He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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viernes, 8 de diciembre de 2017

Librotes

Hoy he estado con Vero y Gonzalo visitando Guadalupe, en Cáceres. Mientras ella terminaba un trabajo que tenía pendiente relacionado con n'UNDO, nosotros hemos visitado el Monasterio.

Sería largo contar la sensación durante la visita: la grandiosidad del lugar, la belleza de las obras, la riqueza de las piezas que se exhiben, el silencio y el recogimiento sólo imaginados, imposibles de sentir con las miles de personas que estábamos allí recorriendo el edificio como si fuera un centro comercial o un parque temático...

Destaco sólo, de entre todos los objetos que se pueden ver allí (zurbaranes, goyas, marfil, toneladas de joyas y oro y plata, esculturas...), los "librotes" de la maravillosa colección de libros miniados que se exhibe en una de las salas. A pesar de los carteles que dicen que respetes el arte no haciendo fotografías (¿¡¡¿¡¿?!??!!) no me he podido resistir a hacer algunas aunque fuera con mi cutremóvil.


Ayer volviendo de pasar un par de días en Segovia, también maravillosamente acompañado, y hoy, un día magnífico, en inmejorable compañía.
Sin duda, mejor con amigxs...

¡Seguimos!

martes, 17 de octubre de 2017

gente que lee (187)

Relieve realizado a finales del siglo II de nuestra era, representando una antigua escuela romana encontrado en Neumagen, Alemania.

martes, 27 de octubre de 2015

Naipes

-Tengo noticias para vosotros. Haré como si leyera la Ley de Moisés y vosotros debéis mantener la calma. Ya no existe Austrohungría, a ver si me entendéis lo que quiere decir esto. Este otoño los maestros de escuela no podrán contar con fluidez la historia de nuestro gran imperio, sino que van a tartamudear cada vez que tengan que enseñar a los alumnos por dónde exactamente pasan las fronteras entre Hungría y Checoslovaquia, o explicarles la razón secreta o si, de hecho, ha habido razón alguna para que Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Croacia y Montenegro hayan pasado del puñetero imperio de los Habsburgo al de los Karageorgevich. Los maestros rusos de geografía tendrán que perder la costumbre de hablar de Polonia como de "nuestros territorios occidentales". En los países del Báltico van a bajar las banderas de Rusia, porque hasta los propios rusos están embrollados en largas discusiones sobre si su bandera ha de ser roja o tricolor. Los viejos profesores se estrujarán la sesera cuando les pregunten a qué estado pertenecen el Tirol meridional, Dobrudzha, Siebenbürgen o Galitzia, o en qué país viven los moldavos y los finlandeses. La historia, cual hábil croupier, ha barajado los naipes y los ha repartido una vez más. Todo empieza de nuevo, se reinicia el juego, las apuestas se han hecho y está por ver quién tiene escondido el as en la manga, a quién le tocará un póquer de damas y a quién un triste siete. Es una ley natural: los fuertes se comen a los débiles, pero su apetito suele ser demasiado grande para su capacidad digestiva, por eso les dan diarreas y ardores que se curan con revoluciones. Estas últimas crean el caos y del caos nacen mundos nuevos; ojalá el mundo de mañana nos salga menos cagado que el de ahora. Así, hasta el próximo reparto de naipes, o sea, hasta la próxima guerra. Ésta no va a tardar, los dientes del dragón de la revancha ya están sembrados en el fértil suelo de Europa y darán una buena cosecha, creedme. Sabbat shalom, muchachos. ¡Idos en paz a vuestras casas!

De la novela El Pentateuco de Isaac [1998] del escritor búlgaro Angel Wagenstein [1922- ].

lunes, 19 de octubre de 2015

La escritora

No soy muy aficionado a leer biografías o autobiografías. Es cierto que tengo curiosidad por conocer las vidas de otrxs, pero lo cierto es que nunca me ha enganchado del todo el género. Al final prefiero recurrir a algo rápido (¿y eficaz?) como enciclopedias o wikipedias. Naturalmente recuerdo algunas excepciones estupendas a esta "regla" mía de no leer mucho las vidas de otros. Por ejemplo me pareció emocionante y triste la despedida de Labordeta en Regular, gracias a dios [2010]. Y recuerdo también que me fascinó la autobiografía de Bertrand Russell que leí hace casi treinta años, tanto que tengo muchas ganas de volver a leerla ahora que durante estos treinta años he ido llenando mi mochila con muchas más cosas de las que tenía entonces.

