Estos días estoy preparando los talleres de fotografía que empezamos esta semana en La Cabrera. Hace unos días conté aquí lo bien que me lo paso con estas cosas. Y además aprendo todo el rato... De fotografía, por supuesto, pero también de muchas más cosas.
Leyendo y buscando cosas aquí y allá esta semana he aprendido palabras como polímata, fosfeno, escopofilia y polisón...
Son palabras de esas que ciertamente no son muy útiles para la vida diaria, pero que mola conocer y de las que uno nunca sabe cuándo pueden salir en una conversación cultureta......
;o)))
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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domingo, 8 de octubre de 2017
viernes, 29 de septiembre de 2017
BPL
Estos días me lo estoy pasando muy bien, por muchos motivos, preparando los talleres de fotografía que empiezo la semana que viene en el Centro de Humanidades de La Cabrera.
Hoy, buscando material sobre Nicholas Nixon [1947- ], el fotógrafo del que hay ahora mismo una exposición en la Fundación Mapfre de Madrid y que quiero ver en el taller, me he encontrado con esta foto tan chula de la Biblioteca Pública de Boston, hecha en 1974.
Hoy, buscando material sobre Nicholas Nixon [1947- ], el fotógrafo del que hay ahora mismo una exposición en la Fundación Mapfre de Madrid y que quiero ver en el taller, me he encontrado con esta foto tan chula de la Biblioteca Pública de Boston, hecha en 1974.
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domingo, 16 de julio de 2017
Gulliver
Este sábado hemos tenido un mini taller de fotografía en el Centro de Humanidades de La Cabrera. Otras veces suelo hacer una propuesta que tiene que ver sobre todo con aspectos relacionados con la técnica fotográfica, con la composición, etc...
Esta vez me apetecía cambiar un poco. Estuve pensando en el verano, en los viajes, en la literatura de viajes... y se me ocurrió hacer un taller en el que el tema sobre el que trabajáramos fuera alguna novela de viajes...
Pensé en Alicia, en el Quijote, en Moby Dick, en Robinson Crusoe... y finalmente hicimos una actividad molona y divertida sobre los viajes de Gulliver...
Mola esto de juntar literatura y fotografía...
¡Seguimos!
Esta vez me apetecía cambiar un poco. Estuve pensando en el verano, en los viajes, en la literatura de viajes... y se me ocurrió hacer un taller en el que el tema sobre el que trabajáramos fuera alguna novela de viajes...
Pensé en Alicia, en el Quijote, en Moby Dick, en Robinson Crusoe... y finalmente hicimos una actividad molona y divertida sobre los viajes de Gulliver...
Mola esto de juntar literatura y fotografía...
¡Seguimos!
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lunes, 26 de junio de 2017
Bibliotecario por un día
La semana pasada me propusieron hacer una sustitución a una de las personas que trabajan en la biblioteca del Centro de Humanidades de La Cabrera. Muchísimas veces he pensado que el de bibliotecario, como el de librero, podría ser uno de esos trabajos en el que me lo pasara bien. Sé que ambos trabajos tienen una parte aburrida y rutinaria de ordenar, catalogar, etc. pero también tienen esa parte alucinante de hablar con quienes llegan preguntando qué leer...
El sábado pasé un día tranquilo. Ya casi no quedan estudiantes en la biblioteca, quienes estaban preparando sus oposiciones ya se han examinado, y durante todo el día pasó muy poquita gente a coger o devolver libros. Sólo por la tarde, coincidiendo con la entrada del cine, vinieron unas cuantas personas. Pero a pesar de esa tranquilidad "excesiva" fue una experiencia divertida...
Y al final de la tarde, cuando estábamos a punto de cerrar, llegó una familia preguntando por varios libros que le habían recomendado al pequeño en el colegio y por unas guías de viaje para las vacaciones. Cuando más o menos tenían lo que querían la madre me dijo si tendría algo que le pudiera interesar a él, señalando a un adolescente que se había quedado fuera esperando a que acabaran y que, como la mayoría de los que conozco en mis clases o en mi entorno, lee nada o casi nada.
