Hace unos días me dijo una amiga que sorprendida la tenía con mi afición a Panero, que ella me hacía más de haikus y de Benedetti. Me lo envió en un guasap después de ver ésto y todo ésto... Le contesté que, como ya he contado alguna vez aquí, soy poco de poesía. Me cuesta leerla. Y que, efectivamente, cuando leo poesía soy más de haikus y de benedettis que de paneros. [Por cierto, acabo de ver que Mario Benedetti aún no ha visitado este blog. Habrá que poner remedio a eso cuanto antes...]
Y claro, también le conté que no hace mucho cayó en mis manos una Poesía completa (1968-1996) de Juan Luis Panero que se ha pasado unos cuantos meses junto a mi cama, y que me ha tenido entretenido durante un tiempito... [Esto de los libros que rondan mi cama también lo he contado alguna vez aquí.]
Tengo siempre entre manos varias listas de libros pendientes de leer, pero me gusta de vez en cuando dejarme llevar por encuentros más o menos fortuitos que me hacen descubrir cosas estupendas, como éstos hallazgos que a veces tengo con la poesía, o libros que me encuentran a mí en los estantes de novedades de las bibliotecas a las que suelo ir, o libros que me sugieren amigxs y que quizá a mi no me hubieran llamado la atención...
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Luis Panero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Luis Panero. Mostrar todas las entradas
martes, 1 de septiembre de 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
Testigo de ceniza
En la roca que el mar golpea
o en la seca corteza de ese árbol,
en el viento que aúlla contra los cristales,
sobre la huella de la arena o en la tierra más dura,
en el humo que se deshace entre tus manos,
escribe, escribe, como si aún descubrieras las palabras.
Escribe para pieles o piedras,
para blancos caballos, para aquellos ojos
que nunca te miraron y tú jamás miraste.
Escribe sin orgullo, pero tampoco con falsa modestia,
que no fue en vano tu paso por el mundo.
Olvida después tan estúpida frase
y mira el mar, las velas de aquel barco
que viene a rescatarte, su paciente cabecear sobre las olas,
las luces que se reflejan en la espuma.
Y escribe -sobre todo- cuando lo veas hundirse,
cuando desaparezca como el sueño o la bruma,
cuando ya no exista -sabido es que nunca existió-
escribe y repítelo en voz alta para el sordo mar, para el cielo distante.
Aprende así, testigo de ceniza,
el final implacable de tu ilusa labor,
y entonces, sin dudarlo -que no tiemble tu mano-,
escribe, escribe, escribe, escribe.
Juan Luis Panero [1942-2013]
o en la seca corteza de ese árbol,
en el viento que aúlla contra los cristales,
sobre la huella de la arena o en la tierra más dura,
en el humo que se deshace entre tus manos,
escribe, escribe, como si aún descubrieras las palabras.
Escribe para pieles o piedras,
para blancos caballos, para aquellos ojos
que nunca te miraron y tú jamás miraste.
Escribe sin orgullo, pero tampoco con falsa modestia,
que no fue en vano tu paso por el mundo.
Olvida después tan estúpida frase
y mira el mar, las velas de aquel barco
que viene a rescatarte, su paciente cabecear sobre las olas,
las luces que se reflejan en la espuma.
Y escribe -sobre todo- cuando lo veas hundirse,
cuando desaparezca como el sueño o la bruma,
cuando ya no exista -sabido es que nunca existió-
escribe y repítelo en voz alta para el sordo mar, para el cielo distante.
Aprende así, testigo de ceniza,
el final implacable de tu ilusa labor,
y entonces, sin dudarlo -que no tiemble tu mano-,
escribe, escribe, escribe, escribe.
Juan Luis Panero [1942-2013]
Etiquetas:
cosas que leo,
Juan Luis Panero,
poesía
miércoles, 29 de julio de 2015
Oficio de palabras
Rescatando palabras, pequeñas islas de lucidez o de ternura,
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Recatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de las piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Recatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de las piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
Etiquetas:
cosas que leo,
Juan Luis Panero,
poesía
sábado, 20 de junio de 2015
Un año después de ya no verte
Éste es el corrido del caballo blanco
que en un día domingo feliz arrancara.
José Alfredo Jiménez
Olor de solitario y soledad, cama deshecha,
cegados ceniceros en esta tarde de domingo,
helado soplo de noviembre en el cristal
y un vaso medio lleno de cansancio.
Te escribo por hacer algo más inútil aún
que pensar en silencio o imaginar tu voz,
o escuchar una música herida de recuerdos
o pedir al teléfono un absurdo milagro.
"Éste es el corrido del caballo blanco
que en un día domingo feliz arrancara".
Éste es el corrido, pero nadie canta,
y un muerto con mi nombre, vestido con mis trajes,
me saluda y observa por los cuartos vacíos,
me mira en la distancia como si fuera un niño
y acaricia en sus dedos un rastro de ternura.
