He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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martes, 19 de julio de 2016
gente que lee (100)
Ayer por la tarde, un día antes de mi cuarenta y nueve cumpleaños, leyendo Walden en mi nueva casita a la que me acabo de mudar en La Cabrera.
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Henry David Thoreau
martes, 12 de julio de 2016
Cambios
Ando de cambios.
Cambios vitales, importantes, transformadores.
Voy a seguir viviendo en la Sierra Norte de Madrid, pero estos días me mudo de casa y de pueblo. Me muero de ganas.
El martes es mi cumpleaños, así que también cambio de año. También ilusionado con ésto: me gusta cumplir años, y sentir y hacer memoria de la gente que tengo cerca y las cosas que me van pasando.
Y de algún modo cambio también de etapa. Sigo con el objetivo que me propuse hace unos años (¡tres ya!) cuando salí de Madrid. Siento que aún no lo he logrado, pero en realidad ése es uno de esos objetivos que no se acaban de lograr nunca y en los que lo importante es el camino que sigues mucho más que el sitio al que vas.
Y ahí seguimos... en el camino...
Y parece que con tanto cambio, personal y vital, no está de más recordar y celebrar el cumpleaños de este señor que, salvando tooodas las distancias, también tomó algunas decisiones parecidas....
Hoy, 12 de julio, se cumplen 199 años del nacimiento de Henry David Thoreau [1817-1862], autor, entre otras obras, de Walden [1854] y de La desobediencia civil [1848].
Cambios vitales, importantes, transformadores.
Voy a seguir viviendo en la Sierra Norte de Madrid, pero estos días me mudo de casa y de pueblo. Me muero de ganas.
El martes es mi cumpleaños, así que también cambio de año. También ilusionado con ésto: me gusta cumplir años, y sentir y hacer memoria de la gente que tengo cerca y las cosas que me van pasando.
Y de algún modo cambio también de etapa. Sigo con el objetivo que me propuse hace unos años (¡tres ya!) cuando salí de Madrid. Siento que aún no lo he logrado, pero en realidad ése es uno de esos objetivos que no se acaban de lograr nunca y en los que lo importante es el camino que sigues mucho más que el sitio al que vas.
Y ahí seguimos... en el camino...
Y parece que con tanto cambio, personal y vital, no está de más recordar y celebrar el cumpleaños de este señor que, salvando tooodas las distancias, también tomó algunas decisiones parecidas....
Hoy, 12 de julio, se cumplen 199 años del nacimiento de Henry David Thoreau [1817-1862], autor, entre otras obras, de Walden [1854] y de La desobediencia civil [1848].
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domingo, 10 de julio de 2016
Cuatro sugerencias
Para la última reunión que tuvimos, hace ya varias semanas, del Club de Lectura Serrano nos propusimos leer obras de ciencia ficción. Hubo muchas propuestas, cada unx elegimos alguna que nos interesara y luego hicimos una (muy interesante) puesta en común, de la que además salió una lista con muchos títulos para las próximas semanas y meses.
Uno de esos títulos, que fue propuesto por al menos un par de personas, fue La invención de Morel [1940], del argentino Adolfo Bioy Casares [1914-1999].
Creo que ya la había leído hace años, quizá en los tiempos de la facultad, pero no tenía un recuerdo muy especial de esta novela. Las dos personas que la proponían en el Club, de las que me fío mucho, me hicieron pensar que algo me había perdido... y que convenía darle una segunda vuelta.
Y efectivamente así era. Es un relato apasionante que parece llevarte al principio por un camino que no terminas de entender, dándote pistas de que algo extraño ocurre en esa isla sin llegar a aclararte qué... y poco a poco va poniendo las cartas sobre la mesa llegando a un final sorprendente.
Un relato del que dice Borges que no le parece "una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta". ¿Qué puedo a añadir yo a semejante comentario...?
Cada vez me gusta más leer y releer a Italo Calvino [1923-1985]. Leí bastantes de sus libros también cuando estaba estudiando en la universidad. Me encantaban. Y siempre me sorprendían. Y ahora, por algún motivo, estoy volviendo a encontrarme con él: yo, naturalmente, soy otro, y él, como se dice de cómo cantan Camarón o Gardel, cada vez escribe mejor...
