He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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lunes, 15 de enero de 2018

Hallazgos

Algunos de mis hallazgos del año que acaba de terminar:
  • El astillero de Juan Carlos Onetti, recomendación insistente en el taller de escritura de Zapata.
  • Las Comedias de Aristófanes: ácidas, actuales, critiquísimas.
  • El Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin
  • Querida Ijeawale y Algo alrededor de tu cuello, de Chimamanda Ngozi Adichie. Hace mucho que me gusta y leo y sigo a Chimamanda, pero siempre es un hallazgo para mí.
  • Los cuentos y novelas de Anna Gavalda: mi último hallazgo del 2017.
Un par de redescubrimientos: dos libros que había leído hace mil años, cuando estaba en COU o en la facultad, que recordaba molones, pero que ahora me han fascinado y me han dejado la cabeza del revés:
Y Nuccio Ordine, claro, con quien empecé el 2016 y ahora empiezo el 2018.

¡Seguimos!

jueves, 30 de noviembre de 2017

Charlemos

Montag movió los labios.
—Charlemos.
Las mujeres dieron un respingo y se le quedaron mirando.
—¿Cómo están tus hijos, Mrs. Phelps? —preguntó él.
—¡Sabe que no tengo ninguno! ¡Nadie en su sano juicio los tendría, bien lo sabe Dios! —exclamó Mrs. Phelps, no muy segura de por qué estaba furiosa contra aquel hombre.
—Yo no afirmaría tal cosa —dijo Mrs. Bowles—. He tenido dos hijos mediante una cesárea. No tiene objeto pasar tantas molestias por un bebé. El mundo ha de reproducirse, la raza ha de seguir adelante. Además, hay veces en que salen igualitos a ti, y eso resulta agradable. Con dos cesáreas, estuve lista. Sí, señor. ¡Oh! Mi doctor dijo que las cesáreas no son imprescindibles, que tenía buenas caderas, que todo iría normalmente, pero yo insistí.
—Con cesárea o sin ella, los niños resultan ruinosos. Estás completamente loca —dijo Mrs. Phelps.
—Tengo a los niños en la escuela nueve días de cada diez. Me entiendo con ellos cuando vienen a casa, tres días al mes. No es completamente insoportable. Los pongo en el «salón» y conecto el televisor. Es como lavar ropa; meto la colada en la máquina y cierro la tapadera. —Mrs. Bowles rió entre dientes—. Son tan capaces de besarme como de pegarme una patada. ¡Gracias a Dios, yo también sé pegarlas!
Las mujeres rieron sonoramente.
Mildred permaneció silenciosa un momento y, luego, al ver que Montag seguía junto a la puerta, dio una palmada.
—¡Hablemos de política, así Guy estará contento!

De la novela Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury [1920-2012].

domingo, 5 de noviembre de 2017

¿Por dónde empezamos?

—¿Por dónde empezamos? —Abrió a medias un libro y le echó una ojeada—. Supongo que tendremos que empezar por el principio.
—Él volverá —dijo Mildred—, y nos quemará a nosotros y a los libros.
La voz de la puerta de la calle fue apagándose por fin. Reinó el silencio. Montag sentía la presencia de alguien al otro lado de la puerta, esperando, escuchando. Luego, oyó unos pasos que se alejaban.
—Veamos lo que hay aquí —dijo Montag.
Balanceó estas palabras con terrible concentración. Leyó una docena de páginas salteadas y, por último, encontró esto:
Se ha calculado que, en épocas diversas, once mil personas han preferido morir antes que someterse a romper los huevos por su extremo más afilado.
Mildred se le quedó mirando desde el otro lado del vestíbulo.
—¿Qué significa esto? ¡Carece de sentido! ¡El capitán tenía razón!
—Bueno, bueno —dijo Montag—. Volveremos a empezar. Esta vez, por el principio.

Final de la primera parte de la novela Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury [1920-2012].

jueves, 12 de octubre de 2017

La gente no habla de nada

[...] A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el «Metro». O en las cafeterías. Y, ¿sabe qué?
—¿Qué?
—La gente no habla de nada.
—¡Oh, de algo hablarán!
—No, de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original. Y en los cafés, la mayoría de las veces funcionan las máquinas de chistes, siempre los mismos, o la pared musical encendida y todas las combinaciones coloreadas suben y bajan, pero sólo se trata de colores y de dibujo abstracto. Y en los museos... ¿Ha estado en ellos? Todo es abstracto. Es lo único que hay ahora. Mi tío dice que antes era distinto. Mucho tiempo atrás los cuadros a veces decían algo o incluso representaban a personas.
—Tu tío dice, tu tío dice... Tu tío debe de ser un hombre notable.
—Lo es. Sí que lo es. Bueno, he de marcharme. Adiós, Mr. Montag.
—Adiós.
—Adiós...

De la novela Fahrenheit 451, escrita por Ray Bradbury [1920-2012] en 1953.