He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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miércoles, 6 de septiembre de 2017

La cara B

Ella me dijo que su vida había sido como escuchar un disco horrible una y otra vez, cada día, y en un instante le habían dado la vuelta al disco, y sonaba música. Max la oyó y me sonrió. Ves, amor, ahora estamos en la cara B.

Del cuento Hasta la vista, de Lucia Berlin [1936-2004], incluido en el libro Manual para mujeres de la limpieza.

lunes, 20 de febrero de 2017

Viaje en tren

Edificios y ventanas, ventanas y más ventanas, fábricas y postes, puentes y postes. Un viejo tren que se arrastra, un tren que dejamos atrás, y edificios y ventanas, y puentes y postes. Y los raíles que relucen, serpentean y se cruzan, se cruzan y se descruzan, y más ventanas y estaciones chiquititas, vagones abandonados y enormes almacenes. Pintadas en las paredes, locales para alquilar, edificios y ventanas, fábricas y postes. Y el balasto y las vías, las vías y las traviesas, los relojes de las estaciones, los trenes de mercancías, las líneas que pasan desfilando. Chimeneas, silos, depósitos de agua y cubas, montañas de arena, puentes y postes. Tejados y antenas, casas y casas, un barco en el jardín, un canal y sus chalanas, bosquecillos de árboles raquíticos, y un hombre que camina y una gran cisterna. Caminos y calles, calles y carreteras, un vertedero que echa humo, un desguace y abedules. Un inmenso cementerio, un aparcamiento desierto, jardines obreros, perales bien plantados, viejos neumáticos apilados, chapa ondulada. Una planta depuradora que remueve bien la mierda, que hace espuma y borbotea como un enorme cocido. Una estación de servicio, una zona comercial, una zona industrial, y un largo túnel negro y mi reflejo en la ventana y se me taponan los oídos, y del otro lado, lo mismo que del otro lado. Y luego la nieve, poco a poco, que cubre el gris, primero sólo un velo transparente y más allá todo es blanco. Árboles talados, grúas, obras, una cantera, un vivero, invernaderos, terrenos baldíos, un tren que cruzamos y que nos sacude. Y luego campos hasta donde alcanza la mirada, adiós a la ciudad y a la periferia, y la nieve se va y pronto todo es verde. Verde claro y oscuro, seco y empapado, pastos, prados, vergeles, matorrales, cuervos, tierras labradas, campos inundados, charcas y estanques, aves rapaces en los postes, arroyos, castillos, bosques, pasos a nivel, coches que esperan, pueblos y campanarios, muérdago en los árboles, lomas de terciopelo, viñedos en las colinas, granjas perdidas y caminos embarrados. Y la noche que cae, y pronto mi hermana, al final del camino.

Acabo de leer Qué hago aquí, sentado en el suelo [2003] de Joël Egloff [1970 - ]. Decepcionante, como diría al gente de Un libro al día. O quizá prescindible. O tal vez psché.
El caso es que creo que me dejé llevar por el título, que me pareció tan sugerente, por los comentarios de la contraportada, siempre tan entusiastas, y al empezar a leerla por este primer párrafo, que me pareció un excelente y prometedor comienzo:

Qué hago aquí sentado en el suelo, al borde de este agujero, y cómo he llegado a esto es fácil de explicar, incluso puedo contarlo todo desde el principio, que es justo lo que voy a hacer. Pero por qué las cosas han sucedido así, por qué este desastre, esa ya es otra historia, y hay que renunciar a buscarle sentido. Jamás se ha visto que brotara luz de las grietas.

