He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
martes, 30 de septiembre de 2014
lunes, 29 de septiembre de 2014
El libro
El libro se parece a un agujero negro cuya atracción es tal que absorbe y distorsiona todo lo que sucede cerca de él, incluidos el tiempo y el espacio. De manera que a lo mejor son las ocho de la mañana y tú vas en el autobús a la oficina, pero de súbito eres arrebatado por esa masa gravitatoria llamada libro, que llevabas en la mano o en el bolso, y apareces en un escenario diferente, identificado, por ejemplo, con un individuo que se lava las manos llenas de sangre en la pila de una cocina francesa, mientras en el dormitorio de esa misma casa ha empezado a enfriarse un cadáver. Y no son las ocho de la mañana, sino las diez de la noche. Y no es primavera, sino invierno. Y tú no eres ese sujeto sin pasado que ahora se baja del autobús, sino este otro que, después de borrar las huellas dactilares de las copas de coñac, se pone un abrigo oscuro y huye escaleras abajo.
Al cerrar la novela cesa la atracción, y es, una vez más, la hora de fichar, así que fichas y entras en la oficina, donde mueves los papeles de un lado a otro o atiendes el teléfono con la eficacia o la pereza de siempre. Has vuelto a tu dimensión, en fin, sin que nadie se diera cuenta de que te habías ido. Si tus compañeros supieran que en lugar de venir de casa, como procede, vienes de una cocina francesa en cuya pila te has lavado las manos llenas de sangre, se quedarían espantados. De hecho, quizá no seas el mismo ahora que antes de haber leído el libro. Por tu sangre discurre el argumento desdichado o feliz que estaba en la novela, del mismo modo que los exploradores vuelven con malarias de África o de Molokai con lepra.
Hay más libros que playas, y en ellos está contenida la materia oscura que los físicos buscan en las estrellas. Si has leído la novela del individuo que se quita la sangre de las manos, ya siempre serás ese individuo, siempre, sin dejar de ser tú y, lo que es más sorprendente todavía, sin dejar de ser al mismo tiempo el cadáver que comenzaba a enfriarse cuando descendiste del autobús. Pura materia oscura, pues, invisible, como la conciencia, pero real como tu jefe.
Del libro Articuentos completos [2011], del escritor Juan José Millás [1946- ].
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jueves, 18 de septiembre de 2014
Sigo escribiendo...
Sigo escribiendo.
Me sienta bien.
Busco huecos en mi horario y me siento al ordenador a completar un cuento, a guardar una idea hasta que pueda desarrollarla, a retocar algo que aún está a medias...
Tengo varios cuentos viajando por ahí, probando suerte en algunos concursos. Y la semana pasada di por terminada mi primera novelita infantil, que ya está en Barcelona dándose a conocer...
Me sienta bien.
Busco huecos en mi horario y me siento al ordenador a completar un cuento, a guardar una idea hasta que pueda desarrollarla, a retocar algo que aún está a medias...
Tengo varios cuentos viajando por ahí, probando suerte en algunos concursos. Y la semana pasada di por terminada mi primera novelita infantil, que ya está en Barcelona dándose a conocer...
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miércoles, 17 de septiembre de 2014
Me siento bien...
Hoy me siento bien, un Balzac, estoy terminando esta línea.
Microrrelato del escritor guatemalteco Augusto Monterroso [1921-2003] incluido en su libro Movimiento perpetuo [1972].
Microrrelato del escritor guatemalteco Augusto Monterroso [1921-2003] incluido en su libro Movimiento perpetuo [1972].
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martes, 16 de septiembre de 2014
Escribir es estar
ESCRIBIR es como la segregación de las resinas; no es acto, sino lenta formación natural. Musgo, humedad, arcillas, limo, fenómenos del fondo, y no del sueño o de los sueños, sino de los barros oscuros donde las figuras de los sueños fermentan. Escribir no es hacer, sino aposentarse, estar.
Texto encontrado en el libro Entrada en materia, antología del poeta español José Ángel Valente [1929-2000].
Texto encontrado en el libro Entrada en materia, antología del poeta español José Ángel Valente [1929-2000].
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lunes, 15 de septiembre de 2014
gente que lee (9)
La madre y la hermana de la artista [1870].
Óleo de la pintora impresionista francesa Berthe Morisot [1841-1895].
Óleo de la pintora impresionista francesa Berthe Morisot [1841-1895].
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sábado, 13 de septiembre de 2014
Elogio de la lectura y la ficción
[...]
Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntese por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. [...] La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
[...]
Aunque me cuesta mucho y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la parálisis, de la sequía de la imaginación, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los años construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacenó de alguna experiencia vivida, que se volvió un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germinó luego en un proyecto y en la decisión de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. "Escribir es una manera de vivir", dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.
[...]
La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.
[...]
la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
[...]
Del discurso pronunciado por el escritor peruano Mario Vargas Llosa [1936- ] al recoger su Premio Nobel de Literatura el 7 de diciembre de 2010.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014
Es un escritor, lo conozco.
Las opiniones eran que el viejo se había resbalado, que el auto había "quemado" la luz roja, que el viejo había querido suicidarse, que todo estaba cada vez peor en París, que el tráfico era monstruoso, que el viejo no tenía la culpa, que el viejo tenía la culpa, que los frenos del auto no andaban bien, que el viejo era de una imprudencia temeraria, que la vida estaba cada vez más cara, que en París había demasiados extranjeros que no entendían las leyes del tráfico y les quitaban el trabajo a los franceses.
El viejo no parecía demasiado contuso. Sonreía vagamente, pasándose la mano por el bigote. Llegó una ambulancia, lo izaron a la camilla, el conductor del auto siguió agitando las manos y explicando el accidente al policía y a los curiosos.
-Vive en el treinta y dos de la rue Madame -dijo un muchacho rubio que había cambiado algunas frases con Oliveira y los demás curiosos-. Es un escritor, lo conozco. Escribe libros.
