He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

viernes, 23 de septiembre de 2016

jueves, 22 de septiembre de 2016

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Lo sé todo

Cuando era pequeño sólo sabía cosas pequeñas, pero ahora que tengo cinco años lo sé todo.

De la película Room [2015], hermosa y terrible.
Muy recomendable.

martes, 20 de septiembre de 2016

Relatos en Cadena

Este año me he propuesto participar todas las semanas que pueda en el concurso Relatos en Cadena, que organiza la Escuela de Escritores y la Cadena Ser. Y además he decidido colgar aquí todos los que vaya enviando.
Ya van dos... y esta semana ando dándole vueltas al tercero...

lunes, 19 de septiembre de 2016

gente que lee (109)

Italo Calvino [1923-1985], de cuya muerte se cumplen hoy 31 años, leyendo.

domingo, 18 de septiembre de 2016

sábado, 17 de septiembre de 2016

Bibliotecas en Islandia

No tardó Fridriksson en preguntar a mi tío cuál había sido el resultado de sus investigaciones en la biblioteca.
–Vuestra biblioteca –exclamó el profesor Lidenbrock– no se compone más que de libros descabalados y estantes casi vacíos.
–¡Cómo! –respondió Fridriksson–. Poseemos ocho mil volúmenes, entre ellos muchos libros preciosos y raros, obras en antigua lengua escandinava, y todas las publicaciones nuevas de que Copenhague nos surte anualmente.
–¿Qué estáis diciendo de ocho mil volúmenes? ¿Dónde tendría yo los ojos?
–¡Oh! Señor Lidenbrock, los libros circulan por el país. Hay afición al estudio en nuestra vieja isla de hielo. No hay un labrador, ni un pescador que no sepa leer y lea. En nuestra opinión los libros, en lugar de enmohecerse en un estante, lejos de las miradas de los curiosos, se han escrito para uso de los lectores. Así es que los volúmenes pasan de una a otra mano, hojeados, leídos y releídos, y con frecuencia no vuelven a su estante sino después de una excursión de uno o dos años.
–Entre tanto –respondió mi tío con cierto enojo– los extranjeros...
–¿Qué le haremos? Los extranjeros tienen en su país sus bibliotecas, y lo principal es que nuestros compatriotas se instruyan. Os lo repito, la afición al estudio está en la sangre islandesa. Así es que en 1816 fundamos una sociedad literaria que marcha perfectamente, honrándose de pertenecer a ella algunos sabios extranjeros. Publica libros para instrucción de nuestros conciudadanos, y presta al país verdaderos servicios. Si queréis, señor Lidenbrock, ser uno de nuestros socios corresponsales, nos honraréis sobremanera.

De Viaje al centro de la Tierra, novela escrita en 1864 por Julio Verne [1828-1905] y ambientada en Islandia (y en su subsuelo... ;o) en 1863.

viernes, 16 de septiembre de 2016

jueves, 15 de septiembre de 2016

Relatos sin relato

El nuevo concepto de "story" ("relato"), que tiene su génesis en la obra de Chéjov, se centra en la nueva definición de "experiencia inmediata" que sólo se da en la brevedad y que se nutre de una incertidumbre y de una deshumanización altamente creativa, de una impresión emocional y cognitiva provocada por algún detalle aparentemente nimio de la vida cotidiana que al insertarse en pleno devenir de una vida se convierte en la expresión más clara de su universalidad. Sabido es que el espacio del relato breve no permite la acumulación de los detalles ni de las experiencias en su prolongada interacción social, como ocurre con la novela, con unos personajes que se describen desde fuera como si fueran reales y a los que se subordina el argumento casi siempre de manera lineal. Esto lleva a la construcción de un nuevo personaje, y a la nueva estrategia narrativa de construcción del personaje, que no sólo es más eficaz en el relato breve como obra de arte con sus características de máxima condensación y efecto único trascendental, sino que expresa más fielmente la compleja realidad humana y social de la época. En la obra de Chéjov no existen los personajes tal y como tradicionalmente los concebimos, existen los múltiples estados de conciencia y, más específicamente -esto es algo que afectó directamente a Mansfield-, los múltiples estados de ánimo, presentados de forma nítida y libres de todo atisbo sentimentaloide. El ser y el devenir ocupan el espacio narrativo de la acción provocando toda una oleada de crítica sobre que son historias sin historia, o relatos sin relato, que hoy nos sirve para situar con más claridad los márgenes de la transgresión de aquella ficción vanguardista. Los ritmos se multiplican y el tono pasa a ocupar el sitio del argumento, convirtiéndonos en lectores implicados en la deriva del relato.

Me gustan mucho esos relatos en los que aparentemente no pasa nada o lo que pasa parece tan irrelevante que llega a quedar en segundo plano frente a cómo se sienten los personajes y cómo viven eso que ocurre. Pienso por ejemplo en cuentos de Raymond Carver o de Alice Munro o en alguno de Medardo Fraile que he leído últimamente, en los que muchas veces el 'argumento' pasa casi desapercibido y lo que (al menos a mí me) queda es la sensación de cómo lo han vivido las personas que han deambulado por esas pocas páginas.

Estoy leyendo estos días los Relatos breves de Katherine Mansfield [1888-1923]. He encontrado este párrafo en la introducción (muy interesante para tener un primer acercamiento a la autora, que yo no conocía) que hace Juani Guerra (también editora y traductora).

Muy recomendable.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

gente que lee (108)

Quienes leen en esta fotografía son Julia y Leslie Stephen, los padres de Virginia Woolf [1882-1941], que es la niña que mira a la cámara a la derecha. La imagen está tomada en 1893.

martes, 13 de septiembre de 2016

lunes, 12 de septiembre de 2016

Hombres necios

   Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
   Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén, 
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
   Combatís su resistencia,
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
   Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
   Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
   ¿Qué humor puede haber más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
   Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
   Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata, 
y, si os admite, es liviana.
   Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel,
y a otra por fácil culpáis.
   Pues ¿cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
   Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere,
y quejaos en hora buena.
   Dan las amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
   ¿Cuál mayor culpa ha tenido,
en una pasión errada,
la que cae de rogada,
o el que rueda de caído?
   ¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga,
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
   Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
   Dejad de solicitar,
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os puede rogar.
   Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesas e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Ventana sobre la memoria (I)

A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.