Y ahí me vine arriba, tratando de encontrar algo que le pudiera interesar y que, aunque sólo fuera durante unas horas, le enganchara a alguna historia...
No sé si lo que se llevó le animó a leer y lo disfrutó, pero me gustó intentarlo...
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miércoles, 7 de junio de 2017
Autores que debemos leer
Entre los libros de expurgo de la biblioteca del Centro de Humanidades de La Cabrera de vez en cuando me encuentro cosas molonas, como esta edición impresa en Buenos Aires en 1940 de un par de comedias de Tirso de Molina que, además del papel viejuno, algunos dibujos chulos y un sellito del librero, tiene en la introducción este estupendo análisis de género sobre las mujeres y los hombres de Tirso:
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sábado, 27 de mayo de 2017
CCH
Leyendo a Luis Sepúlveda mientras hago cola para ver una versión familiar de La flauta mágica...
¡Me encanta el CCH!
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viernes, 5 de mayo de 2017
A la cama...
Aunque no lo parecía ha sido una semana larga, larga... así que he llegado al viernes hecho un escombrito.
Hoy por la mañana trabajando en la biblioteca de Buitrago, por la tarde un par de clases en Bustarviejo y en La Cabrera, y luego al CCH a ver La academia de las musas, de José Luis Guerín, que aún no estoy seguro de si me ha gustado...Y ya en casa...
Y hoy toca descansar. Así que un poco de música de fondo, novelita y a la cama.
Mañana más.
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lunes, 13 de junio de 2016
La decisión de Julia
Últimamente estoy intentando poner poesía todos los lunes en mi blog. Hoy, lunes, podría parecer que dejo la poesía aparcada para hablar de cine, pero no, seguimos con la poesía...
Oí hablar de La decisión de Julia hace unos meses, cuando tuve la suerte de coincidir con Marta Belaustegui en el curso de escritura creativa que hice en la Escuela de Escritores. Allí nos habló del estreno de la película, nos contó que era una peli muy especial y nos dijo que espabiláramos si queríamos verla porque no tardarían mucho en quitarla de las salas.
No me dio tiempo a verla. Efectivamente es una de esas pelis 'raras' que no aguantan muchos días en la cartelera. Nada que ver con tantas otras cuyo interés se mide por el número de entradas vendidas. Ésta es una película en blanco y negro, con mucho diálogo y poca acción, con muy poquitos personajes que se mueven prácticamente todo el tiempo en un espacio muy reducido. Es casi una obra de teatro filmada. Y habla, de una forma muy bella, sobre la muerte y la vida y el amor y la dignidad.
Alguien podría pensar que con todos estos ingredientes es una película 'difícil' de ver... pero, ¿qué significa difícil? Parece que si una película o una novela habla de cosas como la vida y la muerte nos va a costar mucho esfuerzo entrar en ella y en lo que nos cuenta, pero en realidad hablar de la muerte y la vida y la dignidad y el amor y la libertad no es más que hablar de cada uno y cada una de nosotrxs y de lo que vivimos día a día... No, definitivamente una película así no era probable que estuviera mucho tiempo en los cines.
El viernes pasado la programaron en el Centro de Humanidades de La Cabrera, el centro cultural del que ya he hablado aquí en alguna ocasión y que se ha convertido para mí en una referencia de mi vida en la sierra. Desde hace algún tiempo están haciendo proyecciones de películas como ésta, casi en una labor de 'rescate', y además invitan a algunas de las personas del equipo. El otro día vinieron Marta y Norberto López Amado, el director.
La película comienza con la llegada de Julia a una habitación de hotel. Lleva una pequeña maleta, va con muy poco equipaje, como supongo que deben hacerse los grandes viajes, los viajes importantes. En esa habitación, que fue importante para ella en otro momento, va a rememorar su vida, las personas que han pasado por ella y las decisiones que la han ido construyendo hasta llegar al día de hoy.
