He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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sábado, 2 de abril de 2016

La mirada de la gente que te quiere

Me dices que en estos momentos no te apetece sentir sobre tu persona la mirada de la gente que te quiere. De hecho, los ojos de la gente que nos quiere son difíciles de soportar cuando estamos pasando por trances difíciles. Pero es un escollo que se supera rápidamente. Los ojos de la gente que nos quiere pueden ser, al juzgarnos, sumamente límpidos, misericordiosos y exigentes; y aunque pueda ser duro, en última instancia resulta saludable y beneficioso para nosotros afrontar la claridad, la exigencia y la misericordia.

De la novela Querido Miguel [1973] de la escritora italiana Natalia Ginzburg [1916-1991].

martes, 26 de enero de 2016

Pena o envidia

Tienes un carácter muy difícil, pero no es por eso por lo que no quiero casarme contigo. No quiero casarme contigo porque esa vez que te digo y otras muchas me has dado pena, y a mí me gustaría casarme con un hombre que no me diera pena, porque bastante tengo con la que me doy yo.
Me gustaría casarme con un hombre que me diese envidia.
[...]
No sé cuándo volverá. No me ha dicho cuándo piensa volver. Tengo la impresión de que me he enamorado de él. No me da ninguna pena, como me la dabas tú algunas veces. Le envidio. Le envidio porque tiene un aire ensimismado, extraño y misericordioso. Tú también algunas veces tenías un aire ensimismado, pero a mí tus secretos me parecían un juego de niños. Él en cambio da la impresión de tener verdaderos secretos, que nunca contará a nadie, secretos complicados y rarísimos. Por eso le envidio. Porque yo en tocante a secretos no tengo ninguno.

De la novela Querido Miguel [1973] de la escritora italiana Natalia Ginzburg [1916-1991].

jueves, 12 de noviembre de 2015

Sin rumbo fijo

El mundo actualmente está lleno de chicos así que andan de acá para allá sin rumbo fijo. No logra uno imaginarse cómo van a llegar a viejos. Da la impresión de que no van a envejecer nunca. De que están condenados a quedarse siempres así, sin casa, sin familia, sin un horario de trabajo. Sin nada. Con sus cuatro trapos, y se acabó. Nunca han sido jóvenes, así que cómo van a hacerse viejos.

De la novela Querido Miguel [1973] de la escritora italiana Natalia Ginzburg [1916-1991].

martes, 6 de octubre de 2015

Escritura y felicidad

Escribí este relato [El camino que va a la ciudad (1942)] para ser un poco menos infeliz. Me equivoqué. No debemos buscar nunca en la escritura una consolación. No debemos tener un objetivo. Si hay algo que esté claro es que hay que escribir sin tener ningún objetivo. [...]
Cuando se publicó este cuento [Sucedió así (1947)] alguien me dijo: "si fueras más feliz habrías escrito un cuento mejor". Callé pensando que era verdad. Era verdad, sí, pero aún era más cierto que para mí no se trataba tanto de llegar a ser menos infeliz como de lograr escribir a pesar de mi infelicidad y sin preocuparme de ella, sin dejar que enturbiase y contaminase las cosas que escribía. Pero para lograr esto es preciso que la infelicidad no sea en nosotros una interrogación lacrimosa y ansiosa sino una consciencia absoluta, inexorable y mortal.[...]
Y bien, hay cierto componente de fatiga en todo aquello que escribimos, pero es preciso que este componente no se desborde nunca. Dicho de otra manera el esfuerzo de escribir debe ser un esfuerzo natural y feliz, no debe ser nunca el esfuerzo triste y frío del pensamiento. El pensamiento, cuando requiere esfuerzo, no resulta más grande sino más pequeño. Resulta pequeño como un insecto. Su esfuerzo es el de una hormiga trabajando en su hormiguero. Es preciso escribir y pensar con el corazón y el cuerpo, no con la cabeza y el pensamiento.

Lo cuenta en su Pequeño apunte autobiográfico [1964] la escritora italiana Natalia Ginzburg [1916-1991], de cuya muerte se cumplen esta noche 24 años.

martes, 29 de septiembre de 2015

Como el agua

—La felicidad —le dijo él— siempre parece mentira, es como el agua, y se comprende sólo cuando se ha perdido.
—Es verdad —le dijo ella. Se quedó pensativa, y dijo:
—Incluso el mal que hacemos, es así, parece mentira, parece una tontería, agua fresca, mientras lo hacemos; si no, la gente no lo haría, tendría más cuidado.
—Eso es verdad —dijo él.
Ella le dijo:
—¿Por qué lo hemos echado a perder todo, todo?
Y se puso a llorar.

De la novela Las palabras de la noche [1961] de Natalia Ginzburg [1916-1991].