De Las palabras andantes [1993] de Eduardo Galeano [1940-2015].

sábado, 10 de septiembre de 2016

Educación

[...] A diferencia de lo que sugiere el título, [se refiere a la Vindicación de los derechos de la mujer, escrito en 1792 por Mary Wollstonecraft], su tema principal no es la exclusión de las mujeres de la esfera pública. Fundamentalmente a Wollstonecraft le preocupa el derecho de la mujer a la educación. En general, la educación femenina de su época perseguía un único objetivo: "que sean capaces de agradar". Las muchachas y jóvenes, así formula ella la práctica habitual, "confinadas en jaulas como la raza emplumada, no tienen nada que hacer sino acicalarse el plumaje y pasearse de percha en percha". Esta experiencia la vivió a lo largo del año que trabajó de institutriz con la familia irlandesa. La formación tiene una única finalidad: casar a la joven de la manera más ventajosa posible, y la consecuencia es que cambia la jaula de la casa paterna por la de la casa del esposo. Se convierte en el "juguete del hombre", escribe Mary, "en su sonajero", que debe cascabelear en su oído siempre que el hombre, dejando a un lado la razón, desee divertirse. 
Esto lleva a Mary Wollstonecraft a plantear su primera reivindicación: reconocer a la mujer no sólo como ser sexual, sino también como ser racional. Combate con vehemencia la famosa frase de Rousseau de que los hombres sólo son criaturas sexuales a veces, mientras que las mujeres lo son siempre. "Las mujeres no serían siempre mujeres si se les permitiese ser más racionales", escribe. La debilidad y los errores que se reprochaban a las mujeres desde tiempo inmemorial por el hecho de ser mujeres no tenían nada que ver con su sexo, sino que en realidad eran consecuencia de la minoría de edad a que las condenaban los hombres y el matrimonio. Por eso su obra exhorta a una revolución de la educación de la mujer y, a fin de cuentas, de las costumbres femeninas. Las chicas deberían recibir la misma educación que los chicos, las mujeres deberían tener las mismas oportunidades que los hombres, incluida la del ascenso social, el matrimonio se debería contraer libremente. La independencia femenina de pensamiento y obra y el desempeño del papel de madre no son para ella cosas opuestas. En una época en la que era habitual que las mujeres acomodadas se desentendieran de sus hijos nada más nacer para que los criaran personas desconocidas, ella aboga por una maternidad consciente, liberal. Para ser una buena madre, una mujer debía "tener sentido y esa independencia de mente que pocas mujeres poseen, pues están educadas para ser totalmente dependientes de sus esposos", escribe. Mary Wollstonecraft fue la primera en ver que la emancipación de las mujeres dependía de la complicidad de los hombres. Mientras los hombres no cumplan sus deberes paternos, argumenta, tampoco puede esperarse que las mujeres pasen el tiempo en el cuarto de los niños en lugar de ante el espejo. Considera que la excesiva preocupación de las mujeres por la apariencia es un pobre intento de "obtener de forma indirecta un poco de poder del que injustamente se les niega una parte". [...] 

De Mujeres y libros [2013] de Stefan Bollmann [1958- ].

viernes, 9 de septiembre de 2016

Mediocridad

Es cierto que, en mi juventud, las elecciones eran muy poco interesantes; la mediocridad de la "oferta política" era incluso sorprendente. Un candidato de centroizquierda era elegido, por uno o dos mandatos según su carisma individual, y oscuras razones le impedían llevar a cabo un tercero; luego la población se hartaba de ese candidato y más generalmente del centroizquierda, se observaba un fenómeno de alternancia democrática y los votantes llevaban al poder a un candidato de centroderecha, a ése también por uno o dos mandatos, en función de su propia naturaleza. Curiosamente, los países occidentales estaban extremadamente orgullosos de ese sistema electoral que, sin embargo, no era mucho más que el reparto de poder entre dos bandas rivales, y llegaban incluso a declarar guerras para imponerlo a países que no compartían su entusiasmo.

He encontrado este párrafo hace unos días leyendo la novela Sumisión [2015] de Michel Houellebecq [1956- ]. Parece especialmente pertinente en estos tiempos de políticas inciertas (y políticxs mediocres) que vivimos en España...

(Por cierto, la novela tiene algunas cosas que personalmente me chirrían un poco, pero me ha parecido muy recomendable.)

jueves, 8 de septiembre de 2016

Hay cosas más importantes que los libros

Hay cosas mucho más importantes que los libros, como las gentes que pierden sus casas o como las gentes que madrugan para impedir que a otras les quiten sus casas, como el trabajar precario o sentirse inútil por no tener trabajo, como las cifras de pobreza infantil o como echar de menos a l@s que ya no están.

Hay cosas más más importantes, como la generosidad infinita de sus autor@s y el saber hacernos escapar a paraísos artificiales, como la alegría de l@s lector@s y su afán de perseguir sus creaciones hasta lugares remotos, como el riesgo editorial o el cuidado de sus obras, como las personas que hay detrás de cada uno de ellos y que los hacen suyos.

Hay cosas más importantes, como vivir bajo un sistema cruel y unos gobernantes incapaces y sinvergüenzas, como sobrevivir en un mundo que da más importancia al dinero que a las personas, como la humanidad que huye de fronteras para encontrar otras, como morir en el Mediterráneo buscando una vida mejor.

Hay cosas más importantes, como enfrentarse a una sociedad machista y patriarcal, como andar con miedo por la calle, como las agresiones fascistas y l@s que luchan por detenerlas, como el maltrato animal y ante él, la mano amiga que acoge o defiende sus derechos.

Hay cosas más importantes, como la esperanza de que entre tod@s podamos hacer un mundo mejor, como el cariño y el apoyo que le dais a esta pequeña librería para seguir manteniéndola viva.

Hay cosas más importantes que los libros pero todas, afortunadamente todas, están en los libros.


Hace unas cuantas semanas la librería Delirio colgó este texto para celebrar sus cinco años. Comparto aquí todas esas cosas que son más importantes que los libros pero que, afortunadamente, están en los libros.
Aún no he estado en la librería, pero soy muy fan de su facebook. Os lo recomiendo. Trabaja allí gente de esa insensata que piensa que llevar una librería no es únicamente vender libros...

miércoles, 7 de septiembre de 2016

martes, 6 de septiembre de 2016

gente que lee (107)

Amigxs que me mandan fotos: Mayra leyendo en algún lugar de Sidney...
¡Gracias!

lunes, 5 de septiembre de 2016

Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque 
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti [1920-2009]

domingo, 4 de septiembre de 2016

sábado, 3 de septiembre de 2016

Lost in translation

Hace unas cuantas semanas volví a ver la película Lost in translation [2003]. Creo que quizá fue la última peli que vi en mi anterior casa antes de mudarme. Qué lejos queda el principio del verano desde este septiembre que acaba de empezar.
Me gusta muchísimo esa peli. Es una película bella y triste, que siempre que la veo, y ya la he visto unas cuantas veces, es capaz de arrancarme alguna lágrima y alguna sonrisa. Me hace sentir bien. Me reconforta. Y me sienta especialmente bien verla cuando ando flojito o cansado o no muy animoso...

