría de quienes asistimos al Club de Lectura Serrano no solemos leer habitualmente poesía. Así que hace un par de sesiones se nos ocurrió que podría ser una buena idea dedicar una a hacer una lista de propuestas (poetas y libros) que nos sirviera para tantear cosas que nos pudieran gustar.
Ayer tuvimos la quedada y nos salió una lista variada, dispar y apetecible...
  • (Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres [1980-2016].
  • Cenizas en los labios. Angelina Gatell [1926-2016].
  • Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda [1904-1973].
  • Hojas de hierba. Walt Whitman [1819-1992].
Y también salieron en la conversación Marcos Ana, Gabriel Aresti, Miguel Hernández, Lope de Vega y más... y hablamos de género y de privilegios masculinos y de literatura escrita por y para hombres y/o por y para mujeres y hablamos (muy poquito) de Donald Trump.

Y nos hemos puesto deberes para los próximos meses:
  • Febrero :: nos hemos propuesto leer algún "clásico" y hemos elegido Luces de bohemia de Valle-Inclán.
  • Marzo :: dedicaremos la sesión a algún tema relacionado con el género... aún no está definido del todo qué leer y de qué hablar, pero en la conversación salieron como propuesta los cuentos de Alice Munro.
  • Abril :: literatura de viajes.
  • Mayo :: literatura clásica griega y/o romana.
¡¡¡Seguimos!!!

jueves, 15 de septiembre de 2016

Relatos sin relato

El nuevo concepto de "story" ("relato"), que tiene su génesis en la obra de Chéjov, se centra en la nueva definición de "experiencia inmediata" que sólo se da en la brevedad y que se nutre de una incertidumbre y de una deshumanización altamente creativa, de una impresión emocional y cognitiva provocada por algún detalle aparentemente nimio de la vida cotidiana que al insertarse en pleno devenir de una vida se convierte en la expresión más clara de su universalidad. Sabido es que el espacio del relato breve no permite la acumulación de los detalles ni de las experiencias en su prolongada interacción social, como ocurre con la novela, con unos personajes que se describen desde fuera como si fueran reales y a los que se subordina el argumento casi siempre de manera lineal. Esto lleva a la construcción de un nuevo personaje, y a la nueva estrategia narrativa de construcción del personaje, que no sólo es más eficaz en el relato breve como obra de arte con sus características de máxima condensación y efecto único trascendental, sino que expresa más fielmente la compleja realidad humana y social de la época. En la obra de Chéjov no existen los personajes tal y como tradicionalmente los concebimos, existen los múltiples estados de conciencia y, más específicamente -esto es algo que afectó directamente a Mansfield-, los múltiples estados de ánimo, presentados de forma nítida y libres de todo atisbo sentimentaloide. El ser y el devenir ocupan el espacio narrativo de la acción provocando toda una oleada de crítica sobre que son historias sin historia, o relatos sin relato, que hoy nos sirve para situar con más claridad los márgenes de la transgresión de aquella ficción vanguardista. Los ritmos se multiplican y el tono pasa a ocupar el sitio del argumento, convirtiéndonos en lectores implicados en la deriva del relato.

Me gustan mucho esos relatos en los que aparentemente no pasa nada o lo que pasa parece tan irrelevante que llega a quedar en segundo plano frente a cómo se sienten los personajes y cómo viven eso que ocurre. Pienso por ejemplo en cuentos de Raymond Carver o de Alice Munro o en alguno de Medardo Fraile que he leído últimamente, en los que muchas veces el 'argumento' pasa casi desapercibido y lo que (al menos a mí me) queda es la sensación de cómo lo han vivido las personas que han deambulado por esas pocas páginas.

Estoy leyendo estos días los Relatos breves de Katherine Mansfield [1888-1923]. He encontrado este párrafo en la introducción (muy interesante para tener un primer acercamiento a la autora, que yo no conocía) que hace Juani Guerra (también editora y traductora).

Muy recomendable.

viernes, 10 de julio de 2015

Algunas veces todos tenemos que llorar

No hubo contestación. Sylvia miró de frente a la muchacha, cosa que hasta ese momento no había sido capaz de hacer. Vio que tenía los ojos cuajados de lágrimas, la cara llena de manchas -con aspecto casi sucio- y que parecía dominada por la angustia.
No hizo nada por evitar la mirada de Sylvia. Apretó los labios contra los dientes, cerró los ojos y se meció de atrás hacia adelante, como si ahogara un aullido. De pronto, para desconcierto de Sylvia, aulló. Aulló, lloró, tragó una bocanada de aire, las lágrimas le rodaron por las mejillas, moqueó y empezó a mirar desesperadamente alrededor en busca de algo para limpiarse. Sylvia salió corriendo y volvió con un puñado de Kleenex.
-Tranquilízate, estás aquí, aquí estás bien -le dijo, pensando que lo que debía hacer era cogerla en brazos.
Pero no tenía ninguna gana de hacerlo y podría empeorar las cosas. La muchacha podría darse cuenta de que Sylvia lo hacía a desgana, de lo incómodo que le resultaba semejante situación.
Carla dijo algo y volvió a decirlo:
-¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!
-No, no lo es. Algunas veces todos tenemos que llorar. No pasa nada, no te preocupes.
-Es una barbaridad.