Esta ¿novela?, Palomar [1983], no la había leído. De hecho supe de su existencia hace poco leyendo algo sobre la biografía de Calvino o alguno de sus artículos...
El personaje protagonista, Palomar, describe lo que encuentra. Esa es la novela: su observación del mundo y su intento de aprehenderlo: sus observaciones de una mujer en la playa, o una salamanquesa sobre un vidrio o de las piedras del Ryōan-ji son emocionantes...
Siento que tiene mucho que ver con esa mirada lenta que sugieren los grandes fotógrafxs, con los paseos de Thoreau en torno a su lago, con el tiro con arco de Herrigel, con la escena maravillosa de Smoke en que Auggie le sugiere a Paul que no va a entender sus fotografías si no las mira un poco más despacio...
Otra enorme recomendación para leer con calma este verano.
Ésto ha sido uno de esos descubrimientos que uno hace por casualidad, o no, deambulando por las bibliotecas.
No sabía nada del autor, Markus Orths [1969- ], ni de La camarera.
Y me ha gustado.
Y me han entrado muchas ganas de leer La sala de profesores, la otra novela que (hasta donde yo sé) tiene traducida al español.
No siento que sea una novela que me haya cambiado la vida. Muy pocas lo hacen, claro, eso es mucho pedir... Pero mientras la leía ha conseguido mantenerme interesado en saber qué iba a pasar con esa camarera que decide pasar algunas noches debajo de la cama de los huéspedes del hotel en el que trabaja, quieta, escuchando, tratando de sentir lo que ocurre en la habitación y ella no puede ver.
Una novela para leerse de una sentada y luego estar durante algún tiempo fantaseando con la idea de observar al personal, de saber qué hacen cuando nadie les / nos ve. Fantaseando con lo que se oye, se ve, se siente cuando se mira sin ser visto...
En fin, una buena propuesta para mirarse a uno mismo y pensar en por qué nos gustan tanto (a veces) las vidas de lxs otrxs.
La subasta del lote 49 es uno de esos libros que tenía desde hace tiempo en mi (cada vez más extensa) lista de grandes e imprescindibles libros que tengo que leer sí o sí antes de morirme.
Se supone que es uno de esos 'clásicos del siglo XX' que no puedes no haber leído si quieres entender algo de lo que pasa en el mundo en general y en la literatura en particular.
Así que cuando, éste también por casualidad, lo encontré hace unas semanas en una de las bibliotecas que frecuento en la sierra, pensé que era la ocasión y que no podía dejarla pasar...
Uffffff.....
Cuando llevaba sólo unas cuantas páginas ya empecé a pensar que me estaba aburriendo. Mucho. Y que además no estaba entendiendo nada. Y que lo poco que estaba entendiendo no me estaba interesando lo más mínimo. A veces, cuando ésto ocurre, uno piensa que no es el libro ni el autor, que eres tú, que te falta, que no llegas, que no entiendes, que tienes que leer más cosas antes de llegar ahí... Al enfrentarse con 'los grandes' no viene mal un poco de modestia.
En esas, ya llevaría como un tercio de la novela y cada vez la sentía más atascada, tuve la buena idea de buscar en Un libro al día, uno de mis blogs de libros favorito. No siempre estoy de acuerdo con sus opiniones, pero muchas veces coincido con ellas y siempre me gusta cómo las cuentan. Y me relajé. Mucho. Me tranquilizó muchísimo que la calificaran de intragable. Me sentí un poquito mejor al leer que quien hacía la reseña afirma que "pocas veces se había sentido tan desesperadamente confuso leyendo una novela" y que "por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo".
La acabé, claro. (Tengo una especie de TOC con esto de no poder dejar a medias los libros que no me gustan o no me interesan.) Y luego me sentó bien leer los muchos comentarios que hay en la reseña de Un libro al día apoyando y rebatiendo las opiniones de la reseña...