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cartas largas o breves

Os escribo una larga carta porque no tengo tiempo para escribir una breve.

He leído hace un par de semanas Saludos cordiales [2005] del italiano Andrea Bajani [1975- ]. Es una novelita (casi epistolar) más que recomendable que muestra una visión muy corrosiva (y desde mi punto de vista muy acertada) del mundo laboral actual. En la primera página me encontré esta cita de Voltaire que me encantó...

jueves, 1 de septiembre de 2016

Cruce de líneas

Tengo casi cuarenta y cinco años. Llevo unos zapatos muy gastados, un pantalón no muy nuevo y un par de camisetas, una encima de otra. Sujeta a la misma barra del metro a la que me he agarrado al subir al vagón en Noviciado hay una chica de ventitantos. Su piel es muy blanca, con muchas pecas muy claritas. El pelo muy rubio y corto, recogido en una brevísima coletita que recuerda a una de esas brochas de afeitar que se usaban hace años en las barberías. Está un poco girada y no le veo los ojos. Parece extranjera, quizá noruega, islandesa, sueca. Lleva unos vaqueros negros, una camiseta con un viñeta de cómic, para mi gusto un poco estridente, una rebeca negra, muy finita, y unas zapatillas nuevas con la lengüeta enorme y con el borde ajedrezado en rosa y negro. Voy leyendo los 'Cuentos de Canterbury' de Chaucer. Ella 'Cándido' de Voltaire, en español. Ambos vamos concentrados en nuestros libros, aunque yo de vez en cuando levanto la vista hacia ella, pensando que quizá también ella mire hacia donde estoy yo y nos encontremos.
No consigo verla bien. Entre nosotros dos hay un hombre de unos cincuenta años, trajeado. En una mano lleva un maletín de cuero oscuro, no muy grande. Imagino que dentro hay un ordenador y papeles. Tiene barba y gafas y un pequeñísimo arito en el lóbulo de la oreja izquierda. Con la otra mano sujeta un móvil con el que está hablando con alguien de su oficina, una mujer. Hablan sobre una memoria que hay que presentar esta misma mañana, sobre los datos que hay que analizar antes de redactarla y sobre el informe que hay que incluir en esa memoria y que tenía que haber enviado alguien ayer por la tarde.
Cuando levanto la vista de mi libro casi sólo veo al hombre. En alguna curva puedo ver la coletita rubia y una manga de la rebeca negra.
En Ópera se baja mucha gente. Quienes quedamos en el vagón nos recolocamos, aprovechando el nuevo espacio que ha quedado libre, para evitar estar demasiado cerca de los demás. Él se mueve para dejar pasar a alguien que estaba sentado a mi lado y cuando el tren vuelve a arrancar, durante un instante, ella y yo levantamos la vista y cruzamos las miradas, nos vemos, nos miramos un segundo. En medio queda la cabeza de él, su nariz, las gafas, su brazo en alto sujetándose a una de las barras del techo, y el teléfono que ahora sujeta con el hombro mientras sigue hablando sobre los documentos que hay que enviar cuanto antes.
Si miro hacia ella, ahora sólo veo su ojo derecho, parte de su cara, su hombro. Si ella me mira creo que sólo ve mi lado izquierdo. Moviéndonos un poco para evitar al hombre nos miramos de nuevo un instante, volvemos a bajar la mirada y seguimos leyendo.
Me bajo del vagón en Sol. Ellos siguen en dirección a Ventas. Volvemos a mirarnos cuando el metro arranca. Ella dentro, yo fuera. Mantenemos la mirada unos segundos y sonreímos. El hombre del maletín sigue hablando por teléfono.

Madrid, septiembre de 2012.

Licencia Creative Commons
Cruce de líneas por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

miércoles, 31 de agosto de 2016

martes, 30 de agosto de 2016

El álbum

Entraron aprisa en el café y se sentaron. La impaciencia les encendía los ojos al dejar el paquete sobre la mesa. Ella, apenas sentada, comenzó a abrirlo, mirando con amor, alternativamente, la cinta roja sobre el papel y el rostro de él con ligero orgullo protector y expectante.
–¿Qué van a tomar?
–Café con leche. ¿Y tú?
–Lo mismo.
En la mesa apareció con pastas de color azul marino, como el traje de los días señalados, el álbum de las chocolatinas. Era un gran día. Habían hablado de él como se habla de cuando llegará un niño. Aquel álbum representaba el tesón del novio en su niñez, que había reunido una estampita tras otra hasta cubrir todas las ventanillas sin paisaje de aquel libro difícil. Sus compañeros de colegio –él lo recordaba– habían dejado en el álbum huecos de desamor y desidia. Y el álbum, ahora flamante sobre la mesa, mostraba la solicitud en el tiempo de un hombre cuidadoso, fiel toda la vida a sus más inocentes alegrías, al objeto de su ilusión más nimia. Para la novia, aquel álbum azul implicaba tesón y constancia. Tenían sobre la mesa el café con leche del amor humilde, pero tenían también dentro del libro las maravillas todas del Universo, y se pusieron a deshojarlas con lentitud amorosa, como si en ello les fuera su felicidad, el sí o el no. 
–No: hoy "Las Mariposas", no –decía ella con tremendo gozo–. Hemos visto ya "Los Grandes Inventos".
Cada hoja les aproximaba, día tras día, un poco más. El día de "Las Mariposas", ella balanceó sus pestañas en el aire hacia un hombre joven que estaba enfrente sentado, y él –el novio– tuvo celos. Pero ella ni había mirado siquiera a aquel hombre: quería simplemente mariposear con sus finas pestañas. El día de "Las Aves Domésticas" proyectaron un canario naranja transparentándose en el hogar que tendrían, en la ventana con sol: "Mejor, blanco", insinuaba él. "No, tiene que ser naranja", decía resuelta ella, entornando los ojos como si les dañara el agridulce color del pájaro. Las "Aves Exóticas" pusieron sobre el pelo de ella, suave, un sombrerito atrevido de vistosas plumas en una tarde con risa en el mundo, y champaña y "confetti". En "Flores Para Regalo", él la obsequió con doce tulipanes para que no olvidara alguna cosa. Al llegar a "Animales Prehistóricos", tuvo ella miedo y se acercaron más. Él quiso continuar más días viendo "Los Animales Prehistóricos", pero ella se negó y entró en la hoja rutilante de "Las Piedras Preciosas". Ante "Las Piedras Preciosas" él anduvo receloso por sentimiento atávico. Veía en los ojos de ella cierta cortesana desfachatez, ciertas desmesuradas pretensiones, que le tuvieron en desazón toda la tarde y que interpuso entre ellos una pastosa frialdad anfibia. En "Las Algas" enredaron sus dedos, manos, brazos, miradas y palabras. Con "La Evolución Del Automóvil" lo pasaron bien, dieron saltos y frenazos bamboleantes sobre sus sillas. Con "Las Fieras" se identificó ella de tal forma, que los ojos se le llenaron de instinto y él se encontró como un domador trágico que de un instante a otro podía perecer. Con "La Fauna del Mar" cruzaron una y otra vez por los ojos de él y de ella los peces cariñosos, perezosos, suaves, del amor, y estuvieron pasando toda la tarde mansa, humildemente. Al llegar a "Las Frutas", ella, con un rubor, posó su mano sobre las manzanas para que él no tuviera ningún pensamiento avanzado, para que no pensara como Adán.
Terminaron el álbum, y estaban tostados y palpitantes como después de un largo viaje. Era como si volvieran con los mismos recuerdos de una luna de miel respetuosa. Ella esperó todos los días –sobre todo el último– a que él dijera: "El álbum, para ti, te lo regalo". Pero no lo hizo. Llenar aquel libro de cromos había sido la gracia de su niñez, le había proporcionado entrada de honor en todas las visitas. Y cogió su álbum y se lo guardó. Ella, de haberlo tenido, le hubiera devuelto su regalo en palabras llenas de entendimiento y colores, en experiencia del mundo, en primores en plantea y honduras de mar. Pero así las tardes fueron enfriándose, se aburrían y hacían tos de las palabras rotas. Y un día ella –que se había enamorado de aquel álbum– le dijo adiós a él. Y él tendrá que sacarlo de nuevo en su vida, cuando llegue la hora, sin atreverse a regalarlo nunca.