Sí, tal vez sea cierto que La decisión de Julia no es una peli fácil de ver. Ni cómoda. Tiene por momentos una belleza que es casi dolorosa. La fotografía en blanco y negro, las luces, los primerísimos planos de caras, manos, gestos, objetos. Hay momentos que no te dejan casi respirar. Te enfrenta a cada rato a las decisiones de Julia y te hace pensar constantemente en las tuyas propias, las importantes, las que te hacen vivir tu vida de una forma digna y libre.
En el breve diálogo que tuvimos al terminar la peli con Marta y Norberto, éste dijo que la de Julia es una historia que habla de la dignidad, y que la dignidad es, tal vez, 'hacer lo correcto'. ¿Qué otro argumento puede haber para convencerse de que ésta es una película importante y necesaria?
Oí hablar de La decisión de Julia hace unos meses, cuando tuve la suerte de coincidir con Marta Belaustegui en el curso de escritura creativa que hice en la Escuela de Escritores. Allí nos habló del estreno de la película, nos contó que era una peli muy especial y nos dijo que espabiláramos si queríamos verla porque no tardarían mucho en quitarla de las salas.
No me dio tiempo a verla. Efectivamente es una de esas pelis 'raras' que no aguantan muchos días en la cartelera. Nada que ver con tantas otras cuyo interés se mide por el número de entradas vendidas. Ésta es una película en blanco y negro, con mucho diálogo y poca acción, con muy poquitos personajes que se mueven prácticamente todo el tiempo en un espacio muy reducido. Es casi una obra de teatro filmada. Y habla, de una forma muy bella, sobre la muerte y la vida y el amor y la dignidad.
Alguien podría pensar que con todos estos ingredientes es una película 'difícil' de ver... pero, ¿qué significa difícil? Parece que si una película o una novela habla de cosas como la vida y la muerte nos va a costar mucho esfuerzo entrar en ella y en lo que nos cuenta, pero en realidad hablar de la muerte y la vida y la dignidad y el amor y la libertad no es más que hablar de cada uno y cada una de nosotrxs y de lo que vivimos día a día... No, definitivamente una película así no era probable que estuviera mucho tiempo en los cines.
El viernes pasado la programaron en el Centro de Humanidades de La Cabrera, el centro cultural del que ya he hablado aquí en alguna ocasión y que se ha convertido para mí en una referencia de mi vida en la sierra. Desde hace algún tiempo están haciendo proyecciones de películas como ésta, casi en una labor de 'rescate', y además invitan a algunas de las personas del equipo. El otro día vinieron Marta y Norberto López Amado, el director.
La película comienza con la llegada de Julia a una habitación de hotel. Lleva una pequeña maleta, va con muy poco equipaje, como supongo que deben hacerse los grandes viajes, los viajes importantes. En esa habitación, que fue importante para ella en otro momento, va a rememorar su vida, las personas que han pasado por ella y las decisiones que la han ido construyendo hasta llegar al día de hoy.
Sí, tal vez sea cierto que La decisión de Julia no es una peli fácil de ver. Ni cómoda. Tiene por momentos una belleza que es casi dolorosa. La fotografía en blanco y negro, las luces, los primerísimos planos de caras, manos, gestos, objetos. Hay momentos que no te dejan casi respirar. Te enfrenta a cada rato a las decisiones de Julia y te hace pensar constantemente en las tuyas propias, las importantes, las que te hacen vivir tu vida de una forma digna y libre.
En el breve diálogo que tuvimos al terminar la peli con Marta y Norberto, éste dijo que la de Julia es una historia que habla de la dignidad, y que la dignidad es, tal vez, 'hacer lo correcto'. ¿Qué otro argumento puede haber para convencerse de que ésta es una película importante y necesaria?
