Hace unos meses descubrí el blog de Juan Tallón. Desde el minuto uno me gustó.
Mucho.
Así que me suscribí a su blog y procuro leerle siempre que publica algo.
Que también es mucho.
Poco antes había descubierto un libro suyo que se llama Libros peligrosos [2014]. Uno de esos libros sobre libros que tanto me gustan. Lo tengo cerca, de vez en cuando avanzo un poco, busco el libro del que habla si no lo he leído... (que son la mayoría...) Y sigo...
Hacía tiempo que no actualizaba mi lista de blogs que suelo visitar. Ya tocaba.
La imagen de arriba es un fragmento de una fotografía de Rene Burri [1933-2014], cabecera de Descartemos el revólver.
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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miércoles, 14 de octubre de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
¿Qué hay en una cabeza que no lee?
Hace años que me intriga saber qué hay exactamente en la cabeza de una persona que no lee. ¿En qué se apoya un cerebro así para perdurar en el tiempo y sobrellevar las 24 horas del día, durante una existencia entera? ¿De qué están hechos sus muros? ¿Cómo se alimenta? Una vez le escuché decir a Fernando Savater que la cabeza de alguien que no lee, o que apenas lee, debe ser algo muy parecido a "un desván vacío", en el que en silencio y lentamente se deposita un polvo espeso y anochecido. Tal vez.
Existe una carta de Kafka a Max Brod en la que el autor de La metamorfosis golpea aún más duro y mejor, cuando observa que "Si el libro que estamos leyendo no nos espabila de un mazazo en la cabeza, ¿para qué lo leemos? [...] Necesitamos que los libros nos afecten igual que una catástrofe, que nos duelan en lo más hondo, como la muerte de alguien a quien queremos más que a nuestra propia vida, como ser desterrados a un bosque alejados de todos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha para el mar helado de nuestro interior". Kafka, como Savater muchos años después, asimila un cerebro sin lecturas a un lugar frío, inhóspito, alumbrado por una luz mortecina.
Fantástico el artículo de Juan Tallón [1975- ] que encontré hace unos días en su blog.
Merece la pena leerlo entero...
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