Sobre su frente inmóvil va cayendo tu nombre
y humedece sus labios una lluvia perdida.
Olor de soledad y humo de aniversario
mientras busco, dolorosamente trato de recordar
tus ojos insomnes con su vaho de mendigo,
devorando su luz, ahogando su locura.
Tus dos ojos como picos de presa que se clavan
y rasgan y desgarran la piel de nuestro amor.
Soplo de embriagado recuerdo, agria melancolía,
rescoldo que tu lengua aún enciende
en estas horas de strip-tease solitario
en que celebro en tu derrota todas las derrotas.
Un año después y tu pelo, tu largo pelo
ardiendo desbocado entre mis manos,
clavado para siempre en esta almohada,
recorriendo esta casa, sus rincones y puertas
como un viento insaciable que buscase su fin.
Un año después de ya no verte,
definitivamente talando en tu memoria,
qué real sigues siendo, qué difícil herirte.
La sosegada certidumbre de esta mesa en que escribo
puede tener la pasión estremecida de tu piel
y la ropa que el sillón desordena
puede ahora ocultar el temblor de tus pechos.
Sobre tu sexo abierto y tus muslos de arena,
sobre tus manos ciegas que persiguen la noche,
qué triste es el cuchillo, qué aciaga la hoja.
Un muerto con mi nombre y mis uñas mordidas,
un cadáver grotesco, me dicta estas palabras,
me señala en los cuadros, en la pared manchada,
el destino de hoy, de este día cualquiera,
al borde de mi vida, al borde del invierno,
al borde de otro año que empieza con tu ausencia,
al borde de mis ojos y tu voz que ahora escucho.
Un año después de ya no verte,
mientras te escribo, odiando hasta la tinta,
en esta tarde de noviembre, olor solitario y soledad,
helado soplo en el cristal vacío. Un muerto.
Etiquetas:
cosas que leo,
Juan Luis Panero,
poesía
lunes, 13 de abril de 2015
Leyendo...
Estos días estoy leyendo Americanah [2013], la última novela de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ]. Es el libro del que hablaremos el viernes que viene, en la próxima reunión de nuestro Club de Lectura Serrano.
Junto a mi cama, para picar un poquito cada noche, tengo algo de poesía:
Junto a mi cama, para picar un poquito cada noche, tengo algo de poesía:
- Palabra sobre palabra [1986], de Ángel González [1925-2008].
- Poesía completa (1968-1996) [1997], de Juan Luis Panero [1942-2013].
- El ojo de la mujer [1992], de Gioconda Belli [1948- ].
y cuentos y microcuentos:
- Cuentos completos (1880-1885), de Antón Chéjov [1860-1904].
- La glorieta de los fugitivos [2007], de José María Merino [1941- ].
¡¡¡ Disfrutando como un enano... !!!
domingo, 12 de abril de 2015
Ocurre a veces
Ocurre a veces
en las calladas horas de la noche,
al filo mismo de la madrugada,
tras el telón caído de la euforia y del vino.
Unos ojos parpadean, se abren,
nos miran con su última transparencia
y un instante a nuestro lado
su dolorido transcurrir, su apretado paisaje de ternura
muestran, como un mendigo o un esclavo,
la humillada quietud de su tristeza.
Entonces, cuando no hay una sola palabra que decir,
con la avidez que lleva en sí lo fugitivo,
besar, unirse en la húmeda tibieza,
en la empapada, áspera arcilla de otra boca,
donde nada al fin y todo nos pertenece.
Después, igual que el viento
agitando fugaz unas cortinas
la claridad de la mañana nos muestra,
desvelar un instante en la memoria
aquello que una noche, una mirada,
la destruida posesión de unos labios, nos dio.
Lo que ahora ciego tropieza, resbala
por la gastada pared del corazón,
aferrándose terco hacia la muerte,
desplomándose sordo hacia el olvido.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
en las calladas horas de la noche,
al filo mismo de la madrugada,
tras el telón caído de la euforia y del vino.
Unos ojos parpadean, se abren,
nos miran con su última transparencia
y un instante a nuestro lado
su dolorido transcurrir, su apretado paisaje de ternura
muestran, como un mendigo o un esclavo,
la humillada quietud de su tristeza.
Entonces, cuando no hay una sola palabra que decir,
con la avidez que lleva en sí lo fugitivo,
besar, unirse en la húmeda tibieza,
en la empapada, áspera arcilla de otra boca,
donde nada al fin y todo nos pertenece.
Después, igual que el viento
agitando fugaz unas cortinas
la claridad de la mañana nos muestra,
desvelar un instante en la memoria
aquello que una noche, una mirada,
la destruida posesión de unos labios, nos dio.
Lo que ahora ciego tropieza, resbala
por la gastada pared del corazón,
aferrándose terco hacia la muerte,
desplomándose sordo hacia el olvido.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
Etiquetas:
cosas que leo,
Juan Luis Panero,
poesía
Suscribirse a:
Entradas (Atom)