En fin, no sé si intragable es un adjetivo demasiado macarra, pero la verdad es que creo que tardaré una temporadita en volver a acercarme al misterioso y (en tantos sentidos) inaccesible Pynchon.
Uno de esos títulos, que fue propuesto por al menos un par de personas, fue La invención de Morel [1940], del argentino Adolfo Bioy Casares [1914-1999].
Creo que ya la había leído hace años, quizá en los tiempos de la facultad, pero no tenía un recuerdo muy especial de esta novela. Las dos personas que la proponían en el Club, de las que me fío mucho, me hicieron pensar que algo me había perdido... y que convenía darle una segunda vuelta.
Y efectivamente así era. Es un relato apasionante que parece llevarte al principio por un camino que no terminas de entender, dándote pistas de que algo extraño ocurre en esa isla sin llegar a aclararte qué... y poco a poco va poniendo las cartas sobre la mesa llegando a un final sorprendente.
Un relato del que dice Borges que no le parece "una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta". ¿Qué puedo a añadir yo a semejante comentario...?
Cada vez me gusta más leer y releer a Italo Calvino [1923-1985]. Leí bastantes de sus libros también cuando estaba estudiando en la universidad. Me encantaban. Y siempre me sorprendían. Y ahora, por algún motivo, estoy volviendo a encontrarme con él: yo, naturalmente, soy otro, y él, como se dice de cómo cantan Camarón o Gardel, cada vez escribe mejor...
Esta ¿novela?, Palomar [1983], no la había leído. De hecho supe de su existencia hace poco leyendo algo sobre la biografía de Calvino o alguno de sus artículos...
El personaje protagonista, Palomar, describe lo que encuentra. Esa es la novela: su observación del mundo y su intento de aprehenderlo: sus observaciones de una mujer en la playa, o una salamanquesa sobre un vidrio o de las piedras del Ryōan-ji son emocionantes...
Siento que tiene mucho que ver con esa mirada lenta que sugieren los grandes fotógrafxs, con los paseos de Thoreau en torno a su lago, con el tiro con arco de Herrigel, con la escena maravillosa de Smoke en que Auggie le sugiere a Paul que no va a entender sus fotografías si no las mira un poco más despacio...
Otra enorme recomendación para leer con calma este verano.
Ésto ha sido uno de esos descubrimientos que uno hace por casualidad, o no, deambulando por las bibliotecas.
No sabía nada del autor, Markus Orths [1969- ], ni de La camarera.
Y me ha gustado.
Y me han entrado muchas ganas de leer La sala de profesores, la otra novela que (hasta donde yo sé) tiene traducida al español.
No siento que sea una novela que me haya cambiado la vida. Muy pocas lo hacen, claro, eso es mucho pedir... Pero mientras la leía ha conseguido mantenerme interesado en saber qué iba a pasar con esa camarera que decide pasar algunas noches debajo de la cama de los huéspedes del hotel en el que trabaja, quieta, escuchando, tratando de sentir lo que ocurre en la habitación y ella no puede ver.
Una novela para leerse de una sentada y luego estar durante algún tiempo fantaseando con la idea de observar al personal, de saber qué hacen cuando nadie les / nos ve. Fantaseando con lo que se oye, se ve, se siente cuando se mira sin ser visto...
En fin, una buena propuesta para mirarse a uno mismo y pensar en por qué nos gustan tanto (a veces) las vidas de lxs otrxs.
La subasta del lote 49 es uno de esos libros que tenía desde hace tiempo en mi (cada vez más extensa) lista de grandes e imprescindibles libros que tengo que leer sí o sí antes de morirme.
Se supone que es uno de esos 'clásicos del siglo XX' que no puedes no haber leído si quieres entender algo de lo que pasa en el mundo en general y en la literatura en particular.
Así que cuando, éste también por casualidad, lo encontré hace unas semanas en una de las bibliotecas que frecuento en la sierra, pensé que era la ocasión y que no podía dejarla pasar...
Uffffff.....