-El paragolpes le dio en las piernas, pero el auto ya estaba muy frenado.
-Le dio en el pecho -dijo el muchacho-. El viejo se resbaló en un montón de mierda.
-Le dio en las piernas -dijo Oliveira.
-Depende del punto de vista -dijo un señor enormemente bajo.
-Le dio en el pecho -dijo el muchacho-. Lo vi con estos ojos.
-En ese caso... ¿No sería bueno avisar a la familia?
-No tiene familia, es un escritor.
-Ah -dijo Oliveira.
-Tiene un gato y muchísimos libros. Una vez subí a llevarle un paquete de parte de la portera, y me hizo entrar. Había libros por todas partes. Esto le tenía que pasar, los escritores son distraídos. A mí, para que me agarre un auto...
Comienzo del capítulo 22 de Rayuela [1963], de Julio Cortázar [1914-1984].
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martes, 9 de septiembre de 2014
El miedo y los superventas
La catástrofe está a punto de pasar. Tal vez no será hoy ni mañana pero sabes que es inminente. No conoces la identidad de quién la ejecutará ni por qué. Hace tanto tiempo que tienes miedo que ya no recuerdas exactamente a qué temes. No es a nada. Es a todo. Tu vecino no es de fiar y estás seguro de que tu amigo está a punto de apuñalarte por la espalda. Probablemente pierdas tu empleo. Probablemente suspendas el examen. No enfades a tu jefe. No enfades a tu profesor. No armes bronca. Sólo hay una forma de retrasar que las calamidades te exploten en la cara y sabes muy bien que es cerrando la boca. Cuando tengas el agua hasta el cuello, ni te muevas.
La amenaza, el coscorrón y la invitación al miedo son los recursos más utilizados por los expertos en amaestrar ciudadanos y domesticar ideales. Bien sabe el poder que el terror es la mejor arma de control. Bien sabe el poder que la porra no llega tan lejos como el miedo a la porra.
[...]
Una de las características más relevantes de los superventas es que son ideológicamente estériles. Esta virtud es la que les hace imprescindibles en un sistema que basa su supervivencia en la desinformación, la pasividad y la distracción.
Del libro sobre cultura libre Copia este libro [2005], de David Bravo Bueno [1978- ], descargable desde aquí.
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viernes, 5 de septiembre de 2014
¡Majaderías!
Pensaba yo titular el libro Perejil en la selva. Título sugestivo, ¿verdad? Y ahora están los tres primeros capítulos en mi casa calzando la pata de una mesa para que no cojee. ¿No será éste acaso el papel más propio de una novela que se desarrolla en los Mares del Sur?
Nietenfuhr, el mozo del café, con quien hablaba yo muchas veces de mis trabajos, me preguntó dos días más tarde si yo había estado alguna vez allá abajo.
-¿Dónde es abajo? -le pregunté.
-¡Hombre! En los Mares del Sur, en Australia, en Sumatra, en Borneo y todo eso.
-No -dije-. ¿Por qué?
-Porque sólo se puede escribir de las cosas que uno conoce y ha visto -me respondió.
-Permítame usted, querido señor Nietenfuhr...
-Eso es más claro que el agua -me dijo-. Los señores Neugebauer, que vienen muchas veces aquí a tomar café, tuvieron en cierta ocasión una criada que no había visto nunca asar aves. Y en Navidad del año pasado, cuando tenía que asar el ganso, la señora Neugebauer se fue de compras, y al volver se encontró con una escena espeluznante. La criada había metido en la cacerola al ganso tal y como había venido de la plaza sin socarrarlo, sin abrirlo y sin sacarle las tripas. Despedía un olor que tiraba de espaldas, se lo aseguro a usted.
- Pero ¿qué tiene que ver? -pregunté-. ¿Se figura usted que asar gansos es lo mismo que escribir libros? No me lo tome usted a mal, querido Nietenfuhr, pero no tengo más remedio que reirme.
El hombre esperó a que yo agotara la risa, que en rigor no duró mucho tiempo, y luego me dijo:
-El Mar del Sur, y los antropófagos, y los arrecifes de coral, y todo ese tinglado son el ganso de usted. Y la novela es la cacerola en que quiere usted asar el Océano Pacífico, y a Perejil, y a los tigres. Y si no sabe usted aún cómo se asa ese ganado, podrá resultar una peste de mil demonios, lo mismo que en el caso de la criada de los señores Neugebauer.
-Pues eso es lo que hacen la mayoría de los escritores -exclamé.
-Buen provecho -me dijo por toda respuesta.
[...]
-Le voy a dar a usted un consejo de primera -prosiguió él-; lo mejor será que escriba usted cosas que conozca, por ejemplo, del metro, de los hoteles y de otras cosas por el estilo. O de chiquillos, que le pasan a usted todos los días por delante de las narices y que es lo que hemos sido todos.
-Pues a mi me dijo una persona que gastaba una barba muy larga y que conoce a los chicos como a su propia casa que eso no les gusta.
-¡Majaderías! -refunfuñó el señor Nietenfuhr-. [...]
Del inicio de la novela Emilio y los detectives [1929] del escritor alemán de literatura infantil y juvenil Erich Kästner [1899-1974].
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jueves, 4 de septiembre de 2014
Menos es más
Hace unos cuantos cumpleaños me regalaron Si me necesitas, llámame, libro póstumo de cuentos del escritor estadounidense Raymond Carver [1938-1988].
Recuerdo que me gustó muchísimo, pero en estos años no había vuelto a leer nada de él. Este verano, un poco por casualidad, me he reencontrado con aquel librito, he vuelto a leerlo, y me ha fascinado.
Con estos dos párrafos comienza Leña, el primero de los cuentos de ese librito. No sé puede contar más con menos.
Ya he estado investigando en la biblioteca para leerme el resto de su obra cuanto antes...
Recuerdo que me gustó muchísimo, pero en estos años no había vuelto a leer nada de él. Este verano, un poco por casualidad, me he reencontrado con aquel librito, he vuelto a leerlo, y me ha fascinado.
