He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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lunes, 18 de junio de 2018

José Saramago. Un amigo.

Me gusta practicar el ejercicio de la amistad. Me llena de euforia encontrarme con aquellos que me han dejado elegirlos como amigos. No encuentro nada más emocionante que sentarme a hablar con la gente a la que quiero.
Hay unos a los que veo con más frecuencia y hay otros a los que no tanto, pero siempre es motivo de gozo compartir mi tiempo con ellos. Se llenan tantos días con gente a la que no elegimos que me siento un privilegiado por encontrar a cuatro o cinco personas a las que no sólo me alegro de ver, sino que además (y me siento halagado por ello) también se complacen al juntarse conmigo. Y sin dar explicaciones. Todo un regalo.
Por otro lado, he establecido a lo largo de mi vida vínculos atípicos con otras personas con las que jamás me he cruzado, pero que me han proporcionado momentos de inmenso solaz. Superado por mis aficiones viciosas a la música y a la lectura, me arrogo la amistad de aquellos que llegan a mí a través del papel o del plástico, sin que ellos tengan el menor conocimiento de mi pasión por su trabajo y ni siquiera de mi existencia. Lo malo, como todo, es que también se mueren, y dejan un vacío imposible de rellenar.
José Saramago. Una voz auténtica, sin miedo y coherente. Un señor con unos principios tan sólidos que a veces, en su defensa particular, parecía un peón solitario frente a un ejército de reinas. Nunca escuché de su boca nada que no pareciese razonable o razonado. De tal manera, y para compensar la cantidad de tonterías que hay que escuchar y que leer en la imparable democratización de la imbecilidad, recomendaría que durante las vacaciones alguien lea a este gran hombre. Se podrá discrepar, pero nunca se encontrará la forma de callar una voz que sigue los dictados de una moral entera. Sólo la muerte se atreve con eso. Descanse tranquilo, señor.

Del libro / blog Intereses impersonales, de mi amigo Samuel.

Hoy se cumplen ocho años de la muerte de José Saramago [1922-2010].

martes, 26 de diciembre de 2017

Pobres diablos

Me entretuve el otro día viendo un vídeo de una chavala, Rebecca Black, en la que canta con cierto desatino juvenil, de cómo llega el viernes y las ganas que tiene de salir, y de cuando se sube en el coche con sus coleguis y le mola ir en el asiento de delante. Y de lo guay que es salir de cachondeo. Y echarse un noviete. Y tal. Y después dicen en los periódicos que es la peor canción de la historia del pop. Y además que la muchacha es una ridícula.
Luego escucho la radio y uno dice que la Sinde es una inútil y un instrumento del diablo. Otro que Zapatero es un matao y un tipo deleznable. Y otros hablan de Belén Esteban. Una advenediza chunga y paleta que hace dinero vendiendo su vida y emociones al montón.
En la cola del INEM, estoy seguro, se trata a Mourinho como a un gestor torpe que está arruinando la tradición incólume del fútbol matritense. O de Torrente, que es una porquería soez. Y otros hablarán de las grandes castañas en las que actúa Nicholas Cage, de las mierdas que canta Justin Bieber y de la ligereza de cascos de Paris Hilton.
Pero a mí, que también me lanzo a la maledicencia como si me fuese la vida en ello, se me aparecen otros pensamientos a la vez que los anteriores. Y son, por ejemplo, los siguientes: Nunca he hecho un vídeo que vean millones de personas, aunque yo canto mal, me gusta salir de juerga los viernes y elegir el sitio del coche en el que me siento. Y tampoco he llegado a ministro o a presidente. Ni arrastro a legiones de fans detrás de las historias de mi vida insulsa. Tampoco sé de fútbol, ni gano millones con películas de mal gusto. Ni me contratan en Hollywood, ni las jóvenes se desgarran las bragas escuchando discos que no he grabado, ni tengo un perfume con mi nombre o un avión privado.
Y entonces me pregunto yo quién es el que lo ha hecho tan mal.

Del libro / blog Intereses impersonales [2017] de Samuel, compañero con quien tengo la suerte de compartir el taller de escritura de los lunes con Zapata, un tipo de humor fino y género confuso, con quien espero tomarme un vino un día de estos en Cádiz antes de que termine el año...