Pero nada, han sido ciento y pico páginas de nada. (No sigo por aquí, porque ya tengo dicho que no suelo hablar en este blog de libros que no me gustan...). De entre toda esa nada rescato este viaje en tren que hace el protagonista para visitar a su hermana y que me ha resultado tan visible, tan sugerente. Y que me ha recordado el viaje a Marruecos que yo quise describir hace unos años en un sólo párrafo.

martes, 15 de noviembre de 2016

Librerías

Ya he hablado aquí alguna vez sobre unlibroaldía, un estupendo blog en el que cada día reseñan algún libro. Un sitio muy interesante y muy, muy recomendable. Este fin de semana pasado, aprovechando la excusa del día de las librerías, han hecho un par de entradas especiales entrevistando a varios libreros: ésta y ésta. Merece la pena echarles un vistazo...

Yo sigo sorprendido de que a pesar de las estadísticas de lectura que hay en España, se siguen abriendo librerías y algunas de ellas, contra todo pronóstico, sobreviven a estos tiempos...

domingo, 10 de julio de 2016

Cuatro sugerencias

Para la última reunión que tuvimos, hace ya varias semanas, del Club de Lectura Serrano nos propusimos leer obras de ciencia ficción. Hubo muchas propuestas, cada unx elegimos alguna que nos interesara y luego hicimos una (muy interesante) puesta en común, de la que además salió una lista con muchos títulos para las próximas semanas y meses.

Uno de esos títulos, que fue propuesto por al menos un par de personas, fue La invención de Morel [1940], del argentino Adolfo Bioy Casares [1914-1999].
Creo que ya la había leído hace años, quizá en los tiempos de la facultad, pero no tenía un recuerdo muy especial de esta novela. Las dos personas que la proponían en el Club, de las que me fío mucho, me hicieron pensar que algo me había perdido... y que convenía darle una segunda vuelta.
Y efectivamente así era. Es un relato apasionante que parece llevarte al principio por un camino que no terminas de entender, dándote pistas de que algo extraño ocurre en esa isla sin llegar a aclararte qué... y poco a poco va poniendo las cartas sobre la mesa llegando a un final sorprendente.
Un relato del que dice Borges que no le parece "una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta". ¿Qué puedo a añadir yo a semejante comentario...?

Cada vez me gusta más leer y releer a Italo Calvino [1923-1985]. Leí bastantes de sus libros también cuando estaba estudiando en la universidad. Me encantaban. Y siempre me sorprendían. Y ahora, por algún motivo, estoy volviendo a encontrarme con él: yo, naturalmente, soy otro, y él, como se dice de cómo cantan Camarón o Gardel, cada vez escribe mejor...

Esta ¿novela?, Palomar [1983], no la había leído. De hecho supe de su existencia hace poco leyendo algo sobre la biografía de Calvino o alguno de sus artículos...
El personaje protagonista, Palomar, describe lo que encuentra. Esa es la novela: su observación del mundo y su intento de aprehenderlo: sus observaciones de una mujer en la playa, o una salamanquesa sobre un vidrio o de las piedras del Ryōan-ji son emocionantes...
Siento que tiene mucho que ver con esa mirada lenta que sugieren los grandes fotógrafxs, con los paseos de Thoreau en torno a su lago, con el tiro con arco de Herrigel, con la escena maravillosa de Smoke en que Auggie le sugiere a Paul que no va a entender sus fotografías si no las mira un poco más despacio...
Otra enorme recomendación para leer con calma este verano.

Ésto ha sido uno de esos descubrimientos que uno hace por casualidad, o no, deambulando por las bibliotecas.
No sabía nada del autor, Markus Orths [1969- ], ni de La camarera.
Y me ha gustado.
Y me han entrado muchas ganas de leer La sala de profesores, la otra novela que (hasta donde yo sé) tiene traducida al español.

No siento que sea una novela que me haya cambiado la vida. Muy pocas lo hacen, claro, eso es mucho pedir... Pero mientras la leía ha conseguido mantenerme interesado en saber qué iba a pasar con esa camarera que decide pasar algunas noches debajo de la cama de los huéspedes del hotel en el que trabaja, quieta, escuchando, tratando de sentir lo que ocurre en la habitación y ella no puede ver.
Una novela para leerse de una sentada y luego estar durante algún tiempo fantaseando con la idea de observar al personal, de saber qué hacen cuando nadie les / nos ve. Fantaseando con lo que se oye, se ve, se siente cuando se mira sin ser visto...
En fin, una buena propuesta para mirarse a uno mismo y pensar en por qué nos gustan tanto (a veces) las vidas de lxs otrxs.

