He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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sábado, 20 de diciembre de 2014

El tratado

Entonces los caballeros sacaron por fin sus estilográficas y firmaron el tratado. ¡Los animales habían vencido!
El tratado que firmaron los jefes de Estado decía:
"Nosotros, los representantes legítimos de todos los países de la tierra, nos comprometemos, con vida y hacienda, a llevar a cabo lo siguiente: 1.-Se suprimen todos los puestos fronterizos y todas las guardias fronterizas. No hay más fronteras. 2.-Se suprime el ejército y todas las armas de fuego y explosivos. No habrá más guerras. 3.-La policía necesaria para mantener el orden será dotada de arcos y flechas. Debe vigilar sobre todo que la ciencia y la técnica estén exclusivamente al servicio de la paz. No habrá más ciencias asesinas. 4.-El número de oficinas, funcionarios y archivadores de documentos será reducido al mínimo imprescindible. Las oficinas están al servicio de la gente, no al revés. 5.-Los funcionarios mejor pagados serán en el futuro los maestros. La tarea de educar a los niños para hacer de ellos verdaderas personas es la más alta y la más difícil. El objetivo de la auténtica educación debe ser: ¡Fuera la pereza de corazón!".
Como hemos dicho, esto lo firmaron todos los jefes de Estado.

De la novela infantil La conferencia de los animales, del escritor alemán Erich Kästner [1899-1974].

viernes, 19 de diciembre de 2014

Revista Babar

Me gusta y me interesa mucho la literatura infantil y juvenil. Hablo con frecuencia sobre libros con mis alumnxs, con mis sobrinxs, con los hijos e hijas de gente que conozco, y le doy muchas vueltas a qué tipo de libros les gusta leer, cuáles les enganchan y cuáles les dejan indiferentes...
No descubro nada extraordinario diciendo que en esas edades es cuando los niños y las niñas han de descubrir que mola leer. Por muchos motivos: porque es divertido, porque se aprenden cosas, porque el mundo se hace más accesible y se entiende mejor.......

Más tarde es mucho más difícil.

Me encanta leer libros que se supone que están dirigidos a público infantil o adolescente para conocer qué les interesa y también para tratar de entender por qué tienen tanto éxito cosas como los Juegos del hambre o Crepúsculo...

Y de vez en cuando descubro autores que me sorprenden muchísimo con las historias que cuentan y cómo las cuentan. [Autores y autoras que me sorprenden para bien, los que no me gustan tanto me los ahorro aquí].

Tres de mis últimos "descubrimientos" (desde el verano, más o menos) han sido:

Gonzalo Moure [1951- ], de quien me gustó muchísimo Esta, la vida, escrito en colaboración con Mónica Rodríguez.

Guus Kuijer [1942- ]. Escritor holandés que me sorprendió mucho con sus historias breves, sencillas, llenas de sentido... Alguna de ellas la colgué aquí hace unos meses.

Erich Kästner [1899-1974]. Escritor alemán del que descubrí este librito en casa de una amiga durante el verano:
y luego, ya de vuelta en la Sierra, encontré en las bibliotecas de por aquí unos cuantos libros suyos que también me resultaron muy atractivos:

Cuesta descubrir autores y obras interesantes, hay mucho de ensayo y error, de búsquedas y pruebas en las que a veces aciertas y a veces no.

Recientemente he descubierto el blog Revista Babar: un sitio especializado en literatura infantil y juvenil con montones de referencias, biografías de autores, reseñas, convocatorias de concursos y mucho más...
Muy recomendable. Y desde hoy enlazado desde aquí...

viernes, 5 de septiembre de 2014

¡Majaderías!

Pensaba yo titular el libro Perejil en la selva. Título sugestivo, ¿verdad? Y ahora están los tres primeros capítulos en mi casa calzando la pata de una mesa para que no cojee. ¿No será éste acaso el papel más propio de una novela que se desarrolla en los Mares del Sur?
Nietenfuhr, el mozo del café, con quien hablaba yo muchas veces de mis trabajos, me preguntó dos días más tarde si yo había estado alguna vez allá abajo.
-¿Dónde es abajo? -le pregunté.
-¡Hombre! En los Mares del Sur, en Australia, en Sumatra, en Borneo y todo eso.
-No -dije-. ¿Por qué?
-Porque sólo se puede escribir de las cosas que uno conoce y ha visto -me respondió.
-Permítame usted, querido señor Nietenfuhr...
-Eso es más claro que el agua -me dijo-. Los señores Neugebauer, que vienen muchas veces aquí a tomar café, tuvieron en cierta ocasión una criada que no había visto nunca asar aves. Y en Navidad del año pasado, cuando tenía que asar el ganso, la señora Neugebauer se fue de compras, y al volver se encontró con una escena espeluznante. La criada había metido en la cacerola al ganso tal y como había venido de la plaza sin socarrarlo, sin abrirlo y sin sacarle las tripas. Despedía un olor que tiraba de espaldas, se lo aseguro a usted.
- Pero ¿qué tiene que ver? -pregunté-. ¿Se figura usted que asar gansos es lo mismo que escribir libros? No me lo tome usted a mal, querido Nietenfuhr, pero no tengo más remedio que reirme.
El hombre esperó a que yo agotara la risa, que en rigor no duró mucho tiempo, y luego me dijo:
-El Mar del Sur, y los antropófagos, y los arrecifes de coral, y todo ese tinglado son el ganso de usted. Y la novela es la cacerola en que quiere usted asar el Océano Pacífico, y a Perejil, y a los tigres. Y si no sabe usted aún cómo se asa ese ganado, podrá resultar una peste de mil demonios, lo mismo que en el caso de la criada de los señores Neugebauer.
-Pues eso es lo que hacen la mayoría de los escritores -exclamé.
-Buen provecho -me dijo por toda respuesta.
[...]
-Le voy a dar a usted un consejo de primera -prosiguió él-; lo mejor será que escriba usted cosas que conozca, por ejemplo, del metro, de los hoteles y de otras cosas por el estilo. O de chiquillos, que le pasan a usted todos los días por delante de las narices y que es lo que hemos sido todos.
-Pues a mi me dijo una persona que gastaba una barba muy larga y que conoce a los chicos como a su propia casa que eso no les gusta.
-¡Majaderías! -refunfuñó el señor Nietenfuhr-. [...]

Del inicio de la novela Emilio y los detectives [1929] del escritor alemán de literatura infantil y juvenil Erich Kästner [1899-1974].