He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

lunes, 30 de junio de 2014

gente que lee (6)

Lectora y lector, ilustración del dibujante Adrian Tomine [1974- ] para la portada de The New Yorker del 8 de noviembre de 2004.

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martes, 24 de junio de 2014

Capote

Hace años, no sé cuántos, leí A sangre fría, del escritor estadounidense Truman Capote [1924-1984]. Recuerdo que me gustó y me impresionó leerla, pero no fui entonces consciente del camino que abría aquella novela al publicarse a finales de los sesenta.
Hace unos días vi en casa Capote, la película que se rodó en 2005 sobre la escritura de A sangre fría.
Magnífica. Un recorrido por todo el proceso creativo, con los altibajos de la relación del escritor con el tema, los personajes y con la propia historia...
El actor que interpreta a Capote, Philip Seymour Hoffman, trabaja extraordinariamente: casi sin darte cuenta te va haciendo sentir amor y odio hacia su personaje según avanza la película. En ocasiones parece que es un tipo habilidosísimo para seducir a las personas de quienes necesita alguna información, y otras veces da la impresión de que simplemente utiliza a quien tiene en su entorno para sus intereses, para poder terminar su libro.
Fascinante también la implicación en la escritura, cómo la historia va enredando al escritor hasta casi no dejarle vivir tranquilo y no permitirle tener la cabeza en ningún otro sitio que no sean sus personajes y la historia que trazaron...

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miércoles, 18 de junio de 2014

...el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque.

[...] Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. [...]

Del cuento El libro de arena, del escritor argentino Jorge Luis Borges [1899-1986].

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La edad de la anestesia

Sigo enganchado a la literatura infantil y juvenil. El último que he leído, La edad de la anestesia, de Elena Alonso Frayle, premio Alandar de literatura juvenil de este año.
Me ha gustado. Aunque quizá le encuentro un par de pegas: me parece que el final es un poco precipitado, tal vez se quedan las tramas que plantea la novela un poco abiertas. Y por otra parte me parece que los personajes, a pesar de ser adolescentes, tienen un tono demasiado adulto, usan un vocabulario y una forma de hablar que no es la que oigo cuando estoy con adolescentes, con mis alumnxs o con mis sobrinxs.

Pero me ha gustado mucho la historia, la mezcla entre realidad y ficción y entre presente y pasado....

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martes, 17 de junio de 2014

Contrastes

Ayer, por fin, terminé El agente secreto, de Joseph Conrad [1857-1924]. Por algún motivo esperaba una novela de aventuras más o menos ligera, pero me ha costado mucho acabarla y la he tenido atragantada durante unas cuantas semanas. Cuando me pasa algo así con algún libro, siempre me queda la duda de cómo lo hubiera recibido si lo hubiera leído en otro momento en el que yo estuviera con otro ánimo. En cualquier caso creo que voy a dejar pasar una temporadita antes de volver a intentarlo con Conrad.

Para "compensar", este finde he leído Un cóndor en Madrid, una novelita infantil de Paloma Muiña que ha ganado el Premio Ala Delta de este año. Una delicia.... 

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miércoles, 11 de junio de 2014

lunes, 9 de junio de 2014

jueves, 5 de junio de 2014

Test de Bechdel

Hace tiempo descubrí el Test de Bechdel y desde entonces lo he "aplicado" montones de veces no sólo a pelis, que parece que es para lo que fue ideado en origen, sino también a cualquier otro "formato": cómics, teatro... y por supuesto novelas y cuentos.

La idea es sencilla: se trata de hacer varias preguntas relacionadas con lxs personajes que aparecen en la historia para valorar cuánto se ha tenido en cuenta el punto de vista femenino y cuánto pesa el androcentrismo en dicha historia:
  • En la narración (peli, obra de teatro, cuento, cómic, novela, etc.) aparecen al menos dos mujeres y cada una de ellas tiene nombre propio.
  • En algún momento de la historia mantienen una conversación entre ellas.
  • Y esa conversación NO trata sobre algún hombre.
Parece que las preguntas son relativamente inocentes y sencillas pero es sorprendente la cantidad inmensa de pelis o novelas que no pasan el test, pelis en las que sólo o casi sólo hay hombres (o chicos o niños), en las que las mujeres sólo tienen un papel secundario...

El test aparece por primera vez en 1985 en una tira de cómic de Alison Bechdel, titulada The rule, y se lo atribuye a su amiga Liz Wallace:

Últimamente he pensado mucho en ello especialmente respecto a las novelas para público infantil y juvenil. Me sorprende, para bien, cómo se cuidan estas cosas en algunas novelas (no necesariamente recientes) como las de Christine Nöstlinger, Mirjam Pressler, Gunnel Linde o Astrid Lindgren... (casualmente todas mujeres...)
Sin embargo, en otras es muy difícil encontrar personajes femeninos interesantes, incluso en libros mucho más recientes de autores y autoras que parece que deberían estar mucho más implicadxs en el tema del género, aunque sólo fuera por influencia del entorno y por todos los cambios que ha habido en las últimas décadas en nuestra sociedad.
Un buen ejemplo, para no imitar, es la insustancial y decepcionante Historia de un segundo, del extremada e increíblemente prolífico Jordi Sierra i Fabra, que leí no hace mucho, novela que a pesar de estar publicada hace cuatro o cinco años y ser uno de los más recientes premios Barco de Vapor, sorprendentemente mantiene y perpetúa los mismos modelos de siempre: chica encerrada por su padre en lo alto del torreón y chico que la rescata y son felices para siempre........ ¡Un espanto!