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jueves, 9 de junio de 2016
La vida
Hay muchos motivos por los que me gusta leer. Y uno de ellos, y seguro que no es el menos importante, es por los mundos y las vidas que me abre, por todo lo que me muestra que me mueve y me remueve, por las historias que encuentro en los libros que no son las que están en mi vida y que de algún modo la completan y la enriquecen.
A veces, algunos días, en tu propia vida, o en la mía, pasan suficientes cosas como para llenar novelas enteras. Creo que para mí ayer fue uno de esos días. Fue un día aparentemente normal, en el que hice cosas que hago casi todos los días: dí algunas clases, hice compra, leí un rato, me encontré con gente, conduje de un pueblo a otro, escribí algunos mails... Pero entre los muchos días en los que no ocurre nada que te saque de tu lugar, de tu centro, de vez en cuando hay alguno que te hace pensar que, a pesar de todo, la vida es mucho más rica, más plena, más excitante, más alegre y más triste, más emocionante que muchas novelas.
Ayer efectivamente hice muchas cosas de las que hago habitualmente. Por ejemplo, por la mañana añadí una nota más a este blog, que de todo lo que estoy haciendo últimamente es una de las cosas que más me gusta y me divierte.
Luego fui a Manjirón. Hacía mucho que no iba por allí después de dejar la casa en la que viví año y medio. Aún no me he 'curado' del todo de esa experiencia que para mí resultó muy catártica, y me conmovió ayer hacer de nuevo la carreterita que llega hasta allí desde la autovía. Me han propuesto hacer un trabajo fotográfico sobre la zona de Puentes Viejas. Creo que además de un trabajo alimenticio va a ser una buena 'terapia' para ayudarme a resolver mi relación con el lugar en que viví y cicatrizar del todo, por fin, esa etapa.
Ya que estaba por la zona continué la ronda y fui también a Buitrago. Y tuve allí varias conversaciones con gente que me encontré en la frutería, en la biblioteca... Conversaciones que me sientan bien, reveladoras, que me hacen crecer de un modo u otro, que me ayudan a mirar y a entender. Pasé buena parte del día haciendo 'mandaos', como diría mi abuela: cogí unos cuantos libros en la biblioteca, saqué un billete de tren para ir en julio a celebrar con mis padres sus primeros cincuenta años de casadxs, dí una clase particular en la que me tocó, aunque no es mi tema, hablar de historia del arte, y traté de contagiar a mi alumno, un chaval de diecinueve años, el asombro que sentí cuando vi el David de Miguel Ángel o al visitar el Panteón de Agripa.
Al llegar a casa me enteré de que la semana que viene operarán a mi madre. No parece grave, pero me acercaré un par de días a Algeciras a acompañar. Nos sentará bien estar cerca. Y al rato me llamó Vero, una de las personas más importantes de mi vida desde hace muchos años. Hacía tiempo que no hablábamos, así que me gustó oírla y que me contara sobre el trabajo, interesantísimo, que está haciendo en Ecuador y sobre cómo se siente estas semanas allí. Y me contó también la muerte de Vicente y el nacimiento de Adriana. Las dos cosas esperadas, pero no por esperadas menos impresionantes.
Por la tarde dí otra clase, esta vez de matemáticas, y volví a ver de cerca la fragilidad, la inseguridad de los dieciséis años. Volví a ser consciente de que mi trabajo con lxs alumnxs, en muchísimas ocasiones, no es tanto explicar polinomios y logaritmos sino escuchar, animar, dar confianza, sostener de algún modo.
Y luego al CCH, uno de los lugares sobre los que gira mi vida últimamente en la sierra, al que voy todas las semanas, unas veces como profe del taller de fotografía y otras, la mayoría, como usuario del centro. Allí me encontré con más amigxs, tuve más conversaciones interesantes, hablamos sobre la exposición del taller de fotografía, sobre el Club de Lectura Serrano, sobre la vida......