Cuento de Medardo Fraile [1925-2013] incluido en su libro Con los días contados [1972].

lunes, 29 de agosto de 2016

¿Qué es un libro que nos gusta?

Al igual que la literatura, la música puede determinar un cambio radical, una conmoción emocional, una tristeza o un éxtasis absolutos; al igual que la literatura, la pintura puede generar asombro, una nueva mirada ante el mundo. Pero sólo la literatura puede proporcionar esa sensación de contacto con otra mente humana, con la integralidad de esa mente, con sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus miserias, sus obsesiones, sus creencias: con todo cuanto la emociona, interesa, excita o repugna. Sólo la literatura permite entrar en contacto con el espíritu de un muerto, de manera más directa, más completa y más profunda que lo haría la conversación con un amigo, pues por profunda, por duradera que sea una amistad, uno nunca se entrega en una conversación tan completamente como lo hace frente a una hoja en blanco, dirigiéndose a un destinatario desconocido. Por supuesto, tratándose de literatura, la belleza del estilo y la musicalidad de las frases tienen su importancia; no cabe desdeñar la profundidad de la reflexión del autor ni la originalidad de sus pensamientos; pero ante todo un autor es un ser humano, presente en sus libros, y en definitiva poco importa que escriba muy bien o muy mal, lo esencial es que escriba y que esté, efectivamente, presente en sus libros (es extraño que una condición tan simple, tan poco discriminatoria en apariencia, lo sea tanto en realidad, y que ese hecho evidente, fácilmente observable, haya sido tan poco explotado por los filósofos de corrientes diversas: dado que los seres humanos poseen en principio, a falta de cualidad, una misma cantidad de ser, en principio todos están más o menos igualmente "presentes"; no es ésa sin embargo la impresión que dan a unos siglos de distancia, y con demasiada frecuencia vemos, a lo largo de las páginas que sentimos dictadas por el espíritu del tiempo más que por una individualidad propia, cómo se deshilacha un ser incierto, cada vez más fantasmagórico y anónimo). Igualmente, un libro que nos gusta es ante todo un libro del que nos gusta el autor, al que deseamos conocer y con el que apetece pasar los días.

De las primeras páginas de la novela Sumisión [2015] del escritor francés Michel Houellebecq  [1956- ].

sábado, 27 de agosto de 2016

viernes, 26 de agosto de 2016

jueves, 25 de agosto de 2016

El astrónomo

A la sombra de un templo, mi amigo y yo vimos a un ciego sentado solo. Mi amigo dijo:
—Mira al hombre más sabio de nuestro país.
Dejé a mi amigo y me aproximé al ciego, lo saludé y conversamos. Después de un tiempo le dije:
—Perdona mi pregunta, pero ¿desde cuándo eres ciego?
Respondió´:
—Desde mi nacimiento.
Dije:
—¿Qué sendero has recorrido para llegar a la sabiduría?
Me respondió:
—Soy astrónomo. —Puso la mano en el pecho y agregó—: Observo todos esos soles, y lunas y estrellas.

Del libro El loco [1918] del libanés Gibran Khalil Gibran [1883-1931].

miércoles, 24 de agosto de 2016

Millennium

Estos días he estado releyendo la trilogía Millennium (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire) del sueco Stieg Larsson [1954-2004]. Me han vuelto a gustar, como la primera vez que las leí hace seis o siete años. Mucho.

La primera noticia que tuve de estas novelas fue por mi amigo David. Estando en su casa de Lanzarote de vacaciones me contó que estaba leyendo una novela que le tenía enganchadísimo, que estaba flipando con el ritmo que tenía, con cómo contaba detalles sobre los personajes, el ordenador que usaban, la calle por la que estaban circulando en Estocolmo... Y también me decía que la historia era adictiva, que cada noche de aquella semana que estuve allí se quedaba hasta las tantas leyendo para saber cómo iba avanzando la historia... aunque iba a tener que quedarse con las ganas de saber cómo acababa porque aún había dos volúmenes más que todavía tardarían algún tiempo en traducirse y publicarse en español.

Me fío mucho de David y de sus gustos libreros, así que tomé buena nota del autor y del título de los que me hablaba y, eso sí, tomé la precaución de esperar a que estuvieran publicadas las tres novelas en español para poder leerlas seguidas, de un tirón.

Y así lo hice. Y efectivamente me engancharon y me gustaron mucho. Efectivamente, como dice la gente de unlibroaldia, es posible que en los dos últimos volúmenes a Larsson se le haya ido un poco la mano al querer hacer la historia demasiado cinematográfica y entremezclar (quizá) demasiadas tramas en paralelo... Pero lo cierto es que estos días, mientras las volvía a leer, a pesar de ya conocer la historia y el desenlace, me lo he vuelto a pasar muy bien con Mikael y Lisbeth y toda esa pandilla que les acompaña...