La subasta del lote 49 es uno de esos libros que tenía desde hace tiempo en mi (cada vez más extensa) lista de grandes e imprescindibles libros que tengo que leer sí o sí antes de morirme.
Se supone que es uno de esos 'clásicos del siglo XX' que no puedes no haber leído si quieres entender algo de lo que pasa en el mundo en general y en la literatura en particular.
Así que cuando, éste también por casualidad, lo encontré hace unas semanas en una de las bibliotecas que frecuento en la sierra, pensé que era la ocasión y que no podía dejarla pasar...

Uffffff.....

Cuando llevaba sólo unas cuantas páginas ya empecé a pensar que me estaba aburriendo. Mucho. Y que además no estaba entendiendo nada. Y que lo poco que estaba entendiendo no me estaba interesando lo más mínimo. A veces, cuando ésto ocurre, uno piensa que no es el libro ni el autor, que eres tú, que te falta, que no llegas, que no entiendes, que tienes que leer más cosas antes de llegar ahí... Al enfrentarse con 'los grandes' no viene mal un poco de modestia.
En esas, ya llevaría como un tercio de la novela y cada vez la sentía más atascada, tuve la buena idea de buscar en Un libro al día, uno de mis blogs de libros favorito. No siempre estoy de acuerdo con sus opiniones, pero muchas veces coincido con ellas y siempre me gusta cómo las cuentan. Y me relajé. Mucho. Me tranquilizó muchísimo que la calificaran de intragable. Me sentí un poquito mejor al leer que quien hacía la reseña afirma que "pocas veces se había sentido tan desesperadamente confuso leyendo una novela" y que "por añadidura es una confusión que no induce al caos, sino al bostezo".
La acabé, claro. (Tengo una especie de TOC con esto de no poder dejar a medias los libros que no me gustan o no me interesan.) Y luego me sentó bien leer los muchos comentarios que hay en la reseña de Un libro al día apoyando y rebatiendo las opiniones de la reseña...

En fin, no sé si intragable es un adjetivo demasiado macarra, pero la verdad es que creo que tardaré una temporadita en volver a acercarme al misterioso y (en tantos sentidos) inaccesible Pynchon.

martes, 29 de marzo de 2016

Un océano de amor

Me han sentado bien estos días de vacaciones. Me he quedado en casa y he visto algunas pelis, he estado con gente que quiero, me he dado algunas caminatas por la montaña, y he estado leyendo, claro. Y precisamente quería dejar aquí un comentario sobre uno de los libros que han caído en mis manos en estos días. Aunque la verdad es que no sé si de este libro se puede decir exactamente que lo haya estado leyendo...
Un océano de amor [2014] es una novela gráfica (o cómic o historieta en dibujos o tebeo o como haya que llamar a estas cosas), escrita por Wilfrid Lupano [1971- ] y dibujada por Grégory Panaccione [1968- ]. Me llamó mucho la atención cuando lo descubrí a primeros de febrero en Un libro al día (cada vez me gusta más ese blog...), lo regalé hace unas cuantas semanas y ahora me ha vuelto prestado para leerlo...

Y decía que no estoy muy seguro de si se puede usar la palabra leer aplicada a este libro porque una de sus características que más llama la atención es que en toda la historia no hay ni un solo diálogo ni un solo texto explicativo. Sólo dibujos. Nada más. Y nada menos.
Y a pesar de no haber bocadillos, ni cuadros de texto, ni siquiera onomatopeyas en las más de doscientas páginas del libro, la historia está llena de diálogos sin palabras, de alegría, miedo, aventuras, risas, y amor, claro, como ya sugiere el título...
La historia es divertida y te atrapa desde el primer momento. Y los dibujos son maravillosos, muy expresivos, y son quienes realmente cuentan todo.
Leo pocas novelas gráficas, menos de lo que me gustaría, y aquí hablo poco o nada de ellas o de cómics en general. Pero creo que voy a poner remedio a eso: de vez en cuando descubro cosas deliciosas como este océano de amor que me ha hecho pasar un rato precioso y que además creo que no se acaba al cerrar la última página, sino que la historia y las viñetas dan suficiente juego como para retomarlo de vez en cuando y volver a disfrutarlo como la primera vez.

viernes, 18 de marzo de 2016

¡Me rindo!

