Hace ya unos cuantos años, en realidad hace cuatro o cinco casas con sus correspondientes mudanzas, empecé a hacer por estas fechas una quedada con amigxs para comer torrijas. Al principio fuimos sólo unos pocxs que quedábamos en casa para merendar. Pero cuando pasaron los años la cosa se fue convirtiendo en una quedada más o menos multitudinaria para la que yo preparaba un buen montón de torrijas, tres o cuatro barras, y además proponía a la gente que si les apetecía trajeran más para comparar distintas versiones, sabores, estilos, etc.
Repetimos varios años y fueron muy divertidas.
Y muy disfrutonas.
Cuando se convirtió definitivamente en 'tradición' decidí que no quería relacionarlo con la Semana Santa, por aquello de paganizar y ateificar las fiestas (no sé si se dirá así...), aunque ya sé que suele ser un postre típico por esas fechas, así que decidí que en los siguientes años iba a ser siempre en el último sábado de marzo, en el que cambian la hora, o sea, hoy.
En una de esas ocasiones pasé por donde entonces vivía mi hermana Maribel y me di cuenta de que la mimosa enorme y preciosa que tenían en el jardín estaba completamente florecida, así que además de lo del cambio de hora, lo de que florecieran las mimosas se convirtió en la otra señal de que tocaba ponerse a hacer torrijas.
De hecho mi hermana, cuando se acerca el día, me suele enviar algún recordatorio haciendo referencia a las mimosas... o a Yoda, como este año:
Luego me fui a la sierra y la mudanza de Madrid a Manjirón coincidió con ese fin de semana, más o menos. Y el siguiente, el 2014, fue un año muy feo para mi, mi año más feo, en el que lo último que me apetecía era ponerme a hacer torrijas, aunque seguro que me hubieran sentado muy bien. Y luego me volví a mudar y aún me mudé una vez más... y en ninguna de esas vi el momento ni las ganas ni la oportunidad de volver a celebrar mi torrijada.
Y esta vez me ha pillado en Londres.
Y ayer mismo, yendo hacia el cole, me encontré con esto:
Otro año en que las señales me recuerdan que debería estar haciendo torrijas pero las circunstancias no me lo facilitan...
Y esta mañana, me he encontrado con esto en instagram, de la Librería Casa Tomada de Sevilla, que ha sido lo que me ha empujado a hablar de todo esto en este blog de cosas que leo y cosas que escribo:
Me encanta: las estrategias de quienes quieren vender libros no conocen límites.
Por cierto, el año que viene, sí o sí, aquí o allí o donde sea, tendrá que haber torrijada...
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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sábado, 24 de marzo de 2018
viernes, 31 de marzo de 2017
martes, 22 de marzo de 2016
The most dangerous writing app
Hace unos días me encontré aquí The most dangerous writing app.
Me gustó.
[Quienes sean propensxs a los ataques de ansiedad y se estresen con facilidad, pueden dejar de leer ya y saltarse sin remordimientos el resto de esta entrada.]
La cosa es sencilla: la aplicación no es más que un muy sencillo editor de texto que te ofrece un cuadro en el que puedes escribir el texto que quieras. Puedes elegir al principio durante cuánto tiempo te apetece estar escribiendo, entre cinco minutos y una hora. Y tiene también la opción (para gente autoexigente y/o masoca) de elegir si quieres ver o no el texto que vas tecleando.
Y a partir de ahí sólo hay una regla a seguir: si dejas de teclear durante cinco segundos seguidos... ¡¡¡se borra todo lo que llevas escrito!!!
Se 'borra' del verbo borrar: desaparece, se elimina, se destruye... de hecho la imagen del texto se diluye suavemente hasta que se pierde del todo...
He probado y ¡mola! Y sobre todo, aparte del juego, parece una buena herramienta para practicar esas cosas del monólogo interior, el libre fluir del pensamiento, para quienes tienen pánico al papel en blanco o necesitan/necesitamos soltarnos con el teclado...
¡De nada!
Me gustó.
[Quienes sean propensxs a los ataques de ansiedad y se estresen con facilidad, pueden dejar de leer ya y saltarse sin remordimientos el resto de esta entrada.]
La cosa es sencilla: la aplicación no es más que un muy sencillo editor de texto que te ofrece un cuadro en el que puedes escribir el texto que quieras. Puedes elegir al principio durante cuánto tiempo te apetece estar escribiendo, entre cinco minutos y una hora. Y tiene también la opción (para gente autoexigente y/o masoca) de elegir si quieres ver o no el texto que vas tecleando.
Y a partir de ahí sólo hay una regla a seguir: si dejas de teclear durante cinco segundos seguidos... ¡¡¡se borra todo lo que llevas escrito!!!
Se 'borra' del verbo borrar: desaparece, se elimina, se destruye... de hecho la imagen del texto se diluye suavemente hasta que se pierde del todo...
He probado y ¡mola! Y sobre todo, aparte del juego, parece una buena herramienta para practicar esas cosas del monólogo interior, el libre fluir del pensamiento, para quienes tienen pánico al papel en blanco o necesitan/necesitamos soltarnos con el teclado...
¡De nada!
