He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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domingo, 22 de julio de 2018

Juicio a una zorra

Ha sido uno de mis regalos de cumple de este año: ir a ver Juicio a una zorra al teatro Kamikaze. Un monólogo escrito por Miguel del Arco e interpretado por Carmen Machi en el que la protagonista, Helena de Troya, la mujer más bella del mundo, cuenta su historia en primera persona.

Un espectáculo impresionante por la fuerza del texto y por la maravillosa interpretación que hace Carmen Machi. Otra de esas actrices y actores a quienes todo el mundo conoce por haber hecho en televisión series tontorronas (y generalmente bastante machistas y faltonas) pero que de repente se descubren como artistas colosales en cuanto se suben a un escenario con un texto tan enorme como éste.

Un gusto.
¡Gracias Vero!

viernes, 16 de diciembre de 2016

a l r e d e d o r e s

DOHA

En el control del aeropuerto de Doha, me he quitado la chaqueta, las botas, he sacado los líquidos, el ordenador y he pasado el arco de seguridad. Han retenido mi mochila en el escaner:
- ¿Llevas un libro?
- Sí.
- ¿Gordo?
- Sí.
- Puedes pasar.
Me ha parecido un gran inicio de relato para Román. El libro es La Odisea.

Leído ayer en a l r e d e d o r e s, el blog de Vero viajera.

martes, 5 de mayo de 2015

La vuelta a casa

El director suele llevar a los visitantes distinguidos al pabellón de los condenados a cadena perpetua, para que escuchen a este hombre contar la historia de su crimen: Mucho tiempo lejos de casa, primero en la otra punta del planeta, días y días de reuniones para intentar entrar en la dichosa fusión, y cuando conseguimos eliminar las resistencias y vencer a nuestros adversarios tuve que recorrer una por una las sucursales, las filiales, las empresas asociadas, evitando todas las asechanzas, unos querían hechizarme con malas mañas, otros pretendían que me quedase, zafándome de los cantos seductores, de quienes me devorarían si pudiesen de los que quisieran destruirme. Yo estaba a punto de explotar. Llego por fin a casa, de improviso, y me encuentro con que mi mujer ha organizado una fiesta. Al parecer, llevaba montando estas juergas casi desde que me fui, mi casa llena de gorrones bebiéndose mis vinos, comiéndose mis cecinas y mis quesos. Y mi mujer me dice, tan tranquila, que mi hijo se ha marchado por ahí, no sabe a dónde. Subo a mi estudio y me encuentro con que han instalado allí una especie de telar enorme, todo está revuelto, hilos, varillas de madera, tijeras. Exploté, agarré un par de escopetas, una pistola, bajé a la sala y empecé a disparar, estaba tan ciego de ira que también me la llevé a ella por delante. El director no se cansa de escuchar este relato, menuda odisea, exclama una vez más, mientras se aleja por el corredor con los visitantes.

Microrrelato de José María Merino [1941- ] incluido en La glorieta de los fugitivos [2007].