He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
Mostrando entradas con la etiqueta arquitectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arquitectura. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de mayo de 2018

sábado, 5 de mayo de 2018

gente que lee (229)

Uno de los personajes que he conocido al llegar a Londres y que no conocía o, si había leído algo sobre él, no recordaba, es Sir Henry Cole [1808-1882], uno de los promotores junto con Alberto, el marido de la Reina Victoria, de la gran Exposición Universal de 1851 en Londres.
En cuanto vas un poco atento por la ciudad te lo encuentras por todos lados: blue plaques diciendo que aquí vivió o que hizo tal o cual cosa en tal o cual sitio, inventó los christmas y el primer sello adhesivo, fue quien impulsó la gran exposición con todo lo que ello supuso para la ciudad y para el país, fue el primer director del Victoria & Albert Museum revolucionando muchas ideas sobre los museos...
En fin, un tipo interesante del que quiero leer más.

En la foto, es el de la izquierda, y está leyendo un plano junto al Capitán Francis Fowke, a Godfrey Sykes y a John Liddell, mientras construyen el que entonces aún se llamaría South Kensington Museum y que luego se convertiría en el que hoy conocemos como Victoria & Albert.

domingo, 9 de abril de 2017

gente que lee (145)

Otra foto de amigxs: ésta me la manda Santi, uno de mis compañeros del taller de escritura que hago en la Escuela de Escritores. La ha hecho su hijo Carlos en la Biblioteca Pública de Estocolmo.
¡Gracias!

jueves, 9 de junio de 2016

La vida

Hay muchos motivos por los que me gusta leer. Y uno de ellos, y seguro que no es el menos importante, es por los mundos y las vidas que me abre, por todo lo que me muestra que me mueve y me remueve, por las historias que encuentro en los libros que no son las que están en mi vida y que de algún modo la completan y la enriquecen.

A veces, algunos días, en tu propia vida, o en la mía, pasan suficientes cosas como para llenar novelas enteras. Creo que para mí ayer fue uno de esos días. Fue un día aparentemente normal, en el que hice cosas que hago casi todos los días: dí algunas clases, hice compra, leí un rato, me encontré con gente, conduje de un pueblo a otro, escribí algunos mails... Pero entre los muchos días en los que no ocurre nada que te saque de tu lugar, de tu centro, de vez en cuando hay alguno que te hace pensar que, a pesar de todo, la vida es mucho más rica, más plena, más excitante, más alegre y más triste, más emocionante que muchas novelas.