A veces uno se pregunta para qué nos hacen falta las novelas teniendo la vida...
A veces, algunos días, en tu propia vida, o en la mía, pasan suficientes cosas como para llenar novelas enteras. Creo que para mí ayer fue uno de esos días. Fue un día aparentemente normal, en el que hice cosas que hago casi todos los días: dí algunas clases, hice compra, leí un rato, me encontré con gente, conduje de un pueblo a otro, escribí algunos mails... Pero entre los muchos días en los que no ocurre nada que te saque de tu lugar, de tu centro, de vez en cuando hay alguno que te hace pensar que, a pesar de todo, la vida es mucho más rica, más plena, más excitante, más alegre y más triste, más emocionante que muchas novelas.
Ayer efectivamente hice muchas cosas de las que hago habitualmente. Por ejemplo, por la mañana añadí una nota más a este blog, que de todo lo que estoy haciendo últimamente es una de las cosas que más me gusta y me divierte.
Luego fui a Manjirón. Hacía mucho que no iba por allí después de dejar la casa en la que viví año y medio. Aún no me he 'curado' del todo de esa experiencia que para mí resultó muy catártica, y me conmovió ayer hacer de nuevo la carreterita que llega hasta allí desde la autovía. Me han propuesto hacer un trabajo fotográfico sobre la zona de Puentes Viejas. Creo que además de un trabajo alimenticio va a ser una buena 'terapia' para ayudarme a resolver mi relación con el lugar en que viví y cicatrizar del todo, por fin, esa etapa.
Ya que estaba por la zona continué la ronda y fui también a Buitrago. Y tuve allí varias conversaciones con gente que me encontré en la frutería, en la biblioteca... Conversaciones que me sientan bien, reveladoras, que me hacen crecer de un modo u otro, que me ayudan a mirar y a entender. Pasé buena parte del día haciendo 'mandaos', como diría mi abuela: cogí unos cuantos libros en la biblioteca, saqué un billete de tren para ir en julio a celebrar con mis padres sus primeros cincuenta años de casadxs, dí una clase particular en la que me tocó, aunque no es mi tema, hablar de historia del arte, y traté de contagiar a mi alumno, un chaval de diecinueve años, el asombro que sentí cuando vi el David de Miguel Ángel o al visitar el Panteón de Agripa.
Al llegar a casa me enteré de que la semana que viene operarán a mi madre. No parece grave, pero me acercaré un par de días a Algeciras a acompañar. Nos sentará bien estar cerca. Y al rato me llamó Vero, una de las personas más importantes de mi vida desde hace muchos años. Hacía tiempo que no hablábamos, así que me gustó oírla y que me contara sobre el trabajo, interesantísimo, que está haciendo en Ecuador y sobre cómo se siente estas semanas allí. Y me contó también la muerte de Vicente y el nacimiento de Adriana. Las dos cosas esperadas, pero no por esperadas menos impresionantes.
Por la tarde dí otra clase, esta vez de matemáticas, y volví a ver de cerca la fragilidad, la inseguridad de los dieciséis años. Volví a ser consciente de que mi trabajo con lxs alumnxs, en muchísimas ocasiones, no es tanto explicar polinomios y logaritmos sino escuchar, animar, dar confianza, sostener de algún modo.
Y luego al CCH, uno de los lugares sobre los que gira mi vida últimamente en la sierra, al que voy todas las semanas, unas veces como profe del taller de fotografía y otras, la mayoría, como usuario del centro. Allí me encontré con más amigxs, tuve más conversaciones interesantes, hablamos sobre la exposición del taller de fotografía, sobre el Club de Lectura Serrano, sobre la vida......
A veces uno se pregunta para qué nos hacen falta las novelas teniendo la vida...
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martes, 18 de marzo de 2014
Bibliotecas
Parece que la "crisis", o lo que sea, me ha vuelto a llevar a las bibliotecas.
