Estudié en la Complutense, pero desde que acabé he ido con frecuencia, por unos motivos o por otros, a la Autónoma: a visitar a gente, a comer, a la biblioteca, a recibir o dar clases de algunas cosas... y a la librería.
Me encanta esa librería. Un espacio enorme en el que hay de todo: literatura, ciencias, idiomas, arte... Un sitio donde procrastinar entre libros sin pena ni remordimientos. De hecho algunas veces les he mandado mi currículum por si necesitaban a alguien para trabajar allí una temporada. Nunca me llamaron.
Ayer estuve allí. Fui a dar un par de clases por la mañana y al terminar entré en la librería a preguntar por un par de libros que andaba buscando estos días. Me sorprendió verla medio desmantelada, pero pensé que quizá estaban de inventario o algo así. Pronto me di cuenta de que era algo más feo que un inventario. Habían vaciado casi todo. Sólo quedaban unas cuantas mesas con unos pocos libros extranjeros o de cosas tan exóticas que nunca nadie va a comprarlos, y un señor, con no muy buena cara, moviendo cosas de aquí para allá.
Le pregunté y me dijo que cerraban.
Me explicó que estaban liquidando los libros con un buen descuento y las cosas de papelería hasta que se acabaran.
Me confesó que la empresa estaba en quiebra, que no eran dueños ni de sus propias decisiones y que él había quedado como único empleado hasta que cerraran del todo.
Me contó que los estudiantes universitarios no compran libros, que los profesores tampoco, y que así no puede mantenerse una librería en una universidad.
Mientras yo le respondía que era una pena y que lo sentía muchísimo y que mucho ánimo, se acercó a nosotros una chica jovencita, seguramente una estudiante de primero o segundo, y le preguntó si tenía cuadernos de espiral con hojas de cuadritos. El señor, un poco ojeroso y con cara de estar muy cansado, se despidió de mí con un gesto de la mano y se puso a explicarle a la chica dónde encontrarlos.
Fuera no paraba de llover, así que me puse la capucha, me cerré bien el abrigo, me puse por delante mi mochila para protegerla del agua y salí hacia el coche para subir a la sierra a comer algo rápido y así llegar a tiempo a la clase que tenía por la tarde en Buitrago.
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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viernes, 26 de abril de 2019
viernes, 24 de agosto de 2018
miércoles, 18 de julio de 2018
gente que lee (243)
Un hombre leyendo en una librería de segunda mano de Brixton, Londres.
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viernes, 6 de julio de 2018
Book Mongers
Dando vueltas por ahí descubrí hace unos días una librería maravillosa de segunda mano en Brixton. Estuve un buen rato dentro, curioseando, disfrutando de un lugar en el que se podía sentir el amor por los libros y por todo lo que suponen.
De vez en cuando fantaseo con la idea de montar una librería y echar horas ordenando libros y hablando de libros con quien quisiera entrar a curiosear...
De vez en cuando fantaseo con la idea de montar una librería y echar horas ordenando libros y hablando de libros con quien quisiera entrar a curiosear...
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jueves, 5 de julio de 2018
Waterstones
La librería Waterstones, uno de mis sitios favoritos en Londres.
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domingo, 3 de junio de 2018
Descubrimientos
Hoy, paseando con María, Sergio y Pilar por Brick Lane, hemos descubierto esta librería tan molona. Otra librería chulísima que me encuentro en Londres... son miles...
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miércoles, 4 de abril de 2018
sábado, 24 de marzo de 2018
Torrijada
Hace ya unos cuantos años, en realidad hace cuatro o cinco casas con sus correspondientes mudanzas, empecé a hacer por estas fechas una quedada con amigxs para comer torrijas. Al principio fuimos sólo unos pocxs que quedábamos en casa para merendar. Pero cuando pasaron los años la cosa se fue convirtiendo en una quedada más o menos multitudinaria para la que yo preparaba un buen montón de torrijas, tres o cuatro barras, y además proponía a la gente que si les apetecía trajeran más para comparar distintas versiones, sabores, estilos, etc.
Repetimos varios años y fueron muy divertidas.
Y muy disfrutonas.
Cuando se convirtió definitivamente en 'tradición' decidí que no quería relacionarlo con la Semana Santa, por aquello de paganizar y ateificar las fiestas (no sé si se dirá así...), aunque ya sé que suele ser un postre típico por esas fechas, así que decidí que en los siguientes años iba a ser siempre en el último sábado de marzo, en el que cambian la hora, o sea, hoy.
En una de esas ocasiones pasé por donde entonces vivía mi hermana Maribel y me di cuenta de que la mimosa enorme y preciosa que tenían en el jardín estaba completamente florecida, así que además de lo del cambio de hora, lo de que florecieran las mimosas se convirtió en la otra señal de que tocaba ponerse a hacer torrijas.