Ayer efectivamente hice muchas cosas de las que hago habitualmente. Por ejemplo, por la mañana añadí una nota más a este blog, que de todo lo que estoy haciendo últimamente es una de las cosas que más me gusta y me divierte.
Luego fui a Manjirón. Hacía mucho que no iba por allí después de dejar la casa en la que viví año y medio. Aún no me he 'curado' del todo de esa experiencia que para mí resultó muy catártica, y me conmovió ayer hacer de nuevo la carreterita que llega hasta allí desde la autovía. Me han propuesto hacer un trabajo fotográfico sobre la zona de Puentes Viejas. Creo que además de un trabajo alimenticio va a ser una buena 'terapia' para ayudarme a resolver mi relación con el lugar en que viví y cicatrizar del todo, por fin, esa etapa.
Ya que estaba por la zona continué la ronda y fui también a Buitrago. Y tuve allí varias conversaciones con gente que me encontré en la frutería, en la biblioteca... Conversaciones que me sientan bien, reveladoras, que me hacen crecer de un modo u otro, que me ayudan a mirar y a entender. Pasé buena parte del día haciendo 'mandaos', como diría mi abuela: cogí unos cuantos libros en la biblioteca, saqué un billete de tren para ir en julio a celebrar con mis padres sus primeros cincuenta años de casadxs, dí una clase particular en la que me tocó, aunque no es mi tema, hablar de historia del arte, y traté de contagiar a mi alumno, un chaval de diecinueve años, el asombro que sentí cuando vi el David de Miguel Ángel o al visitar el Panteón de Agripa.
Al llegar a casa me enteré de que la semana que viene operarán a mi madre. No parece grave, pero me acercaré un par de días a Algeciras a acompañar. Nos sentará bien estar cerca. Y al rato me llamó Vero, una de las personas más importantes de mi vida desde hace muchos años. Hacía tiempo que no hablábamos, así que me gustó oírla y que me contara sobre el trabajo, interesantísimo, que está haciendo en Ecuador y sobre cómo se siente estas semanas allí. Y me contó también la muerte de Vicente y el nacimiento de Adriana. Las dos cosas esperadas, pero no por esperadas menos impresionantes.
Por la tarde dí otra clase, esta vez de matemáticas, y volví a ver de cerca la fragilidad, la inseguridad de los dieciséis años. Volví a ser consciente de que mi trabajo con lxs alumnxs, en muchísimas ocasiones, no es tanto explicar polinomios y logaritmos sino escuchar, animar, dar confianza, sostener de algún modo.
Y luego al CCH, uno de los lugares sobre los que gira mi vida últimamente en la sierra, al que voy todas las semanas, unas veces como profe del taller de fotografía y otras, la mayoría, como usuario del centro. Allí me encontré con más amigxs, tuve más conversaciones interesantes, hablamos sobre la exposición del taller de fotografía, sobre el Club de Lectura Serrano, sobre la vida......

A veces uno se pregunta para qué nos hacen falta las novelas teniendo la vida...

martes, 12 de abril de 2016

Como un dirigible

¿Veis ese puente de hierro, esa audaz arcada, allí, sobre el río Duero? Se llama Doña María, una reina de Portugal, y lo proyectó el ingeniero Eiffel, al que todos conocen por la famosa Torre Eiffel de París.
Cuando veo "objetos" de este tipo, siento nostalgia por lo que me hubiera gustado ser: arquitecto. Quién sabe si hubiera sido bueno. Un arquitecto realiza cosas sólidas, destinadas a permanecer. Pero de mi oficio, ¿qué queda? Sombras, sombras chinescas.
Siempre he soñado con hacer casas; las he hecho con el dinero que he ganado gracias al cine, no como arquitecto. Mi casa ideal me hubiera gustado hacerla con el ingeniero Eiffel: un armazón de hierro, una torre con ascensor interior y, en lo alto, anclado, el dirigible. Ésta es mi casa ideal: te duermes en el norte y despiertas en el sur. Porque el dirigible se mueve a merced del viento. Por desgracia, el ingeniero Eiffel ya no vive, y mi casa ideal ha quedado en un simple sueño.
Cuando se lo conté al pintor Rauschenberg, me pintó un cuadro con trozos de periódicos y de papel, como hacía él: había una torrecilla que ascendía hacia el cielo con el dirigible anclado en lo alto; el apartamento estaba debajo de la cabina. Francamente, no hubiera estado mal.

De Sí, ya me acuerdo... [1996], la autobiografía de Marcello Mastroianni [1924-1996].

martes, 20 de octubre de 2015

Los pasos intermedios

Soy muy fan del blog cuatroESCALONES y de quienes lo hacen. Aunque su trabajo se centra en los procesos creativos relacionados con los proyectos de arquitectura, sus reflexiones siempre me parece que son perfectamente válidas para cualquier proceso creativo, da igual que se trate de arquitectura, fotografía, literatura, pintura, música, etc. En una de sus últimas entradas han colgado esta cita, que rápidamente me he 'apropiado', del artista estadounidense Sol LeWitt [1928-2007]:

Si el artista lleva a cabo su idea y la convierte en una forma visible, entonces todos los pasos del proceso son importantes. La idea en sí misma, aunque no se ha vuelto visual, es una obra de arte exactamente como cualquier producto terminado. Todos los pasos intermedios -garabatos, bocetos, dibujos, obras inacabadas, modelos, estudios, pensamientos, conversaciones- son interesantes. Las cosas que ilustran el proceso mental del artista son a veces más interesantes que el resultado final.
¡Seguimos!

jueves, 11 de junio de 2015

Barrio de Salamanca

Ayer por la tarde, en el Colegio del Pilar de Madrid, se presentó el libro Barrio de Salamanca, de Paco Juez (Atacama), y editado por Flashback Ediciones.
Se trata de un pequeño volumen, muy manejable y estupendamente impreso, en el que se hace un repaso por la historia del barrio de Salamanca de Madrid a través de varios cientos de imágenes procedentes de diversos archivos, públicos y privados, y en muchos casos de colecciones particulares de fotografías.

Las imágenes se han organizado en varios "capítulos". Cada uno de esas secciones se inicia con una introducción general, y cada una de las fotografías va acompañada de documentadísimos pies de foto.
En la presentación de ayer comentaba Paco Juez que el inicio de su investigación sobre el barrio se remonta a hace unos nueve años, aunque el trabajo expresamente dedicado a la documentación del libro ha llevado aproximadamente los tres últimos.

El trabajo es excelente y se pueden encontrar cosas sorprendentes como esta imagen de lo que ahora es la Plaza de Colón, con las Torres en construcción al fondo y la Casa de la Moneda en lo que luego fueron los Jardines del Descubrimiento:

En esta otra, una litografía hecha a partir de una fotografía aérea, se ve la Plaza de Toros que había cerca de la Puerta de Alcalá, en lo que hoy sería el inicio de la calle Serrano:

Y éste es el palacete que, hasta mediados del siglo pasado, ocupaba el solar en el que actualmente está la Embajada de Estados Unidos:

El libro es una colección de imágenes sorprendentes, acompañadas de multitud de datos e información de gran interés para amantes de Madrid, de la fotografía, de la historia, de la arquitectura, del urbanismo...

sábado, 7 de febrero de 2015

Descubrir, inventar, crear

Lo encontré hace un par de días en cuatroESCALONES:

En realidad no creo que nadie invente nada, lo que creo que hacemos es descubrir. Nuestro papel es precisamente ese, descubrir. No el de inventar. Lo único que podemos hacer es cambiar de una forma a otra. Inventar implica que uno ha creado algo de la nada, y no es eso lo que hacemos. Creamos algo a partir de algo. De ahí que me guste la idea del camino del descubrimiento, que es el que recorremos al hacer arquitectura. El descubrimiento es el proceso creativo. No se trata estrictamente de creatividad, es un proceso por el que debemos transitar como método de descubrimiento. Y eso es algo extremadamente importante.

Glenn Murcutt [1936- ], arquitecto australiano.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Para escribir...


[...] Para escribir, aunque sea un cuento corto, es necesario esbozar un esquema que irá reestructurándose, comenzar a volcar frases y párrafos, aunque sean inconexos, y luego, una vez que el negro haya roto la maldición del inicio en blanco, continuar con el proceso: releer, tachar, reorganizar, añadir, cambiar, revisar, borrar… entonces aparecerán nuevas variables: quizá la descripción detallada de un personaje secundario nos descubra un nuevo protagonista, o la opinión de alguien que lea el borrador suponga reenfocar un final distinto, quizá sucesos ajenos al escrito resulten determinantes para cambiar su estructura. Todo afecta y todo enriquece, pero necesariamente, siempre se avanza desde el proceso: corrigiendo, perfilando, purgando, dejándolo reposar, retomándolo, añadiendo, seleccionando, es decir, escribiendo. [...]

Lo he encontrado esta mañana en el blog de cuatroESCALONES, en el que hablan, con el acierto de siempre, de escribir y proyectar...

Imagen: In between, de Emmanuelle Renard y Óscar Valero.