He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

viernes, 2 de diciembre de 2016

Ni feminista ni machista

Hace unos días se celebró el día contra la violencia machista. En esta ocasión no hice ninguna referencia en el blog como he hecho otras veces, pero no me resisto a dejarlo pasar sin algún comentario... y el de esta 'viñeta' me parece muy pertinente.

¡Seguimos!

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Futuros lectoras y lectores

Esta foto me la mandó mi amigo Sergio hace unos días. La encontró en la Casa del Lector en Madrid.

martes, 29 de noviembre de 2016

El bolso

Mi asiento es uno de esos que hay al principio del vagón y que comparte mesa con otros tres. Mientras envío unos guasaps despidiéndome de unos y avisando a otros de que vuelvo a casa, he sacado el ordenador para aprovechar el viaje. El fin de semana familiar ha sido agotador, estoy muerto, pero tengo que preparar mis clases de mañana y terminar mis deberes para el taller de escritura de esta tarde.
Ha subido al vagón una chica muy joven. Lleva el pelo recogido en un moño dejando el cuello al aire y un pantalón azul de cuadros. Se ha sentado frente a mí, nos hemos dado los buenos días y se ha puesto a mirar su móvil.
Oigo a mi espalda la voz de una mujer mayor que se acerca preguntando por el asiento 8C. El mío es el 8D. La señora le habla al vagón, a todo el mundo y a nadie, con una voz cortante, metálica. Levanto la vista hacia la chica. Ella también levanta la vista de su móvil y mira a la señora. Por la puerta que tengo enfrente entra un hombre calvo, con gafas. Tiene más o menos mi edad. La señora y él se han juntado en el pasillo. Ella es delgada y alta. Tiene el pelo ligeramente morado y aspecto frágil. Su cuerpo y la ropa juvenil que lleva le hacen parecer algo más joven de lo que debe ser realmente. El hombre le ofrece subir su bolso. Es uno de esos de piel que tienen repetido mil veces el logo de la marca. Ella se lo agradece y lo deja en el suelo. Él coge el asa con una mano y, tras un primer intento, necesita ayudarse con la otra para poder levantarlo.
—No llevará aquí a una persona, ¿no? —le dice mirándonos a la chica y a mí. Ella le sonríe y le da las gracias. Lo ha colocado encima de mí, junto a mi maleta.
Observo las manos de la señora, que ya se ha sentado a mi lado. Son delgadas, muy huesudas, con las uñas perfectamente cortadas y pintadas de rojo. Lleva un par de anillos algo aparatosos para mi gusto, pero muy elegantes. Probablemente muy caros. Oigo al hombre calvo que bromea con la chica diciéndole bajito que no se imagina lo que pesa el bolso de la señora. "De verdad que pesa como un muerto", le dice. Se ríen.
Me vuelvo a mirar por la ventana y pienso en la idea de que esta señora flaquita, que debe andar por los ochenta y muchos, llevara por único equipaje un bolso con el cuerpo de alguien dentro. El bolso no es tan grande, así que si hubiera querido meter un cadáver en él tendría que haberlo troceado muy bien para que entrara. Aún no he pensado en algo que me guste para los deberes que tengo que llevar esta tarde al taller de escritura. Quizá ésto podría ser una buena idea, aunque aún no sé cómo podría desarrollarla. Tengo el ordenador delante, he abierto un archivo nuevo y empiezo a teclear, de momento un poco a lo loco, dejándome llevar, a ver qué sale.
Cuanto más lo pienso más me gusta la idea de un cuento breve en el que una mujer muy mayor, con aspecto muy frágil y el pelo un poquito morado, transporta en tren un cadáver oportunamente descuartizado y metido en un bolso de viaje. Parece algo descabellado, con un punto de humor negro, en ese límite entre lo posible y lo verosímil del que hablamos en el taller de escritura de vez en cuando.
Tecleo. Me desconcentra un poco el paisaje. Ha llovido muchísimo estos días, pero al salir el cielo parecía medio despejado, precioso a estas horas de la mañana. De vez en cuando miro a la chica del pantalón de cuadros, al hombre calvo, miro las manos de la señora a mi lado, miro los bolsos y las maletas que hay en la repisa, sobre nuestras cabezas. Ahora vuelve a llover con fuerza, tanto que no se ve nada a unos cuantos metros del tren. El hombre calvo le ha vuelto a decir algo a la chica del pantalón de cuadros mirando de nuevo a la señora. Sonríen. Ha hablado tan bajito que no he podido oír lo que le ha dicho.
Acabo de sentir algo que me ha caído en la cara. Una gota. Me toco y me miro los dedos. No es agua.Tampoco es sangre, creo. No sé qué es. Miro hacia arriba, al bolso de la señora, y cae otra gota más. Ésta sobre el teclado del ordenador en el que escribo.
El hombre calvo me mira. Y la chica. Ya no sonríen.

Madrid, noviembre de 2016.

Licencia Creative Commons
El bolso por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Frentes abiertos

¡Seguimos! 

domingo, 27 de noviembre de 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

Haiku

Revisando estos días los haiku de Yosa Buson [1716-1784] para utilizarlos en mis talleres de fotografía...

viernes, 25 de noviembre de 2016

Jurado

Hace unos días conté aquí que han contactado conmigo para proponerme si quería participar como jurado en un concurso de cuentos que se organiza desde uno de los ayuntamientos de la sierra. Hoy, aprovechando que tenía unas cuantas horas en tren para venir hasta Algeciras (para celebrar cumples familiares) he leído 85 relatitos de una sentada. El miércoles nos reunimos para decidir quién se lleva los premios... No me había visto en una como ésta y, aunque es un concurso pequeñito, está siendo una experiencia interesante ver lo que manda la gente, cómo lo manda, qué tipo de relatos hay, etc.

jueves, 24 de noviembre de 2016

gente que lee (119)

Amigxs que leen: ésta es la otra foto (la primera, ayer) que me envió este verano Teresa Rodríguez desde Montreal.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

gente que lee (118)

Amigxs que leen: durante el verano pasado Teresa Rodríguez me envió varias fotos chulas y refrescantes de gente leyendo en algún lugar de Montreal...
Esta es una de ellas. La otra, mañana.

martes, 22 de noviembre de 2016

Loquito

Loquito ando estos días arañando tiempos para mis relatos en cadena, para los deberes que nos pone Ángel Zapata en la Escuela de Escritores, para preparar cosas que quiero enviar a concursos y lunas nuevas y más cosas que se me ocurren y que me apetece escribir, y para leerme ochenta y tantos relatitos que tengo pendientes para antes del día 30...

lunes, 21 de noviembre de 2016

Aquella vez

Lucharon sin tregua ni descanso:
hasta el final.