De hecho mi hermana, cuando se acerca el día, me suele enviar algún recordatorio haciendo referencia a las mimosas... o a Yoda, como este año:
Luego me fui a la sierra y la mudanza de Madrid a Manjirón coincidió con ese fin de semana, más o menos. Y el siguiente, el 2014, fue un año muy feo para mi, mi año más feo, en el que lo último que me apetecía era ponerme a hacer torrijas, aunque seguro que me hubieran sentado muy bien. Y luego me volví a mudar y aún me mudé una vez más... y en ninguna de esas vi el momento ni las ganas ni la oportunidad de volver a celebrar mi torrijada.
Y esta vez me ha pillado en Londres.
Y ayer mismo, yendo hacia el cole, me encontré con esto:
Otro año en que las señales me recuerdan que debería estar haciendo torrijas pero las circunstancias no me lo facilitan...
Y esta mañana, me he encontrado con esto en instagram, de la Librería Casa Tomada de Sevilla, que ha sido lo que me ha empujado a hablar de todo esto en este blog de cosas que leo y cosas que escribo:
Me encanta: las estrategias de quienes quieren vender libros no conocen límites.
Por cierto, el año que viene, sí o sí, aquí o allí o donde sea, tendrá que haber torrijada...
Repetimos varios años y fueron muy divertidas.
Y muy disfrutonas.
Cuando se convirtió definitivamente en 'tradición' decidí que no quería relacionarlo con la Semana Santa, por aquello de paganizar y ateificar las fiestas (no sé si se dirá así...), aunque ya sé que suele ser un postre típico por esas fechas, así que decidí que en los siguientes años iba a ser siempre en el último sábado de marzo, en el que cambian la hora, o sea, hoy.
En una de esas ocasiones pasé por donde entonces vivía mi hermana Maribel y me di cuenta de que la mimosa enorme y preciosa que tenían en el jardín estaba completamente florecida, así que además de lo del cambio de hora, lo de que florecieran las mimosas se convirtió en la otra señal de que tocaba ponerse a hacer torrijas.
De hecho mi hermana, cuando se acerca el día, me suele enviar algún recordatorio haciendo referencia a las mimosas... o a Yoda, como este año:
Luego me fui a la sierra y la mudanza de Madrid a Manjirón coincidió con ese fin de semana, más o menos. Y el siguiente, el 2014, fue un año muy feo para mi, mi año más feo, en el que lo último que me apetecía era ponerme a hacer torrijas, aunque seguro que me hubieran sentado muy bien. Y luego me volví a mudar y aún me mudé una vez más... y en ninguna de esas vi el momento ni las ganas ni la oportunidad de volver a celebrar mi torrijada.
Y esta vez me ha pillado en Londres.
Y ayer mismo, yendo hacia el cole, me encontré con esto:
Otro año en que las señales me recuerdan que debería estar haciendo torrijas pero las circunstancias no me lo facilitan...
Y esta mañana, me he encontrado con esto en instagram, de la Librería Casa Tomada de Sevilla, que ha sido lo que me ha empujado a hablar de todo esto en este blog de cosas que leo y cosas que escribo:
Me encanta: las estrategias de quienes quieren vender libros no conocen límites.
Por cierto, el año que viene, sí o sí, aquí o allí o donde sea, tendrá que haber torrijada...
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domingo, 31 de diciembre de 2017
Entre libros
Entre libros, en la librería Quorum de Cádiz, con mi amigaza María.
Cerrando juntxs este año raruno y catártico y con ganazas de empezar el 2018...
Cerrando juntxs este año raruno y catártico y con ganazas de empezar el 2018...
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María Spacca
miércoles, 6 de diciembre de 2017
gente que lee (199)
Hoy me he venido a Segovia y estoy pasando aquí el día con María, Pilar, Sergio y Asia. (La de la foto es Asia leyendo cuentos y eligiendo uno para regalárselo a una prima.)
Paseando por la ciudad nos han enseñado la librería - café Intempestivos. Un lugar agradable y acogedor en el que pasar un buen rato bebiendo libros y hojeando cafés...
Siempre me sorprende que haya gente atrevida que a estas alturas de la película se lance a montar una librería con la confianza de que la revolución se hace leyendo... ¡Me encanta!
Paseando por la ciudad nos han enseñado la librería - café Intempestivos. Un lugar agradable y acogedor en el que pasar un buen rato bebiendo libros y hojeando cafés...
Siempre me sorprende que haya gente atrevida que a estas alturas de la película se lance a montar una librería con la confianza de que la revolución se hace leyendo... ¡Me encanta!
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lunes, 11 de septiembre de 2017
sábado, 29 de abril de 2017
lunes, 20 de marzo de 2017
viernes, 17 de marzo de 2017
Querida Ijeawele
Se publicó hace un par de semanas. Yo lo descubrí hace unos días en la librería Venir a Cuento, en Lavapiés y ya lo tengo en lo alto del montón de libros pendientes. Con ganazas de hincarle el diente...
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martes, 14 de febrero de 2017
martes, 15 de noviembre de 2016
Librerías
Ya he hablado aquí alguna vez sobre unlibroaldía, un estupendo blog en el que cada día reseñan algún libro. Un sitio muy interesante y muy, muy recomendable. Este fin de semana pasado, aprovechando la excusa del día de las librerías, han hecho un par de entradas especiales entrevistando a varios libreros: ésta y ésta. Merece la pena echarles un vistazo...