Era mediados de agosto y Myers estaba cambiando de vida. La única diferencia entre esta vez y las otras era que ahora estaba sobrio. Acababa de pasar veintiocho días en un centro de desintoxicación. Pero en ese tiempo a su mujer se le había metido en la cabeza largarse con un amigo de los dos, otro borracho. Aquel individuo había recibido una pequeña herencia y hablaba de comprar la mitad de un bar restaurante en la parte oriental del estado.
Myers llamó a su mujer, pero ella le colgó. No sólo se negaba a hablar con él, sino que le prohibió acercarse a la casa. Había contratado a un abogado y tenía una orden judicial. Así que cogió algunas cosas, subió a un autobús y se fue a la costa, donde alquiló una habitación en casa de un tal Sol que había puesto un anuncio en el periódico.
Con estos dos párrafos comienza Leña, el primero de los cuentos de ese librito. No sé puede contar más con menos.
Ya he estado investigando en la biblioteca para leerme el resto de su obra cuanto antes...
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miércoles, 3 de septiembre de 2014
Los duelistas
Hace poco contaba aquí que había leído El agente secreto, de Joseph Conrad, y me había costado mucho acabarla. Tenía la idea de que me iba a encontrar una novela de aventuras, rápida, dinámica y de lectura muy ágil, y no sé si por la propia novela o por cómo andaba yo, se me hizo un barrizal inacabable.
Estos días he leído Los duelistas y creo que me he reconciliado definitivamente con Conrad. Algo más de cien páginas obsesivas con el telón de fondo del honor y la parafernalia militar, ambientada en el ejército de Napoleón, pero trasladable a cualquier ejército de cualquier época.
Hace unos meses vi la película que rodó Ridley Scott en los setenta, que me fascinó, y que ya me puso en la pista de que esa novela merecería la pena.
MUY recomendables tanto la novela como la peli.
Estos días he leído Los duelistas y creo que me he reconciliado definitivamente con Conrad. Algo más de cien páginas obsesivas con el telón de fondo del honor y la parafernalia militar, ambientada en el ejército de Napoleón, pero trasladable a cualquier ejército de cualquier época.
Hace unos meses vi la película que rodó Ridley Scott en los setenta, que me fascinó, y que ya me puso en la pista de que esa novela merecería la pena.
MUY recomendables tanto la novela como la peli.
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martes, 26 de agosto de 2014
¡Felicidades Julio!
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto en el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Capítulo 68 de la novela Rayuela, del escritor argentino Julio Cortázar [1914-1984], con quien empecé este blog sobre cosas que leo y que escribo hace algo más de seis meses con motivo del aniversario de su muerte, y que hoy, 26 de agosto, cumpliría 100 años.
Una buena excusa, otra más, para releerle una vez más...
Julio Cortázar fotografiado por la fotógrafa argentina Sara Facio en 1967.
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lunes, 25 de agosto de 2014
viernes, 8 de agosto de 2014
martes, 5 de agosto de 2014
La pena
Entonces llegaba la pena, él le permitía acercarse, trataba de acostumbrarse a ella. La acogía con una particular posición del brazo, casi tendido en el gesto de darle la mano. Había que hacerle sitio al dolor, acunarlo entre los brazos. De lo contrario se convertía en terror y lo asaltaba por sorpresa, sin previo aviso, cuando cruzaba una calle o en el supermercado, mientras elegía las mandarinas o las patatas. Eran momentos de pánico.
Es uno de los párrafos del primer capítulo de la novela La verdad, de la escritora finlandesa Riikka Pulkkinen [1980- ]. Acabo de empezar a leerla hace un rato, mientras cenaba, y tiene muy buena pinta.
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viernes, 1 de agosto de 2014
Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana...
Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.
Comienzo de la novela La metamorfosis [1915], del escritor Franz Kafka [1883-1924].
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jueves, 31 de julio de 2014
Kanikosen - El pesquero
Hace algo más de un año leí Las uvas de la ira (1939) de John Steinbeck [1902-1968], una de las novelas que más me han impresionado de cuantas he leído hasta ahora.
Creo que lo que más me llamó la atención es que aunque está escrita hace más de 70 años y habla de las consecuencias de la crisis del 29, todo lo que cuenta resulta inquietantemente parecido a lo que ocurre hoy. Lo que cuenta sobre la gente que trabaja, sobre los bancos y los gobernantes, sobre la emigración, etc. es exactamente lo que está ocurriendo ahora mismo si trasladamos todo de los campos de algodón a las oficinas.....
Acabo de leer Kanikosen - El pesquero, del escritor japonés Takiji Kobayashi [1903-1933], escrita en 1929, y que en la portada de la edición en español un tal Matthew Ward asegura que es "La versión japonesa de Las uvas de la ira."
Y ya puestos en faena, para cerrar una especie de "tetralogía" sobre el tema, yo añadiría la Cantata de Santa María de Iquique (1969) del grupo chileno Quilapayún, que reconozco que me marcó profundísimamente cuando la descubrí estando en la facultad, y El acorazado Potemkin (1925), la película de Eisenstein [1898-1948], que debí ver también por esa misma época...
Creo que lo que más me llamó la atención es que aunque está escrita hace más de 70 años y habla de las consecuencias de la crisis del 29, todo lo que cuenta resulta inquietantemente parecido a lo que ocurre hoy. Lo que cuenta sobre la gente que trabaja, sobre los bancos y los gobernantes, sobre la emigración, etc. es exactamente lo que está ocurriendo ahora mismo si trasladamos todo de los campos de algodón a las oficinas.....
Acabo de leer Kanikosen - El pesquero, del escritor japonés Takiji Kobayashi [1903-1933], escrita en 1929, y que en la portada de la edición en español un tal Matthew Ward asegura que es "La versión japonesa de Las uvas de la ira."