Pero qué más da
quién ganó la guerra
hace cien años.

Ahora 
todos están
igual de muertos.

De Soportar la noche [2015] de David Minayo [1981- ].

domingo, 20 de noviembre de 2016

sábado, 19 de noviembre de 2016

El cuento

Escribir cuentos no es sólo contar una historia. Contar una historia es cosa de antes, cuando los relatos carecían de entidad y misterio, algo que toda creación literaria ambiciona y consigue pocas veces. ¿Qué es el misterio? Es lo que encuentra el lector y no lo puede explicar. El lector sabe que tal o cual relato le ha gustado y, cuando se lo cuenta a su mujer o a un amigo, estos no comprenden porqué. "¿Qué tiene eso de particular?", le dicen. Entonces lo único que puede hacer el segundo para comprender el entusiasmo del primero es leerlo él mismo. El misterio lo traen, a veces, uno o varios ecos. En todo buen cuento deben oírse ecos, como en la vida humana hay ecos que no son aparentes, pero configuran el misterio de cada cual. Los ecos dan consistencia real a los personajes y a las situaciones en que se encuentran.

De A media página [2012], recopilación de mini artículos de Medardo Fraile [1925-2013].

viernes, 18 de noviembre de 2016

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¿Qué decir hoy aquí, después de dos días en las jornadas n'UNDO sobre vacío, sustracción y silencio...?
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jueves, 17 de noviembre de 2016

Jornadas n'UNDO

Ayer y hoy, 16 y 17 de noviembre, se están celebrando en La Casa Encendida de Madrid las jornadas n'UNDO sobre Vacío, sustracción y silencio. Están siendo dos días interesantísimos de reflexión y escucha y diálogo.
Se ha lanzado una propuesta en verkami para publicar en papel todo lo que está pasando aquí. Y ya se puede entrar en la página para ver el proyecto y colaborar:
https://www.verkami.com/projects/16434-libro-vacio-sustraccion-y-silencio-publicacion-en-papel#.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

martes, 15 de noviembre de 2016

Librerías

Ya he hablado aquí alguna vez sobre unlibroaldía, un estupendo blog en el que cada día reseñan algún libro. Un sitio muy interesante y muy, muy recomendable. Este fin de semana pasado, aprovechando la excusa del día de las librerías, han hecho un par de entradas especiales entrevistando a varios libreros: ésta y ésta. Merece la pena echarles un vistazo...

Yo sigo sorprendido de que a pesar de las estadísticas de lectura que hay en España, se siguen abriendo librerías y algunas de ellas, contra todo pronóstico, sobreviven a estos tiempos...

lunes, 14 de noviembre de 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

Concursos

Últimamente llevo un tiempo participando en concursos literarios , enviando algunos de las cosas que escribo a certámenes que encuentro por ahí, escribiendo cada semana a los relatos en cadena de la radio...
Y hace un par de días, ante mi sorpresa, me propusieron ser jurado de uno de ellos....
¡A ver qué tal se me da!
;o)

viernes, 11 de noviembre de 2016

Cohen, Nieva

Acaban de morir Leonard Cohen [1934-2016] y Francisco Nieva [1924-2016].
¡Qué difícil no tener esa fea sensación de que se mueren los buenos y nos quedamos más y más solos...!

miércoles, 9 de noviembre de 2016

domingo, 6 de noviembre de 2016

sábado, 5 de noviembre de 2016

La casa de Asterión

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca, III, I

   Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)¹ están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
   El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda transmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
   Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos en que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
   No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
   Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

   El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
   –¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo–. El minotauro apenas se defendió.


A Marta Mosquera Eastman.

¹ El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.


Cuento de Jorge Luis Borges [1899-1986] publicado a finales de los años 40 y basado en la historia mitológica del Minotauro y su laberinto.

viernes, 4 de noviembre de 2016

jueves, 3 de noviembre de 2016

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Una derrota inevitable

Rake le ofreció un coñac. Lars Tobiasson-Svartman se percató de que el oficial llevaba una cinta negra en la manga izquierda.
La mirada de Rake se cruzó con la suya.
–Mi madre ha fallecido. Bajaré a tierra en Kalmar y le cederé el mando al teniente de navío Sundfeldt durante los días en que se celebren el funeral y el entierro.
–Lo acompaño en el sentimiento.
Rake volvió a llenar su copa.
–Mi madre llegó a cumplir ciento dos años –declaró Rake–. Nació en 1812, por lo que, de haber vivido en Francia, podría haber conocido a Napoleón. Su propia madre nació en la década de 1780, aunque no recuerdo en qué año exactamente. En cualquier caso, fue antes de que estallase la Revolución francesa. Cuando tocaba la mano de mi madre, solía pensar que estaba tocando la piel de alguien que, a su vez, había sentido la piel y el aliento de personas que habían nacido en el siglo XVIII. Hay situaciones en las que el tiempo se contrae de un modo casi incomprensible.
»Pero no es fácil llorar la muerte de una persona de ciento dos años. Los diez últimos, ya ni me reconocía. A veces creía que yo era su difunto esposo, es decir, mi propio padre.
»La vejez extrema es una batalla espiritual que se libra en la más absoluta oscuridad. Una batalla campal que conduce a una derrota inevitable. Ante las tinieblas y la humillación de la vejez, las religiones nunca han sabido brindarnos ningún consuelo, y tampoco una explicación.
»Sin embargo, también para una persona de ciento dos años de edad, la muerte puede presentarse de forma inesperada. Por curioso que parezca, la muerte, llegue cuando llegue, siempre es inoportuna. En el caso de mi madre, pese a que sus facultades estaban muy mermadas, su deseo de vivir era inmenso. Y, aunque era tan anciana, no deseaba morir.

De la novela Profundidades [2005] de Henning Mankell [1948-2015].

martes, 1 de noviembre de 2016

lunes, 31 de octubre de 2016

Un logro

12 de agosto de 1986

Hola John

Gracias por la carta. A veces no duele tanto recordar de dónde venimos. Y tú conoces los lugares de donde yo vengo. Incluso las personas que intentan escribir o hacer películas al respecto, no lo entienden bien. Lo llaman "De 9 a 5". Sólo que nunca es de 9 a 5. En esos lugares no hay hora de comida y, de hecho, si quieres conservar tu trabajo, no sales a comer. Y está el tiempo extra, pero el tiempo extra nunca se registra correctamente en los libros, y si te quejas de eso hay otro zoquete dispuesto a tomar tu lugar.

Ya conoces mi viejo dicho: "La esclavitud nunca fue abolida, sólo se amplió para incluir todos los colores".