Son tres novelas que en realidad creo que es una sola en tres volúmenes. O quizá, como mucho, dos. Y es cierto que habla de demasiadas cosas, que hay demasiados personajes, demasiadas tramas entremezcladas... Pero en el fondo lo importante, lo que verdaderamente a mí me interesa de todas estas páginas es que, como dice Mikael al final del tercer volumen,

...al fin y al cabo, esta historia no va de espías y sectas estatales, sino de la violencia que se comete habitualmente contra las mujeres y de los hombres que lo hacen posible... 

Para mí estas dos líneas dan la clave en la que hay que leer estas casi tres mil páginas de intriga, violencia, sexo, amistad, odios y lealtades. En realidad éste es para mí, sin duda, el verdadero motivo de que me haya vuelto tan fan de Stieg Larsson y de que haya disfrutado tanto leyendo por segunda vez (y quizá no última) su trilogía...

martes, 23 de agosto de 2016

lunes, 22 de agosto de 2016

gente que lee (105)

Hoy, 22 de agosto, se cumplen 108 años del nacimiento del fotógrafo (y muchas más cosas) Henri Cartier-Bresson [1908-2004]. Una buena ocasión para volver a traerle a este blog, esta vez fotografiado por su pareja Martine Franck [1938-2012] mientras leía en un tren viajando por Suiza en 1976.

Y es también un buen día, como podría serlo cualquier otro, para 'resucitar' mi blog de fotografía, 99zetas.blogspot.com, que lleva demasiado tiempo sin actividad...

¡¡¡Pasen y vean!!!

¡Seguimos!

domingo, 21 de agosto de 2016

sábado, 20 de agosto de 2016

Deberes de verano

  • Lee todo lo que puedas. Pero no porque tienes que hacerlo. Lee porque el verano inspira sueños y aventuras, te sentirás libre. Lee porque es la mejor forma de rebelión que tienes.
  • Intenta recordar todas las nuevas palabras que has aprendido este año, busca palabras sinónimas y antónimas a cualquier objeto que veas este verano.
  • Por la mañana, camina por la orilla del mar. Mira cómo se refleja el sol en el agua, piensa en las cosas que más amas de la vida y siéntete feliz.
  • Intenta escribir en un diario todas las cosas que te pasen este verano, los sitios que visites y los helados que te comas. Escribe todo lo que puedas sin faltas de ortografía.
  • Haz un montón de deporte.
  • Baila. Quítate la vergüenza, en la pista de baile o en tu habitación. El verano es un festival y sería muy absurdo no formar parte de él.
  • Recuerda los apuntes de nuestras clases. Decenas y unidades, sumas y restas, sumas con llevadas, ordena de mayor a menor, sigue la serie de 5 en 5, sumas de tres sumandos, los euros, las horas.
  • Evita todas las cosas, situaciones y personas que influyan negativamente en tu verano. Busca las situaciones y la buena compañía de los buenos amigos, que te entiendan y que se rían contigo.
  • No pares de reír. Reír es muy saludable y dicen que dan más años de vida si ríes un montón. Cuenta chistes y escríbelos en tu diario para que no se te olviden.
  • No digas palabrotas y sé siempre educado y amable.
  • Escribe en tu diario los sueños que hayas tenido. Tarde o temprano se cumplirán, porque si puedes soñarlo puedes hacerlo.
  • Sé bueno.
A los padres: ¡Por favor! Los niños a estas edades son "esponjas". Van a copiar todos tus hábitos, palabras y cosas que hagáis, ya que estarán la mayoría del tiempo con vosotros. Vosotros debéis ser un modelo para ellos. Si tú lees, ellos leen... y tened mucha paciencia.

Varias veces me han llegado estos días, por facebook o por mail, estos "deberes de verano" para niños y niñas. Aquí los dejo.Por si a alguien le apetece 'aplicarse' durante lo que queda de verano o en los siguientes...
En estas semanas me dedico a dar muchas clases particulares a estudiantes de la sierra. Sobre todo matemáticas, física, química y cosas así. Pequeñxs y mayores. Se examinan en un par de semanas, a principios de septiembre. Algunxs estoy seguro de que aprobarán, otrxs es posible que no. Pero tengo claro que hay algo que falla en este sistema educativo que no motiva, que limita las artes o la filosofía, que le parece más importante una asignatura de economía que una de música, que a veces parece que corta alas en lugar de ayudar a que crezcan...

jueves, 18 de agosto de 2016

Medio pan y un libro

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. "Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre", piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: "amor, amor", y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: "¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!". Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: "Cultura". Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Porque contra el libro no valen persecuciones. Ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas pueden contra ellos; porque podéis hacer desaparecer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella porque son miles, y si son pocas, ignoráis dónde están. Los libros han sido perseguidos por toda clase de Estados, por toda clase de religiones, pero eso no significa nada en comparación de lo que han sido amados.

Discurso pronunciado por Federico García Lorca [1898-1936] en la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, el pueblo en que nació.
Hoy, 18 de agosto, se cumplen 80 años de su asesinato, cometido sólo un mes después de iniciarse la Guerra Civil en España.
Hoy, ochenta años después de su muerte, ochenta y tantos años después de pronunciarlas, sus palabras no pueden seguir siendo más vigentes...
¡Seguimos!

miércoles, 17 de agosto de 2016

gente que lee (104)

Hace un par de semanas conté aquí que cada vez más amigxs me envían sus imágenes para colaborar en la colección de gente que lee. Las de esta foto son las tres peques de María Congost leyendo como locas...
;o)
¡Gracias!

martes, 16 de agosto de 2016

Leer con un lápiz en la mano

Leer un libro para hacerse una idea sobre su calidad es una forma de leer distinta de la que tiene por objetivo el disfrute, la identificación o la ampliación de la imaginación. Se trata de una forma de leer que sin querer se transforma en escribir, pues se hacen constar en el margen o en una hoja aparte notas y comentarios. Leer se convierte en una acción: quien lee de esta manera responde al texto, es su beneficiario, pero posiblemente también su rival. Este lector compara lo leído con otras cosas leídas, lo clasifica, lo destaca, lo rectifica, lo juzga, lo ensalza, tal vez lo condene. Por así decirlo, de ese modo leer pierde su inocencia. Sin embargo, como ilustran el ejemplo del erudito o el del monje, esta manera de leer, que establece con el texto una relación recíproca de pregunta y respuesta, tiene una larga historia, que se remonta más atrás incluso que a la lectura inocente, voraz. Del crítico literario George Steiner es la aguda observación de que un intelectual es simplemente "alguien, ya sea hombre o mujer, que lee un libro con un lápiz en la mano".

De Mujeres y libros [2013] de Stefan Bollmann [1958- ].

lunes, 15 de agosto de 2016

Pero si me dan a elegir...

