Niñas de la Lincoln Bench School leyendo. Oregon, 1939.
Fotografía de Dorothea Lange [1895-1965].
Estos días estamos de vuelta al cole...
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
lunes, 17 de septiembre de 2018
martes, 24 de julio de 2018
viernes, 15 de junio de 2018
domingo, 10 de junio de 2018
jueves, 31 de mayo de 2018
jueves, 30 de noviembre de 2017
Charlemos
Montag movió los labios.
—Charlemos.
Las mujeres dieron un respingo y se le quedaron mirando.
—¿Cómo están tus hijos, Mrs. Phelps? —preguntó él.
—¡Sabe que no tengo ninguno! ¡Nadie en su sano juicio los tendría, bien lo sabe Dios! —exclamó Mrs. Phelps, no muy segura de por qué estaba furiosa contra aquel hombre.
—Yo no afirmaría tal cosa —dijo Mrs. Bowles—. He tenido dos hijos mediante una cesárea. No tiene objeto pasar tantas molestias por un bebé. El mundo ha de reproducirse, la raza ha de seguir adelante. Además, hay veces en que salen igualitos a ti, y eso resulta agradable. Con dos cesáreas, estuve lista. Sí, señor. ¡Oh! Mi doctor dijo que las cesáreas no son imprescindibles, que tenía buenas caderas, que todo iría normalmente, pero yo insistí.
—Con cesárea o sin ella, los niños resultan ruinosos. Estás completamente loca —dijo Mrs. Phelps.
—Tengo a los niños en la escuela nueve días de cada diez. Me entiendo con ellos cuando vienen a casa, tres días al mes. No es completamente insoportable. Los pongo en el «salón» y conecto el televisor. Es como lavar ropa; meto la colada en la máquina y cierro la tapadera. —Mrs. Bowles rió entre dientes—. Son tan capaces de besarme como de pegarme una patada. ¡Gracias a Dios, yo también sé pegarlas!
Las mujeres rieron sonoramente.
Mildred permaneció silenciosa un momento y, luego, al ver que Montag seguía junto a la puerta, dio una palmada.
—¡Hablemos de política, así Guy estará contento!
De la novela Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury [1920-2012].
Etiquetas:
cosas que leo,
educación,
novela,
Ray Bradbury
martes, 17 de octubre de 2017
gente que lee (187)
Relieve realizado a finales del siglo II de nuestra era, representando una antigua escuela romana encontrado en Neumagen, Alemania.
Etiquetas:
educación,
escultura,
gente que lee,
historia
miércoles, 4 de octubre de 2017
Caligrafías
Leo aquí y allá que se afianza la tendencia consistente en dulcificar los cuentos infantiles de toda la vida para que los niños no se traumaticen con las desventuras de Hansel y Gretel o de Caperucita Roja, por poner dos ejemplos. Así, mientras la ficción se sosiega, la realidad se destempla. Vean: cuatro críos de cinco, siete, nueve y catorce años convivieron durante varios días con los cadáveres de su madre y de su pareja, que se habían suicidado con fármacos en el dormitorio de la vivienda tras haber sido expulsados paulatinamente por la maquinaria del sistema hacia sus márgenes. Los niños, temerosos de caer en una pesadilla novelesca digna de Stephen King si intentaban despertarlos, continuaron con sus rutinas sin mencionar a nadie lo que ocurría en casa. El mayor se ocupaba del aseo de los pequeños y los cuatro se iban cada día al colegio mientras los cadáveres se descomponían y enfriaban sobre la cama. Ignoramos cómo afrontaban los pobres huérfanos las clases de matemáticas o de caligrafía. No debe de ser fácil sumar dos y dos o escribir con buena letra mi mamá me ama en tales circunstancias.
¿Y si dejáramos de retocar los cuentos infantiles de toda la vida para aplicarnos a mejorar la realidad que comienza a imitarlos? Después de todo, la ficción nos vacuna de los peligros de la existencia. Si ningún niño pequeño ha sido tragado hasta ahora por una vaca y expulsado horas más tarde por el culo del animal, confundido entre sus heces, ha sido sin duda gracias a un cuento donde ya sucedía eso. Cuando la fantasía desaparece, la realidad tiende a ocupar su espacio. Éranse una vez cuatro niños cuyos padres se suicidaron en la habitación de al lado mientras ellos mismos se preparaban el colacao en la cocina.