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domingo, 21 de febrero de 2016
El Castillo
Llevo algunas semanas viendo circular esta imagen, y varias más de la instalación que ilustra, por facebook o por sitios como éste... Cuando la vi por primera vez me gustó esa forma de mostrar el impacto que puede tener un libro a pesar de su apariencia 'inocua'.
Al buscar los enlaces en la web del autor, el artista mexicano Jorge Méndez Blake, para colgar este trabajo aquí, me ha encantado ver que tiene organizado su catálogo por capítulos, y que precisamente a la instalación El Castillo [2007] le corresponde el Capítulo VI.
Casualidades.
O no.
Al buscar los enlaces en la web del autor, el artista mexicano Jorge Méndez Blake, para colgar este trabajo aquí, me ha encantado ver que tiene organizado su catálogo por capítulos, y que precisamente a la instalación El Castillo [2007] le corresponde el Capítulo VI.
Casualidades.
O no.
domingo, 4 de octubre de 2015
Library of Babel
Hace unos días conté aquí que me había 'reencontrado' con Borges cuando se me 'apareció' El hacedor en la biblioteca del CCH de La Cabrera.
Hay muchas cosas que me gustan de Borges, pero quizá uno de sus/mis cuentos favoritos es La biblioteca de Babel.
Es sorprendente (e inquietante) la cantidad de tiempo que unx puede dedicar (o perder, según se mire) a pensar en todo lo que hay en esa biblioteca: todos los libros que se han escrito y todos los que están por escribir, todos esos mismos libros desordenados de todas las formas posibles y con todas las erratas imaginables, esos mismos libros en todos los idiomas que existen y en los que no existen pero podrían existir, y además de todo eso, todas las combinaciones posibles, la mayoría de ellas ilegibles, de los 25 símbolos con los que dice Borges que están escritos todos los volúmenes de la biblioteca.
Mareante.
El mismo domingo que colgué en este blog mi reencuentro con Borges, casualmente, ¿casualmente?, los de Microsiervos colgaron una entrada en la que hablaban sobre la biblioteca de Babel de Borges... pero en versión virtual: Library of Babel.
En fin, si sólo el cuento por sí mismo me parecía que podía ser un paraíso para quien quisiera procrastinar a gusto, lo de esta web ya es la ruina definitiva: en ella se pueden "consultar" cada uno de los volúmenes de la biblioteca buscando por hexágono, por estantería, etc. E incluso hay un buscador con el que se puede localizar en qué página de qué volumen aparece tu nombre, el nombre de la calle en la que vivías de pequeñx, o el estribillo de una canción que te gusta...
[Todo esto recuerda un poco a aquello de que en los decimales de π está todo...]
Hay muchas cosas que me gustan de Borges, pero quizá uno de sus/mis cuentos favoritos es La biblioteca de Babel.
Es sorprendente (e inquietante) la cantidad de tiempo que unx puede dedicar (o perder, según se mire) a pensar en todo lo que hay en esa biblioteca: todos los libros que se han escrito y todos los que están por escribir, todos esos mismos libros desordenados de todas las formas posibles y con todas las erratas imaginables, esos mismos libros en todos los idiomas que existen y en los que no existen pero podrían existir, y además de todo eso, todas las combinaciones posibles, la mayoría de ellas ilegibles, de los 25 símbolos con los que dice Borges que están escritos todos los volúmenes de la biblioteca.
Mareante.
El mismo domingo que colgué en este blog mi reencuentro con Borges, casualmente, ¿casualmente?, los de Microsiervos colgaron una entrada en la que hablaban sobre la biblioteca de Babel de Borges... pero en versión virtual: Library of Babel.
En fin, si sólo el cuento por sí mismo me parecía que podía ser un paraíso para quien quisiera procrastinar a gusto, lo de esta web ya es la ruina definitiva: en ella se pueden "consultar" cada uno de los volúmenes de la biblioteca buscando por hexágono, por estantería, etc. E incluso hay un buscador con el que se puede localizar en qué página de qué volumen aparece tu nombre, el nombre de la calle en la que vivías de pequeñx, o el estribillo de una canción que te gusta...
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[Todo esto recuerda un poco a aquello de que en los decimales de π está todo...]
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pi
jueves, 16 de abril de 2015
Microsiervos
Como hago más o menos cada tres semanas, otra vez vuelvo a reseñar aquí un blog que me interesa. Y esta vez, como ya ha ocurrido en alguna otra ocasión, quiero traer un blog en el que no se habla expresamente de libros: Microsiervos.
Los temas que se tratan en él están más relacionados con tecnología, fotografía, astronomía, robótica, ciencia, etc., etc., que con libros y literatura, pero es un sitio al que entro prácticamente a diario y que me resulta siempre sorprendente e inspirador.
Naturalmente el nombre del blog "tiene que ver" con el de la novela Microsiervos [1995] del escritor canadiense Douglas Coupland [1961- ]. Y no es esa la única relación que el blog tiene con los libros...
Por cierto, hace poco descubrí, y me gustó, que frente a los más de 525.000 seguidores que Microsiervos tiene en twitter, ellos siguen una sola cuenta, la de su Santo Patrón... ;o)))
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