Tengo un par de reglas no escritas y que respeto bastante relacionadas con este Capítulo VI y con los libros en general:

  • Una de ellas es que cuando comencé a hacer este blog, hace algo más de dos años, me propuse no hablar aquí (o hablar muy poco) de libros que no me gustaran.
    Hay demasiados libros buenos, y muy poco tiempo para leerlos, como para gastar parte de ese escaso tiempo hablando de los que te han aburrido, de los que no te han interesado, o de aquellos que te han parecido abiertamente un truñete...
    (Normalmente no me salto esta regla nunca, aunque revisando las etiquetas confirmo que alguna vez se ha nombrado por aquí al autor del peor-libro-que-he-leído-nunca...)
  • Y la otra regla, y ésta es muy anterior al blog, es que nunca dejo un libro a medias. Sí, ya sé que ésto contradice aquello de que tenemos poco tiempo y que no merece la pena gastarlo en cosas que no sean interesantes. Mucha gente me lo recuerda y me dice que por qué me mortifico tratando de acabar ladrillacos que se me atraviesan y con los que no consigo avanzar. De esos que cuando quieres pasar a la siguiente página parece que pesara kilos... y que al conseguir pasarla da la impresión de que le hubieran crecido unas cuantas más al final...
    Yo creo que me sale algo de la culpabilidad judeo cristiana que me inculcaron de pequeño, creo que pienso que quizá puedo darle una oportunidad, aguantar unas poquitas páginas más, porque tal vez avanzando un poco la cosa mejore... pero lo cierto es que hay casos en que no mejora nada y la sensación es cada vez peor...
Todo esto viene a cuento de que hoy quiero hablar aquí de dos libros que han caído en mis manos más o menos recientemente, que me han aburrido muuucho (rota la regla número 1) y que al final he acabado dejando (rota la regla número 2).

¡Ay!

El primero de ellos fue Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre.
La verdad es que al principio pintaba bien, había oído muy buenas críticas, le habían dado premios... pero al cabo de unas cuantas páginas (no menos de cien o doscientas) y de muchas semanas con el libro dando vueltas por la casa decidí que mejor lo abandonaba y ya le daría otra oportunidad dentro de un tiempo.
O no.

Y ahora me ha vuelto a pasar.
En nuestro Club de Lectura Serrano nos propusimos leer En la orilla de Rafael Chirbes.
Ufff....

También pintaba muy bien al principio. Las críticas que había leído por ahí en alguna ocasión decían que era la mejor novela en español del siglo XXI. (Quizá tendría que haber desconfiado de comentarios tan astronómicos...)
El caso es que no estoy pudiendo con ella. Y curiosamente, en el Club de Lectura parece que nadie o casi nadie está pudiendo con ella. Y eso que el grupo es bastante heterogéneo y variopinto.
Cuando ya llevaba ciento y pico páginas se me ocurrió buscar en unlibroaldía, que es un sitio que me gusta mucho, me encantan las reseñas que hacen y, en general, suelo coincidir con sus criterios. Y al leer la reseña que hacen de En la orilla me arrepentí de no haberla leído antes para ir más y mejor avisado...
Afortunadamente, por supuesto, durante este tiempo de atasco me ha cundido leyendo otras cosas como un montón de cuentos de Medardo Fraile, y cosas de Joan Fontcuberta, que siempre sientan bien y te obligan a hacer mucha gimnasia mental...

