He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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domingo, 1 de julio de 2018

La Blue Plaque de Bertrand Russell

Desde que llegué a Londres y descubrí las Blue Plaques, tuve claro que debía haber alguna, en algún sitio, dedicada a Bertrand Russell [1872-1970], uno de mis ingleses favoritos.

Y hoy la he descubierto.

Y resulta que estaba al lado del British Museum, en Bury Place, una callecita por la que he pasado un millón de veces y en la que me he tomado más de un café...

viernes, 18 de mayo de 2018

Bertrand Russell

Hoy se cumplen 146 años del nacimiento de Bertrand Russell [1872-1970].

viernes, 27 de abril de 2018

La mejor respuesta al fanatismo

Buscando por ahí me he encontrado este decálogo de Bertrand Russell [1872-1970], de quien ya he contado otras veces por aquí que admiro desde hace muchísimo tiempo:

1. No te sientas absolutamente seguro de nada.
2. No creas que vale la pena proceder ocultando pruebas, es seguro que la evidencia saldrá a la luz.
3. Nunca trates de desalentar la idea de que tendrás éxito.
4. Cuando encuentres oposición, incluso si es de tu pareja o de tus hijos, tratar de superarlo con argumentos y no por la autoridad, la victoria que depende de la autoridad es irreal e ilusoria.
5. No tengas respeto por la autoridad de otros, porque siempre hay autoridades contrarias que se pueden encontrar.
6. No uses el poder para reprimir opiniones que tú piensas que son perniciosas, pues si lo haces las opiniones te reprimirán a ti.
7. No temas ser excéntrico en tus opiniones, pues toda opinión ahora aceptada alguna vez fue excéntrica.
8. Busca más placer en el disenso inteligente que en el acuerdo pasivo, ya que, si valoras la inteligencia como se debe, el primero implica un acuerdo más profundo que el segundo. 
9. Sé escrupulosamente veraz, aun cuando la verdad sea incómoda, porque es más incómodo intentar ocultarla. 
10. No sientas envidia de la felicidad de aquellos que viven en un paraíso de necios, pues sólo un necio cree que eso es la felicidad.

En estos tiempos rarunos que corren, leer estas cosas sienta bien. Y saber que llevan escritas desde 1951 hace pensar que la cosa no es fácil...

¡Seguimos!

martes, 10 de abril de 2018

To Edith

Through the long years
  I sought peace,
I found ecstasy, I found anguish,
  I found madness,
I found loneliness,
I found the solitary pain
  that gnaws the heart,
But peace I did not find.

Now, old & near my end,
   I have known you,
And, knowing you,
I have found both ecstasy & peace,
  I know rest,
After so many lonely years.
I know what life & love may be.
Now, if I sleep,
I shall sleep fulfilled.

***

A través de los largos años 
   Busqué la paz, 
Encontré éxtasis, encontré angustia, 
   Encontré locura, 
Encontré soledad, 
Encontré el dolor solitario 
   que roe el corazón, 
Pero la paz no la encontré. 

Ahora, viejo y cerca de mi final, 
   Te he conocido, 
Y, conociéndote, 
He encontrado éxtasis y paz, 
   Sé descansar, 
Después de tantos años solitarios. 
Sé lo que es la vida y el amor. 
Ahora, si duermo, 
Dormiré satisfecho.

Ésta es la dedicatoria con la que Bertrand Russell [1872-1970], uno de mis ingleses favoritos, inicia su Autobiografía. [La traducción es del google translate]

lunes, 19 de octubre de 2015

La escritora

No soy muy aficionado a leer biografías o autobiografías. Es cierto que tengo curiosidad por conocer las vidas de otrxs, pero lo cierto es que nunca me ha enganchado del todo el género. Al final prefiero recurrir a algo rápido (¿y eficaz?) como enciclopedias o wikipedias. Naturalmente recuerdo algunas excepciones estupendas a esta "regla" mía de no leer mucho las vidas de otros. Por ejemplo me pareció emocionante y triste la despedida de Labordeta en Regular, gracias a dios [2010]. Y recuerdo también que me fascinó la autobiografía de Bertrand Russell que leí hace casi treinta años, tanto que tengo muchas ganas de volver a leerla ahora que durante estos treinta años he ido llenando mi mochila con muchas más cosas de las que tenía entonces.