Juan José Millás [1946- ] en El País hace unos días.
Etiquetas:
artículo,
cuentos,
educación,
Juan José Millás
miércoles, 27 de septiembre de 2017
viernes, 15 de septiembre de 2017
sábado, 9 de septiembre de 2017
domingo, 30 de abril de 2017
domingo, 19 de marzo de 2017
Bibliotecas
Esta semana he ido varias veces a la biblioteca de Buitrago de Lozoya. En una de esas visitas tuve la suerte de ver cómo llegaba un grupo de peques de un cole con sus profas a hacer un taller de lectura y aproveché para hacer esta foto.
Al fondo de la imagen se ve a Isabel y Rosa, que tienen delante un grupo de pequeñajos a quienes están contando cuentos, explicándoles que esos cuentos están disponibles en la biblioteca y animándoles a que los cojan y los lean.
Me admira y me alegra el trabajo que hacen en esta biblioteca (y en otras muchas) para lograr fomentar la lectura, sobre todo en lxs más pequeñxs. Alguna vez que he hablado con ellas de ésto me dicen que hay muchísimos niñxs que van a la biblioteca, que cogen libros y los leen... pero que luego, cuando cumplen 14, 15 y 16 años desaparecen de allí. Al cabo de unos cuantos años más, cuando ya tienen ventitantos, algunxs vuelven, pero pocos.
A todxs mis alumnxs les pregunto si leen. La mayoría tienen 15, 16 ó 17 años. La mayoría me dicen que no, que sólo lo que les mandan en el cole. Y que suele ser un rollo...
¡Seguimos!
Al fondo de la imagen se ve a Isabel y Rosa, que tienen delante un grupo de pequeñajos a quienes están contando cuentos, explicándoles que esos cuentos están disponibles en la biblioteca y animándoles a que los cojan y los lean.
Me admira y me alegra el trabajo que hacen en esta biblioteca (y en otras muchas) para lograr fomentar la lectura, sobre todo en lxs más pequeñxs. Alguna vez que he hablado con ellas de ésto me dicen que hay muchísimos niñxs que van a la biblioteca, que cogen libros y los leen... pero que luego, cuando cumplen 14, 15 y 16 años desaparecen de allí. Al cabo de unos cuantos años más, cuando ya tienen ventitantos, algunxs vuelven, pero pocos.
A todxs mis alumnxs les pregunto si leen. La mayoría tienen 15, 16 ó 17 años. La mayoría me dicen que no, que sólo lo que les mandan en el cole. Y que suele ser un rollo...
¡Seguimos!
Etiquetas:
bibliotecas,
educación,
fotografía
sábado, 4 de marzo de 2017
martes, 20 de diciembre de 2016
Mío Cid
Gulusmeando por la wikipedia me encuentro con la noticia de que tal día como hoy, el 20 de diciembre de 1960, la Fundación Juan March compró el manuscrito del Cantar del Mío Cid, que hasta entonces había estado en manos privadas, y diez días después, el 30 de diciembre, lo donó a la Biblioteca Nacional, donde permanece hasta hoy.
Me ha hecho recordar a algunos de los profes que tuve en el cole y que tuvieron que ver con mi afición a la lectura de hoy. Sin duda los profesores más importantes que tuve durante mis años de colegio fueron dos de los de bachillerato: el que me dio historia, Ángel Santaolalla, y el que me dio literatura, Vicente Alarcia. Me hicieron descubrir, me divirtieron aprendiendo, me provocaron una curiosidad por muchas cosas que mantengo más de treinta y tantos años después... les debo mucho... Y especialmente al segundo, le debo haber disfrutado muchísimo leyendo cientos de libros en los últimos años. Un día escribiré aquí algo más sobre ellos.