Ya liberado, saltadas mis dos reglas, me pongo con ésto que cogí la semana pasada en la biblioteca de La Cabrera y que tiene una pinta fenomenal:
¡Seguimos!

domingo, 1 de marzo de 2015

La antigua Biblos

Desde hace ya algún tiempo, cada más o menos tres semanas, cuelgo una referencia a blogs que me gustan relacionados de algún modo con libros y lecturas. Así, de momento, han ido apareciendo por aquí Un libro al día, la Revista Babar, cuatroESCALONES, Atacama y La Pulga.

Hace unos días me llegó un mail con la recomendación de que visitara La antigua Biblos, un blog de reseñas de libros, que quien me escribía me aseguraba que me iba a gustar.

Entré, eché un vistazo, efectivamente me gustó, me suscribí para recibir en mi correo las nuevas entradas, decidí que iba a ser el siguiente blog que iba a referenciar aquí y lo anoté en mi lista de "entradas pendientes".

Es un blog interesante. Me recordó un poco a Un libro al día, en el sentido de que casi todas las entradas son reseñas de libros y que, aquí también, todos los días hay alguna entrada. A veces más de una.
Y también, como aquel, es un blog hecho en colaboración. En este caso no es un equipo sino una persona quien lo coordina y mantiene, pero está abierto a quien quiera colaborar enviando sus reseñas. Eso hace que haya muchas opiniones, gustos y criterios diferentes. Las "reglas" para colaborar son pocas y sencillas, muy asumibles. En fin, un sitio que creo que merece la pena seguir.

Unos días después, de forma bastante inesperada, recibí dos mensajes a la vez de La antigua Biblos.
Uno de ellos era del propio Antonio F. Rodríguez, el bloguero que lo mantiene, diciéndome que le había gustado mucho mi Capítulo VI y que esperaba que no me pareciera mal que se hubiera tomado la libertad de colgar una entrada sobre él.
El otro mail era el aviso de suscriptor de ese día para visitar esa entrada: una presentación preciosa, que me encantó y me emocionó, de este blog que llevo ya más de un añito manteniendo sobre cosas que leo y cosas que escribo.

Si en algún momento hay poquitas rayitas de batería para seguir haciendo estas cosas, cuando recibes mensajes así, sin ninguna duda las pilas se recargan de golpe...

¡Gracias!

Seguimos...

viernes, 28 de noviembre de 2014

3.000


Muchas veces he echado estas cuentas.
Puede que alguien piense que no es más que otro TOC... pero no deja de tener su gracia y su interés hacer los cálculos, aunque sólo sea por curiosidad: tantos libros al mes por doce meses al año por tantos años de lectura más o menos continuada... tantos libros leídos en toda la vida.
Da igual la generosidad que muestres al pensar en el número de libros que lees o en el número de años que vas a usar para leerlos. Hagas las cuentas como las hagas siempre salen pocos. Unos cuantos miles en el mejor de los casos.
Y para colmo luego piensas en las temporadas en las que lees menos por el motivo que sea, o en el tiempo "perdido" en leer libros prescindibles (signifique eso lo que signifique), o en esos que parece que te están gustando pero se te "atascan" y no consigues acabarlos, o los malos malísimos que has leído para ver por qué hay tanta gente a la que le gustan, o los directamente intragables.....


