He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
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viernes, 7 de abril de 2017

gente que lee (143)

Elia leyendo en su casa.
Octubre de 2008.

domingo, 26 de febrero de 2017

gente que lee (133)

Elia leyendo en mi casa de Atocha, enero de 2008.

jueves, 3 de noviembre de 2016

domingo, 16 de octubre de 2016

Soria, Machado

Hoy, domingo, paseando con Elia por Soria, siguiendo a Antonio Machado [1875-1939].
(El retrato es una sanguina de Leandro Oroz Lacalle [1883-1933]).

jueves, 28 de julio de 2016

Belleza imprescindible

Dos de los libros que me han regalado por mi cumple hace unos días. Éstos me los regaló Elia. Los encontró por casualidad en una de esas nuevas librerías que no paran de abrir en Lavapiés.
Me los he leído en estos días que he pasado en Algeciras con la fámili...
Es una colección promovida por Ecologistas en Acción, bajo licencia creative commons. No conocía ni el proyecto, ni los libros, ni a las autoras... y me han parecido dos libritos maravillosos y necesarios. Terribles por lo que cuentan y hermosos por cómo lo cuentan. Una belleza imprescindible en los tiempos que estamos viviendo.
Completamente recomendables.

sábado, 16 de abril de 2016

gente que lee (85)

Elia, en mi casa, leyendo uno de mis relatos.

jueves, 7 de abril de 2016

Haiku

Desayunando, 
inesperadamente,
nos descubrimos.

Ayer terminé el taller de escritura al que me apunté en la Escuela de Escritores en Madrid. Me ha sentado fenomenal. He aprendido mucho, he disfrutado como un enano escribiendo y me lo he pasado muy bien leyendo las cosas que escribían lxs compañerxs y pensando entre todxs qué era interesante y qué no y por qué.
Una de las cosas más chulas del curso ha sido que te propongan 'ejercicios' que en muchos casos tú no te habías planteado antes ni remotamente. Ya he contado aquí en algunas ocasiones que no leo tanta poesía como me gustaría. Lo intento, pero no me resulta fácil. Y desde luego, nunca me he planteado escribirla.
Sin embargo, en una de las sesiones del taller nos hablaron de los haiku japoneses. Y ahí sí que me tocaron: siempre me ha interesado muchísimo Japón y he leído algunas cosas sobre zen y muchos haiku. Pero nunca jamás me había planteado escribir alguno.

Hoy me he atrevido. Y aprovechando que esta noche hay luna nueva he pensado compartir aquí mi primer intento de haiku, dedicado a Elia, a quien estos días hace ya nueve años que conocí viajando por el sur...

viernes, 26 de febrero de 2016

Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

     si te quiero es porque sos
     mi amor mi cómplice y todo
     y en la calle codo a codo
     somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siempre futuro

tu boca es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

     si te quiero es porque sos
     mi amor mi cómplice y todo
     y en la calle codo a codo
     somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somo pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

     si te quiero es porque sos
     mi amor mi cómplice y todo
     y en la calle codo a codo
     somos mucho más que dos.

Mario Benedetti [1920-2009]


viernes, 17 de julio de 2015

Sócrates en Mérida

El fin de semana pasado estuve en el Festival de Teatro Clásico de Mérida viendo Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano. Ha sido uno de mis mini-auto-regalos de cumple de este año...
Ya había estado otra vez en el festival hace años. Debió ser en el 88 ó en el 89. El otro día intenté echar cuentas de cuándo fue y no estoy muy seguro, pero sí recuerdo con quién iba y que la obra que vimos fue Calígula, de Albert Camus [1913-1960].
Me impresionó muchísimo todo: la obra en sí (entonces la verdad es que no había ido mucho al teatro), el espacio (el teatro de Mérida es un lugar que de algún modo sobrecoge simplemente con visitarlo), la fuerza del personaje de Calígula con ese final del espejo que me dejó de piedra.
Desde entonces he tenido ganas de volver, pero por un motivo o por otro nunca ha cuadrado para poder hacer la excursión hasta allí...

Hace un par de sábados me encontré este reportaje en el Babelia de El País en el que se hablaba de la obra, y me dio la impresión de que tenía muuuy buena pinta y que podría ser un muy buen plan para una escapada rápida de verano con Elia.