Lo que duele es la pérdida constante de humanidad en aquellos que pelean para mantener trabajos que no quieren pero temen una alternativa peor. Pasa, simplemente, que las personas se vacían. Son cuerpos con mentes temerosas y obedientes. El color abandona sus ojos. La voz se afea. Y el cuerpo. El cabello. Las uñas. Los zapatos. Todo.

Cuando era joven no podía creer que la gente diera su vida a cambio de esas condiciones. Ahora que soy viejo sigo sin creerlo. ¿Por qué lo hacen? ¿Por sexo? ¿Por una televisión? ¿Por un automóvil a pagos fijos? ¿Por los niños? ¿Niños que harán justo las mismas cosas?

Desde siempre, cuando era bastante joven e iba de trabajo en trabajo, era suficientemente ingenuo para a veces decirle a mis compañeros: ¡Eh! El jefe podría venir en cualquier momento y echarnos, así como así, ¿no se dan cuenta?".

Ellos lo único que hacían era mirarme. Les estaba ofreciendo algo que ellos no querían hacer entrar a su mente.

Ahora, en la industria, hay muchísimos despidos (acererías muertas, cambios técnicos y otras circunstancias en el lugar de trabajo). Los despidos son por cientos de miles y sus rostros son de sorpresa:
"Estuve aquí 35 años..."
"No es justo..."
"No sé qué hacer..."

A los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar. Yo podía verlo. ¿Por qué ellos no? Me di cuenta de que la banca del parque era igual de buena, que ser cantinero era igual de bueno. ¿Por qué no estar primero aquí antes de que me pusiera allá? ¿Por qué esperar?

Escribí con asco en contra de todo ello. Fue un alivio sacar de mi sistema toda esa mierda. Y ahora estoy aquí: un "escritor profesional". Pasados los primeros 50 años, he descubierto que hay otros ascos más allá del sistema. 

Recuerdo que una vez, trabajando como empacador en una compañía de artículos de iluminación, uno de mis compañeros dijo de pronto: "¡Nunca seré libre!".

Uno de los jefes caminaba por ahí (su nombre era Morrie) y soltó una carcajada deliciosa, disfrutando el hecho de que ese sujeto estuviera atrapado de por vida.

Así que la suerte de, finalmente, haber salido de esos lugares, sin importar cuánto tiempo tomó, me ha dado una especie de felicidad, la felicidad alegre del milagro. Escribo ahora con una mente vieja y con un cuerpo viejo, mucho tiempo después del que la mayoría creería en continuar con esto, pero dado que empecé tan tarde, me debo a mí mismo ser persistente, y cuando las palabras comiencen a fallar y tenga que recibir ayuda para subir las escaleras y no pueda distinguir un azulejo de una grapa, todavía sentiré que algo dentro de mí recordará (sin importar qué tan lejos me haya ido) cómo llegué en medio del asesinato y la confusión y la pena hacia, al menos, una muerte generosa.

No haber desperdiciado por completo la vida parece ser un logro, al menos para mí.

Tu muchacho,


domingo, 30 de octubre de 2016

El álbum

Este verano, revolviendo entre papeles de los que me gustaría deshacerme pero que vienen conmigo de mudanza en mudanza, ha vuelto a aparecer el álbum de animales de mi padre. Al encontrarlo me senté y me puse a hojearlo, como hago siempre que por un motivo o por otro doy con él. Las hojas están amarillentas y gastadas, frágiles. Lo recuerdo así de siempre. Ya debía tener treinta o cuarenta años cuando de pequeño lo miraba fascinado una y otra vez, así que ahora debe tener... ¿cuántos? ¿sesenta y muchos? ¿setenta?
Los cromos son muy pequeñitos, cada uno con el dibujo de un animal. Están muy apretados en cada página, ordenados en filas y columnas, y debajo de cada uno hay una breve explicación de tres o cuatro líneas impresa con una letra diminuta. Podía pasar horas mirando aquellas ilustraciones y, cuando ya sabía leer, leyendo los textitos sobre cada animal.
Recuerdo un día en que me vio con él mi tía Carmelita. Supongo que sería uno de esos domingos que venían mis abuelos y ella a comer a casa después de misa. No sé cuántos años tendría yo entonces, quizá seis o siete. Después de comer entró en mi habitación mientras el resto de los adultos estaban en el salón viendo la tele y tomando café. Recuerdo que en la tele había una corrida de toros. Al verme con el álbum me preguntó por él y yo le dije que era de cuando papá era pequeño. Debí decirle o darle a entender que me gustaba muchísimo verlo. Me explicó que no era de mi padre, sino de mi tío, que era quien en realidad había coleccionado esos cromos, y que por tanto no era yo quien debía tenerlo sino mi primo Pepe. Se fue al baño, luego volvió a asomarse a la habitación y me dijo que podía quedármelo un rato más hasta que se fueran, y que entonces se lo llevaría a casa para dárselo a mi primo la próxima vez que le viera.
No sé cuánto duró esa tarde. Recuerdo, como si la sintiera hoy mismo, la congoja de no poder hacer nada, de no atreverme a salir al salón y decir delante de mis padres y mis abuelos y de mi tía que quería quedarme con el álbum, que mi padre me había dicho que era suyo, de cuando él era pequeño, y que mi padre no mentía, y que era injusto que se lo dieran a mi primo cuando era yo quien lo había guardado y cuidado durante todo ese tiempo. Pasé esas horas en mi habitación, mirando con rabia y tristeza el álbum y sintiendo que era la última vez que podría hacerlo.
Cuando ya se iban vino mi tía a despedirse. Llevaba el abrigo puesto, uno de esos negros de pelito ondulado, de señora mayor, como el que llevaba mi abuela. Olía un poquito a naftalina. Era uno de los olores que quedaban en casa cuando mis abuelos y mi tía venían de visita. El álbum estaba a los pies de la cama. Durante la tarde se me había ocurrido la idea de esconderlo y negarme a dárselo cuando me lo pidiera, pero sabía que si realmente se lo quería llevar, me preguntaría hasta obligarme a sacarlo. Al verme debió notar que estaba a punto de echarme a llorar y me preguntó qué me pasaba. A mí se me ocurrió decir que me daban pena las corridas de toros porque los mataban. Aún hoy me pregunto cómo se me ocurrió una respuesta tan peregrina. Me dijo que bueno, que no me preocupara, que me quedara con el álbum hasta la próxima vez que nos viéramos y entonces me lo pediría para llevárselo a mi primo.
Supongo que le di las gracias. En ese momento no podía ni sabía ponerle palabras, pero hoy recuerdo bien la sensación de abuso, de injusticia, de jugar con mi emoción de niño haciéndome daño a sabiendas. Han pasado más de cuarenta años desde aquella tarde y debe hacer quince o veinte que no sé prácticamente nada de mi tía Carmelita. El álbum de los animales sigue conmigo, ha venido de casa en casa en mis mudanzas, entre mis papeles y mis libros. Al verlo nunca puedo evitar acordarme de aquella tarde tan fea, pero también, y sobre todo, de las muchas que disfruté hojeándolo.

