He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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sábado, 25 de agosto de 2018

Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus


He vuelto a ver El nombre de la rosa [1980], la película que hizo Jean-Jacques Annaud [1943- ] a partir de la novela de Umberto Eco [1932-2016], uno de mis libros favoritos.

Es cierto que hay cosas en el libro que se echan de menos en la peli. Para mí, sobre todo, el desciframiento del laberinto de la biblioteca, que en la novela ocupa muchas páginas y que siempre que lo he leído me ha fascinado. Pero a pesar de todo me sigue gustando verla de nuevo de vez en cuando.

Igual que me encanta volver a leer la novela cada cierto tiempo...

(Por cierto, hoy 25 de agosto, cumple 88 años el enorme Sean Connery.)

sábado, 9 de abril de 2016

Perdedores y ganadores

Los perdedores, como los autodidactas, tienen siempre conocimientos más vastos que los ganadores. Si quieres ganar tienes que saber una cosa sola y no perder tiempo en sabértelas todas; el placer de la erudición está reservado a los perdedores. Cuanto más sabe uno, es que peor le han ido las cosas.

De Número cero [2015], la última novela del escritor italiano Umberto Eco [1932-2016].

jueves, 25 de febrero de 2016

La inmortalidad

Hace unos días, en uno de los muchísimos artículos que se han publicado hablando de Umberto Eco [1932-2016] con motivo de su fallecimiento hace unos días, me encontré esto:
En cierta ocasión, Umberto Eco dijo: "El que no lee, a los 70 años habrá vivido sólo una vida. Quien lee habrá vivido 5000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás."

sábado, 20 de febrero de 2016

Eco

Acabo de leer que ha muerto Umberto Eco.
Umberto Eco en la Univ. de Burgos en 2013. Foto: Cristóbal Manuel
No todos sus libros me gustaron ni me interesaron igual, pero me parecía un hombre a quien, entre tantísimo ruido como tenemos alrededor, hay que prestar atención...
Y El nombre de la rosa [1980] es, desde hace muchísimos años, una de mis novelas favoritas y uno de los libros que más veces, y con más gusto, he releído.

Sit tibi terra levis.

martes, 10 de marzo de 2015

Aburrimientoooooo

Con lo muchísimo que me gusta la novela El nombre de la rosa y lo muchísimo que la disfruto cada vez que la leo y la releo, es increíble lo muchííííííísimo que me estoy aburrieeeeendooo leyendo Baudolino, también de Umberto Eco [1932- ].
¡Ay!

sábado, 14 de febrero de 2015

La respiración

Pero también había otro motivo para insertar los extensos pasajes didácticos. Después de haber leído el manuscrito, los amigos de la editorial me sugirieron que acortase las primeras cien páginas, porque les parecía que exigían demasiado esfuerzo y se leían con dificultad. No vacilé en negarme, porque, sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y, si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina.
Entrar en una novela es como hacer una excursión a la montaña: hay que aprender a respirar, coger un ritmo de marcha, si no todo acaba en seguida. [...]
¿Qué significa pensar en un lector capaz de superar el escollo penitencial de las cien primeras páginas? Significa exactamente escribir cien páginas con el objeto de construir un lector idóneo para las siguientes.

De las Apostillas a El nombre de la rosa [1983], de Umberto Eco [1932- ].

domingo, 8 de febrero de 2015

No te queda sino leer todos los libros.

Y, además, no debes pensar que las clases son lo más importante para un estudiante, ni que la taberna es sólo un lugar donde se pierde el tiempo. Lo bueno del studium es que aprendes, sí, de los maestros, pero aún más de los compañeros, sobre todo de los que son mayores que tú, cuando te cuentan lo que han leído, y descubres que el mundo debe de estar lleno de cosas maravillosas y que para conocerlas todas, visto que la vista no te bastará para recorrer toda la tierra, no te queda sino leer todos los libros.