La cosa ha tenido un punto accidentado porque el mismo sábado por la noche (nos íbamos el domingo por la mañana) estaba lesionado, con un interesante dolor de cadera que me hacía difícil andar y que no parecía muy aconsejable para hacer más de 300 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en un par de días. Pero finalmente, aunque por la noche llegamos a ofrecer las entradas y la reserva de hotel por si alguien las aprovechaba, el domingo por la mañana me encontraba mejor y decidimos que merecía la pena...
El Teatro Romano de Mérida, en el que se representan las obras del Festival, es un espacio impresionante. Sólo por verlo y "habitarlo" durante unas horas, ya merece la pena ir hasta allí...
Recuerdo que en aquella primera visita que hice al Festival a finales de los ochenta, estuvimos charlando con un señor, que era familiar de una de las personas que íbamos en el grupo, y que había vivido toda su vida en Mérida. Nos contaba que cuando él era pequeño, no tengo ni idea de cuándo sería eso, pero supongo que en los años 20, jugaba en el campo con sus amigos alrededor de las partes del teatro que "asomaban" del suelo. Durante todos estos años me ha gustado pensar en esa imagen del teatro "enterrado", del que asomaban sólo las partes más altas de las gradas, y los niños jugando alrededor.
En la wikipedia he encontrado esta foto del siglo XIX de Jean Laurent [1816-1886], que supongo que se parece mucho al aspecto que tendría el lugar cuando aquel señor que nos contaba la historia jugaba allí de niño.
Hoy, naturalmente, el lugar no tiene nada que ver con ésto. Hay un recinto cerrado al que se accede con tu entrada, y dentro hay una especie de parque temático - cultural - de ocio que incluye el teatro y el anfiteatro. Con su garito nocturno incluido al lado del teatro, para que quien quiera pueda quedarse a tomar un gin-tonic después de haber disfrutado de Sófocles o Aristófanes...
La obra, escrita por Mario Gas y por Alberto Iglesias, y dirigida por el primero, no tiene desperdicio. A partir de los escritos que se conservan sobre Sócrates [470 - 399 a.C.], sobre todo de los Diálogos de su discípulo Platón [427-347 a.C.], han recreado el juicio por el que la ciudad de Atenas condenó a muerte a Sócrates, acusándole de no creer en los dioses y de corromper a la juventud.
La obra es densa, no es cómoda de ver, no es divertida. No te deja despistarte ni un minuto, casi constantemente los actores (seis hombres y una sola mujer, Jantipa, la esposa de Sócrates) se dirigen al público, dándole el papel de jurado en el juicio que se está celebrando en el escenario. Durante poco más de hora y media no te deja distraerte, te obliga a pensar, a seguir los razonamientos y los argumentos de amigos y enemigos del acusado, te hace meterte en esos "interrogatorios" que llenan los diálogos de Platón, en los que Sócrates va arrinconando a sus contertulios para hacerles llegar siempre a donde él quiere...
La muerte de Sócrates [1787] del pintor francés Jacques-Louis David [1748-1825]
José María Pou, que es quien interpreta a Sócrates, es un actor enorme. En todos los sentidos. Y él solo llena todo el teatro de Mérida y lo que le pongan por delante. Actúa sin actuar. Habla y gesticula como si estuviera charlando con un grupo de amigos en un bar, como si fuera lo único que sabe hacer y lo hiciera constantemente, todo el tiempo.

Y claro, inevitablemente, toda la obra está llena de referencias a la actualidad. No sólo a lo que ocurre últimamente en Grecia. Sino a la actualidad con mayúsculas, a lo que siempre parece ser actualidad desde que Platón escribió sobre ello hace venticuatro siglos: a la honestidad y la corrupción de quienes nos gobiernan, a lo que significa ser justo y ser legal y a la diferencia (más habitual de lo que nos gustaría) entre ambas cosas, a cómo permitimos que gobiernen quienes no son, ni de lejos, los más sabios ni los más buenos...

Supongo, espero, que después de las representaciones en el Festival de Mérida, la obra itinerará por otras ciudades. No se la pierdan. Merece la pena.

