He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
Mostrando entradas con la etiqueta premio Nobel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta premio Nobel. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de febrero de 2018

Steinbeck

Hoy se cumplen 116 años del nacimiento del escritor estadounidense John Steinbeck [1902-1968], autor de Las uvas de la ira [1937], una de las novelas que más me han impresionado, y premio Nobel de Literatura en 1962.

sábado, 7 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro [1954- ], escritor británico de origen japonés, premio Nobel de Literatura 2017.
(La imagen fue realizada en 1989 por Sally Soames)

viernes, 21 de octubre de 2016

Dylan

Me hace gracia, por decir algo, la polémica que ha generado que le dieran hace unos días el Nobel de Literatura a Bob Dylan. Debo reconocer que no he conseguido tener una opinión muy clara sobre ello, pero reconozco también que me llama mucho la atención haberme encontrado con gente tan a favor y tan en contra.
Gente a la que admiro, y cuya opinión atiendo y respeto, se muestra completamente entusiasmada estos días colgando y compartiendo sin parar cosas de Dylan en facebook, y otras personas a las que también admiro y cuyas opiniones, aunque no las comparta siempre, también sé que debo atenderlas porque son gente que no da 'puntás' sin hilo, considera que esto del Nobel a Dylan es una señal de los tiempos que vivimos, demasiado rápidos, precipitados, tiempos en que quienes tienen que decidir cosas así no llegan a poder detenerse para leer y pensar con calma.

[Dejo de lado, claro, por insustanciales, opiniones como la de algún escritorcito cantamañanas que he visto por ahí que se descuelga diciendo que Dylan es un mojabragas y que la literatura es lo de los libros. En fin.]

Mientras tanto, por qué no, seguimos leyéndole y escuchándole, por si acaso...

jueves, 13 de octubre de 2016

How does it feel?

Bob Dylan [1941- ], premio Nobel de Literatura 2016 "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción".

Y el mismo día, como haciendo una última pirueta, ha muerto Dario Fo [1926-2016], ganador del premio en 1997.

(La foto la hizo Richard Avedon en 1965.)

lunes, 16 de noviembre de 2015

Clima de miedo

El intelectual negro norteamericano del siglo XIX W.E.B. Dubois declaró una vez que el problema del siglo XX sería el de la raza. Empieza a resultar claro que si bien aquel siglo, el pasado, efectivamente heredó dicho problema social -y que sigue atormentado de forma casi continua por él-, en sus postrimerías el lugar de la raza lo ocupó la religión, que aún no se había abordado con la misma preocupación mundial. El problema del siglo XXI es claramente el de la religión, cuyas cínicas manipulaciones contribuyen en no poca medida al clima de miedo que comentamos. [...] Hoy día, la fuente principal de fanatismo es la religión, y su temperamento, que, irónicamente, se funda en la doctrina de la sumisión, desdeña cada vez más a la humanidad, caracterizándose por la arrogancia, la intolerancia y la violencia, casi como una recompensa vengativa inconsciente por su aprendizaje dentro del principio espiritual de la sumisión.
En juego está la tolerancia, así como el lugar de la disidencia en la interacción social. Haríamos bien, con todo, en tomar nota -para fines prácticos- de las diferencias entre el funcionamiento de la intolerancia secular y el del orden teocrático. Tales diferencias pueden ayudarnos a evaluar la amenaza muy real para la libertad humana que el mundo cerrado del fanatismo representa para la humanidad. La ideología secular extrae sus teorías de la historia y del mundo material. La mente, por tanto, ha aprendido a detenerse de vez en cuando para reflexionar sobre los procesos que vinculan el mundo material a doctrinas que se derivan de él o lo gobiernan, para examinar los cambios en dicho mundo, cotejar las teorías con realidades viejas y nuevas, ya sean económicas, culturales, industriales o incluso medioambientales. La totalidad dinámica del mundo real recibe un espacio racional. Incluso el anhelo de exhaustividad e infalibilidad -como en el caso del marxismo- puede dar por resultado la denuncia de falacias y contradicciones o, como mínimo, zonas ambiguas dentro de la teoría.
Así pues, dentro de un régimen secular, incluso bajo el orden totalitario más rígido, la ideología que lo sostiene -esto es, el equivalente de la teología- permanece abierta a la impugnación. La impugnación franca puede ser reprimida, el debate abierto puede ser restringido o prohibido por el Estado o el partido en el poder, pero el funcionamiento de la mente, su capacidad crítica -incluso de autocrítica- nunca cesa. La autocrítica fue, por supuesto, una expresión de la que se abusó mucho bajo los órdenes totalitarios: la Unión Soviética estalinista, China durante la Revolución Cultural o Camboya bajo los jemeres rojos de Pol Pot. En el seno de estos regímenes pagados de su propia rectitud, la autocrítica significaba una sola cosa: la retractación y la consabida recitación de promesas de lealtad -de acuerdo con fórmulas prescritas- a la línea del partido. A pesar de estos rituales pervertidos, sin embargo, la mente seguía siendo libre dentro de su propio espacio, libre de ir más allá de los confines del orden totalitario, de buscar y a menudo encontrar almas gemelas y formar una conspiración de no creyentes o, por lo menos, de escépticos. Este factor lleva tarde o temprano a una visión alternativa y tal vez a la erosión  paulatina del sistema hermético.
Con el régimen teocrático, sin embargo, cuya autoridad no se deriva de las teorías que surgen de las condiciones materiales de la sociedad, sino de los espacios secretos de la revelación, esta disposición de la mente hacia conceptos alternativos o variantes es prácticamente imposible. La curiosidad sucumbe ante el miedo, que a menudo se disfraza de sumisión piadosa. El orden teocrático recibe su mandato de lo desconocido. Sólo unos cuantos elegidos tienen el privilegio de haber penetrado en el funcionamiento de la mente de los desconocido, cuya constitución -las llamadas Escrituras- sólo ellos pueden interpretar. El fanático que nace de esta estructura dogmática de lo inefable, la religión, es el ser más peligroso de la tierra.