No soy un fulano con la lágrima fácil
de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas, 
a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel
de todos los hombres
que nunca seré:

Al Capone en Chicago,
legionario en Melilla,
pintor en Montparnasse,
mercader en Damasco,
costalero en Sevilla,
negro en Nueva Orleans,
viejo verde en Sodoma,
deportado en Siberia,
sultán en un harén,
¿policía? ni en broma,
triunfador de la feria,
gitanito en Jerez,
tahur en Montecarlo,
cigarrillo en tu boca,
taxista en Nueva York,
el más chulo del barrio,
tiro porque me toca,
suspenso en religión,
confesor de la reina,
banderillero en Cádiz,
tabernero en Dublín,
comunista en Las Vegas,
ahogado en el Titánic,
flautista en Hamelín...

Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas,
yo escojo la del pirata cojo,
con pata de palo,
con parche en el ojo,
con cara de malo,
el viejo truhán, capitán
de un barco que tuviera por bandera
un par de tibias y una calavera...

La del pirata cojo,
con pata de palo,
con parche en el ojo,
con cara de malo,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa...
y allá a su frente Estambul...

Billarista a tres bandas,
insumiso en el cielo,
dueño de un cabaret,
arañazo en tu espalda,
tenor en Rigoletto,
pianista de un burdel,
bongosero en La Habana,
Casanova en Venecia,
anciano en Shangri-La,
polizón en tu cama,
vocalista de orquesta,
mejor tiempo en Le Mans,
cronista de sucesos,
detective en apuros,
conservado en alcohol,
violador en tus sueños,
suicida en el Viaducto,
guapo en un culebrón,
morfinómano en China,
desertor en la guerra,
boxeador en Detroit,
cazador en la India,
marinero en Marsella,
fotógrafo en Play Boy...

Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas,
yo escojo la del pirata cojo,
con pata de palo,
con parche en el ojo,
con cara de malo,
el viejo truhán,
capitán de un barco que tuviera por bandera
un par de tibias y una calavera...

Lunes de poesía y música: La del pirata cojo [incluida en el disco Física y Química, de 1992] es una de mis canciones favoritas de Joaquín Sabina [1949- ].

domingo, 14 de agosto de 2016

Fugaces

Un poco de poesía para este domingo: en estos días de perseidas me he acordado de esta frase que vi hace poco en el facebook...
Una compañera de la facultad, que por cierto he reencontrado hace un par de años al venirme a vivir a la sierra, a veces decía que vivíamos como si no nos acordáramos de que no somos inmortales.

sábado, 13 de agosto de 2016

viernes, 12 de agosto de 2016

jueves, 11 de agosto de 2016

¿Qué novelistas prefiere y por qué?

Amo, sobre todo, a Stendhal porque sólo en él la tensión moral individual, la tensión histórica y el impulso vital son una sola cosa: tensión lineal novelesca. Amo a Pushkin porque es transparencia, ironía y seriedad. Amo a Hemingway porque es matter of fact, understatement, voluntad de felicidad, tristeza. Amo a Stevenson porque parece que vuela. Amo a Chejov porque no va más allá de donde va. Amo a Conrad porque navega en el abismo y no naufraga. Amo a Tolstói porque a veces me parece que estoy a punto de entender cómo lo hace y, en cambio, no entiendo nada. Amo a Manzoni porque hasta hace poco lo odiaba. Amo a Chesterton porque quiso ser el Voltaire católico y yo habría querido ser el Chesterton comunista. Amo a Flaubert porque después de él no se puede pretender hacer nada que se le parezca. Amo al Poe del Escarabajo de oro. Amo al Twain de Huckleberry Finn. Amo al Kipling de El libro de la selva. Amo a Nievo porque lo he releído muchas veces divirtiéndome tanto como la primera. Amo a Jane Austen porque no la leo nunca pero me alegro de que exista. Amo a Gógol porque deforma con precisión, maldad y medida. Amo a Dostoievski porque deforma con coherencia, con furor y sin medida. Amo a Balzac porque es visionario. Amo a Kafka porque es realista. Amo a Maupassant porque es superficial. Amo a Mansfield porque es inteligente. Amo a Fitzgerald porque está insatisfecho. Amo a Radiguet porque la juventud nunca vuelve. Amo a Svevo porque alguna vez habrá que envejecer. Amo...  

Italo Calvino [1923-1985] respondiendo en 1959 a una entrevista sobre novelas y novelistas...

miércoles, 10 de agosto de 2016

martes, 9 de agosto de 2016

Rostros

He visto un rostro con mil semblantes, y un rostro que no era sino un solo semblante, como si estuviera en un molde.
He visto un rostro cuyo resplandor no ocultaba su fealdad interior, y un rostro cuyo resplandor escondía una belleza aún más espléndida.
He visto un rostro viejo con arrugas inexpresivas, y un rostro terso en el que todas las cosas habían dejado su huella.
Conozco los rostros porque miro a través de la tela que mis propios ojos tejen, y busco la realidad que hay debajo.

Del libro El loco [1918] del libanés Gibran Khalil Gibran [1883-1931].

lunes, 8 de agosto de 2016

Educar

   Educar es lo mismo 
que poner un motor a una barca,
hay que medir, pensar, equilibrar,
y poner todo en marcha.

   Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta,
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

   Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño,
irá muy lejos por el agua.

   Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

   Soñar que, cuando un día
esté durmiendo nuestro propio barco, 
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya [1911-1991]

domingo, 7 de agosto de 2016

sábado, 6 de agosto de 2016

viernes, 5 de agosto de 2016

Como un idiota

No estaba enamorado de ella —eran más o menos tan incompatibles como podrían serlo dos personas cualesquiera—, pero la quería mucho y echaba de menos a esa maldita y complicada mujer. Había creído que la amistad era mutua. En resumen, se sentía como un idiota.
Permaneció junto a la ventana un buen rato.
Al final se decidió.

De la novela La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina [2005], segunda parte de la trilogía Millennium del escritor sueco Stieg Larsson [1954-2004].

jueves, 4 de agosto de 2016

En agosto, Julio

- Estoy releyendo a Stieg Larsson (que me está volviendo a gustar mucho),
- el otro día cogí en la biblioteca Sumisión de Michel Houllebecq (leí algo suyo hace años y no me entusiasmó, pero tengo mucha curiosidad por esta novela),
- y aún tengo pendientes algunos de los regalitos de mi cumple (he leído ya dos de ellos que me encantaron y los demás me están esperando)...