La Cabrera, octubre de 2016.

Licencia Creative Commons
El álbum por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

sábado, 29 de octubre de 2016

gente que lee (114)

Dice la wikipedia que Astérix el galo se publicó por primera vez tal día como hoy, 29 de octubre, en 1959.

viernes, 28 de octubre de 2016

Una imagen

A todo el mundo le digo que se venga en octubre a Albarracín para asistir al Seminario de Fotografía y Periodismo que organiza Gervasio Sánchez allí cada año. Se lo propongo a amigxs, a gente que viene a mis talleres de fotografía, a gente que conozco por ahí y que creo que le puede interesar, a gente que me gusta con la que me apetece compartirlo... (de hecho con muchxs amigxs lo he conseguido...  ;o)

Estos días estoy digiriendo todo lo que vi, oí, hablé y pensé allí el fin de semana pasado.

Sí, ya sé que siendo un seminario sobre fotografía lo razonable sería que este comentario estuviera en mi blog de fotografía, que se supone que para eso lo tengo y lo mantengo, para hablar de fotos. Pero en realidad, lo que me gusta de ir a Albarracín, por lo que insisto tanto a tanta gente para que venga, es porque para mí es un espacio de reflexión que me sirve para descubrir. Un espacio que me da combustible para muchas de las cosas (no sólo fotos, ni mucho menos) que hago durante el resto del año...

¡Seguimos!

jueves, 27 de octubre de 2016

miércoles, 26 de octubre de 2016

Mal vamos

Hoy hay convocada una huelga de estudiantes protestando contra la LOMCE, la última reforma educativa sufrida en España. Para ninguno de los últimos gobiernos que hemos tenido, ni mucho menos para el que se nos viene encima del PPSOEC's, parece que la educación, la cultura o la investigación sean verdaderas prioridades. Así que parece que, efectivamente, mal vamos...

martes, 25 de octubre de 2016

De vuelta

Recíen llegado del Seminario de Fotografía y Periodismo en Albarracín... como siempre, agotado y con la cabeza llena de ideas y de cosas interesantes...,

lunes, 24 de octubre de 2016

777

Ésta de hoy es la entrada 777 de este Capítulo VI.
Montones de cosas que leo y cosas que escribo compartidas en la red.
Estoy encantado...

¡Seguimos!

domingo, 23 de octubre de 2016

Las minas del Rey Salomón

Las minas del Rey Salomón fue la película que más me obsesionó de pequeño. Nunca he vuelto a verla, pero aún conservo imágenes de ella. Guerreros watusi con rayas de arcilla roja pintadas en la nariz. Cintos negros cruzados en sus pechos a modo de adorno. Dientes afilados como alfileres. Leones que desgarran el brazo a alguien. Moscas posándose en el labio de alguien, y ese labio inmóvil. Antorchas en cuevas. Joyas azules rodeadas de calaveras. Aquel actor inglés muerto de miedo.
El Cine Rialto era un lugar oscuro y almizcleño en pleno día, y yo me metía tan absolutamente en el mundo de la película que la sala se convertía en parte de su paisaje. El paseo en busca de palomitas de maíz al final del pasillo negro, mientras sonaba atronadora la música y los niños se agitaban en sus asientos, todo formaba parte de la trama. Me encontraba en la cueva del Rey Salomón, comprando caramelos. Los bombones eran joyas. Los acomodadores eran árboles de la selva. En los lavabos rugían las panteras.
En una ciudad poblada por blancos de carne y hueso, olí a polvo africano durante varios días.

1/9/80
Homestead Valley, Ca.

De Crónicas de motel [1982] de Sam Shepard [1942].

sábado, 22 de octubre de 2016

viernes, 21 de octubre de 2016

Dylan

Me hace gracia, por decir algo, la polémica que ha generado que le dieran hace unos días el Nobel de Literatura a Bob Dylan. Debo reconocer que no he conseguido tener una opinión muy clara sobre ello, pero reconozco también que me llama mucho la atención haberme encontrado con gente tan a favor y tan en contra.
Gente a la que admiro, y cuya opinión atiendo y respeto, se muestra completamente entusiasmada estos días colgando y compartiendo sin parar cosas de Dylan en facebook, y otras personas a las que también admiro y cuyas opiniones, aunque no las comparta siempre, también sé que debo atenderlas porque son gente que no da 'puntás' sin hilo, considera que esto del Nobel a Dylan es una señal de los tiempos que vivimos, demasiado rápidos, precipitados, tiempos en que quienes tienen que decidir cosas así no llegan a poder detenerse para leer y pensar con calma.

[Dejo de lado, claro, por insustanciales, opiniones como la de algún escritorcito cantamañanas que he visto por ahí que se descuelga diciendo que Dylan es un mojabragas y que la literatura es lo de los libros. En fin.]

Mientras tanto, por qué no, seguimos leyéndole y escuchándole, por si acaso...

jueves, 20 de octubre de 2016

¡Ni una menos!

Esta es la gran noche del delito. La poli lanzada en febril persecución. La luna llena está congelada. Los durmientes sueñan balazos. Suenan las sirenas en mil calles.
En una remota cocina una mujer se ha metido en una situación bastante grave con un hombre. Está asustada, pero ahora le sale la furia. Él está borracho y cada vez se muestra más enloquecido. Ya ha abierto un enorme boquete en la puerta principal. El empapelado roto aletea al viento. La noche salta sobre ellos. No se oyen gritos porque no hay nadie que pueda oírlos. No hay teléfono. No hay coche porque las llaves las tiene él. Ella le observa estremecerse de rabia. Una rabia de origen desconocido. Ella le observa juguetear con los cartuchos de plástico verde. Ella se lanza hacia el agujero de la puerta. Él cae de bruces. Ella se ha escapado y está en el patio del ganado. Descalza. Se hunde hasta las rodillas en el estiércol. Oye un disparo en el porche. Aguarda el momento en que su cuerpo lo sentirá. Nada. Arranca las piernas del embarrado estiércol tirando de ellas con sus propias manos. Se aleja hacia la luz de la colina. No consigue recordar de quién es esa luz. No recuerda si es la luz de una casa o simplemente la de algún establo. Mejor con luz que sin ella, piensa. Mejor la luz que la oscuridad. Tropieza y cae en los profundos surcos. Avanza por tierra, a zarpazos. Mejor una luz, cualquier luz, que la oscuridad.