Pero también hubo otros más oscuros... Uno de ellos fue el que teníamos en séptimo en Lengua y literatura. No recuerdo su nombre, para todo el mundo era el Pinocho. Recuerdo que una de las lecturas de ese año fue el Mío Cid. Lo leíamos en clase, en voz alta, una página o un capítulo cada uno, en un castellano antiguo que a nuestros oídos nos parecía ininteligible. A palo seco. Consiguió que lo aborreciéramos durante años. Mucho después, quizá en COU o en la facultad, de motu proprio, lo leí y lo disfruté como un enano. Supongo que no era fácil, pero seguro que había formas de habernos acercado a algo así sin que nos diera alergia.
Para mí sigue siendo todo un misterio (confirmado por amigxs padres o madres, bibliotecarixs, profes...) ésto de cómo hacer que los niños y las niñas y lxs adolescentes se aficionen a la lectura y no pierdan esa afición después...
Me ha hecho recordar a algunos de los profes que tuve en el cole y que tuvieron que ver con mi afición a la lectura de hoy. Sin duda los profesores más importantes que tuve durante mis años de colegio fueron dos de los de bachillerato: el que me dio historia, Ángel Santaolalla, y el que me dio literatura, Vicente Alarcia. Me hicieron descubrir, me divirtieron aprendiendo, me provocaron una curiosidad por muchas cosas que mantengo más de treinta y tantos años después... les debo mucho... Y especialmente al segundo, le debo haber disfrutado muchísimo leyendo cientos de libros en los últimos años. Un día escribiré aquí algo más sobre ellos.
Pero también hubo otros más oscuros... Uno de ellos fue el que teníamos en séptimo en Lengua y literatura. No recuerdo su nombre, para todo el mundo era el Pinocho. Recuerdo que una de las lecturas de ese año fue el Mío Cid. Lo leíamos en clase, en voz alta, una página o un capítulo cada uno, en un castellano antiguo que a nuestros oídos nos parecía ininteligible. A palo seco. Consiguió que lo aborreciéramos durante años. Mucho después, quizá en COU o en la facultad, de motu proprio, lo leí y lo disfruté como un enano. Supongo que no era fácil, pero seguro que había formas de habernos acercado a algo así sin que nos diera alergia.
Para mí sigue siendo todo un misterio (confirmado por amigxs padres o madres, bibliotecarixs, profes...) ésto de cómo hacer que los niños y las niñas y lxs adolescentes se aficionen a la lectura y no pierdan esa afición después...
sábado, 17 de diciembre de 2016
¿Quién ha de hacer los deberes?
Comparto al 100 % cada palabra del artículo que Elvira Lindo publica hoy en El País:
Se me ocurre que hay una sociedad que tiene una serie de deberes pendientes y más aún con los resultados aún calientes de la evaluación Pisa
La leyenda, más que urbana, doméstica, existe: los deberes los hacen los padres. No los míos, desde luego. Ni tampoco los suyos, si compartimos generación. Cuando nosotros éramos niños, las madres, que eran las que solían estar en casa, no estaban muy pendientes de ese asunto. De vez en cuando, se oía la célebre frase “¿no tienes deberes?” en un tono rutinario. Éramos, para bien o para mal, más independientes; para bien o para mal, nuestra primordial misión en la vida como niños era no dar guerra. Y aprobar. Una vez que nos tocó ser padres y madres, en ocasiones, divorciados, vivíamos nuestro papel con culpabilidad, y sí, les hicimos algunos deberes a nuestros niños. Que tire la primera piedra el que no lo hiciera. En mi caso, como mis cualidades pedagógicas son nulas era como que terminaba antes si lo remataba yo. No siempre me pusieron buena nota, la verdad sea dicha.