Cuando llevaba sólo unas cuantas páginas ya empecé a pensar que me estaba aburriendo. Mucho. Y que además no estaba entendiendo nada. Y que lo poco que estaba entendiendo no me estaba interesando lo más mínimo. A veces, cuando ésto ocurre, uno piensa que no es el libro ni el autor, que eres tú, que te falta, que no llegas, que no entiendes, que tienes que leer más cosas antes de llegar ahí... Al enfrentarse con 'los grandes' no viene mal un poco de modestia.
En esas, ya llevaría como un tercio de la novela y cada vez la sentía más atascada, tuve la buena idea de buscar en Un libro al día, uno de mis blogs de libros favorito. No siempre estoy de acuerdo con sus opiniones, pero muchas veces coincido con ellas y siempre me gusta cómo las cuentan. Y me relajé. Mucho. Me tranquilizó muchísimo que la calificaran de intragable. Me sentí un poquito mejor al leer que quien hacía la reseña afirma que "pocas veces se había sentido tan desesperadamente confuso leyendo una novela" y que "por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo".
La acabé, claro. (Tengo una especie de TOC con esto de no poder dejar a medias los libros que no me gustan o no me interesan.) Y luego me sentó bien leer los muchos comentarios que hay en la reseña de Un libro al día apoyando y rebatiendo las opiniones de la reseña...
En fin, no sé si intragable es un adjetivo demasiado macarra, pero la verdad es que creo que tardaré una temporadita en volver a acercarme al misterioso y (en tantos sentidos) inaccesible Pynchon.
lunes, 1 de febrero de 2016
Melville da paso a Vila-Matas...
Empieza febrero y seguimos con nuestro Club de Lectura Serrano...
Nuestra última quedada, la del viernes 22 de enero, en la que hablamos de Bartleby, el escribiente [1953], de Herman Melville [1819-1891], fue estupenda. Algo escasa de público, como nos suele ocurrir últimamente, pero nos dio mucho juego.
Quienes hayáis leído el relato de Melville, no más de setenta u ochenta páginas, posiblemente os hayáis quedado con la duda de cómo interpretar al personaje protagonista: ¿es un antisistema que quiere desmontar la maquinaria que le utiliza? ¿es un triste, un pusilánime, un sinsangre? ¿es una especie de monje zen trasladado al Wall Street del siglo XIX? ¿es un precedente de la desobediencia civil y la resistencia pasiva? ¿es una vuelta más a Thoreau y sus propuestas? ¿es "una tuerca del engranaje que prefiere no seguir ejerciendo su función"? ¿es un enfermo al que nadie es capaz de diagnosticar? ¿es un obsesivo a quien su coherencia lleva demasiado lejos?
En fin, la verdad es que el tipo, y su historia, dan bastante juego. Y efectivamente, como me escribió una amiga ese mismo día, "una buena novela no es una respuesta sino una buena pregunta". Y en este relato eso se cumple de maravilla...
Y seguimos...
Nuestra próxima quedada es, como (casi) siempre, el tercer viernes de febrero, día 19, en el CCH de La Cabrera. Y hablaremos sobre Doctor Pasavento [2005] de Enrique Vila-Matas.
Nos vemos.
Nuestra última quedada, la del viernes 22 de enero, en la que hablamos de Bartleby, el escribiente [1953], de Herman Melville [1819-1891], fue estupenda. Algo escasa de público, como nos suele ocurrir últimamente, pero nos dio mucho juego.
Quienes hayáis leído el relato de Melville, no más de setenta u ochenta páginas, posiblemente os hayáis quedado con la duda de cómo interpretar al personaje protagonista: ¿es un antisistema que quiere desmontar la maquinaria que le utiliza? ¿es un triste, un pusilánime, un sinsangre? ¿es una especie de monje zen trasladado al Wall Street del siglo XIX? ¿es un precedente de la desobediencia civil y la resistencia pasiva? ¿es una vuelta más a Thoreau y sus propuestas? ¿es "una tuerca del engranaje que prefiere no seguir ejerciendo su función"? ¿es un enfermo al que nadie es capaz de diagnosticar? ¿es un obsesivo a quien su coherencia lleva demasiado lejos?
