He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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jueves, 21 de mayo de 2015

Preferiría no hacerlo

6) Se da el caso de quien renuncia a escribir porque considera que él no es nadie. Pepín Bello, por ejemplo. Marguerite Duras decía: "La historia de mi vida no existe. No hay centro. No hay camino, ni línea. Hay vastos espacios donde se ha hecho creer que había alguien, pero no es verdad, no había nadie." "No soy nadie", dice Pepín Bello cuando se habla con él y se hace referencia a su probado rol de galvanizador o artífice, profeta o cerebro de la generación del 27, y sobre todo del grupo que él, García Lorca, Buñuel y Dalí formaron en la Residencia de Estudiantes. En La edad de oro, Vicente Molina Foix cuenta cómo, al recordarle a Bello su influencia decisiva en los mejores cerebros de su generación, éste se limitó a contestarle, con una modestia que no sonó a hueca ni orgullosa: "No soy nadie."
Por mucho que se le insista a Pepín Bello -hoy un hombre de noventa y tres años, sorprendente ágrafo a pesar de su genialidad artística-, por mucho que hasta se le recuerde que todas las memorias y los libros que tratan de la generación del 27 resuenan con su nombre, por mucho que se le diga que en todos esos libros se habla de él en términos de grandísima admiración por sus ocurrencias, por sus anticipaciones, por su agudeza, por mucho que se le diga que él fue el cerebro en la sombra de la generación literaria más brillante de la España de este siglo, por mucho que se le insista en todo esto, él siempre dice que no es nadie, y luego, riendo de una manera infinitamente seria, aclara: "He escrito mucho, pero no queda nada. He perdido cartas y he perdido textos escritos en aquella época de la Residencia, porque no les he dado ningún valor. He escrito memorias y las he roto. El género de las memorias es importante, pero yo no."
En España, Pepín Bello es el escritor del No por excelencia, el arquetipo genial del artista hispano sin obras. Bello figura en todos los diccionarios artísticos, se le reconoce una actividad excepcional, y sin embargo carece de obras, ha cruzado por la historia del arte sin ambiciones de alcanzar alguna cima: "No he escrito nunca con ánimo de publicar. Lo hice para los amigos, para reírnos, por pitorreo."
Una vez, estando yo de paso en Madrid, hará de eso unos cinco años, me dejé caer por la Residencia de Estudiantes, donde habían organizado un acto en homenaje a Buñuel. Allí estaba Pepín Bello. Le espié un buen rato y hasta me acerqué mucho a él para ver qué clase de cosas decía. Dicho con un pitorreo zumbón y divertido, le escuché decir esto:
-Yo soy el Pepín Bello de los manuales y los diccionarios.
Nunca dejará de admirarme el destino de este recalcitrante ágrafo, de quien siempre se resalta su absoluta sencillez, como si él supiera que en ella se encuentra el verdadero modo de distinguirse.

El fin de semana pasado estuve malito en casa (cosas de los cambios de estación y del tiempo inestable de la sierra...) y aproveché para conocer a los Bartlebys: primero leí Bartleby, el escribiente [1853], de Herman Melville [1819-1891]. Y después Bartleby y compañía [2000] de Enrique Vila-Matas [1948- ], al que pertenece el texto de arriba sobre Pepín Bello [1904-2008], de cuyo nacimiento, por cierto, se cumplieron 111 años el pasado miércoles, 13 de mayo.

Hacía tiempo que les tenía ganas a los Bartlebys. Las recomendaciones me habían llegado desde muchos sitios, y la última había sido, claro, desde n'UNDO: Los Bartlebys son sin duda la versión literaria de n'UNDO: escribir desde la resta, desde la renuncia, quizá NO escribir...

jueves, 11 de diciembre de 2014

Quiero escribir

Quince años y medio. El cuerpo es delgado, casi enclenque, los senos aún de niña, maquillada de rosa pálido y de rojo. Y además esa vestimenta que podría provocar la risa pero de la que nadie se ríe. Sé perfectamente que todo está ahí. Todo está ahí y nada ha ocurrido aún, lo veo en los ojos, todo está ya en los ojos. Quiero escribir. Ya se lo he dicho a mi madre: lo que quiero hacer es escribir. La primera vez, ninguna respuesta. Y luego ella pregunta: ¿escribir qué? Digo libros, novelas. Dice con dureza: después de las oposiciones de matemáticas, si quieres, escribe, eso no me importa. Está en contra, escribir no tiene mérito, no es un trabajo, es un cuento -más tarde me dirá: una fantasía infantil.

De la novela El amante [1984], de Marguerite Duras [1914-1996].

viernes, 14 de noviembre de 2014

Nos vemos allá arriba

Me estoy leyendo Nos vemos allá arriba, del escritor francés Pierre Lemaitre [1951- ].
Durante este último año se han publicado muchos libros relacionados con la primera guerra mundial, de cuyo comienzo se conmemora el centenario en 2014.
Éste es uno de esos libros sobre esa guerra. O más bien sobre la posguerra, porque en las primeras páginas se narran los últimos días de la contienda, y a partir de ahí se cuentan las aventuras (y desventuras) de dos de los soldados franceses que la vivieron.
Una novela, que tiene muy buena pinta, al menos en las primeras páginas que he podido leer, y muy crítica con el belicismo y el militarismo. Y también con quienes, de un modo u otro, se benefician de los conflictos antes, durante y después de que sucedan...

Había oído hablar del libro, de los premios que había recibido, entre ellos el Goncourt del año pasado, y de las buenas críticas que tenía... y hace unos días vi la entrevista que le hicieron al autor en Página 2: fue el empujón definitivo que me animó a buscarlo en la biblioteca...

***
Otras cosas que tengo pendientes:
  • El amante, de Marguerite Duras. Imprescindible según la gente de Un libro al día... (y yo sin haberlo leído aún, aunque ayer la bibliotecaria me dijo, mientras me hacía el préstamo, que tanto, tanto, tanto se lo habían alabado, que cuando lo leyó no le pareció para tanto......)
  • La ladrona de libros, de Markus Zusak. Imprescindible según la misma bibliotecaria, que me ha visto coger muuuchos libros de literatura infantil y juvenil, y me dice que éste es de lo mejor que ha leído.
  • Libros malditos, malditos libros, de Juan Carlos Díez Jayo. Uno de esos libros sobre libros que a veces me resultan tan interesantes...
  • Nieve verde, de Sara Blædel. Otra novela policíaca -  negra - thriller escandinava, que en la portada lleva como subtítulo "el primer caso de la detective Louise Rick".
Éstos dos últimos han sido encuentros fortuitos en el estante de novedades de la biblioteca de La Cabrera.... ¡veremos!

Seguimos......