Por todo eso me ha sorprendido aún más este libro de Madame de Genlis. Me lo regalaron hace un par de cumpleaños y me hizo mucha ilusión por venir de quien venía y por lo mucho que me intrigó la autora, a quien no conocía de nada.
A pesar de ese interés y de esa ilusión que me provocó el regalo, el libro ha pasado unos cuantos meses, poco más de un año, esperando paciente en la estantería, se ha mudado de casa conmigo en enero y seguía en el montón de "las próximas lecturas", y varias veces lo he tenido en la mano para leerlo y mi pereza asociada a las (auto)biografías me hacía volver a dejarlo y buscar cualquier otra cosa para leer.
Hace unas semanas por fin me animé. Y me alegro de haberlo hecho.
El libro, editado por Erasmus Ediciones, tiene una primera parte que me ha interesado algo menos: un relato largo titulado La escritora, al parecer muy autobiográfico, que es el que da título al volumen. Y una segunda parte, mucho más extensa que la primera, que es en palabras del editor una amplia selección de sus espléndidas y extensas memorias, selección centrada en su aprendizaje y actividad de escritora, pero también incorporando su excepcional testimonio sobre los años finales de la monarquía y la Revolución y su trato con algunas personalidades relevantes de la época. Y ahí es donde me lo he pasado como un enano.
Madame de Genlis nació en 1746 y murió en 1830, así que fue contemporánea de la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, de la Revolución francesa, del imperio napoleónico, o de la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana [1791] de Olympe de Gouges, uno de los documenos "fundacionales" del feminismo.
Sus memorias, naturalmente, están escritas en ese contexto haciendo referencia constantemente a las vicisitudes propias y ajenas por las que ella y sus conocidos pasaron en esos años, y aportando sus opiniones sobre lo que ocurría y sobre los principales protagonistas de la época. Igual que habla de la Revolución o de Napoleón, comenta también pequeñas anécdotas ocurridas en una cena o en un baile que permiten reconstruir de algún modo, en nuestra mente del siglo XXI, cómo era ese mundo francés / europeo del final del XVIII y principios del XIX. También cuenta, entre esa colección de pequeñas anécdotas, sus encuentros con algunos de los personajes que conoció, como Voltaire, Rousseau, el pintor David, el músico Gluck o el escritor Choderlos de Laclos.

Una mujer conservadora, religiosa, perteneciente a ese mundo de la aristocracia y la monarquía que la Revolución se supone que quiso desmantelar, pero que al mismo tiempo fue música, escritora y lectora, maestra, viajera, políglota... Una mujer, desde muchos puntos de vista, adelantada a su época.

Una lectura, en definitiva, más que recomendable. Está visto que a partir de ahora voy a tener que dejar aparcada esa manía que tengo a las (auto)biografías y aficionarme más a ellas...

miércoles, 3 de junio de 2015

gente que lee (41)

Bertrand Russell [1872-1970] leyendo con sus hijxs John y Kate.

martes, 19 de mayo de 2015

La incertidumbre

La incertidumbre, frente a las vehementes esperanzas y temores, es dolorosa, pero hay que soportarla si deseamos vivir sin tener que apoyarnos en consoladores cuentos de hadas.

De la Historia de la Filosofía Occidental [1945] de Bertrand Russell [1872-1970], de cuyo nacimiento se cumplieron ayer 143 años.

viernes, 1 de mayo de 2015

La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra...

La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra, es algo que se encuentra entre la teología y la ciencia. Como la teología, consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia, apela más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación. Todo conocimiento definido pertenece a la ciencia -así lo afirmaría yo-, y todo dogma, en cuanto sobrepasa el conocimiento determinado, pertenece a la teología. Pero entre la teología y la ciencia hay una tierra de nadie, expuesta a los ataques de ambas partes: esa tierra de nadie es la filosofía. Casi todos los problemas que poseen un máximo interés para los espíritus especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia, y las certeras réplicas de los teólogos ya no nos parecen tan convincentes como en los siglos pasados. ¿Está dividido el mundo en espíritu y materia? Y suponiendo que así sea, ¿qué es espíritu y qué es materia? ¿Está el espíritu sometido a la materia o está dotado de fuerzas independientes? ¿Tiene el universo unidad o finalidad? ¿Está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la naturaleza, o creemos solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, a saber: un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose en un pequeño e insignificante planeta? ¿O es lo que le parece a Hamlet? ¿Acaso las dos cosas a la vez? ¿Existe una manera noble de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles? Si hay un modo de vida noble, ¿en qué consiste y cómo lo realizaremos? ¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el universo se moviera inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe la sabiduría, o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la locura? Cuestiones como estas no hallan respuesta en ningún laboratorio. Las teologías han pretendido dar respuestas, todas demasiado concretas, pero precisamente su precisión hace que el espíritu moderno las mire con recelo. El estudio de estos problemas, aunque no los resuelva, es misión de la filosofía. 

De la Historia de la Filosofía Occidental [1945] de Bertrand Russell [1872-1970].