He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
Mostrando entradas con la etiqueta enseñanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enseñanza. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de enero de 2018

El latido de la vida

Las grandes obras literarias o filosóficas no deberían leerse para aprobar un examen, sino ante todo por el placer que producen en sí mismas y para tratar de entendernos y de entender el mundo que nos rodea. En las páginas de los clásicos, aun a siglos de distancia, todavía es posible sentir el latido de la vida en sus formas más diversas. La primera tarea de un buen profesor debería ser reconducir la escuela y la universidad a su función esencial: no la de producir hornadas de diplomados y graduados, sino la de formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma.

Del libro Clásicos para la vida [2016] de Nuccio Ordine [1958- ].

miércoles, 13 de abril de 2016

Rosa, rosas

La señorita Oria enseñaba Latín y era casi una cría. Nosotros andábamos por los doce o los trece y, el día que ella entró en clase por primera vez fue memorable. Entró con una bolsa de plástico -los profesores iban con cartera- y, sin mirarnos ni decir palabra, sacó de la bolsa cuatro jarroncitos de Talavera y se dedicó a poner una sola rosa -de color rosa- en tres de ellos y un ramo de colores distintos en el otro. Parecía encantada y miraba las flores sonriendo. Luego, se dio un garbeo coqueto por el pasillo del centro de la clase y contempló su labor desde el fondo.
-Hoy -dijo-, vais a aprender la primera declinación latina y lo vais a hacer con una palabra muy importante: Rosa...
"¿Por qué es importante? Porque esas tres rosas de color rosa que he puesto ahí, a la izquierda, singulares, solas, aunque cada una de ellas ejerce un oficio con nombres que os van a parecer feos, han vivido más de dos mil años con la misma frescura y el mismo aroma y, a cada una de ellas, la llamaba "rosa" el primer romano que la nombró y "rosa" la llamamos nosotros todavía y cualquier jardinero o labriego castellano... Imaginaos lo que son dos mil años de gente, un siglo tras otro, diciendo "rosa"... Y, como vosotros sois estudiantes, y vuestros padres tal vez ingenieros, abogados o médicos, una se afana en el mundo por hacer de Nominativo, otra de Vocativo y la tercera de Ablativo... Pero las rosas son muy listas y, a veces, piden ayuda o se acicalan o se disfrazan con unos productos llamados desinencias para seguir siendo útiles. Hay más oficios para ellas...
"Y esas que están en el búcaro de la derecha, ¿qué son?"
Gritamos:
-¡Más rosas!
-¡Flores!
-¡Rosas!
-Sí, rosas, porque hay rosas de muchos colores, rojas, naranja, amarillas... Pues "rosas", en grupo, en plural como están ahí, era también lo que decía hace siglos la señora de cualquier villa romana al ordenar al jardinero que plantara un rosal o al adornar la ventana de su cuarto con un ramo de ellas en un florero. Y "rosas" las ha llamado la florista que me las vendió hace media hora. El oficio al que "rosas" se dedica es otro: el de Acusativo de Plural.
Y así siguió, advirtiéndonos que ya hablábamos latín sin saberlo cuando decíamos, no sólo "rosa", sino "aula", "fortuna", "gloria", "forma", "pirata", "crimen", "dolor", "castigo", y muchas palabras que oíamos o decíamos todos los días.
En otras clases, fue metiéndose en caminos más trillados, pero cuando habíamos aprendido que "las rosas estaban en el altar", que "la niña tenía una rosa", que "había rosas en el huerto", que "la corona era de rosas" y que "las palomas eran blancas", y nos metimos de bruces en el verbo "amar", más de cuatro estábamos enamorados sin remedio de Oria -la llamábamos Oria-, locos por ella, porque era una chiquilla grácil, morena, esbelta, y nos intrigaban los movimientos de su falda, su inteligencia y su risa.
La señorita Oria, al acabar su primera clase, metió las flores y los jarroncillos en la bolsa, cogió la rosa roja y se la prendió en el pelo y se marchó sin mirarnos, sonriendo.

Cuento de Medardo Fraile [1925-2013] incluido en el libro Antes del futuro imperfecto [2010].

viernes, 24 de julio de 2015

Fisiología

Sócrates no escribió jamás una sola palabra. Sin embargo, la filosofía griega se divide y se estudia en dos partes: los Presocráticos, y Sócrates y los grandes filósofos posteriores. Ahí es nada. No cabe la menor duda de que Sócrates es una figura fundamental del pensamiento occidental. Su búsqueda de la verdad, su indagación, mediante el diálogo, sobre la moral, la honestidad, la justicia, el conocimiento del hombre, -partiendo de la asunción del no conocimiento-, le convierten en un ser singular y por supuesto, en un ser peligroso para cualquier tipo de hipocresía, ya sea individual, colectiva, o incluso democrática. Es esa condición insobornable lo que le lleva -tras una larvada inquina incubada durante más de veinte años- a ser acusado por seres insidiosos cercanos al poder, de perversor de la juventud y negador de los dioses oficiales. Esa joven democracia no digería la independencia, agudeza y ética de un hombre íntegro, valiente, irónico, coherente y enfrentado por su actitud a las oscuridades de un sistema democrático dispuesto a devorar a sus más valiosos hijos. ¿Les suena a algo?

De las notas al programa de la obra Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, escritas por su autor y director Mario Gas, estrenada hace unos días en el Festival de Teatro Clásico de Mérida.

***

Desde hace algún tiempo da la triste sensación de que están acabando con todo. Me refiero a lo que se puede ver cuando uno se asoma un poco a lo que ocurre en las aulas: se reducen año a año las asignaturas de arte, música, filosofía, latín. Mientras se reducen las horas de estas materias se introducen cosas más o menos "exóticas" como economía, o se añaden horas de clase a informáticas, tecnologías, etc.
Hace años que los ministros de educación, tanto de un partido como de otro, eso da igual porque hace décadas que se volvieron indistinguibles, como si fueran uno solo, parecen haberse puesto de acuerdo en que la formación que se imparte en colegios e institutos sea sólo una formación "práctica", signifique eso lo que signifique. Y eso, claro, vuelve "inútiles" materias como la filosofía o el latín.
Creo que el problema no es Wert, que también y que espero que tanta paz haya llevado como paz dejó, ni el nuevo, que ni sé cómo se llama pero vi hace unos días que una de sus primeras acciones ha sido retirar de su despacho un retrato de Unamuno, por si se le pegaba algo sería. El problema creo que es que, desde hace siglos, con cualquier gobernante de cualquier signo, bajo reyes o dictadores, no se valora la educación, no es una prioridad, no es importante. Cualquiera puede ponerse en ese puesto y hacer cualquier cosa, sin mucho criterio, o sólo con el suyo propio... y no pasa nada.
Ahí vamos...

***

Hace unos días, hablando con uno de mis alumnos, le pregunté qué asignaturas tenía el próximo curso en la opción que había elegido en bachillerato:
-Matemáticas para humanidades, economía, informática, tecnología industrial, fisiología...
-¿Fisiología? ¿Y qué dais en fisiología?
-No sé de qué va... es el primer año que la tengo... no estoy seguro... creo que se da algo parecido a lo que damos en ética... o algo así... no sé...
-¿Filosofía?
-Sí, eso, filosofía.

¡Seguimos!