18/1/80
Petaluna, Ca.


Seguimos con lo mismo, una y otra vez... un día tras otro... Parece mentira que haya que seguir años y años teniendo que protestar por esta misma mierda...

Estos días se está hablando mucho de Argentina, donde se ha movilizado mucha gente bajo esa pancarta de #ni una menos que ha hecho que muchos hombres y mujeres hayan salido a la calle tratando de detener esta masacre de mujeres en todo el mundo.
Oía estos días en la radio que en Argentina cada 37 horas muere una mujer víctima de un hombre que la asesina. En España son asesinadas una media de sesenta o setenta mujeres al año, una o dos cada semana, al menos según la estadística oficial, seguramente más en la realidad. A todos nuestros gobiernos (da igual que sean del PP o del PSOE, al fin y al cabo cada vez va quedando más claro que son idénticos, por si es que alguien tenía aún dudas) este asunto le suele parecer un problema menor: son mujeres, son disputas domésticas, accidentes, la cosa no es tan grave. Recuerdo, por ejemplo, que el esclarecido y misógino Fernando Sánchez Dragó, cuando presentaba su telediario en TeleMadrid, decía que él no metía noticias sobre mujeres muertas porque eso eran sólo sucesos (hecho delictivo o quizá sólo un accidente desgraciado), y en su Teledragó sólo se emitían 'noticias de verdad' y no chismes de corrala...

No son unos cuantos loquitos que les da por pegar a sus mujeres, no son borrachos, no son desequilibrados que de repente se ponen violentos con quien tienen cerca que, casualmente, es una mujer, no son unos pocos hombres machistas y rancios... Podemos disfrazarlo de muchas cosas y no verlo y tratar de ocultarlo, pero existe y tiene nombre: se llama heteropatriarcado y es un sistema de dominación y de privilegios de los hombres sobre las mujeres. No hay más. Ni menos.

Dentro de poco más de un mes es el 25 de noviembre, habrá manifestaciones, comunicados, declaraciones. Mañana mismo, día 21, hay en Sevilla una manifestación de hombres contra la violencia machista...
Pero siento que no puede ser cosa de un día o de una manifestación o de un artículo de periódico. No nos queda otra más que seguir día a día contra esta violencia que las mata a ellas y nos afecta a todxs. Seguir peleando a nuestro alrededor, en lo cercano, en lo cotidiano...

¡Seguimos!

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El texto con el que inicio esta entrada lo he encontrado precisamente estos días en el libro enorme y ya para mí imprescindible Crónicas de motel [1982] de Sam Shepard [1942- ], que leo por recomendación de Ángel Zapata, mi profe en la Escuela de Escritores.

miércoles, 19 de octubre de 2016

gente que lee (113)

Mujeres leyendo fotografiadas en 1899.

martes, 18 de octubre de 2016

La gente de aquí

La gente de aquí
se ha convertido
en la gente
que finge ser

27/7/81
Los Angeles, Ca.

De Crónicas de motel [1982] de Sam Shepard [1943- ].

lunes, 17 de octubre de 2016

Hace falta estar ciego

   Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
cal viva,
arena hirviendo,
para no ver la luz que salta en nuestros actos,
que ilumina por dentro nuestra lengua,
nuestra diaria palabra.

   Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegría,
sin participación en los himnos futuros,
sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombrío de la Tierra.

   Hace falta querer ya en vida ser pasado, 
obstáculo sangriento,
cosa muerta,
seco olvido.

Rafael Alberti [1902-1999]

domingo, 16 de octubre de 2016

Soria, Machado

Hoy, domingo, paseando con Elia por Soria, siguiendo a Antonio Machado [1875-1939].
(El retrato es una sanguina de Leandro Oroz Lacalle [1883-1933]).

sábado, 15 de octubre de 2016

¡Ah, la física!

–Veamos –respondió el doctor sonriéndose–; si en circunstancias como ésta no supiese un hombre salir de apuros, ¿de qué le serviría haber estudiado física?
–¡Ah! –exclamó Johnson con entusiasmo–. ¡La física!

De la novela El desierto de hielo [1866] de Julio Verne [1828-1905].

viernes, 14 de octubre de 2016

Libros suicidas

Me encanta esta imagen... jejeje... aunque me temo que a estas alturas puede ser Tele5 o cualquier otra cadena de televisión...
¡Ay!

jueves, 13 de octubre de 2016

How does it feel?

Bob Dylan [1941- ], premio Nobel de Literatura 2016 "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción".

Y el mismo día, como haciendo una última pirueta, ha muerto Dario Fo [1926-2016], ganador del premio en 1997.

(La foto la hizo Richard Avedon en 1965.)

miércoles, 12 de octubre de 2016

¿Lees?

Advertí un libro abandonado en una mesa, y me pasmó aquel descubrimiento en una región poblada por analfabetos; hacía una eternidad que no tocaba las páginas de un libro. Me acerqué enseguida, pero el resultado fue más bien decepcionante: era un catálogo de colores de tejidos, editado por una fábrica de tintes.
–¿Lees? –le pregunté.
–No mucho –me respondió ella sin ningún complejo–. Pero no me toméis por idiota, me gusta mucho charlar con la gente que sabe leer y escribir, jóvenes de la ciudad. ¿No os habéis fijado? Mi perro no ha ladrado cuando habéis entrado, conoce mis gustos.

De Balzac y la joven costurera china [2001] de Dai Sijie [1954], la novela que estamos leyendo para la próxima quedada de nuestro Club de Lectura Serrano.

martes, 11 de octubre de 2016

gente que lee (112)

Amigxs que leen: María Spacca me la envió durante el verano desde algún lugar de Croacia...
¡Gracias!

lunes, 10 de octubre de 2016

La realidad

–¿Sabe qué pasó entre ellos? 
–Lo que siempre pasa entre hombres y mujeres, la realidad.

Del capítulo 5 de la primera temporada de la serie True Detective.

domingo, 9 de octubre de 2016

No veo razón para no ir lejos


–Vestidos como estamos, bien calzados, bien equipados, no veo ninguna razón para no ir lejos –me dijo mi tío.

