He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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domingo, 5 de noviembre de 2017

¿Por dónde empezamos?

—¿Por dónde empezamos? —Abrió a medias un libro y le echó una ojeada—. Supongo que tendremos que empezar por el principio.
—Él volverá —dijo Mildred—, y nos quemará a nosotros y a los libros.
La voz de la puerta de la calle fue apagándose por fin. Reinó el silencio. Montag sentía la presencia de alguien al otro lado de la puerta, esperando, escuchando. Luego, oyó unos pasos que se alejaban.
—Veamos lo que hay aquí —dijo Montag.
Balanceó estas palabras con terrible concentración. Leyó una docena de páginas salteadas y, por último, encontró esto:
Se ha calculado que, en épocas diversas, once mil personas han preferido morir antes que someterse a romper los huevos por su extremo más afilado.
Mildred se le quedó mirando desde el otro lado del vestíbulo.
—¿Qué significa esto? ¡Carece de sentido! ¡El capitán tenía razón!
—Bueno, bueno —dijo Montag—. Volveremos a empezar. Esta vez, por el principio.

Final de la primera parte de la novela Fahrenheit 451 [1953] de Ray Bradbury [1920-2012].

lunes, 2 de octubre de 2017

La más perniciosa ralea de repugnantes sabandijas

Se quedó completamente asombrado con el relato que le hice de los acontecimientos de nuestra historia durante el último siglo, y enérgicamente afirmó que se trataba simplemente de un cúmulo de conspiraciones, rebeliones, asesinatos, matanzas, revoluciones y destierros, los peores efectos que la avaricia, el partidismo, la hipocresía, la deslealtad, la crueldad, la ira, la locura, el odio, la envidia, la lujuria, el rencor y la ambición pudieran producir.
En otra entrevista Su Majestad se tomó la molestia de recapitular el total de todo lo que yo había dicho, comparó las preguntas que me había hecho con las respuestas que le había dado, y después, tomándome en sus manos y acariciándome suavemente, se expresó con estas palabras, que no olvidaré nunca, ni el modo en que las pronunció. «Amiguito Grildrig: Has hecho un panegírico admirabilísimo de tu país. Has demostrado claramente que la ignorancia, la holgazanería y el vicio son los ingredientes necesarios para poder ser legislador; que las leyes las explican, interpretan y aplican mejor aquellos cuyo interés y aptitudes radican en tergiversarlas, embarullarlas y eludirlas. Advierto en vosotros algunos trazos de una cierta institución que originalmente pudo haber sido aceptable, pero que se encuentran medio borrados, y el resto completamente desdibujados y emborronados por la corrupción. De todo lo que has dicho no parece que sea necesario ningún talento para la consecución de cargo alguno entre vosotros, y mucho menos que los hombres se ennoblezcan con su virtud, que los sacerdotes asciendan por su devoción o erudición, los soldados por su conducta o valor, los jueces por su integridad, los parlamentarios por el amor a la patria y los consejeros por su sabiduría. En cuanto a ti (continuó el Rey), que has pasado la mayor parte de tu vida viajando, me inclino a confiar que puedas haber escapado hasta ahora de muchos vicios de tu país. Pero por lo que colijo de tu propio relato y de las respuestas que con mucho trabajo he arrancado y desentrañado de ti, no puedo por menos de concluir que la mayoría de tus paisanos son la más perniciosa ralea de repugnantes sabandijas que la Naturaleza haya jamás permitido se arrastre sobre la superficie de la tierra.»

Del capítulo 6 de la segunda parte de Los viajes de Gulliver [1726], de Jonathan Swift [1667-1745], en la que el protagonista viaja a Brobdingnag, país habitado por gigantes y situado, quizá, en algún lugar del norte del océano Pacífico...

viernes, 22 de septiembre de 2017

Viajes

Espero que el amable lector me excuse por detenerme en estos y similares detalles que, aunque parezcan insignificantes a una mente rastrera y vulgar, ayudarán ciertamente al filósofo a ampliar sus pensamientos e imaginación, y a aplicarlos en beneficio de la vida tanto pública como privada, que éste es mi objetivo al presentar al mundo ésta y otras relaciones de mis viajes, en lo cual he perseguido sobre todo la verdad sin afectaciones de ornamentos eruditos o estilísticos. Pero todas las experiencias de este viaje se me grabaron tan fuertemente en el pensamiento y se encuentran tan profundamente arraigadas en mi memoria, que al confiarlas al papel no quise omitir circunstancia alguna, aunque tras un riguroso repaso taché del original varios pasajes de menos importancia, por temor a que se me acusara de pesado y trivial, como frecuentemente se acusa, quizá no injustamente, a los que viajan.

Del final del capítulo I de la segunda parte de Los viajes de Gulliver [1726], del escritor irlandés Jonathan Swift [1667-1745].

domingo, 16 de julio de 2017

Gulliver

Este sábado hemos tenido un mini taller de fotografía en el Centro de Humanidades de La Cabrera. Otras veces suelo hacer una propuesta que tiene que ver sobre todo con aspectos relacionados con la técnica fotográfica, con la composición, etc...
Esta vez me apetecía cambiar un poco. Estuve pensando en el verano, en los viajes, en la literatura de viajes... y se me ocurrió hacer un taller en el que el tema sobre el que trabajáramos fuera alguna novela de viajes...
Pensé en Alicia, en el Quijote, en Moby Dick, en Robinson Crusoe... y finalmente hicimos una actividad molona y divertida sobre los viajes de Gulliver...
Mola esto de juntar literatura y fotografía...

¡Seguimos!

sábado, 19 de marzo de 2016