Por todo eso me ha sorprendido aún más este libro de Madame de Genlis. Me lo regalaron hace un par de cumpleaños y me hizo mucha ilusión por venir de quien venía y por lo mucho que me intrigó la autora, a quien no conocía de nada.
A pesar de ese interés y de esa ilusión que me provocó el regalo, el libro ha pasado unos cuantos meses, poco más de un año, esperando paciente en la estantería, se ha mudado de casa conmigo en enero y seguía en el montón de "las próximas lecturas", y varias veces lo he tenido en la mano para leerlo y mi pereza asociada a las (auto)biografías me hacía volver a dejarlo y buscar cualquier otra cosa para leer.
Hace unas semanas por fin me animé. Y me alegro de haberlo hecho.
El libro, editado por Erasmus Ediciones, tiene una primera parte que me ha interesado algo menos: un relato largo titulado La escritora, al parecer muy autobiográfico, que es el que da título al volumen. Y una segunda parte, mucho más extensa que la primera, que es en palabras del editor una amplia selección de sus espléndidas y extensas memorias, selección centrada en su aprendizaje y actividad de escritora, pero también incorporando su excepcional testimonio sobre los años finales de la monarquía y la Revolución y su trato con algunas personalidades relevantes de la época. Y ahí es donde me lo he pasado como un enano.
Madame de Genlis nació en 1746 y murió en 1830, así que fue contemporánea de la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, de la Revolución francesa, del imperio napoleónico, o de la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana [1791] de Olympe de Gouges, uno de los documenos "fundacionales" del feminismo.
Sus memorias, naturalmente, están escritas en ese contexto haciendo referencia constantemente a las vicisitudes propias y ajenas por las que ella y sus conocidos pasaron en esos años, y aportando sus opiniones sobre lo que ocurría y sobre los principales protagonistas de la época. Igual que habla de la Revolución o de Napoleón, comenta también pequeñas anécdotas ocurridas en una cena o en un baile que permiten reconstruir de algún modo, en nuestra mente del siglo XXI, cómo era ese mundo francés / europeo del final del XVIII y principios del XIX. También cuenta, entre esa colección de pequeñas anécdotas, sus encuentros con algunos de los personajes que conoció, como VoltaireRousseau, el pintor David, el músico Gluck o el escritor Choderlos de Laclos.

Una mujer conservadora, religiosa, perteneciente a ese mundo de la aristocracia y la monarquía que la Revolución se supone que quiso desmantelar, pero que al mismo tiempo fue música, escritora y lectora, maestra, viajera, políglota... Una mujer, desde muchos puntos de vista, adelantada a su época.

Una lectura, en definitiva, más que recomendable. Está visto que a partir de ahora voy a tener que dejar aparcada esa manía que tengo a las (auto)biografías y aficionarme más a ellas...

sábado, 10 de octubre de 2015

Prisas

-Interesante, como ustedes mismos dicen -asumió el embajador-. Y nos invita a meditar sobre la fuerte interacción que existe entre dictadura y democracia. En algún sitio he leído que un Churchill delirante, a sus noventa años, recibió en su lecho de muerte la visita del espectro de Hitler.
-Has sido demasiado duro conmigo -le reprochó, sentado a un costado de su cama-. Y no acabo de entenderlo, aunque tu padre era rico y el mío pobre, ambos fueron de carácter voluble, bebedores y mujeriegos, y nos dejaron huérfanos a edad temprana. Pero los ricos sois así. Y ahora yo soy un paria de la Historia: la reencarnación del mal; mientras que tú personificas el bien y el heroísmo. ¿No te parece injusto? Al fin y al cabo tú representabas lo que yo más anhelaba para mi país: el Imperio. ¡Nos hubiéramos repartido el mundo!
-Las prisas fueron tu error -dicen que replicó Churchill, que añadió-: El imperio británico se construyó durante más de trescientos años, en un proceso lento y paulatino que nos acostumbró cada día a la injusticia haciéndola pasar por el estado natural de las cosas. Pretender lo mismo en solo cinco años requirió de tal concentración de crueldad que pareció que el mismo infierno hubiera invadido el planeta. Y tan extrema acumulación de crímenes sirvió para hacernos mucho más conscientes de los nuestros; de modo que nos hizo condenarlos también en nosotros. Por eso pasamos a ser considerados los buenos de la Historia.

Del libro London Calling [2015] del escritor Juan Pedro Aparicio [1941- ].

jueves, 20 de agosto de 2015

14

El año pasado se publicaron montones de libros sobre la Primera Guerra Mundial conmemorando el primer centenario de su inicio. Echando un vistazo a las bibliografías que hay por ahí se encuentran libros sobre el desarrollo de la guerra, la estrategia militar, las consecuencias, las batallas, los personajes destacados que intervinieron... Miles de páginas contando la barbarie.

Hace un par de días leí 14, del escritor francés Jean Echenoz [1947- ].
No llega a las cien páginas. Y da la impresión de que en esas pocas páginas está todo. Se lee de una sentada, casi sin pestañear. En la primera página la imagen, bucólica y amable, de un tipo montando en bici por el campo un sábado después de comer... Parece que va a ser un cuento fácil y con poca chicha. Pero poco a poco, casi sin darte cuenta, a las pocas páginas, estás en plena guerra contando qué pasa allí, contando la sorpresa e incluso la diversión de quienes son reclutados y salen de su ciudad como si fueran de turismo unos días, el frío y el calor, el peso del equipo que cargan, la mugre, el dolor, el ruido, la soledad...