Interesantísimo y muy recomendable el libro Clima de miedo [2004] del escritor nigeriano Wole Soyinka [1934- ], premio Nobel de Literatura en 1986.

  • Tenía programada esta entrada con el texto de Wole Soyinka sobre el miedo, el fanatismo y la religión, desde hace algo más de una semana. Ahora, después de los atentados de París del viernes y los bombardeos de Raqqa de ayer, se hace aún más pertinente leer textos tan lúcidos como éste.

jueves, 8 de octubre de 2015

viernes, 10 de julio de 2015

Algunas veces todos tenemos que llorar

No hubo contestación. Sylvia miró de frente a la muchacha, cosa que hasta ese momento no había sido capaz de hacer. Vio que tenía los ojos cuajados de lágrimas, la cara llena de manchas -con aspecto casi sucio- y que parecía dominada por la angustia.
No hizo nada por evitar la mirada de Sylvia. Apretó los labios contra los dientes, cerró los ojos y se meció de atrás hacia adelante, como si ahogara un aullido. De pronto, para desconcierto de Sylvia, aulló. Aulló, lloró, tragó una bocanada de aire, las lágrimas le rodaron por las mejillas, moqueó y empezó a mirar desesperadamente alrededor en busca de algo para limpiarse. Sylvia salió corriendo y volvió con un puñado de Kleenex.
-Tranquilízate, estás aquí, aquí estás bien -le dijo, pensando que lo que debía hacer era cogerla en brazos.
Pero no tenía ninguna gana de hacerlo y podría empeorar las cosas. La muchacha podría darse cuenta de que Sylvia lo hacía a desgana, de lo incómodo que le resultaba semejante situación.
Carla dijo algo y volvió a decirlo:
-¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!
-No, no lo es. Algunas veces todos tenemos que llorar. No pasa nada, no te preocupes.
-Es una barbaridad.

Del relato Escapada, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], Premio Nobel de Literatura en 2013, que hoy cumple 84 años.

martes, 19 de mayo de 2015

La incertidumbre

La incertidumbre, frente a las vehementes esperanzas y temores, es dolorosa, pero hay que soportarla si deseamos vivir sin tener que apoyarnos en consoladores cuentos de hadas.

De la Historia de la Filosofía Occidental [1945] de Bertrand Russell [1872-1970], de cuyo nacimiento se cumplieron ayer 143 años.

jueves, 7 de mayo de 2015

Había transcurrido una docena de años...

Había transcurrido una docena de años desde que no me llamaban ya "Joyita" y me encontraba en la estación de metro de Châtelet en la hora punta. Estaba entre el gentío que recorría el interminable pasadizo, en el pasillo rodante. Una mujer llevaba un abrigo amarillo. Me había llamado la atención el color del abrigo e iba viéndola de espaldas, en el pasillo rodante. Luego seguía por el pasadizo donde indicaba "Dirección Châtelet-de-Vincennes". Ahora estábamos parados, apretujados unos contra otros en medio de la escalera, esperando a que se abriera la portezuela. Se hallaba a mi lado. Entonces le vi la cara. El parecido de aquel rostro con el de mi madre era tan increíble que pensé que era ella.