Y ya puestos en faena, para cerrar una especie de "tetralogía" sobre el tema, yo añadiría la Cantata de Santa María de Iquique (1969) del grupo chileno Quilapayún, que reconozco que me marcó profundísimamente cuando la descubrí estando en la facultad, y El acorazado Potemkin (1925), la película de Eisenstein [1898-1948], que debí ver también por esa misma época...
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viernes, 25 de julio de 2014
Palabras para Julia
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombres solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Palabras para Julia [1979] del escritor español José Agustín Goytisolo [1928-1999].
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombres solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
Palabras para Julia [1979] del escritor español José Agustín Goytisolo [1928-1999].
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martes, 22 de julio de 2014
gente que lee (7)
La fotógrafa belga Martine Franck [1938-2012] fotografiada en 1967 por Henri Cartier-Bresson [1908-2004].
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lunes, 21 de julio de 2014
Biografía
No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.
¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica, te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.
No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: Morir.
Del poeta español Gabriel Celaya [1911-1991].
El sábado fue mi cumpleaños. He pasado un fin de semana maravilloso que me ha sentado muy bien. Me he sentido acompañado y querido y apoyado en esta nueva etapa en la que estoy...
Seguimos...
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.
Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.
¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica, te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.
No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: Morir.
Del poeta español Gabriel Celaya [1911-1991].
El sábado fue mi cumpleaños. He pasado un fin de semana maravilloso que me ha sentado muy bien. Me he sentido acompañado y querido y apoyado en esta nueva etapa en la que estoy...
Seguimos...
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miércoles, 16 de julio de 2014
Eso era todo.
[...] No obstante, me parecía que estas vías de evasión no eran para mí, que estaban reservadas para los escritores. Sentía demasiado respeto por los libros, casi veneración, para imaginarme que podía escribir uno. Libros tales como Madame Bovary, los Diálogos de Platón, las novelas y los ensayos de Sartre, los de Julien Gracq, ciertos títulos de los americanos y rusos, habían ardido como fuegos de dicha en la noche de mi adolescencia y en mis años de estudiante. Después de haberlos leído transpirando, ávidamente, los había cerrado con un sentimiento de dolor. Hubiera querido quedarme aún en sus páginas, al abrigo de su fuerza, de su libertad, de su belleza, de su valor.
El hecho mismo de escribir me parecía un acto importante del que no era digna. Nunca se me había ocurrido la pretensión de escribir. Nunca jamás. Nunca había salido de mi mano derecha, armada con una pluma, ningún poema, ninguna nota, ningún esbozo de diario o de narración.
Aquellas hojas que llenaba de signos tipográficos de mi máquina de escribir, ¿qué eran? No lo sabía y no intentaba saberlo. Sentía, al hacerlo, una satisfacción importante, eso era todo.
De la novela autobiográfica Las palabras para decirlo [1975], de la escritora francesa Marie Cardinal [1928-2001].
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martes, 8 de julio de 2014
martes, 1 de julio de 2014
La televisión
—Aquel hombre está enfadado con el otro porque ha matado a su mujer —comenta Madelief.
—Ahora se matarán entre ellos —dice Roos.
Están las dos sentadas delante de la televisión, mirando sin pestañear, conteniendo el aliento porque hay muchos muertos.
—Naturalmente, no pueden matarse entre ellos —dice Madelief—. Siempre hay uno que gana, y éste sigue con vida.
—Es muy interesante la historia —insiste Roos.
—¡Eh!, ¿qué pasa ahora? —exclama Madelief—. Allí está la mujer. No está muerta, ni mucho menos.
Sí, es así. Es extraño. La mujer incluso sonríe amablemente al hombre que, en teoría, la había matado.
—Ciertamente que ha revivido —dice Roos.
—No, ya vendrá luego. Seguramente la matarán ahora. Entonces ya verás cómo se enfadarán los hombres.
Las dos están sentadas en el borde de la silla. ¡Va todo tan rápido en la televisión! Si no estás muy atento no comprendes nada.
—¡Cuidado! —grita Roos—. ¡Ella tiene una pistola en la mano!
—Ya lo sé —grita a su vez Madelief. Y salta de la silla—. Va a matar a ese hombre. Yo también lo habría hecho.
—Lógico —replica Roos.
La mujer, en la televisión, se cuela por una calleja oscura. Un momento después suena un disparo. Un hombre cae. La mujer corre.
—Mira —dice Roos asustada—, se ha equivocado. Es justo su amigo.
—¡Qué tonta! —añade Madelief, y su voz tiembla un poquito.
La mujer entra en una casa. Un hombre la besa. Se sonríen alegres.
—Y ahora va con ese tipo feo —dice Roos—. ¡Qué idiota!
—También le matará —asegura Madelief con cierta esperanza en la voz.
Pero la pelicula ha terminado. Ellas siguen esperando, pero llegan los anuncios.
—Qué bonita era —dice Madelief con un suspiro.
—Cierto —suspira igualmente Roos.
Cuento breve del libro La mudanza y otras historias curiosas [1975] del escritor holandés de literatura infantil y juvenil Guus Kuijer [1942- ], a quien acabo de descubrir estos días.
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lunes, 30 de junio de 2014
gente que lee (6)
Lectora y lector, ilustración del dibujante Adrian Tomine [1974- ] para la portada de The New Yorker del 8 de noviembre de 2004.
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martes, 24 de junio de 2014
Capote
Hace años, no sé cuántos, leí A sangre fría, del escritor estadounidense Truman Capote [1924-1984]. Recuerdo que me gustó y me impresionó leerla, pero no fui entonces consciente del camino que abría aquella novela al publicarse a finales de los sesenta.
Hace unos días vi en casa Capote, la película que se rodó en 2005 sobre la escritura de A sangre fría.
Magnífica. Un recorrido por todo el proceso creativo, con los altibajos de la relación del escritor con el tema, los personajes y con la propia historia...