Hubo una época, cuando aún vivía en Hortaleza, que fui un usuario compulsivo de la biblioteca del barrio. Luego, con las mudanzas y con la posibilidad de comprar los libros, se me apolilló el carné.
Ahora vuelvo a usarlo y me encanta: la biblioteca de Puerta de Toledo cuando voy a Madrid, la del Centro de Humanidades de La Cabrera, la municipal de Buitrago...
Hubo una época, cuando aún vivía en Hortaleza, que fui un usuario compulsivo de la biblioteca del barrio. Luego, con las mudanzas y con la posibilidad de comprar los libros, se me apolilló el carné.
Ahora vuelvo a usarlo y me encanta: la biblioteca de Puerta de Toledo cuando voy a Madrid, la del Centro de Humanidades de La Cabrera, la municipal de Buitrago...
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viernes, 14 de febrero de 2014
Chocolate amargo
Hace unos 25 años, cuando aún estaba en el grupo scout de mi cole, hice varios cursos para ser monitor de tiempo libre. Entre los diferentes módulos que se podían elegir para completar las horas que se exigían, había uno sobre coeducación e igualdad de género, aunque esa palabra, género, aún no estaba tan extendida como hoy.
Fue la primera vez que asistí a un curso, taller, encuentro, etc. que me permitió organizar un poco ideas que, aunque me parecían de sentido común, aún tenía muy desordenadas: la igualdad de oportunidades, de derechos y de deberes entre hombres y mujeres, el sexismo en los juegos y juguetes o en la publicidad, el lenguaje inclusivo, la coeducación, los roles de género, etc. Aquel fin de semana me marcó muchísimo y me abrió caminos que aún hoy sigo transitando.
Durante esos días nos recomendaron varios libros y uno de ellos, cuyo título por algún motivo he recordado durante todos estos años, fue Chocolate amargo, de la escritora alemana Mirjam Pressler. Ayer lo encontré en la biblioteca del Centro de Humanidades de La Cabrera y lo leí de una sentada después de cenar.
Una novela escrita en 1980, hace ya un tercio de siglo, pero absolutamente vigente en todo lo que cuenta: las dificultades de la adolescencia con la propia imagen y la aceptación en el grupo, los roles dentro de la familia tradicional, la autoridad difícil de cuestionar del padre dentro de esa familia y la frustración de la madre por vivir una vida que no le gusta, la rebeldía adolescente y la rebeldía de mujeres que tratan de librarse de siglos de presión... Un libro muy recomendable no sólo para jóvenes, que es a quien en principio está dirigido, sino también para adultxs.
Fue la primera vez que asistí a un curso, taller, encuentro, etc. que me permitió organizar un poco ideas que, aunque me parecían de sentido común, aún tenía muy desordenadas: la igualdad de oportunidades, de derechos y de deberes entre hombres y mujeres, el sexismo en los juegos y juguetes o en la publicidad, el lenguaje inclusivo, la coeducación, los roles de género, etc. Aquel fin de semana me marcó muchísimo y me abrió caminos que aún hoy sigo transitando.
Durante esos días nos recomendaron varios libros y uno de ellos, cuyo título por algún motivo he recordado durante todos estos años, fue Chocolate amargo, de la escritora alemana Mirjam Pressler. Ayer lo encontré en la biblioteca del Centro de Humanidades de La Cabrera y lo leí de una sentada después de cenar.
Una novela escrita en 1980, hace ya un tercio de siglo, pero absolutamente vigente en todo lo que cuenta: las dificultades de la adolescencia con la propia imagen y la aceptación en el grupo, los roles dentro de la familia tradicional, la autoridad difícil de cuestionar del padre dentro de esa familia y la frustración de la madre por vivir una vida que no le gusta, la rebeldía adolescente y la rebeldía de mujeres que tratan de librarse de siglos de presión... Un libro muy recomendable no sólo para jóvenes, que es a quien en principio está dirigido, sino también para adultxs.
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