Comienzo de la novela Joyita [2001], del escritor francés Patrick Modiano [1945- ], premio Nobel de literatura en 2014.

miércoles, 15 de abril de 2015

gente que lee (34)

Ayer, 13 de abril, murió el escritor alemán Günter Grass [1927-2015], premio Nobel de Literatura en 1999.

p.s.: Cuando ya tenía preparada esta entrada para el blog, me entero de que el mismo día, casi a la misma hora, ha muerto también Eduardo Galeano [1940-2015].
Desde el lunes el mundo es un poquito peor... ¡Qué solxs nos vamos quedando...!

martes, 7 de abril de 2015

Tu risa

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa, 
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo 
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar 
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba, 
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche, 
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere, 
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos, 
níegame el pan, el aire, 
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca 
porque me moriría.

Del libro Los versos del capitán [1952] del poeta chileno Pablo Neruda [1904-1973], premio Nobel de Literatura en 1971.

domingo, 5 de abril de 2015

Hoy, mamá ha muerto.

Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, He recibido un telegrama del asilo: "Madre fallecida. Entierro mañana. Sentido pésame". Nada quiere decir. Tal vez fue ayer.

Comienzo de la novela El extranjero [1942] del escritor francés Albert Camus [1913-1960].

jueves, 12 de marzo de 2015

Este papeleo...

No pude pegar ojo en toda la noche y hoy estoy fatigado y abatido como si me hubieran dado una paliza; sin embargo, como ya tengo aquí el montón de cuartillas que pedí al director, y como del aplanamiento en que me hundo no de otra manera me es posible salir si no es emborronando papel y más papel, voy a ver de empezar de nuevo, de coger otra vez el hilo del relato y de dar un empujón a estas memorias para ponerlas en el camino del fin. Veremos si me encuentro con fuerzas suficientes, que buena falta me harán. Cuando pienso en que de precipitarse un poco más los acontecimientos, mi narración se expone a quedarse a la mitad y como mutilada, me entran unos apuros y unas prisas que me veo y me deseo para dominarlos porque pienso que si escribiendo, como escribo, poco a poco y con los cinco sentidos puestos en lo que hago, no del todo claro me ha de salir el cuento, si éste lo fuera a soltar como en chorro, tan desmañado y deslavazado habría de quedar que ni su mismo padre -que soy yo- por hijo lo tendría. Estas cosas en las que tanta parte tiene la memoria hay que cuidarlas con el mayor cariño porque de trastocar los acontecimientos no otro arreglo tendría el asunto sino romper los papeles para reanudar la escritura, solución de la que escapo como del peligro por eso de que nunca segundas partes fueran buenas. Quizás encuentre usted presumido este afán mío de que las cosas secundarias me salgan bien cuando las principales tan mal andan, y quizás piense usted con la sonrisa en la boca que es mucha pretensión por parte mía tratar de no apurarme, porque salga mejor, en esto que cualquier persona instruida haría con tanta naturalidad y como a la pata la llana, pero si tiene en cuenta que el esfuerzo que para mí supone llevar escribiendo casi sin parar desde hace cuatro meses, a nada que haya hecho en mi vida es comparable, es posible que encuentre una disculpa para mi razonar.
Las cosas nunca son como a primera vista las figuramos, y así ocurre que cuando empezamos a verlas de cerca, cuando empezamos a trabajar sobre ellas, nos presentan tan raros y hasta tan desconocidos aspectos, que de la primera idea no nos dejan a veces ni el recuerdo; tal pasa con las caras que nos imaginamos, con los pueblos que vamos a conocer, que nos los hacemos de tal o de cual forma en la cabeza, para olvidarnos repentinamente ante la vista de lo verdadero. Esto es lo que me ocurrió con este papeleo, que si al principio creí que en ocho días lo despacharía, hoy -al cabo de ciento veinte- me sonrío no más que de pensar en mi inocencia.