Sed buenos. Tratad bien a vuestra familia. Tratad bien a vuestros amigos. Sed felices.

martes, 14 de abril de 2015

Notas

Hace unos días Elia me regaló unos cuadernitos molones para que lleve siempre uno conmigo y lo use para tomar notas que me sirvan luego para las cosas que me gustaría escribir.
Me encantan.
El primero ya está estrenado.
;o)

martes, 7 de abril de 2015

Tu risa

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa, 
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo 
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar 
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba, 
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche, 
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere, 
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos, 
níegame el pan, el aire, 
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca 
porque me moriría.

Del libro Los versos del capitán [1952] del poeta chileno Pablo Neruda [1904-1973], premio Nobel de Literatura en 1971.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Yourcenar

Dice google que hoy hace 27 años que murió Marguerite Yourcenar [1903-1987]. No he leído muchas cosas suyas, aunque es una de esas escritoras que me producen mucho interés y a la que siempre tengo en la lista de "pendientes".
Uno de sus libros que he leído es Memorias de Adriano, un librito que siempre que he vuelto a él me ha parecido muy sugerente, muy evocador...

Cuando hace unos años viajé con Elia por Italia encontramos al menos un par de referencias de Marguerite Yourcenar que me gustaron.

Una de ellas fue en la isla de Capri, donde vivió durante una temporada y escribió algunas obras.

La otra fue en Villa Adriana, un lugar maravilloso en las cercanías de Roma, que no pudimos disfrutar todo lo que nos hubiera gustado porque sufrimos demasiado por el calor que hacía.
En la entrada a la Villa hay una escultura que representa a la escritora y que recuerda su trabajo sobre el emperador Adriano.

Lo dicho, este recordatorio puede ser una buena excusa para volver a esta escritora y recorrer su obra...

lunes, 17 de febrero de 2014

El libro

Estaba leyendo un libro en la cama cuando me pareció que era el libro el que me leía a mí. Me pasa a veces con la televisión, que creo estar viéndola y, de repente, gracias a un guiño que hace la pantalla, descubro el ojo secreto por el que ella me mira. La radio ni la enchufo porque sé que acecha cada uno de mis suspiros. El caso es que, ya digo, estaba descendiendo por las líneas de una página con el cuidado con el que se baja por una escalera extraña cuando advertí que también las palabras que leía me recorrían en dirección al fondo.
Disimulé para que el libro no se diera cuenta de que le había pillado, y continué leyendo, aunque más despacio, para seguir mejor el movimiento de las frases por mi interior. Recorrieron las zonas sociables con la naturalidad con que se recorren las habitaciones de una casa, sólo que mi cuerpo -a diferencia de la mayoría de las viviendas- tiene aposentos en los que habitualmente no entro por educación o miedo, no lo sé. Hay una habitación dentro de mi cuerpo ante cuya puerta paso mil veces al día sin pensar siquiera en asomarme por el ojo de la cerradura. Pero sé que ahí se esconde lo peor y lo mejor de mi vida en un orden sintáctico semejante al que guardan los objetos familiares antiguos en el interior de un desván.
Noté el roce sutil de las frases, y enseguida advertí que no se conformarían con ver los dormitorios y el pasillo porque sentí que manipulaban la cerradura del trastero y se colaban en él por la primera rendija que lograron abrir. Continué leyendo, y ellas continuaron leyéndome. Entonces cerré el libro y me di la vuelta para dormir, pero las palabras se habían quedado dentro, y ahora me leían en voz alta, así que se pasaron la noche hablando de mí. No me enteré de lo que decían porque yo, por mi parte, me había quedado en el interior del libro.

Del libro Articuentos completos, del escritor Juan José Millás [1946- ].

Portada del libro Articuentos completos, de Juan José Millás

Se lo regalé a Elia hace un par de años. Cada vez que bajo a su casa en Madrid lo cojo y leo o releo tres o cuatro articuentos. Un fantástico libro de mesilla de noche, para tenerlo siempre disponible para echarle mano, leer un poquito y volver a dejarlo hasta otra ocasión. Te hace sonreír, reflexionar, es un espejo en el que verte, un motivo para entristecerte o alegrarte, enfadarte... en definitiva, un buen alimento para el cerebro.

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