De la novela Baudolino [2000] del escritor italiano Umberto Eco [1932- ].

jueves, 5 de febrero de 2015

Ganas de escribir

Escribí una novela porque tuve ganas. Creo que es una razón suficiente para ponerse a contar. El hombre es por naturaleza un animal fabulador. Empecé a escribir en marzo de 1978, impulsado por una idea seminal. Tenía ganas de envenenar a un monje. Creo que las novelas nacen de una idea de ese tipo y que el resto es pulpa que se añade al andar.

De las Apostillas a El nombre de la rosa [1983], de Umberto Eco [1932- ].

sábado, 31 de enero de 2015

Títulos

[...] El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones? Sin embargo, uno de los principales obstáculos para respetar ese sano principio reside en el hecho mismo de que toda novela debe llevar un título.
Por desgracia, un título ya es una clave interpretativa. Es imposible sustraerse a las sugerencias que generan Rojo y negro o Guerra y paz. Los títulos que más respetan al lector son aquellos que se reducen al nombre del héroe epónimo, como David Copperfield o Robinson Crusoe, pero incluso esa mención puede constituir una injerencia indebida por parte del autor. [...] Quizás habría que ser honestamente deshonestos, como Dumas, porque es evidente que Los tres mosqueteros es, de hecho, la historia del cuarto. Pero son lujos raros, que quizás el autor sólo puede permitirse por distracción.

[...] El título debe confundir las ideas, no regimentarlas.
Nada consuela más al novelista que descubrir lecturas que no se le habían ocurrido y que los lectores le sugieren. Cuando escribía obras teóricas, mi actitud hacia los críticos era la del juez: ¿han comprendido o no lo que quería decir? En el caso de una novela todo es distinto. No digo que el autor deba aceptar cualquier lectura, pero, si alguna le parece aberrante, que otros cojan el texto y la refuten. Por lo demás, la inmensa mayoría de las lecturas permiten descubrir efectos de sentido en los que no se había pensado. [...]

El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto.

De las Apostillas a El nombre de la rosa [1983], de Umberto Eco [1932- ].

viernes, 30 de enero de 2015

Hay que saber

[...] No saldré de este recinto antes de averiguar la verdad. ¿Quiere que me vaya mañana por la mañana? Muy bien, él es el dueño de casa. Pero de aquí a mañana por la mañana debo averiguar la verdad. Debo averiguarla.
-¿Debéis? ¿Quién os lo exige ahora?
-Nadie nos exige que sepamos, Adso. Hay que saber, eso es todo, aún a riesgo de equivocarse.

De la novela El nombre de la rosa [1980] del escritor italiano Umberto Eco [1932- ].

jueves, 22 de enero de 2015

No siempre, ni necesariamente.

-Quizá son enigmas y significan otra cosa -sugerí-. ¿O tenéis otra hipótesis?
-Sí, pero aún es muy confusa. Tengo la impresión, al leer esta página, de que ya he leído algunas de las palabras que figuran en ella, y recuerdo frases casi idénticas que he visto en otra parte. Me parece, incluso, que aquí se habla de algo que ya se ha mencionado en estos días... Pero no puedo recordar de qué se trata. He de pensar en esto. Quizá tenga que leer otros libros.
-¿Cómo? ¿Para saber qué dice un libro debéis leer otros?
-A veces es así. Los libros suelen hablar de otros libros. A menudo un libro inofensivo es como una simiente, que al florecer dará un libro peligroso, o viceversa, es el fruto dulce de una raíz amarga. ¿Acaso leyendo a Alberto no puedes saber lo que habría podido decir Tomás? ¿O leyendo a Tomás lo que podría haber dicho Averroes?
-Es cierto -dije admirado.
Hasta entonces había creído que todo libro hablaba de las cosas, humanas o divinas, que están fuera de los libros. De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esa reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo y secular murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva, un receptáculo de poderes que una mente humana era incapaz de dominar, un tesoro de secretos emanados de innumerables mentes, que habían sobrevivido a la muerte de quienes los habían producido, o de quienes los habían ido trasmitiendo.
-Pero entonces -dije-, ¿de qué sirve esconder los libros, si de los libros visibles podemos remontarnos a los ocultos?
-Si se piensa en los siglos, no sirve de nada. Si se piensa en años y días, puede servir de algo. De hecho, ya ves que estamos desorientados.
-¿De modo que una biblioteca no es un instrumento para difundir la verdad, sino para retrasar su aparición? -pregunté estupefacto.
-No siempre, ni necesariamente. En este caso, sí.