Tantas veces nos han contado la guerra como algo limpio, necesario y heroico que libros como este parecen necesarios para acercarnos a la realidad.
Quizá los ejemplos en el cine son más claros. Pienso en esas pelis en las que hay unos malos y otros buenos, los buenos acaban con los malos limpiamente y vuelven a casa. Y asunto resuelto. Tal vez uno de los ejemplos más exagerados que me vienen a la memoria sea la peli-panfleto Objetivo Birmania, rodada meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, con la única intención de hacer propaganda antijaponesa en Estados Unidos en esos meses finales del conflicto. Tan absurda que a ratos parece una parodia.
Y pienso, por ponerme en el otro extremo, en la primera media hora de Salvad al soldado Ryan, otra peli también a ratos patriotera, con demasiadas banderas y con los malos demasiado malos y los buenos demasiado buenos, pero que durante esos primeros minutos en que cuenta el inicio del desembarco de Normandía muestra cómo debe ser el espanto y el miedo de situaciones así.

El libro de Echenoz no tiene desperdicio. En esas poquitas páginas (insisto) le da para contar no sólo el horror de las trincheras, sino también lo que ocurre en casa, cómo viven quienes se han quedado atrás, la relación entre mandos y tropa, la corrupción y los abusos que generan las guerras...

Con este librito vuelvo a confirmar esa teoría que tengo, y de la que cada vez estoy más convencido, de que para conocer la historia la literatura es (al menos) tan útil como los propios libros de historia.

jueves, 11 de junio de 2015

Barrio de Salamanca

Ayer por la tarde, en el Colegio del Pilar de Madrid, se presentó el libro Barrio de Salamanca, de Paco Juez (Atacama), y editado por Flashback Ediciones.
Se trata de un pequeño volumen, muy manejable y estupendamente impreso, en el que se hace un repaso por la historia del barrio de Salamanca de Madrid a través de varios cientos de imágenes procedentes de diversos archivos, públicos y privados, y en muchos casos de colecciones particulares de fotografías.

Las imágenes se han organizado en varios "capítulos". Cada uno de esas secciones se inicia con una introducción general, y cada una de las fotografías va acompañada de documentadísimos pies de foto.
En la presentación de ayer comentaba Paco Juez que el inicio de su investigación sobre el barrio se remonta a hace unos nueve años, aunque el trabajo expresamente dedicado a la documentación del libro ha llevado aproximadamente los tres últimos.

El trabajo es excelente y se pueden encontrar cosas sorprendentes como esta imagen de lo que ahora es la Plaza de Colón, con las Torres en construcción al fondo y la Casa de la Moneda en lo que luego fueron los Jardines del Descubrimiento:

En esta otra, una litografía hecha a partir de una fotografía aérea, se ve la Plaza de Toros que había cerca de la Puerta de Alcalá, en lo que hoy sería el inicio de la calle Serrano:

Y éste es el palacete que, hasta mediados del siglo pasado, ocupaba el solar en el que actualmente está la Embajada de Estados Unidos:

El libro es una colección de imágenes sorprendentes, acompañadas de multitud de datos e información de gran interés para amantes de Madrid, de la fotografía, de la historia, de la arquitectura, del urbanismo...

martes, 19 de mayo de 2015

La incertidumbre

La incertidumbre, frente a las vehementes esperanzas y temores, es dolorosa, pero hay que soportarla si deseamos vivir sin tener que apoyarnos en consoladores cuentos de hadas.

De la Historia de la Filosofía Occidental [1945] de Bertrand Russell [1872-1970], de cuyo nacimiento se cumplieron ayer 143 años.

viernes, 1 de mayo de 2015

La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra...

La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra, es algo que se encuentra entre la teología y la ciencia. Como la teología, consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia, apela más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación. Todo conocimiento definido pertenece a la ciencia -así lo afirmaría yo-, y todo dogma, en cuanto sobrepasa el conocimiento determinado, pertenece a la teología. Pero entre la teología y la ciencia hay una tierra de nadie, expuesta a los ataques de ambas partes: esa tierra de nadie es la filosofía. Casi todos los problemas que poseen un máximo interés para los espíritus especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia, y las certeras réplicas de los teólogos ya no nos parecen tan convincentes como en los siglos pasados. ¿Está dividido el mundo en espíritu y materia? Y suponiendo que así sea, ¿qué es espíritu y qué es materia? ¿Está el espíritu sometido a la materia o está dotado de fuerzas independientes? ¿Tiene el universo unidad o finalidad? ¿Está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la naturaleza, o creemos solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, a saber: un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose en un pequeño e insignificante planeta? ¿O es lo que le parece a Hamlet? ¿Acaso las dos cosas a la vez? ¿Existe una manera noble de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles? Si hay un modo de vida noble, ¿en qué consiste y cómo lo realizaremos? ¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el universo se moviera inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe la sabiduría, o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la locura? Cuestiones como estas no hallan respuesta en ningún laboratorio. Las teologías han pretendido dar respuestas, todas demasiado concretas, pero precisamente su precisión hace que el espíritu moderno las mire con recelo. El estudio de estos problemas, aunque no los resuelva, es misión de la filosofía. 

De la Historia de la Filosofía Occidental [1945] de Bertrand Russell [1872-1970].