El actor que interpreta a Capote, Philip Seymour Hoffman, trabaja extraordinariamente: casi sin darte cuenta te va haciendo sentir amor y odio hacia su personaje según avanza la película. En ocasiones parece que es un tipo habilidosísimo para seducir a las personas de quienes necesita alguna información, y otras veces da la impresión de que simplemente utiliza a quien tiene en su entorno para sus intereses, para poder terminar su libro.
Fascinante también la implicación en la escritura, cómo la historia va enredando al escritor hasta casi no dejarle vivir tranquilo y no permitirle tener la cabeza en ningún otro sitio que no sean sus personajes y la historia que trazaron...
Hace unos días vi en casa Capote, la película que se rodó en 2005 sobre la escritura de A sangre fría.
Magnífica. Un recorrido por todo el proceso creativo, con los altibajos de la relación del escritor con el tema, los personajes y con la propia historia...
El actor que interpreta a Capote, Philip Seymour Hoffman, trabaja extraordinariamente: casi sin darte cuenta te va haciendo sentir amor y odio hacia su personaje según avanza la película. En ocasiones parece que es un tipo habilidosísimo para seducir a las personas de quienes necesita alguna información, y otras veces da la impresión de que simplemente utiliza a quien tiene en su entorno para sus intereses, para poder terminar su libro.
Fascinante también la implicación en la escritura, cómo la historia va enredando al escritor hasta casi no dejarle vivir tranquilo y no permitirle tener la cabeza en ningún otro sitio que no sean sus personajes y la historia que trazaron...
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miércoles, 18 de junio de 2014
...el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque.
[...] Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. [...]
Del cuento El libro de arena, del escritor argentino Jorge Luis Borges [1899-1986].
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La edad de la anestesia
Sigo enganchado a la literatura infantil y juvenil. El último que he leído, La edad de la anestesia, de Elena Alonso Frayle, premio Alandar de literatura juvenil de este año.
Me ha gustado. Aunque quizá le encuentro un par de pegas: me parece que el final es un poco precipitado, tal vez se quedan las tramas que plantea la novela un poco abiertas. Y por otra parte me parece que los personajes, a pesar de ser adolescentes, tienen un tono demasiado adulto, usan un vocabulario y una forma de hablar que no es la que oigo cuando estoy con adolescentes, con mis alumnxs o con mis sobrinxs.
Pero me ha gustado mucho la historia, la mezcla entre realidad y ficción y entre presente y pasado....
Me ha gustado. Aunque quizá le encuentro un par de pegas: me parece que el final es un poco precipitado, tal vez se quedan las tramas que plantea la novela un poco abiertas. Y por otra parte me parece que los personajes, a pesar de ser adolescentes, tienen un tono demasiado adulto, usan un vocabulario y una forma de hablar que no es la que oigo cuando estoy con adolescentes, con mis alumnxs o con mis sobrinxs.
Pero me ha gustado mucho la historia, la mezcla entre realidad y ficción y entre presente y pasado....
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martes, 17 de junio de 2014
Contrastes
Ayer, por fin, terminé El agente secreto, de Joseph Conrad [1857-1924]. Por algún motivo esperaba una novela de aventuras más o menos ligera, pero me ha costado mucho acabarla y la he tenido atragantada durante unas cuantas semanas. Cuando me pasa algo así con algún libro, siempre me queda la duda de cómo lo hubiera recibido si lo hubiera leído en otro momento en el que yo estuviera con otro ánimo. En cualquier caso creo que voy a dejar pasar una temporadita antes de volver a intentarlo con Conrad.
Para "compensar", este finde he leído Un cóndor en Madrid, una novelita infantil de Paloma Muiña que ha ganado el Premio Ala Delta de este año. Una delicia....
Para "compensar", este finde he leído Un cóndor en Madrid, una novelita infantil de Paloma Muiña que ha ganado el Premio Ala Delta de este año. Una delicia....
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miércoles, 11 de junio de 2014
Disabled
Ilustración del polaco Pawel Kuczynski [1976- ].
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lunes, 9 de junio de 2014
viernes, 6 de junio de 2014
jueves, 5 de junio de 2014
Test de Bechdel
Hace tiempo descubrí el Test de Bechdel y desde entonces lo he "aplicado" montones de veces no sólo a pelis, que parece que es para lo que fue ideado en origen, sino también a cualquier otro "formato": cómics, teatro... y por supuesto novelas y cuentos.
La idea es sencilla: se trata de hacer varias preguntas relacionadas con lxs personajes que aparecen en la historia para valorar cuánto se ha tenido en cuenta el punto de vista femenino y cuánto pesa el androcentrismo en dicha historia:
La idea es sencilla: se trata de hacer varias preguntas relacionadas con lxs personajes que aparecen en la historia para valorar cuánto se ha tenido en cuenta el punto de vista femenino y cuánto pesa el androcentrismo en dicha historia:
- En la narración (peli, obra de teatro, cuento, cómic, novela, etc.) aparecen al menos dos mujeres y cada una de ellas tiene nombre propio.
- En algún momento de la historia mantienen una conversación entre ellas.
- Y esa conversación NO trata sobre algún hombre.
Parece que las preguntas son relativamente inocentes y sencillas pero es sorprendente la cantidad inmensa de pelis o novelas que no pasan el test, pelis en las que sólo o casi sólo hay hombres (o chicos o niños), en las que las mujeres sólo tienen un papel secundario...
El test aparece por primera vez en 1985 en una tira de cómic de Alison Bechdel, titulada The rule, y se lo atribuye a su amiga Liz Wallace:
Últimamente he pensado mucho en ello especialmente respecto a las novelas para público infantil y juvenil. Me sorprende, para bien, cómo se cuidan estas cosas en algunas novelas (no necesariamente recientes) como las de Christine Nöstlinger, Mirjam Pressler, Gunnel Linde o Astrid Lindgren... (casualmente todas mujeres...)