Yo sigo sorprendido de que a pesar de las estadísticas de lectura que hay en España, se siguen abriendo librerías y algunas de ellas, contra todo pronóstico, sobreviven a estos tiempos...
Yo sigo sorprendido de que a pesar de las estadísticas de lectura que hay en España, se siguen abriendo librerías y algunas de ellas, contra todo pronóstico, sobreviven a estos tiempos...
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Un libro al día
sábado, 22 de octubre de 2016
sábado, 24 de septiembre de 2016
jueves, 8 de septiembre de 2016
Hay cosas más importantes que los libros
Hay cosas mucho más importantes que los libros, como las gentes que pierden sus casas o como las gentes que madrugan para impedir que a otras les quiten sus casas, como el trabajar precario o sentirse inútil por no tener trabajo, como las cifras de pobreza infantil o como echar de menos a l@s que ya no están.
Hay cosas más más importantes, como la generosidad infinita de sus autor@s y el saber hacernos escapar a paraísos artificiales, como la alegría de l@s lector@s y su afán de perseguir sus creaciones hasta lugares remotos, como el riesgo editorial o el cuidado de sus obras, como las personas que hay detrás de cada uno de ellos y que los hacen suyos.
Hay cosas más importantes, como vivir bajo un sistema cruel y unos gobernantes incapaces y sinvergüenzas, como sobrevivir en un mundo que da más importancia al dinero que a las personas, como la humanidad que huye de fronteras para encontrar otras, como morir en el Mediterráneo buscando una vida mejor.
Hay cosas más importantes, como enfrentarse a una sociedad machista y patriarcal, como andar con miedo por la calle, como las agresiones fascistas y l@s que luchan por detenerlas, como el maltrato animal y ante él, la mano amiga que acoge o defiende sus derechos.
Hay cosas más importantes, como la esperanza de que entre tod@s podamos hacer un mundo mejor, como el cariño y el apoyo que le dais a esta pequeña librería para seguir manteniéndola viva.
Hay cosas más importantes que los libros pero todas, afortunadamente todas, están en los libros.
Hace unas cuantas semanas la librería Delirio colgó este texto para celebrar sus cinco años. Comparto aquí todas esas cosas que son más importantes que los libros pero que, afortunadamente, están en los libros.
Aún no he estado en la librería, pero soy muy fan de su facebook. Os lo recomiendo. Trabaja allí gente de esa insensata que piensa que llevar una librería no es únicamente vender libros...
viernes, 29 de julio de 2016
En la librería...
Pasé toda la tarde en la librería. No había libros en ella; hacía casi medio siglo que no se imprimían. Y yo los esperaba tanto después de los microfilmes en que consistía la biblioteca del Prometeo. No existían. Ya no se podía curiosear en las estanterías, sopesar gruesos tomos en la mano, saborear bien su volumen, que predecía la duración del placer de su lectura. La librería recordaba un laboratorio electrónico. Los libros eran pequeños cristales de contenido acumulado, y se leían con ayuda de un optón. Este incluso se parecía a un libro, aunque sólo tenía una página entre las tapas. Al tocar esta hoja, aparecían por orden las páginas del texto, una tras otra. Pero, según me dijo el robot vendedor, los optones se usaban muy poco. El público prefería los lectones, que leían en voz alta, y era posible elegir la voz, el ritmo y la modulación preferida. Solamente se imprimían en páginas de plástico, que imitaban el papel, algunas publicaciones científicas de audiencia muy reducida. Por ello pude meter en un bolsillo todas mis compras, aunque se trataba de trescientos títulos. Los libros parecían un puñado de granos cristalinos. Escogí varias obras históricas y sociológicas, algo sobre estadística, demografía y psicología: de esto último, lo que me había recomendado la chica del ADAPT. Algunos manuales más voluminosos de matemáticas, que naturalmente no eran voluminosos por su tamaño, sino por su contenido. El robot que me atendió era él mismo una enciclopedia; según me dijo, estaba en comunicación directa mediante catálogos electrónicos con todas las obras del mundo. En la librería sólo se encontraban "ejemplares" únicos de libros, y cuando alguien los necesitaba, el contenido de la obra requerida se fijaba en un pequeño cristal.
Los originales -matrices de cristal- no podían verse: estaban detrás de placas de acero esmaltadas, de color azul pálido. Así pues, el libro se imprimía, por así decirlo, cada vez que alguien lo necesitaba. Habían dejado de existir los problemas de edición, de tirada o de que un libro se agotase. Era realmente un gran éxito. Pero yo lo sentía por los libros. Cuando me enteré de que había tiendas de libros antiguos de papel, las busqué y encontré una. Tuve una decepción: apenas había literatura científica. Novelas, algunos libros para niños y un par de años de viejas revistas.
Compré (sólo había que pagar por los libros viejos) unos cuentos de cuarenta años atrás para saber a qué llamaban cuentos hoy en día, y entonces fui a una tienda de artículos deportivos. [...]
De la novela Retorno de las estrellas [1961] del escritor polaco Stanisław Lem [1921-2006].
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