La razonable biblioteca de Samuel Pepys


El empelucado caballero que nos contempla tan digno a la derecha, atendía al nombre de Samuel Pepys. En vida fue un eficiente funcionario del gobierno de su majestad el rey Jacobo II de Inglaterra. Ya difunto, pertenece a ese fastidioso club de escritores que se han ganado un puesto en la historia de la literatura sin pretenderlo. El señor Pepys escribió durante nueve años un diario tan sincero, que se mantiene cálido y cercano trescientos cuarenta años después, como si conociéramos en persona al autor, y encima, nos cayera simpático. Lo escribió en un sistema taquigráfico personal que impidió su lectura hasta 1823, cuando un estudiante dedicó tres arduos años a desentrañar las páginas cifradas. El pobre nunca supo que, a un metro de donde se guardaba el diario, Pepys había dejado un libro con la explicación de los signos empleados. Le hubiera bastado alargar el brazo para ahorrarse miles de horas de esfuerzo. El buen Pepys quiso proteger sus deslices amorosos escribiendo sus modestas hazañas con una mezcla de español, inglés y francés, en una suerte de esperanto sexual que lo protegiera de la brava señora Pepys. Fue un hombre diligente, curioso y extrovertido con solo dos terrores en su vida. El primero fue quedarse ciego, y por eso interrumpió la escritura del diario, al que culpaba de arruinar su vista. El segundo, más punzante, era un cerval pánico a la señora Pepys, que no perdonaba sus infidelidades con las criadas y tronaba furiosa persiguiendo a su esposo por toda la casa. Los dos se querían tiernamente. Además, el señor Pepys estaba adornado con ese raro sentido común que hace las cosas prácticas, razonables y sencillas. Como su biblioteca.
Encargó construirla en roble y con puertas de cristal., una novedad que resguardó a sus libros del polvo y la luz solar. Mandó encuadernar todos los ejemplares igual, y así puso fin a esa molestia que hace que todos los asiduos a librerías balanceemos nuestras cabezas como badajos de campana, mientras leemos los títulos de abajo a arriba y de arriba a abajo -lomo a la española, cabezada a la izquierda; lomo a la inglesa, cabezada a la derecha-. En dos mil años nadie ha llegado todavía a un acuerdo de cómo titular el canto de los libros. Ordenó sus ejemplares con el criterio más objetivo que pueda pensarse, por tamaño. Todas las demás clasificaciones se han revelado ambiguas e imperfectas; siempre hay libros que escapan a un determinado género o categoría. Resolvió renovar los que guardaba a lo largo de los años, pues, como las personas, el libro que atesoramos a los veinte puede convertirse en odioso o antipático a los cuarenta. Por último, decidió cuántos debía contener. Tres mil. Ni uno más, ni uno menos.
La cantidad de libros a custodiar es la elección más difícil en toda biblioteca. Séneca, en la segunda carta a Lucilio, recomienda moderación y conformarse con juntar únicamente los que uno pueda leer. Otros, en cambio, han almacenado libros en un impulso irresistible. Tres mil es un bonito número*. Calcula leer un libro a la semana, un logro notable si te enfrentas a obras del tonelaje de El conde de Montecristo, Los miserables o Guerra y paz. Multiplica esas semanas por los años activos de lectura de un ser humano, por ejemplo sesenta y cinco. La cifra de libros que un lector puede abarcar es tres mil trescientos ochenta, aproximadamente. Eso incluye los mediocres, los errores y las pérdidas de tiempo. Resta las rachas de la vida que nos impiden leer o nos privan de su apetito, y ten en cuenta el íntimo placer de la relectura, que nos hace volver a aquellas obras que tanto han significado. Suma, por fin, una cantidad razonable de obras de consulta. Tres mil libros se nos aparecen como una cantidad justa y manejable. La tarea para toda una vida. 
Pero no detengamos los cálculos ahora. Pongamos que el grosor medio de los volúmenes de nuestra biblioteca imaginaria sea de siete centímetros y que el armario mida siete baldas de altura. Todo lo que podríamos leer durante nuestra vida se acomoda en treinta metros de estanterías. Un corto paseo que nos recuerda lo mucho que hay para leer y lo poco que permaneceremos en pie. Y la lista de libros imprescindibles es tan larga... La ristra de títulos que nos urgen no poder dejar de hojear es demasiado extensa. Por eso, este sencillo armario ideal nos enseña en qué debemos ocupar nuestros ojos. Un recordatorio de que hay que leer solo por gusto y por placer. La vida es demasiado valiosa para preocuparse por un canon.