De la novela La familia de Pascual Duarte [1942] del escritor español, premio Nobel de Literatura en 1989, Camilo José Cela [1916-2002].

lunes, 2 de marzo de 2015

Libros que crecen

[...] Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejamos al cuidado de los editores quienes, quizá por aquello de su conocida adición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en su auxilio a ese primo pobre que todos tenemos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, el texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes. Los libros, con frecuencia, mejoran con esa gratuita y tácita colaboración, pero los autores rara vez nos avenimos a reconocerlo y solemos preferir, quizás habitados por la soberbia, aquello que con mejor o peor fortuna habíamos escrito.
A veces pienso que escribir no es más que recopilar y ordenar y que los libros se están siempre escribiendo, a veces solos, incluso desde antes de empezar materialmente a escribirlos y aun después de ponerles su punto final. La cosecha de las sensaciones se tamiza en la criba de mil agujeros de la cabeza y cuando se siente madura y en sazón, se apunta en el papel y el libro nace. Lo que sucede es que el libro, después de nacer, sigue creciendo -armónico o desordenado- y evolucionando: en la cabeza de su autor, en la imaginación o en el sentimiento de los lectores y, por descontado, en las páginas de sus ulteriores ediciones. Estos crecimientos no son de la misma substancia, bien es verdad, pero todos le hacen crecer. [...]

De la introducción de Camilo José Cela [1916-2002], premio Nobel de Literatura en 1989, a la edición definitiva de 1960 de su novela La familia de Pascual Duarte [1942].

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Por qué escribe?

[...] Como todos ustedes saben, la pregunta que más a menudo se nos hace a los escritores, la que más gusta, es la siguiente: ¿Por qué escribe? ¡Escribo porque me sale de dentro! Escribo porque soy incapaz de hacer un trabajo normal como los demás. Escribo para que se escriban libros parecidos a los míos y yo pueda leerlos. Escribo porque estoy muy, muy enfadado con todos ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta pasarme el día entero en un habitación escribiendo. Escribo porque sólo puedo soportar la realidad si la altero. Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, los otros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía. Escribo porque me gusta el olor del papel, de la pluma, de la tinta. Escribo porque más que en cualquier otra cosa creo en la literatura y en la novela. Escribo porque es una costumbre y una pasión. Escribo porque me da miedo ser olvidado. Escribo porque me gustan la fama y la atención que me ha proporcionado la escritura. Escribo para estar solo. Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para ver si acabo de una vez esa novela, ese artículo, esa página que he comenzado. Escribo porque eso es lo que todos esperan de mi. Escribo porque infantilmente creo en la inmortalidad de las bibliotecas y en cómo mis libros están en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increiblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.

Del discurso pronunciado por el escritor turco Orhan Pamuk [1952- ] al recoger su premio Nobel en 2006.

viernes, 10 de octubre de 2014

sábado, 13 de septiembre de 2014

Elogio de la lectura y la ficción

[...]
Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola. 
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntese por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. [...] La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
[...]
Aunque me cuesta mucho y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. "Escribir es una manera de vivir", dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
[...]
La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.
[...]
la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
[...]

Del discurso pronunciado por el escritor peruano Mario Vargas Llosa [1936- ] al recoger su Premio Nobel de Literatura el 7 de diciembre de 2010.

lunes, 21 de abril de 2014

Lecturas de Semana Santa

Estos días estoy leyendo mucha literatura infantil y juvenil:


Algunas cosas fantásticas (como los dos primeros libros de esta mini-lista), a pesar de tener más de cuarenta años, y otras rancias a más no poder (como el último), a pesar de ser de 2010. Pero de eso me apetece hablar aquí en otro momento.

Y también estoy leyendo a Alice Munro. Un descubrimiento maravilloso. Me ha pasado con ella lo mismo que me ocurrió hace años con Coetzee. Cuando les dieron el Nobel no conocía a ninguno de lxs dos, y al empezar a leerlos me fascinaron...
He leído Mi vida querida (una colección de cuentos sorprendente) y La vida de las mujeres (una novela creo que bastante autobiográfica).
Seguiré con ella...

***

martes, 1 de abril de 2014

¿Quién quiere ponerse a escribir otro libro?

Desde luego que Jackson sabía que los libros existían porque alguien se sentaba a escribirlos, que no salían de la nada. La cuestión era qué les movía a escribirlos, con tantos, tantísimos libros como había en el mundo. Dos de esos libros se los había tenido que leer en el colegio. Historia de dos ciudades y Huckleberry Finn, ambos con un lenguaje que acababa cansando, aunque por distintos motivos. Y era comprensible. Fueron escritos en el pasado.
Lo que a Jackson le asombraba, aunque no tenía intención de que se le notara, era que alguien quisiera ponerse a escribir otro libro en el momento presente. Ahora.

Del cuento Tren, incluido en el libro Mi vida querida, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], premio Nobel en 2013.

***

lunes, 31 de marzo de 2014