Sin embargo, en otras es muy difícil encontrar personajes femeninos interesantes, incluso en libros mucho más recientes de autores y autoras que parece que deberían estar mucho más implicadxs en el tema del género, aunque sólo fuera por influencia del entorno y por todos los cambios que ha habido en las últimas décadas en nuestra sociedad.
Un buen ejemplo, para no imitar, es la insustancial y decepcionante Historia de un segundo, del extremada e increíblemente prolífico Jordi Sierra i Fabra, que leí no hace mucho, novela que a pesar de estar publicada hace cuatro o cinco años y ser uno de los más recientes premios Barco de Vapor, sorprendentemente mantiene y perpetúa los mismos modelos de siempre: chica encerrada por su padre en lo alto del torreón y chico que la rescata y son felices para siempre........ ¡Un espanto!
Un buen ejemplo, para no imitar, es la insustancial y decepcionante Historia de un segundo, del extremada e increíblemente prolífico Jordi Sierra i Fabra, que leí no hace mucho, novela que a pesar de estar publicada hace cuatro o cinco años y ser uno de los más recientes premios Barco de Vapor, sorprendentemente mantiene y perpetúa los mismos modelos de siempre: chica encerrada por su padre en lo alto del torreón y chico que la rescata y son felices para siempre........ ¡Un espanto!
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miércoles, 4 de junio de 2014
Mirjam Pressler
Cada vez me gustan más los libros de Mirjam Pressler [1940-2019], novelista alemana cuyo trabajo, al menos el que yo conozco, está dirigido a público infantil y juvenil. Estos días he leído Y por fin habló y Arañazos en la pintura.
En sus novelas no hay fantasía: nada de princesas, ni dragones, ni magia... Hay realidad. En las novelas que he leído quien cuenta la historia suele ser un chico o una chica adolescentes, hablando en primera persona y contando lo que le ocurre en el cole, en casa, con su familia, con sus compañerxs de clase, con el mundo. Hablando de su realidad y de cómo trata de encararla de la mejor forma posible.
A veces, algunas historias, pueden dar la sensación de estar teñidas de tristeza. Pero en ningún momento da la impresión de recrearse en la tristeza o en la pesadumbre de quien las cuenta, sino de contar historias sobre la realidad, uno de cuyos componentes es la tristeza, la inseguridad, las dudas, lo difícil que es vivir... y más si tienes 13 ó 14 años y tu vida es "complicada".
De la novela Y por fin habló:
Me gusta mucho, como ocurre también con las historias de Christine Nöstlinger, que muchas de sus novelas queden abiertas, que no se dé un final redondo, ni mucho menos un final feliz. Lo que se cuenta en ellas es una especie de paréntesis en la vida de los personajes, un episodio que queda más o menos cerrado al terminar la novela, pero que da pie a quien la lee a pensar que esos personajes siguen ahí y continúan con sus vidas. Aunque algunos de los conflictos que surgen hayan sido resueltos, aparecerán otras alegrías y otras tristezas en sus vidas que siguen... como ocurre también con la vida de quien las lee...
En sus novelas no hay fantasía: nada de princesas, ni dragones, ni magia... Hay realidad. En las novelas que he leído quien cuenta la historia suele ser un chico o una chica adolescentes, hablando en primera persona y contando lo que le ocurre en el cole, en casa, con su familia, con sus compañerxs de clase, con el mundo. Hablando de su realidad y de cómo trata de encararla de la mejor forma posible.
A veces, algunas historias, pueden dar la sensación de estar teñidas de tristeza. Pero en ningún momento da la impresión de recrearse en la tristeza o en la pesadumbre de quien las cuenta, sino de contar historias sobre la realidad, uno de cuyos componentes es la tristeza, la inseguridad, las dudas, lo difícil que es vivir... y más si tienes 13 ó 14 años y tu vida es "complicada".
De la novela Y por fin habló:
Me siento tan descargada y alegre como si hubiera sacado un diez en Latín y otro en Matemáticas.
Me late el corazón cuando abro la puerta de casa. Pero mamá no me pregunta nada y yo no le cuento nada. Únicamente como mi bocadillo y me voy un ratito al parque. Es realmente una gran suerte que vivamos tan cerca del parque. Moni viene conmigo. Ha insistido tanto que tuve que ceder. Apenas hablo con ella pero parece que no le importa. Se pone a saltar con alegría y a buscar entre la hierba alta, junto a los árboles, las primeras violetas. Me acuerdo de la rabia que he sentido y del extraordinario alivio de después. ¿Les resultará a los demás igual? ¿Gritarán así todos los que van allí?
A la mañana siguiente me despierto con unas agujetas horribles en los hombros y en el brazo. Pero en seguida me siento bien. Me gustaría hablarle a Alex del señor Hausmann pero no puedo. Tendría que contárselo todo para que comprenda.
Me gusta mucho, como ocurre también con las historias de Christine Nöstlinger, que muchas de sus novelas queden abiertas, que no se dé un final redondo, ni mucho menos un final feliz. Lo que se cuenta en ellas es una especie de paréntesis en la vida de los personajes, un episodio que queda más o menos cerrado al terminar la novela, pero que da pie a quien la lee a pensar que esos personajes siguen ahí y continúan con sus vidas. Aunque algunos de los conflictos que surgen hayan sido resueltos, aparecerán otras alegrías y otras tristezas en sus vidas que siguen... como ocurre también con la vida de quien las lee...
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martes, 3 de junio de 2014
Escribir
Hace poco, un oyente telefoneó a un programa de radio y contó que su matrimonio había empezado a naufragar el día en el que su mujer llevó a casa a una amiga anoréxica.
—¿Qué sucedió? —preguntó la locutora.
—No se lo puedo decir porque a mi esposa le gustaba mucho la radio y quizá me esté oyendo. La cuestión es que las cosas se empezaron a complicar y ahora vivimos separados.