* Esta parte de lo escrito trata de una inquietud personal mía. Del asombro ante ciertos autores que parecen haber leído todo... Ni siquiera Borges pudo hojear lo que se le atribuye, teniendo en cuenta, además, que fue ciego muchos años. Las cuentas que siguen intentan demostrar que un par de ojos tiene sus limitaciones. Un consuelo por todos los libros que dejamos a medias. Algunos defienden una antibiblioteca compuesta, no por los libros que hemos leído, sino por los que aún no hemos abierto, que son los únicos valiosos. Esta biblioteca cóncava ocuparía el tamaño de nuestra ignorancia o el de nuestra curiosidad.

De Libros malditos, malditos libros [2013] de Juan Carlos Díez Jayo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un libro al día

De vez en cuando busco webs y blogs en los que se habla de literatura y de libros, busco imágenes de gente leyendo para colgarlas en este blog, reseñas sobre libros, biografías de gente que escribe....

Lo bueno y lo malo de internet es que hay de todo, bueno y menos bueno... y no es fácil distinguir entre tanto ruido qué es interesante y qué no, dónde merece la pena invertir tiempo y energía y neuronas y dónde no tanto.

No hace mucho he descubierto un blog de los que sí merecen: se llama Un libro al día.
Se trata de un grupo de gente, más o menos variopinta, que se ha propuesto hacer una reseña al día de algún libro... y ya llevan unos cuantos años con ello...

Me encanta el resultado. Hay de todo, reseñas de todo tipo de libros y con todas las valoraciones habidas y por haber: desde libros que califican de imprescindibles hasta otros que valoran como repugnantes... Por supuesto no en todas las reseñas que he visto (aún no han sido muchas) coincido plenamente, pero en todas ellas he encontrado observaciones y comentarios interesantes...

Un blog muy recomendable al que además puedes suscribirte para recibir cada día en tu correo una nueva reseña...

viernes, 14 de noviembre de 2014

Nos vemos allá arriba

Me estoy leyendo Nos vemos allá arriba, del escritor francés Pierre Lemaitre [1951- ].
Durante este último año se han publicado muchos libros relacionados con la primera guerra mundial, de cuyo comienzo se conmemora el centenario en 2014.
Éste es uno de esos libros sobre esa guerra. O más bien sobre la posguerra, porque en las primeras páginas se narran los últimos días de la contienda, y a partir de ahí se cuentan las aventuras (y desventuras) de dos de los soldados franceses que la vivieron.
Una novela, que tiene muy buena pinta, al menos en las primeras páginas que he podido leer, y muy crítica con el belicismo y el militarismo. Y también con quienes, de un modo u otro, se benefician de los conflictos antes, durante y después de que sucedan...

Había oído hablar del libro, de los premios que había recibido, entre ellos el Goncourt del año pasado, y de las buenas críticas que tenía... y hace unos días vi la entrevista que le hicieron al autor en Página 2: fue el empujón definitivo que me animó a buscarlo en la biblioteca...

***
Otras cosas que tengo pendientes:
  • El amante, de Marguerite Duras. Imprescindible según la gente de Un libro al día... (y yo sin haberlo leído aún, aunque ayer la bibliotecaria me dijo, mientras me hacía el préstamo, que tanto, tanto, tanto se lo habían alabado, que cuando lo leyó no le pareció para tanto......)
  • La ladrona de libros, de Markus Zusak. Imprescindible según la misma bibliotecaria, que me ha visto coger muuuchos libros de literatura infantil y juvenil, y me dice que éste es de lo mejor que ha leído.
  • Libros malditos, malditos libros, de Juan Carlos Díez Jayo. Uno de esos libros sobre libros que a veces me resultan tan interesantes...
  • Nieve verde, de Sara Blædel. Otra novela policíaca -  negra - thriller escandinava, que en la portada lleva como subtítulo "el primer caso de la detective Louise Rick".
Éstos dos últimos han sido encuentros fortuitos en el estante de novedades de la biblioteca de La Cabrera.... ¡veremos!

Seguimos......