He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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viernes, 21 de noviembre de 2014

¡Malditos libros!

Me estoy leyendo Libros malditos, malditos libros de Juan Carlos Díez Jayo.
Se trata de una colección de relatos, comentarios, reflexiones, anécdotas, etc. sobre libros, libreros, bibliotecas, escritores y lectores...
Hay, hasta donde he leído, de todo: libros gigantes y diminutos, bibliotecas obsesivas, encuadernaciones en piel humana, imprentas y libros copiados a mano.....
Algunas interesantes, algunas curiosas, otras más irrelevantes......

Me llamó la atención cuando lo vi en la biblioteca porque he leído unos cuantos libros "sobre libros" que me han gustado, o que al menos me han llamado la atención... Me gusta esa idea de escribir una historia sobre los propios libros, sobre la lectura y la escritura. Un poco como lo que pretende ser este blog.
  • Hace mucho leí 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff [1916-1997], un libro epistolar sobre el amor a los libros y a la literatura. Me gustó muchísimo... 
  • La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey es una novelita de Mary Ann Shaffer [1934-2008], bibliotecaria, librera, editora y escritora, en la que cuenta cómo un pequeño club de lectura se convierte en una "célula" de resistencia contra la invasión nazi de una pequeña isla del Canal de la Mancha durante la segunda guerra mundial.
  • Hace unos meses, buscando libros sobre la muerte y el duelo, encontré El club de lectura del final de tu vida, de Will Schwalbe. El autor cuenta cómo durante los últimos meses de vida de su madre, enferma de cáncer, encuentra una nueva forma de relacionarse con ella a través de una especie de club de lectura formado sólo por ellxs dos, en que se recomiendan y se comentan libros, que para ella serán los últimos que lea (o relea).
  • Y hace sólo unos días, mencioné aquí Una biblioteca de verano, una breve historia escrita por Mary Ann Clark Bremer [1928-1996].

martes, 13 de mayo de 2014

Libros electrónicos y libros en papel

Me encanta el libro en papel y me encanta el libro electrónico. Ningún problema, ninguna nostalgia. Veo claro que cada formato tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El libro electrónico me parece el invento definitivo para llevarte lecturas de viaje, por ejemplo.
Sólo una pega: siempre me ha gustado muchísimo, al llegar a casa de alguien, curiosear entre sus estanterías para ver qué libros tiene. Eso se acabó. [Ya lleva un tiempo pasando lo mismo con la música...]
Tengo alguna pega más, pero supongo que todas soslayables: no me gusta usar el electrónico para libros que quiero subrayar, tengo mis conflictos con el tema de los derechos y la piratería (eso lo dejo para otro post), me gusta forrar los libros que leo y usar el forro para anotar cosas....

El caso es que hoy me he encontrado esto sobre el tema, y me ha gustado mucho:

Una de las muchas cosas que me gustan de los libros es su pura corporeidad. Los libros electrónicos quedan fuera de la vista y caen en el olvido. Pero los libros impresos tienen cuerpo, presencia. Algunas veces, claro, te eluden ocultándose en lugares improbables: en una caja llena de viejos marcos de fotos, pongamos por caso, o en el cesto de la colada, envueltos en una sudadera. Pero otras veces te reconfortan, y uno literalmente tropieza con volúmenes en los que llevaba semanas o años sin pensar. Veo libros electrónicos a menudo, pero nunca me persiguen. Me hacen sentir, pero no puedo sentirlos. Son alma sin carne, sin textura ni peso. Se te pueden meter en la cabeza, pero no pueden asestarte un golpe físico.

Lo he encontrado en la novela autobiográfica El club de lectura del final de tu vida, del estadounidense Will Schwalbe [1962- ], que por cierto, me estoy leyendo en papel.

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