La audiencia, a juzgar por las llamadas posteriores, se quedó muy intrigada y yo pensé que aquel hombre nos había dado una lección perfecta de cómo comenzar un relato. Las situaciones de partida son así de gratuitas, así de normales también. Y cuando digo normal no pierdo de vista desde luego el grado profundo de anormalidad que subyace en la vida cotidiana, aunque hayamos desarrollado mecanismos para no percibirla. El acierto de este hombre consistió en contar algo que estaba en la frontera de lo vulgar y lo extraño. Parece que estoy viendo la escena:
—Mira, Javier, ésta es mi amiga Rosa, que como puedes ver es anoréxica y ha venido a pasar unos días con nosotros. Dormirá en el sofá-cama del cuarto de estar.
—Encantado.
No es difícil imaginarse a los tres en el tresillo, viendo la tele. Rosa, muy delgada, permanece entre los dos, sin probar los aperitivos que la mujer de Javier ha puesto sobre la mesa. Javier está un poco violento, pero al mismo tiempo orgulloso de que su esposa intente ayudar a una amiga. Él mismo, sin darse cuenta, ha empezado a urdir algunos modos de obligarla a comer. Una situación normal, de gente normal: se respira una atmósfera de clase media absolutamente familiar. Javier, seguramente, es funcionario.
A los tres meses, sin embargo, Javier vive solo en un apartamento y se dedica a telefonear a las emisoras de radio para contar que su matrimonio ha fracasado. Ahora estamos ya frente a una historia de terror. Sólo hay que escribir lo que ha sucedido en medio. A ver quién se anima.
Del libro Articuentos completos [2011] del escritor español Juan José Millás [1946- ].
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lunes, 2 de junio de 2014
Mis libros de 2013
Desde hace tiempo he colgado en mi blog los libros que me he leído cada año. Esta vez, con tantos cambios, me he retrasado un poco, pero aquí van los de 2013:
| Fábulas de Esopo. Vida de Esopo. Fábulas de Babrio | Esopo, Babrio |
| El año de la liebre | Arto Paasilinna |
| Un puente sobre el Drina | Ivo Andrić |
| Puñal | Juan P. Souto |
| El fotógrafo y la fotografía | Mariano Zuzunaga |
| Noticias de la noche (Jaritos 1) | Petros Markaris |
| Defensa cerrada (Jaritos 2) | Petros Markaris |
| Suicidio perfecto (Jaritos 3) | Petros Markaris |
| Un caso del comisario Jaritos... (Jaritos 4) | Petros Markaris |
| El paseo | Robert Walser |
| El accionista mayoritario (Jaritos 5) | Petros Markaris |
| Paz interior para gente ocupada | Joan Borysenko |
| Las uvas de la ira | John Steinbeck |
| Caminar | Henry D. Thoreau |
| Minimalia | ed. Luis E. de Tomás |
| Ejercicios de estilo | Raymond Queneau |
| Geografía V-VII | Estrabón |
| Tatami | Alberto Olmos |
| Muerte en Estambul (Jaritos 6) | Petros Markaris |
| Con el agua al cuello (Jaritos 7) | Petros Markaris |
| A bordo del naufragio | Alberto Olmos |
| La historia del Doctor Dolittle | Hugh Lofting |
| Bebela | Agustín García Calvo |
| La voz a ti debida | Pedro Salinas |
| Jakob von Gunten | Robert Walser |
| Liquidación final (Jaritos 8) | Petros Markaris |
| La piel de Mica | Paloma Bravo |
| Si quieres, puedes | Richard Vaughan |
| La espada de Damocles | Petros Markaris |
| El talento de los demás | Alberto Olmos |
| Escribir ficción | Edith Warton |
| El gran Gatsby | F. Scott Fitzgerald |
| Trenes hacia Tokyo | Alberto Olmos |
| Cosmópolis | Don Delillo |
| Intemperie | Jesús Carrasco |
| Los mutilados | Hermann Ungar |
| Regular, gracias a Dios | José Antonio Labordeta |
| Aquí yacen dragones | Fernando León de Aranoa |
| Alamut | Vladimir Bartol |
| El tesoro de Sierra Madre | B. Traven |
| El desierto de los tártaros | Dino Buzzati |
| La misteriosa llama de la reina Loana | Umberto Eco |
| Un secuestro de película | Enrique Páez |
| Historias extraordinarias | Roald Dahl |
| Fácil de matar | Maruja Torres |
| El verano sin hombres | Siri Hustvedt |
| Casi todo es cuento | ed. Enrique Páez |
| La poesía y la voz en la civilización medieval | Paul Zumthor |
| Todo se desmorona | Chinua Achebe |
| Claus y Lucas | Agota Kristof |
| Diario de viaje | Michel de Montaigne |
| El tiempo de la bruja | Árni Þórarinsson |
| Dibujos animados | Félix Romeo |
| Discothéque | Félix Romeo |
| Pan, educación, libertad (Jaritos 9) | Petros Markaris |
| Amarillo | Félix Romeo |
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jueves, 22 de mayo de 2014
gente que lee (4)
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miércoles, 21 de mayo de 2014
A trompicones
Aunque ya tiene unos añitos (fue escrita en el 81), la novela A trompicones, de la escritora alemana Mirjam Pressler [1940-2019], es de lo mejorcito que he leído en literatura infantil y juvenil sobre discapacidad y fracaso escolar.
martes, 20 de mayo de 2014
Un intruso en mi cuaderno
Anoche leí Un intruso en mi cuaderno, del escritor David Fernández Sifres [1976- ], un precioso cuento sobre la amistad y la enfermedad, premio Ala Delta 2012.
Lo que al principio parece una historia tontorrona de un niño tímido se va enriqueciendo poco a poco, añadiendo detalles importantes y sorprendentes que hacen un final muy hermoso. El tema de la enfermedad se va introduciendo de forma muy sutil y cuando ya has leído la mitad del libro te das cuenta de que se ha vuelto el centro de la historia.
Por buscar alguna pega, creo que me sobran algunas cosas del epílogo, que me resultan algo forzadas.