De Viaje al centro de la Tierra [1864] de Julio Verne [1828-1905]. La ilustración es una de las realizadas por el pintor e ilustrador Éduard Riou [1833-1900] para la edición original de la novela.

sábado, 8 de octubre de 2016

La sonrisa de Burt Lancaster

Recuerdo cuando intentaba imitar la sonrisa de Burt Lancaster, después de haberle visto con Gary Cooper en 'Veracruz'. Durante muchos días estuve practicando en el patio de atrás. Serpenteando entre las tomateras. Riéndome con todos los dientes al desnudo. Riéndome de esa risa. Alzando el labio superior para descubrir los dientes. Después de practicar esa sonrisa durante unos cuantos días intenté utilizarla ante las chicas de la escuela. Ellas no parecían enterarse. Forcé mi imitación hasta que empezaron a producirse extrañas reacciones entre mis compañeros. Miraban fijamente mi dientes, y asomaba a sus ojos una expresión asustada. Ya no me acordaba de lo feos que eran mis dientes. De que uno de ellos lo tenía podrido, de color pardo, y montado encima del diente roto que estaba junto a él. De hecho había llegado a estar convencido de que poseía una hilera de perfectos y perlados dientes, como los de Burt Lancaster. Como no quería asustar a nadie, dejé de reírme en cuanto me di cuenta de lo que pasaba. Sólo lo hacía cuando estaba a solas. Poco después dejé de hacerlo incluso a solas. Volví a mi cara vacía.

De Crónicas de motel [1982] de Sam Shepard [1943- ].

Este mini cuentito es una de las primeras referencias que nos ha dado Ángel Zapata en el taller de escritura que acabo de empezar a hacer con él esta semana en la Escuela de Escritores.

viernes, 7 de octubre de 2016

Poe

Hoy, 7 de octubre, se cumplen 167 años de la muerte, con sólo 40, del escritor estadounidense Edgar Allan Poe [1909-1949].
Este retrato es un daguerrotipo realizado por W.S. Hartshorn en 1848.

jueves, 6 de octubre de 2016

El concierto

Dentro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso homenaje del público. Su vestido, cubierto de lentejuelas, brillará como si la luz reflejara sobre él el acelerado aplauso de las ciento diecisiete personas que llenan esta pequeña y exclusiva sala, en la que mis amigos aprobarán o rechazarán -no lo sabré nunca- sus intentos de reproducir la más bella música, según creo, del mundo.
Lo creo, no lo sé. Bach, Mozart, Beethoven. Estoy acostumbrado a oír que son insuperables y yo mismo he llegado a imaginarlo. Y a decir que lo son. Particularmente preferiría no encontrarme en tal caso. En lo íntimo estoy seguro de que no me agradan y sospecho que todos adivinan mi entusiasmo mentiroso.
Nunca he sido un amante del arte. Si a mi hija no se le hubiera ocurrido ser pianista yo no tendría ahora este problema. Pero soy su padre y sé mi deber y tengo que oírla y apoyarla. Soy un hombre de negocios y sólo me siento feliz cuando manejo las finanzas. Lo repito, no soy artista. Si hay un arte en acumular una fortuna y en ejercer el dominio del mercado mundial y en aplastar a los competidores, reclamo el primer lugar en ese arte.
La música es bella, cierto. Pero ignoro si mi hija es capaz de recrear esa belleza. Ella misma lo duda. Con frecuencia, después de las audiciones, la he visto llorar, a pesar de los aplausos. Por otra parte, si alguno aplaude sin fervor, mi hija tiene la facultad de descubrirlo entre la concurrencia, y esto basta para que sufra y lo odie con ferocidad de ahí en adelante. Pero es raro que alguien apruebe fríamente. Mis amigos más cercanos han aprendido en carne propia que la frialdad en el aplauso es peligrosa y puede arruinarlos. Si ella no hiciera una señal de que considera suficiente la ovación, seguirían aplaudiendo toda la noche por el temor que siente cada uno de ser el primero en dejar de hacerlo. A veces esperan mi cansancio para cesar de aplaudir y entonces los veo cómo vigilan mis manos, temerosos de adelantárseme en iniciar el silencio. Al principio me engañaron y los creí sinceramente emocionados: el tiempo no ha pasado en balde y he terminado por conocerlos. Un odio continuo y creciente se ha apoderado de mí. Pero yo mismo soy falso y engañoso. Aplaudo sin convicción. Yo no soy un artista. La música es bella, pero en el fondo no me importa que lo sea y me aburre. Mis amigos tampoco son artistas. Me gusta mortificarlos, pero no me preocupan.
Son otros los que me irritan. Se sientan siempre en las primeras filas y a cada instante anotan algo en sus libretas. Reciben pases gratis que mi hija escribe con cuidado y les envía personalmente. También los aborrezco. Son los periodistas. Claro que me temen y con frecuencia puedo comprarlos. Sin embargo, la insolencia de dos o tres no tiene límites y en ocasiones se han atrevido a decir que mi hija es una pésima ejecutante. Mi hija no es una mala pianista. Me lo afirman sus propios maestros. Ha estudiado desde la infancia y mueve los dedos con más soltura y agilidad que cualquiera de mis secretarias. Es verdad que raramente comprendo sus ejecuciones, pero es que yo no soy un artista y ella lo sabe bien.
La envidia es un pecado detestable. Este vicio de mis enemigos puede ser el escondido factor de las escasas críticas negativas. No sería extraño que alguno de los que en este momento sonríen, y uqe dentro de unos instantes aplaudirán, propicie esos juicios adversos. Tener un padre poderoso ha sido favorable y aciago al mismo tiempo para ella. Me pregunto cuál sería la opinión de la prensa si ella no fuera mi hija. Pienso con persistencia que nunca debió tener pretensiones artísticas. Esto no nos ha traído sino incertidumbre e insomnio. Pero nadie iba ni siquiera a soñar, hace veinte años, que yo llegaría adonde he llegado. Jamás podemos saber con certeza, ni ella ni yo, lo que en realidad es, lo que efectivamente vale. Es ridícula, en un hombre como yo, esa preocupación.
Si no fuera porque es mi hija confesaría que la odio. Que cuando la veo aparecer en el escenario un persistente rencor me hierve en el pecho, contra ella y contra mí mismo, por haberle permitido seguir un camino tan equivocado. Es mi hija, claro, pero por lo mismo no tenía derecho a hacerme eso.
Mañana aparecerá su nombre en los periódicos y los aplausos se multiplicarán en letras de molde.
Ella se llenará de orgullo y me leerá en voz alta la opinión laudatoria de los críticos. No obstante, a medida que vaya llegando a los últimos, tal vez a aquellos en que el elogio es más admirativo y exaltado, podré observar cómo sus ojos irán humedeciéndose, y cómo su voz se apagara hasta convertirse en un débil rumor, y cómo, finalmente, terminará llorando con un llanto desconsolado e infinito. Y yo me sentiré, con todo mi poder, incapaz de hacerla pensar que verdaderamente es una buena pianista y que Bach y Mozart y Beethoven estarían complacidos de la habilidad con que mantiene vivo su lenguaje.