...Pero ya que estoy currando dando clases en la sierra y no voy a poder viajar 'de verdad' durante estas próximas semanas, he decidido dedicárselas a tutiplén al enorme Julio Verne...

miércoles, 3 de agosto de 2016

gente que lee (102)

Llevo tiempo 'coleccionando' imágenes para esta sección de gente que lee de mi blog (que me encanta y que sé que le gusta mucho a algunxs amigxs...).
Tengo guardadas docenas de imágenes que encuentro y que voy colgando poco a poco, más o menos una cada semana. Son fotos, cuadros o dibujos que voy encontrando aquí o allá, en libros, museos, internet, exposiciones, periódicos... por todas partes hay gente que lee.
;o)
Pero además, cada vez hay más amigxs que me mandan imágenes (chulísimas) de gente leyendo. Ésta de hoy me la ha mandado Imilce desde algún lugar del norte en el que está pasando unos días de vacaciones con su fámili...
¡Gracias!

martes, 2 de agosto de 2016

Vuelta a casa

Es tardísimo. Al final hemos vuelto a acabar más tarde de lo habitual. Parecía que la reunión de hoy estaba siendo tontorrona, pero se ha puesto interesante cuando Juan ha sacado el tema del maltrato en el colegio de su hija. ¡Qué frío hace, joder! Incluso cuando las reuniones nos salen un poco sosas me merece la pena venir una vez al mes a Madrid a ver un rato a esta gente. Me sientan bien. Me ponen las pilas. Gente interesante que me ayuda a hacer un poco de gimnasia mental y a mirar las cosas con perspectiva. Lo malo es la perecita de venir desde la sierra hasta aquí para estar sólo un par de horas en la ciudad y volver a subir a las tantas. He hecho bien en volver andando desde Tribunal hasta donde tengo el coche. Seguro que a estas horas hubiera tardado más en metro entre las esperas y el transbordo. Además prefiero no gastar lo que me queda del abono que tengo, que está ya un poco tieso y el miércoles lo necesitaré otra vez cuando vuelva al taller de escritura. Y ahora estos descerebrados dando voces en Sol. ¿Ha habido hoy algún partido de fútbol? Parece que con el paseíto voy entrando en calor. Desde aquí ya es cuesta abajo hasta Lavapiés. La una menos cuarto. Hoy hubiera estado bien quedarme a dormir con Irene. Pero no le he dicho nada y no me gusta lo de aparecer por sorpresa en su casa. Y menos a estas horas. Ahí está el coche, por fin. ¡Anda que no tiene mierda! Pero bueno, ahora no estoy para pensar en limpiarlo. Entre la jodida correa esa que tengo que cambiarle, el aceite, la cerradura rota, las ruedas nuevas, el impuesto del ayuntamiento que tengo pendiente y el seguro que debe estar a punto de llegar, voy a necesitar más de mil euros sólo para el puto coche. Menos mal que al menos me lleva y me trae. Bastante hace con lo viejito que está. Como se me rompa del todo sí que la cago, que en la sierra sin coche no eres nadie. Bueno, cochecito, ahora pórtate bien y llévame a casa, ¿vale? ¡Venga, ánimo! ¡Vaya rasca! Hala, vámonos. Pues no es flamenco lo que más me apetece escuchar ahora, la verdad. Y en Radio Nacional estos petardos hablando de los pactos. ¡Qué ascazo! Podían irse todos un poquito a la mierda y dejarnos en paz. Con M-80 y Kiss FM ni lo intento a estas horas, que estarán en pleno horario de música somnífera. Voy a dejar Radio Clásica, que en un rato cambiará de programa y a lo mejor me ponen algo más acorde al ánimo que llevo. ¡El túnel de Atocha cortado! ¡Genial! A ver por dónde me mandan ahora. Bueno, parece que todos se meten por el carril bus y siguen de frente hacia Ciudad de Barcelona. Menos mal, porque si me llegan a hacer bajar por Santa María de la Cabeza echo otros veinte minutos. Ni dios en la M30. ¡Mola! A casa. ¡Joder, qué gusto, y ahora me ponen a Bach para el camino! ¿Qué más puedo pedir? ¡Qué agobio lo que ha contado Juan del cabrón ese de la clase de su hija haciendo que se pelearan los dos chavales discapacitados y el resto del grupo jaleándoles! Andamos jodidos si la gente de quince años es capaz de ser tan cruel. Casi más heavy lo del público coreando a esos dos pobres pegándose que lo del cabrón que organiza toda la movida. Y el director, ¡menudo sin sangre! Llama a los padres porque hay amenaza de denuncia. Si no, mejor todo el mundo calladito, nada de movernos no vaya a ser que pase algo y nos metamos en problemas. Un tuercebotas. Lucía me contó algo parecido hace unos días del cole de Sonia. Vaya tela. Los niños puteándose entre ellos en el patio y en las clases. Tienen de quien aprender, eso es cierto. Los adultos andamos a hostias, así que es normal que si ése es el referente que tienen, ése sea el modelo que siguen. La cosa es cómo atajarlo lo antes posible para que no lo reproduzcan cuando lleguen a adultos. Este programa lo han hecho para mi. ¡Qué gusto! Ahora las variaciones Goldberg. Estoy por quedarme en el coche a dormir cuando llegue a casa para no perderme nada de lo que pongan luego. ¡Qué idiota! Pues anda que iba a estar bien abrigadito en el coche. Me iban a abrigar bien Goldberg y Bach y Glenn Gould y su puta madre. A ver si no encuentro hielo cuando esté llegando al pueblo, que hoy tiene pinta de que va a caer una helada de las de nota. ¿Cómo no van a ser cabrones los niños si nos ven a los mayores jodiéndonos la vida unos a otros? Como los sobrinos de Iván, que desde que se separaron sus padres, como se están matando vivos entre ellos, pues los críos también se han metido en esa guerra. La pequeña castigando a la madre, el mayor jodido y más solo que la una, y los padres en la parra, que no se enteran ni de por dónde les da el aire, cada uno a su rollo. Y ahora no saben cómo ganarse a sus hijos y la están cagando todos pero bien. A ver por dónde sale todo eso. ¡Qué maravilla cómo se ve la sierra con la luz de la luna! Dentro de unos días debe ser ya llena. Quizá el viernes o el sábado. Vaya cielo despejado que hay hoy. ¡Qué gusto! Aunque no queda mucha nieve. Hay más por la parte de arriba, por donde estuve el otro día pateando con Irene. Aunque no quede mucha mola ver desde aquí con esta luz las manchas blanquecinas por la cresta de la sierra. Bueno, ya estoy aquí. ¡Qué ganas de pillar la cama! ¡Me cago en la leche! ¡Otra vez ha dejado el cerrojo echado esta petarda! ¡Hasta el culo estoy de compartir casa! A ver cómo consigo que se despierte esta insustancial que duerme como un cesto. Definitivamente no hace tiempo de quedarme a dormir en el coche. Ni con Bach acompañándome ni con la madre que lo parió. Pues nada, a ver cuándo se digna a despertarse. Ya está, menos mal, acabo de oír la puerta de su habitación. Sí, claro que soy yo. Quién va a venir a estas horas y a llamar así durante tanto rato. Pues hala, casi tres cuartitos de hora ricos, ricos que me he pasado al raso esperando a que me abriera la bella durmiente. A ver si me salen las cuentas y en verano me piro. Qué ganas de vivir solo otra vez y de hacer lo que me dé la gana sin tener que estar pendiente de nadie. ¡Qué sueño! Al entrar en casa se me ha venido encima todo el cansancio de golpe. ¡Vaya día largo! Dientes y a la cama. Me gustaría leer un ratito pero estoy hecho un escombro. ¿A qué hora pongo el desper? He quedado con Teresa temprano para lo de la biblioteca y el club de lectura y antes me tiene que dar tiempo a preparar lo del taller. ¿Seis y media...? Ufff....