Del relato Escapada, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], Premio Nobel de Literatura en 2013, que hoy cumple 84 años.

sábado, 27 de junio de 2015

Implante

Ayer, viernes, tuve cita con mi dentista para que me hiciera un implante. Primera vez. No la primera vez que me hacen algo en el dentista, que me han hecho de todo, sino la primera vez que me hacen un implante. Ahorro los detalles por innecesarios, desagradables y quizá hirientes para sensibilidades frágiles.

Siempre he tenido terror a ir al dentista. Pánico. Una legendaria cobardía ante la idea de ir a la clínica dental me ha acompañado desde pequeño, quizá debida a las demasiadas visitas que he tenido que hacer en mi vida, a la mala fortuna de haber dado en ocasiones con dentistas que no eran todo lo hábiles o cuidadosos (o ambas) que a mí me hubiera gustado, a una dentadura de poca calidad, a un cuidado inadecuado, etc., etc. ¿Qué se yo?

A ese miedo histórico, ayer se sumaba la posibilidad de que, tras la intervención podía pasar de todo: infección, inflamación, dolores, posible hemorragia, rechazo... Así que la sugerencia de mi dentista fue que dedicara el fin de semana a hacer "reposo relativo". Así lo llama en la hoja fotocopiada que me dio con un montón de indicaciones...

En previsión de tener bien ocupado ese tiempo de reposo relativo me he hecho acompañar estos días post-implante por Gianni, Alice, Quim y Banana.

Mi dentista es una artista. No hace odontología, hace orfebrería fina, alta cocina, mecánica de precisión... Así que después de su obra de arte la recuperación está siendo maravillosa. Al susto de sentarme en ese sillón y sentir la anestesia siguió la tranquilidad de estar en buenas manos. Y luego a casita.
En resumen, que con la excusa del implante estoy aprovechando para pasar el fin de semana comiendo cosas ricas (y blanditas) y leyendo cuatro libros maravillosos...

Seguimos.

lunes, 21 de abril de 2014

Lecturas de Semana Santa

Estos días estoy leyendo mucha literatura infantil y juvenil:


Algunas cosas fantásticas (como los dos primeros libros de esta mini-lista), a pesar de tener más de cuarenta años, y otras rancias a más no poder (como el último), a pesar de ser de 2010. Pero de eso me apetece hablar aquí en otro momento.

Y también estoy leyendo a Alice Munro. Un descubrimiento maravilloso. Me ha pasado con ella lo mismo que me ocurrió hace años con Coetzee. Cuando les dieron el Nobel no conocía a ninguno de lxs dos, y al empezar a leerlos me fascinaron...
He leído Mi vida querida (una colección de cuentos sorprendente) y La vida de las mujeres (una novela creo que bastante autobiográfica).
Seguiré con ella...

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martes, 1 de abril de 2014

¿Quién quiere ponerse a escribir otro libro?

Desde luego que Jackson sabía que los libros existían porque alguien se sentaba a escribirlos, que no salían de la nada. La cuestión era qué les movía a escribirlos, con tantos, tantísimos libros como había en el mundo. Dos de esos libros se los había tenido que leer en el colegio. Historia de dos ciudades y Huckleberry Finn, ambos con un lenguaje que acababa cansando, aunque por distintos motivos. Y era comprensible. Fueron escritos en el pasado.
Lo que a Jackson le asombraba, aunque no tenía intención de que se le notara, era que alguien quisiera ponerse a escribir otro libro en el momento presente. Ahora.

Del cuento Tren, incluido en el libro Mi vida querida, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], premio Nobel en 2013.

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viernes, 21 de marzo de 2014

Mezclando cosas

Estos días ando con varios libros a la vez, como muchas veces últimamente. En estas últimas semanas he terminado La prisión de la libertad de Michael Ende, Memorias de una vaca de Bernardo Atxaga, Capitán de mar y guerra de Patrick O'Brian y El Mago de Oz de L. Frank Baum. Entre uno y otro le hinco el diente a los cuentos de Alice Munro (que me tienen maravillado) y cuando vengo a Madrid me ventilo unos cuantos articuentos de Juan José Millás.

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