Ya se ha hecho ese repentino silencio que presagia su salida. Pronto sus dedos largos y armoniosos se deslizarán sobre el teclado, la sala se llenará de música, y yo estaré sufriendo una vez más.

Relato incluido en el libro Obras completas (y otros cuentos) [1981] del escritor hondureño - guatemalteco - mexicano Augusto Monterroso [1921-2003].

miércoles, 5 de octubre de 2016

martes, 4 de octubre de 2016

lunes, 3 de octubre de 2016

Vuelta al cole

Varias veces he mencionado ya en este blog, por diferentes motivos, a la Escuela de Escritores. A principios de este año decidí regalarme, como una forma de cumplir uno de mis propósitos de año nuevo, un curso de escritura. Estuve yendo durante el primer trimestre de 2016 y me lo pasé muy bien: aprendí mucho, conocí a gente estupenda y, sobre todo, me 'forzó' a escribir...

En primavera lo tuve que dejar, luego llegó el verano que parece que cambia todos los ritmos... y ahora, con este otoño que parece que ya ha llegado del todo, vuelvo a la Escuela.
Hoy tengo la primera clase y me muero de ganas...

Esta vez me he matriculado en uno de los cursos que da Ángel Zapata. Hace algún tiempo leí su libro La práctica del relato, que fue de las primeras cosas que leí sobre el tema y me resultó muy clarificador. Estos días lo he rescatado de las cajas y los montones que aún duran desde mi mudanza de este verano y lo tengo rondando de nuevo por casa...

He encontrado por ejemplo, entre las cosas que tengo subrayadas de cuando lo leí, ésto:

Llegados a este punto, tal vez convenga recordar que la propia palabra "ficción" procede del latín "fingere", que significa "simular". Como es natural, igual Moravia que Carver están fabulando al escribir sus relatos. Apenas toman la palabra en el texto, imaginan ser otros: un hombre que se hace birlar las novias, y otro hombre fastidiado por una madre absorbente. Quizá se encierre en cualquiera de ellos algún apunte autobiográfico. Pero de todas formas es igual: esos personajes no han existido nunca como seres reales, y la historia que supuestamente refieren a sus lectores es una pura invención del autor.
Visto desde este ángulo, no deja de resultar insólito que una persona cualquiera esté dispuesta a malgastar su tiempo en escuchar tales embustes. Después de todo ¿cómo es posible que pueda interesarnos leer una historia de la que ya sabemos de antemano que es mentira? ¿habéis pensado alguna vez por qué nos gusta leer ficciones?
La pregunta está lejos de ser ociosa. Tanto es así, que ni siquiera tiene una respuesta única. En el afán de contestarla, algunos teóricos necesitan remontarse a la propia naturaleza del hombre y colocar en ella -junto al hambre y la sexualidad- un tercer instinto que sería el instinto del juego. Contar cuentos es un modo de jugar; y en la misma dirección, el historiador Johan Huizinga sostiene que la especie humana se destaca del reino animal tanto por el conocimiento, como por el papel que desempeña el juego en nuestra vida. El hombre es "homo sapiens" y "homo ludens"; o lo que viene a ser igual, el hombre es el animal que juega: no el mono desnudo que describe la biología, sino un mono arropado por sus ficciones.
[...] he acompañado al capitán Ahab en su alucinada persecución de una ballena blanca, o he bajado las escaleras de un sótano de Buenos Aires y me he sumergido en un Aleph. Estas aventuras, es cierto, las he vivido con la imaginación. Su recuerdo tiene en mí una intensidad menor (o puede que distinta sólo), al recuerdo que guardo de unos días que pasé en Venecia, mi tercer cumpleaños, la primera vez que vi el mar y otros episodios por el estilo.
Pero el Aleph y la ballena blanca, los apuros espaciales de Ijon Tichy o aquella magdalena mojada en té que tenía el efecto de un tónico sobre la memoria de Marcel Proust, todo esto forma parte de mi vida; lo he vivido de otra manera, y dando vida a esas historias en mi propia imaginación me he experimentado como si fuera otro.
Quizá de un modo más tenue (pero a veces tan involucrado como en una experiencia real), me he vivido a mí mismo en muchas otras vidas imaginarias. Y he disfrutado de mi propia vida, en definitiva, inmerso como lector en ese espacio paralelo de la literatura, donde juego a ser otro.
Al leer, jugamos a ser otros. [...]

Lo dicho, me muero de ganas de empezar...

domingo, 2 de octubre de 2016

gente que lee (111)

Hoy se cumplen 147 años del nacimiento de Mahatma Gandhi [1869-1948].
Esta foto, en la que aparece leyendo junto a su rueca, se la hizo la fotógrafa estadounidense Margaret Bourke-White [1904-1971] en 1946.

sábado, 1 de octubre de 2016

Espera

Se tapa las orejas para no oír los gemidos agónicos de sus guerreros. No sabe cuántas horas han pasado desde que llegaron. No sabe cuánto tiempo lleva quieto, entre el barro, esperando. Intenta no moverse, permanecer absolutamente inmóvil. Se aprieta las orejas con fuerza. Tiembla. Trata de no oír nada, pero el ruido entra a través de la piel, de las heridas, del miedo.
Al llegar pensaron que sería fácil. Son pocos y cobardes, les dijeron los generales. Es un trámite, una escaramuza, les dijo él a sus hombres. Avanzó con ellos y enseguida supo que eran carnaza echada al enemigo para retenerle, para sujetarle unos metros o unas horas más, confiando en que pronto llegarían tropas amigas, cambiaría el tiempo, el enemigo cometería un error o algo ocurriría de repente que haría que la batalla diera un giro inesperado. Pero no ha habido ningún giro, ningún cambio, ningún error del enemigo. Lo que está ocurriendo, la realidad, es que él y sus hombres han ido a un matadero y la mayoría agoniza ya a su alrededor. Les oye gritar y morir a su lado.
Él simula su muerte. Sus hombres, desconcertados al verle caer, sin mando que les dirija, confusos, han seguido luchando sin orden, sólo tratando de sobrevivir, sin pensar en banderas que rescatar ni en fronteras que defender, sin pensar en nada eterno ni sagrado que les diera la gloria si vencían o la fama si eran vencidos. Sólo querían salir de allí vivos, escapar. Ninguno lo hará.
Él confía en que quizá pueda huir si resiste un poco más y si el enemigo no decide rematar a los caídos o prender fuego a todo cuando esté seguro de su victoria. Tiene que aguantar el dolor, el frío, el miedo. Sigue esperando, aterrado, inmóvil junto a otros cuerpos. Los de sus hombres y los de sus enemigos. En el suelo, entre el barro y la sangre y las armas, no se distinguen unos de otros. Sólo son cuerpos gimientes y fríos.
Se tapa las orejas con fuerza para no oír nada. No soporta los gemidos de los hombres moribundos a su alrededor. Se tapa las orejas para creer que no está allí. Espera.