Madrid, marzo de 2016.

Licencia Creative Commons
Vuelta a casa por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

El resultado de otro de los ejercicios que nos encargaron en el taller de escritura creativa que hice a principios de este año en la Escuela de Escritores de Madrid. En esta ocasión nos pedían usar la técnica del monólogo interior.
Lo que cuento en el relato es una mezcla de realidad y ficción... aunque, a pesar de haber cambiado nombres, lugares y hechos, el porcentaje de la primera es bastante mayor que el de la segunda...
;o)

lunes, 1 de agosto de 2016

Las dos jaulas

En el jardín de mi padre hay dos jaulas. En una vive un león, que los esclavos de mi padre trajeron del desierto de Nínive; en la otra, un gorrión que no canta.
Todos los días al amanecer, el gorrión saluda al león diciendo: "Que tengas buenos días, hermano prisionero".

Del libro El loco [1918] del libanés Gibran Khalil Gibran [1883-1931].

domingo, 31 de julio de 2016

viernes, 29 de julio de 2016

En la librería...

Pasé toda la tarde en la librería. No había libros en ella; hacía casi medio siglo que no se imprimían. Y yo los esperaba tanto después de los microfilmes en que consistía la biblioteca del Prometeo. No existían. Ya no se podía curiosear en las estanterías, sopesar gruesos tomos en la mano, saborear bien su volumen, que predecía la duración del placer de su lectura. La librería recordaba un laboratorio electrónico. Los libros eran pequeños cristales de contenido acumulado, y se leían con ayuda de un optón. Este incluso se parecía a un libro, aunque sólo tenía una página entre las tapas. Al tocar esta hoja, aparecían por orden las páginas del texto, una tras otra. Pero, según me dijo el robot vendedor, los optones se usaban muy poco. El público prefería los lectones, que leían en voz alta, y era posible elegir la voz, el ritmo y la modulación preferida. Solamente se imprimían en páginas de plástico, que imitaban el papel, algunas publicaciones científicas de audiencia muy reducida. Por ello pude meter en un bolsillo todas mis compras, aunque se trataba de trescientos títulos. Los libros parecían un puñado de granos cristalinos. Escogí varias obras históricas y sociológicas, algo sobre estadística, demografía y psicología: de esto último, lo que me había recomendado la chica del ADAPT. Algunos manuales más voluminosos de matemáticas, que naturalmente no eran voluminosos por su tamaño, sino por su contenido. El robot que me atendió era él mismo una enciclopedia; según me dijo, estaba en comunicación directa mediante catálogos electrónicos con todas las obras del mundo. En la librería sólo se encontraban "ejemplares" únicos de libros, y cuando alguien los necesitaba, el contenido de la obra requerida se fijaba en un pequeño cristal.
Los originales -matrices de cristal- no podían verse: estaban detrás de placas de acero esmaltadas, de color azul pálido. Así pues, el libro se imprimía, por así decirlo, cada vez que alguien lo necesitaba. Habían dejado de existir los problemas de edición, de tirada o de que un libro se agotase. Era realmente un gran éxito. Pero yo lo sentía por los libros. Cuando me enteré de que había tiendas de libros antiguos de papel, las busqué y encontré una. Tuve una decepción: apenas había literatura científica. Novelas, algunos libros para niños y un par de años de viejas revistas.
Compré (sólo había que pagar por los libros viejos) unos cuentos de cuarenta años atrás para saber a qué llamaban cuentos hoy en día, y entonces fui a una tienda de artículos deportivos. [...]

De la novela Retorno de las estrellas [1961] del escritor polaco Stanisław Lem [1921-2006].

jueves, 28 de julio de 2016

Belleza imprescindible

Dos de los libros que me han regalado por mi cumple hace unos días. Éstos me los regaló Elia. Los encontró por casualidad en una de esas nuevas librerías que no paran de abrir en Lavapiés.
Me los he leído en estos días que he pasado en Algeciras con la fámili...
Es una colección promovida por Ecologistas en Acción, bajo licencia creative commons. No conocía ni el proyecto, ni los libros, ni a las autoras... y me han parecido dos libritos maravillosos y necesarios. Terribles por lo que cuentan y hermosos por cómo lo cuentan. Una belleza imprescindible en los tiempos que estamos viviendo.
Completamente recomendables.

miércoles, 27 de julio de 2016

martes, 26 de julio de 2016

Un zorro semejante a cien mil otros

Hoy, en el almanaque que tienen mis padres en la cocina, me he encontrado con el zorro de El Principito...

lunes, 25 de julio de 2016

Mis padres

La foto lleva mucho tiempo colgada en su casa. No recuerdo cuándo se la hizo mi tío Paco, pero ya hará un buen montón de años. Ayer, después de comer, la fotografié yo con mi camarita. Se ve un poco mi cara reflejándose entre ellxs.
Hoy hace cincuenta años que se casaron. Se siguen queriendo. Están contentxs y quieren compartirlo. Nos han juntado a la familia y a algunxs amigxs y han organizado una reboda en el mismo lugar y el mismo día en que fue la primera.
Les traigo a este blog sobre cosas que leo y cosas que escribo porque son dos de los responsables de mi afición a los libros y a la lectura.
Recuerdo su insistencia en que cada noche, antes de apagar la luz, leyera un ratito en la cama.
Y recuerdo que siempre hubo enciclopedias en casa y que mi padre, cada vez que le preguntaba algo para el cole no quería contestarme, siempre prefería decirme 'búscalo en el diccionario' o 'búscalo en la enciclopedia'. Entonces no entendía esa manía suya de no ayudarme y me enfadaba pensar que él me podía resolver en un minuto lo que a mí me costaba un buen rato encontrar en los libros.
Hoy los diccionarios son unos de mis libros favoritos... y todas las noches, antes de apagar la luz, tengo la necesidad de leer alguna página...

domingo, 24 de julio de 2016

sábado, 23 de julio de 2016