De la novela El nombre de la rosa, del escritor y filósofo italiano Umberto Eco [1932- ].

miércoles, 14 de enero de 2015

Los hombres de antes...

Los hombres de antes eran grandes y hermosos (ahora son niños y enanos), pero ésta es sólo una de las muchas pruebas del estado lamentable en que se encuentra este mundo caduco. La juventud ya no quiere aprender nada, la ciencia está en decadencia, el mundo marcha patas arriba, los ciegos guían a otros ciegos y los despeñan en los abismos, los pájaros se arrojan antes de haber echado a volar, el asno toca la lira, los bueyes bailan, María ya no ama la vida contemplativa y Marta ya no ama la vida activa, Lea es estéril, Raquel está llena de lascivia, Catón frecuenta los lupanares, Lucrecio se convierte en mujer. Todo está descarriado. Demos gracias a Dios de que en aquella época mi maestro supiera infundirme el deseo de aprender y el sentido de la recta vía, que no se pierde por tortuoso que sea el sendero.

Del prólogo de Adso de Melk, en el inicio de El nombre de la rosa, novela del escritor italiano Umberto Eco [1932- ].

viernes, 9 de enero de 2015

El nombre de la rosa

Me estoy leyendo El nombre de la rosa [1980] de Umberto Eco [1932- ].

Este año me apetece empezarlo con relecturas de algunos de mis libros favoritos. Y éste, sin duda, es uno de ellos. Seguramente uno de los que más veces he leído y de los que mejor sensación me dejan cada vez que lo termino. Me gusta la trama "policíaca", me gusta el ambiente medieval, me gusta todo lo relacionado con la biblioteca, con los libros, con el laberinto, con el trabajo de los monjes...
Y me gusta, claro, la estructura del libro: esa cosa tan manida, pero muchas veces tan efectiva, de hablar de un manuscrito encontrado, que a su vez es traducción de una versión de otra traducción, etc., etc.

Pensándolo bien, no eran muchas las razones que podían persuadirme de entregar a la imprenta mi versión italiana de una oscura versión neogótica francesa de una edición latina del siglo XVII de una obra escrita en latín por un monje alemán de finales del XIV. [...]
En conclusión, estoy lleno de dudas. No sé, en realidad por qué me he dedicado a tomar el toro por las astas y presentar el manuscrito de Adso de Melk como si fuese auténtico. Quizá se trate de un gesto de enamoramiento. O, si se prefiere, de una manera de liberarme de viejas, y múltiples, obsesiones.

Hace unos días, el lunes 5 enero, víspera del día de Reyes, bajé a Madrid para ver allí a gente, quedar con el sobrinerío y dar una vuelta por la Ciudad.
Mientras hacía tiempo tomando un café antes de la quedada que tenía por la tarde, abrí la novela sobre la barra y empecé a leer. Al terminar la introducción en la que Eco explica su encuentro del manuscrito y cómo, según él, llegó a la novela, descubrí que está fechada un mismo cinco de enero, pero de hace treinta y cuatro años...
Azares...

P.S.: Cuando ya tenía terminada esta nota para el blog, y mirando con más calma la entrada sobre Umberto Eco en la wikipedia, encuentro que el 5 de enero es también el día en el que el escritor acaba de cumplir 83 años...