Madrid, septiembre de 2016.

Licencia Creative Commons
Espera por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.


Uno encuentra por ahí, buscando un poco, mil métodos para poder generar o encontrar o provocar alguna semilla que acabe en un relato. Uno de ellos, que últimamente me está gustando cada vez más, es el que usan en el concurso 'Relatos en Cadena': comenzar una historia con las últimas palabras de otra.

Hace unos días leí uno de los estupendos relatos de Quim Monzó, uno de mis cuentistas favoritos, sobre Ulises y el Caballo de Troya, y me gustó mucho su última frase: Se tapa las orejas para no oír los gemidos agónicos de sus guerreros. Y este minicuento que cuelgo hoy, coincidiendo con la primera de las dos lunas nuevas que tendrá este mes de octubre, es el resultado de rumiar la frase durante unos días...

(Es cierto que habrá, entre quienes me conocen, quien piense que me ha salido un relatito con un tono un tanto sórdido y/o macabro, tal vez impropio de mí. Quizá a quienes eso piensen no les falte razón, pero en mi descargo he de decir, aunque no sé cuánto tendrá que ver, que lo he escrito durante esta semana que ahora acaba, en la que he vivido el más descomunal y asombroso dolor de muelas de cuantos he conocido en mi vida y en el mundo han sido. Así que quizá sea cierto que el cuento es un poco mohíno de más, pero no es menos cierto que yo no he estado para muchos regocijos...   ;o)

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Actualizado el 3 de octubre :: Cuando me puse a escribir este relatito hace una semana, entre ibuprofenos y amoxicilinas, una de los párrafos que me salió 'del tirón' fue éste:

No encuentra un motivo más idiota para morir que una bandera o una frontera. Pocas cosas han cambiado tanto en la historia y, sin embargo, miles de hombres siguen yendo a morir y matar por ellas creyéndolas sagradas y eternas.

Cayó más o menos por la mitad del relato. Lo escribí, lo leí y pensé que estaba perfecto. No había que tocar ni una coma. A pesar de eso, cuando releía para corregir me daba la impresión de que no encajaba, de que no venía a cuento, de que estaba fuera de lugar, pero me resistía a quitarlo porque esto que dice este párrafo era exactamente lo que yo quería contar con el relato. Le daba vueltas al resto del texto, pero de un modo u otro este dichoso parrafito siempre sobrevivía a mis tijeras...

Al día siguiente de colgarlo en el blog, cuando he empezado a recibir algunos comentarios de gente que lo ha leído, he entendido lo que creo que le pasaba: uno de esos errores de novato que cuesta asumir, hacer hablar a tus personajes con tu voz y no con la de ellos.
Estas tres líneas tienen mi voz, dicen lo que yo pienso con mis palabras, no con las del personaje que se supone que las están pensando.

En fin, con un par de días de retraso, párrafo fuera. Sin pena, sin remordimiento.
;o)
¡Seguimos!

viernes, 30 de septiembre de 2016

gente que lee (110)

Hoy, 30 de septiembre, además de ser el 92º aniversario del nacimiento de Truman Capote [1924-1984] o el día internacional de cosas más o menos exóticas como el derecho a la blasfemia, es el Día Internacional de la Traducción, trabajo que me parece difícil como pocos en cualquiera de sus versiones.

El motivo de elegir este día para visibilizar el trabajo de quienes traducen es conmemorar la muerte, en el año 420, de Jerónimo de Estridón [340-420], uno de los padres de la Iglesia y primer traductor de la Biblia del griego y el hebreo al latín por encargo del papa Dámaso I, con el objetivo, según la wikipedia, de hacerla "más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras". Es la traducción que se conoce como Vulgata.

No hace mucho, paseando por el Museo del Prado, fui consciente de que ese edificio es una mina maravillosa para esta sección de gente que lee. Creo que ya ha caído por aquí algún cuadro del Prado entre las muchas pinturas que a estas alturas hay ya colgadas en este 'muro', incluso tenemos también algún Jerónimo desde hace tiempo por aquí. Pero ese día que paseaba por las salas saqué papel y lápiz y empecé a anotar gente que lee en el Prado: Campin, Velázquez, Rubens, Houasse, Goya, Pinazo, van der Weyden... en fin, un no parar. De golpe añadí un montón de material nuevo para ir colgándolo poco a poco aquí. Y de hecho sólo estuve allí un rato y sin ser muy exhaustivo: tengo que volver pronto.
(Sospecho que ésto le va a gustar especialmente a mi amigo Paco... ;o)

Además estoy encantado con la nueva web que tiene el museo desde hace algún tiempo. Llena de información, muy accesible, de gran calidad y con magníficas reproducciones de las pinturas. Así da gusto.


Quien hoy lee en mi blog es San Jerónimo, claro, el traductor, retratado entre libros en un óleo sobre tabla pintado en 1541 por Marinus van Reymerswaele [ca.1490 - ca. 1567].

jueves, 29 de septiembre de 2016

miércoles, 28 de septiembre de 2016

martes, 27 de septiembre de 2016

La nostalgia

[...] pero la nostalgia no es un sentimiento estético, ni siquiera está ligada al recuerdo de la felicidad, se siente nostalgia de un lugar simplemente porque uno ha vivido allí, poco importa si bien o mal, el pasado siempre es bonito, y también el futuro, sólo duele el presente y cargamos con él como un absceso de sufrimiento que nos acompaña entre dos infinitos de apacible felicidad.

De la novela Sumisión [2015] de Michel Houellebecq [1956- ].

lunes, 26 de septiembre de 2016

Hay muchas maneras de matar

Hay muchas maneras de matar.
Pueden meterte un cuchillo en el vientre.
Quitarte el pan.
No curarte de una enfermedad.
Meterte en una mala vivienda.
Empujarte hasta el suicidio.
Torturarte hasta la muerte por medio del trabajo.
Llevarte a la guerra, etc.
Sólo pocas de estas cosas están prohibidas en nuestro Estado.

Bertolt Brecht [1898-1956]

domingo, 25 de septiembre de 2016