En fin, la verdad es que el tipo, y su historia, dan bastante juego. Y efectivamente, como me escribió una amiga ese mismo día, "una buena novela no es una respuesta sino una buena pregunta". Y en este relato eso se cumple de maravilla...
Y seguimos...
Nuestra próxima quedada es, como (casi) siempre, el tercer viernes de febrero, día 19, en el CCH de La Cabrera. Y hablaremos sobre Doctor Pasavento [2005] de Enrique Vila-Matas.
Nos vemos.
lunes, 7 de diciembre de 2015
Lo salvaje
En literatura, sólo lo salvaje nos atrae. El aburrimiento no es sino otro nombre de la domesticación. Lo que nos deleita de Hamlet y La Ilíada, de todas las Escrituras y las mitologías, es la visión del mundo incivilizada, libre y natural, que no se aprende en las escuelas. Así como el ganso silvestre es más rápido y más bello que el doméstico, también lo es el pensamiento salvaje, pato real que vuela sobre los pantanos mientras cae el rocío. Un libro verdaderamente bueno es algo tan natural y tan inesperada e inexplicablemente bello y perfecto como una flor silvestre descubierta en las praderas del Oeste o en las junglas orientales.
Del librito Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].
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viernes, 3 de julio de 2015
Alguna lectura veraniega...
Me proponen a través del facebook que si me atrevo a hacer algunas sugerencias de lecturas veraniegas: podrías recomendarnos en tu blog alguna lectura veraniega, tipo "leo un poquito, vuelta y vuelta, leo, chapuzón, otro poquito..." pero de las que molan-molan.
Soy tímido para estas cosas por aquello de que quién soy yo para andar dando mi opinión y diciendo qué es interesante y qué no... Pero ahí van unas cuantas propuestas de cosas que he leído durante este año y me han gustado:
Soy tímido para estas cosas por aquello de que quién soy yo para andar dando mi opinión y diciendo qué es interesante y qué no... Pero ahí van unas cuantas propuestas de cosas que he leído durante este año y me han gustado:
- Americanah, una novelaca estupenda, ¡600 páginas!, de Chimamanda Ngozi Adichie.
- Los cuentos de Raymond Carver y de Quim Monzó. Dos de los mejores cuentistas que conozco. Cada uno en su estilo, claro, pero fascinantes ambos.
- Fascinante la biografía de Michel de Montaigne escrita por Stefan Zweig.
- Dos libritos un poco cerebrudos pero que me han dejado loco: Bartleby, el escribiente, de Herman Melville y Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas.
- De cuento y novela infantil y juvenil, dos descubrimientos que he hecho este año: Achim Bröger y Gianni Rodari.
- Los microrrelatos de La glorieta de los fugitivos, de José María Merino.
- Y dos cositas más. Un clásico, El satiricón de Petronio, y un librito perfecto para verano o para invierno o para cualquier momento del año, Caminar de Henry David Thoreau.
De nada.
;o)
Que disfruten...
miércoles, 25 de marzo de 2015
¿Hacia dónde caminar?
¿Por qué resulta a veces tan arduo decidir hacia dónde caminar? Creo que existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos inconscientemente a él, nos dirigirá correctamente. No da igual qué senda tomemos. Hay un camino adecuado, pero somos muy propensos, por descuido y estupidez, a elegir el erróneo. Nos gustaría tomar ese buen camino, que nunca hemos emprendido en este mundo real y que es símbolo perfecto del que desearíamos recorrer en el mundo ideal e interior; y si a veces hallamos difícil elegir su dirección, es -con toda seguridad- porque aún no tiene existencia clara en nuestra mente.
De Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].
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sábado, 14 de marzo de 2015
Deambular
Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: "Te doy un penique por lo que estás pensando"; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.
[...] No sé cómo lo soportan las mujeres, que están aún más recluidas en casa que los hombres; aunque tengo motivos para sospechar que la mayor parte de ellas no lo soporta en absoluto.
Del librito Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].
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