Urge que los políticos hablen de educación y dejen polémicas banales
Ahora me cuentan amigos más jóvenes que las criaturas andan agobiadas por el volumen de deberes a los que han de enfrentarse cada tarde. A eso se suma que con los disparatados horarios españoles, las madres o los padres ya no están en casa para aliviarles el trabajo. Dado que el asunto ha llegado al Congreso de los Diputados, de lo cual me alegro (es urgente que los políticos hablen de asuntos como la educación y dejen de embarullarnos con sus polémicas banales), se me ocurre que hay una sociedad que tiene una serie de deberes pendientes y más aún con los resultados aún calientes de la evaluación Pisa. Apunto algunos:
Los padres tienen el deber de educar a sus hijos en la medida de lo posible, para que el profesor pierda menos tiempo en corregir unos modales que dificultan la enseñanza; la sociedad en sí misma tiene el deber de entender que la buena educación diaria, en la calle o en el trabajo, es formativa, que la cortesía es tan contagiosa como la zafiedad; si antes aceptábamos que la educación de los niños correspondía a la sociedad en general y no solo a papá o a mamá, ahora debería comprenderse que el aumento de la grosería y la violencia verbal contribuyen a cómo se comportan los niños; el Gobierno y la oposición tienen el deber de racionalizar los horarios para favorecer la convivencia familiar; los padres tienen el deber de no sobrecargar a sus hijos con un exceso de actividades extraescolares que a cualquiera de nosotros agotaría; los niños tienen el derecho inapelable a jugar; los adultos tienen el deber de favorecer el juego en la calle; los niños tienen el deber de aburrirse, y los padres, de no provocar en sus hijos una necesidad constante de novedades; los padres tienen el deber de no sobreestimular a los niños favoreciendo un carácter ansioso e impaciente; los profesores deben serlo por vocación, no es un oficio que tolere las medias tintas; el Gobierno no debe sobrecargar a la educación pública con las necesidades provenientes de la inmigración, es un asunto que concierne a toda la comunidad educativa, privada, concertada o pública; el Gobierno debe entender que es urgente y necesaria una asignatura que aborde los derechos y deberes de la ciudadanía; los centros no deben tolerar las faltas de respeto a los profesores por parte de los alumnos; los padres no deben tolerar que sus hijos ofendan a sus profesores; los padres no deben hablar de manera displicente de los profesores delante de sus hijos; las tutorías, más en estos tiempos, deben considerarse parte fundamental de la actividad escolar; las asignaturas creativas, como la música o las artes plásticas, no deben relegarse al horario extraescolar como si no sirvieran para nada; los niños tienen el derecho a ir bien desayunados al colegio; los padres, los profesores y los médicos deben entender que hay niños que sufren ansiedad y la ansiedad no precisa medicación sino un ritmo social distinto; el estado debe asumir que la escuela tiene que seguir siendo el mayor mecanismo de igualdad social; el sistema educativo debe insistir en que los niños aprendan a expresarse con claridad y a comprender un texto, de ahí depende en gran parte su futuro; la educación debiera ser uno de los temas prioritarios del discurso político; los profesores deberían de tener más tiempo para desarrollar sus clases y no vivir esclavos de la burocracia.
Cargar sobre el profesorado el que los niños sean excelentes es injusto
Todos deberíamos entender que un niño no se educa solamente en el colegio y que los resultados académicos son un reflejo de lo que está ocurriendo en un país: el nivel de educación en la calle, en los medios, la ansiedad que provoca la falta de expectativas, la agresividad, los malos modos, las palabras gruesas. Eso importa. Cargar sobre las espaldas del profesorado el deber de que los niños sean excelentes es injusto. Los cachorros se educan en la manada, así que usted y yo, como parte de ella, también tenemos un montón de deberes que hacer.
Etiquetas:
artículo,
educación,
Elvira Lindo
miércoles, 26 de octubre de 2016
Mal vamos
Hoy hay convocada una huelga de estudiantes protestando contra la LOMCE, la última reforma educativa sufrida en España. Para ninguno de los últimos gobiernos que hemos tenido, ni mucho menos para el que se nos viene encima del PPSOEC's, parece que la educación, la cultura o la investigación sean verdaderas prioridades. Así que parece que, efectivamente, mal vamos...
Etiquetas:
educación
sábado, 24 de septiembre de 2016
martes, 13 de septiembre de 2016
domingo, 21 de agosto de 2016
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
