En cualquier caso un librito muy recomendable para niños y niñas hasta unos 10 años.
Lo que al principio parece una historia tontorrona de un niño tímido se va enriqueciendo poco a poco, añadiendo detalles importantes y sorprendentes que hacen un final muy hermoso. El tema de la enfermedad se va introduciendo de forma muy sutil y cuando ya has leído la mitad del libro te das cuenta de que se ha vuelto el centro de la historia.
Por buscar alguna pega, creo que me sobran algunas cosas del epílogo, que me resultan algo forzadas.
En cualquier caso un librito muy recomendable para niños y niñas hasta unos 10 años.
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viernes, 16 de mayo de 2014
Leer es un placer
Hysterical literature, del fotógrafo y videoartista Clayton Cubitt.
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jueves, 15 de mayo de 2014
Las cosas nunca son sólo cosas
Sábado 6 de abril de 1996
Una vez por semana me las encuentro en una calle en cuesta. Me las llevo a casa y las miro vivir. Aparentemente son flores. Aparentemente. Las cosas nunca son sólo cosas. Estas por ejemplo, unos tulipanes, hacen que en la casa resuene una nota alegre, fraterna. Los libros que no puedo resistirme a abrir son menos generosos. Los libros no saben, como los tulipanes, morir y nacer de nuevo y finalmente morir sin más. Lo que ayuda, es lo pasajero. Lo que aspira a lo eterno no resulta de ningún consuelo.
Primera entrada del libro-diario Autorretrato con radiador, del escritor francés Christian Bobin [1951- ].
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martes, 13 de mayo de 2014
Libros electrónicos y libros en papel
Me encanta el libro en papel y me encanta el libro electrónico. Ningún problema, ninguna nostalgia. Veo claro que cada formato tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El libro electrónico me parece el invento definitivo para llevarte lecturas de viaje, por ejemplo.
Sólo una pega: siempre me ha gustado muchísimo, al llegar a casa de alguien, curiosear entre sus estanterías para ver qué libros tiene. Eso se acabó. [Ya lleva un tiempo pasando lo mismo con la música...]
Tengo alguna pega más, pero supongo que todas soslayables: no me gusta usar el electrónico para libros que quiero subrayar, tengo mis conflictos con el tema de los derechos y la piratería (eso lo dejo para otro post), me gusta forrar los libros que leo y usar el forro para anotar cosas....
El caso es que hoy me he encontrado esto sobre el tema, y me ha gustado mucho:
Lo he encontrado en la novela autobiográfica El club de lectura del final de tu vida, del estadounidense Will Schwalbe [1962- ], que por cierto, me estoy leyendo en papel.
Sólo una pega: siempre me ha gustado muchísimo, al llegar a casa de alguien, curiosear entre sus estanterías para ver qué libros tiene. Eso se acabó. [Ya lleva un tiempo pasando lo mismo con la música...]
Tengo alguna pega más, pero supongo que todas soslayables: no me gusta usar el electrónico para libros que quiero subrayar, tengo mis conflictos con el tema de los derechos y la piratería (eso lo dejo para otro post), me gusta forrar los libros que leo y usar el forro para anotar cosas....
El caso es que hoy me he encontrado esto sobre el tema, y me ha gustado mucho:
Una de las muchas cosas que me gustan de los libros es su pura corporeidad. Los libros electrónicos quedan fuera de la vista y caen en el olvido. Pero los libros impresos tienen cuerpo, presencia. Algunas veces, claro, te eluden ocultándose en lugares improbables: en una caja llena de viejos marcos de fotos, pongamos por caso, o en el cesto de la colada, envueltos en una sudadera. Pero otras veces te reconfortan, y uno literalmente tropieza con volúmenes en los que llevaba semanas o años sin pensar. Veo libros electrónicos a menudo, pero nunca me persiguen. Me hacen sentir, pero no puedo sentirlos. Son alma sin carne, sin textura ni peso. Se te pueden meter en la cabeza, pero no pueden asestarte un golpe físico.
Lo he encontrado en la novela autobiográfica El club de lectura del final de tu vida, del estadounidense Will Schwalbe [1962- ], que por cierto, me estoy leyendo en papel.
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lunes, 12 de mayo de 2014
Christine Nöstlinger
Estos días he estado leyendo varios libros de la escritora austriaca de literatura infantil y juvenil Christine Nöstlinger [1936-2018].
- Un marido para mamá
- Una historia familiar
- ¡Vuela, abejorro!
- Wetti y Babs
- Hugo, el niño en sus mejores años
En general magnífica, absolutamente recomendable. De vez en cuando leo cosas destinadas a público infantil o juvenil que me resultan un poco rancias, con ideas más propias de la infancia de mis padres que de la de mis sobrinxs. Nada que ver con las novelas de Nöstlinger: frescas, actuales, plenamente vigentes muchos años después de haber sido escritas, removedoras...
Dos cosas que me han gustado mucho de varias de estas novelas:
- Una de ellas la cuenta muy bien el artículo de la wikipedia sobre la autora: "sus libros nacen de problemas reales abordados sin dramatismo y casi siempre con humor o ironía".
- Y la otra: en muchos de sus libros las historias no quedan cerradas del todo. Aparentemente se resuelve el "conflicto" que se plantea en la novela, pero no del todo. La vida es más complicada que las películas de Hollywood y en la realidad raramente se dan "finales felices definitivos". Irónicamente en la última página de una de estas novelas con uno de esos finales más o menos abiertos (Una historia familiar) encuentro este párrafo:
Gretchen se dejó caer en su asiento y trató de prestar atención al profesor de Lengua. Este se lamentaba de que la mayoría de las redacciones no tuviesen un verdadero "final". ¡Lo que no se podía hacer, decía, era estar escribiendo durante cincuenta minutos para luego, cuando tocaba el timbre, poner punto final en cualquier sitio! Antes de empezar una redacción, dijo, había que pensar muy bien qué se quería escribir.
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