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miércoles, 4 de junio de 2014

Mirjam Pressler

Cada vez me gustan más los libros de Mirjam Pressler [1940-2019], novelista alemana cuyo trabajo, al menos el que yo conozco, está dirigido a público infantil y juvenil. Estos días he leído Y por fin habló y Arañazos en la pintura.
En sus novelas no hay fantasía: nada de princesas, ni dragones, ni magia... Hay realidad. En las novelas que he leído quien cuenta la historia suele ser un chico o una chica adolescentes, hablando en primera persona y contando lo que le ocurre en el cole, en casa, con su familia, con sus compañerxs de clase, con el mundo. Hablando de su realidad y de cómo trata de encararla de la mejor forma posible.

A veces, algunas historias, pueden dar la sensación de estar teñidas de tristeza. Pero en ningún momento da la impresión de recrearse en la tristeza o en la pesadumbre de quien las cuenta, sino de contar historias sobre la realidad, uno de cuyos componentes es la tristeza, la inseguridad, las dudas, lo difícil que es vivir... y más si tienes 13 ó 14 años y tu vida es "complicada".

De la novela Y por fin habló:

Me siento tan descargada y alegre como si hubiera sacado un diez en Latín y otro en Matemáticas.
Me late el corazón cuando abro la puerta de casa. Pero mamá no me pregunta nada y yo no le cuento nada. Únicamente como mi bocadillo y me voy un ratito al parque. Es realmente una gran suerte que vivamos tan cerca del parque. Moni viene conmigo. Ha insistido tanto que tuve que ceder. Apenas hablo con ella pero parece que no le importa. Se pone a saltar con alegría y a buscar entre la hierba alta, junto a los árboles, las primeras violetas. Me acuerdo de la rabia que he sentido y del extraordinario alivio de después. ¿Les resultará a los demás igual? ¿Gritarán así todos los que van allí?
A la mañana siguiente me despierto con unas agujetas horribles en los hombros y en el brazo. Pero en seguida me siento bien. Me gustaría hablarle a Alex del señor Hausmann pero no puedo. Tendría que contárselo todo para que comprenda.

Me gusta mucho, como ocurre también con las historias de Christine Nöstlinger, que muchas de sus novelas queden abiertas, que no se dé un final redondo, ni mucho menos un final feliz. Lo que se cuenta en ellas es una especie de paréntesis en la vida de los personajes, un episodio que queda más o menos cerrado al terminar la novela, pero que da pie a quien la lee a pensar que esos personajes siguen ahí y continúan con sus vidas. Aunque algunos de los conflictos que surgen hayan sido resueltos, aparecerán otras alegrías y otras tristezas en sus vidas que siguen... como ocurre también con la vida de quien las lee...

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martes, 3 de junio de 2014

Escribir

Hace poco, un oyente telefoneó a un programa de radio y contó que su matrimonio había empezado a naufragar el día en el que su mujer llevó a casa a una amiga anoréxica.
—¿Qué sucedió? —preguntó la locutora.
—No se lo puedo decir porque a mi esposa le gustaba mucho la radio y quizá me esté oyendo. La cuestión es que las cosas se empezaron a complicar y ahora vivimos separados.
La audiencia, a juzgar por las llamadas posteriores, se quedó muy intrigada y yo pensé que aquel hombre nos había dado una lección perfecta de cómo comenzar un relato. Las situaciones de partida son así de gratuitas, así de normales también. Y cuando digo normal no pierdo de vista desde luego el grado profundo de anormalidad que subyace en la vida cotidiana, aunque hayamos desarrollado mecanismos para no percibirla. El acierto de este hombre consistió en contar algo que estaba en la frontera de lo vulgar y lo extraño. Parece que estoy viendo la escena:
—Mira, Javier, ésta es mi amiga Rosa, que como puedes ver es anoréxica y ha venido a pasar unos días con nosotros. Dormirá en el sofá-cama del cuarto de estar.
—Encantado.
No es difícil imaginarse a los tres en el tresillo, viendo la tele. Rosa, muy delgada, permanece entre los dos, sin probar los aperitivos que la mujer de Javier ha puesto sobre la mesa. Javier está un poco violento, pero al mismo tiempo orgulloso de que su esposa intente ayudar a una amiga. Él mismo, sin darse cuenta, ha empezado a urdir algunos modos de obligarla a comer. Una situación normal, de gente normal: se respira una atmósfera de clase media absolutamente familiar. Javier, seguramente, es funcionario.
A los tres meses, sin embargo, Javier vive solo en un apartamento y se dedica a telefonear a las emisoras de radio para contar que su matrimonio ha fracasado. Ahora estamos ya frente a una historia de terror. Sólo hay que escribir lo que ha sucedido en medio. A ver quién se anima.

Del libro Articuentos completos [2011] del escritor español Juan José Millás [1946- ].

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lunes, 2 de junio de 2014

Mis libros de 2013

Desde hace tiempo he colgado en mi blog los libros que me he leído cada año. Esta vez, con tantos cambios, me he retrasado un poco, pero aquí van los de 2013:

Fábulas de Esopo. Vida de Esopo. Fábulas de Babrio Esopo, Babrio
El año de la liebre Arto Paasilinna
Un puente sobre el Drina Ivo Andrić
Puñal Juan P. Souto
El fotógrafo y la fotografía Mariano Zuzunaga
Noticias de la noche (Jaritos 1) Petros Markaris
Defensa cerrada (Jaritos 2) Petros Markaris
Suicidio perfecto (Jaritos 3) Petros Markaris
Un caso del comisario Jaritos... (Jaritos 4) Petros Markaris
El paseo Robert Walser
El accionista mayoritario (Jaritos 5) Petros Markaris
Paz interior para gente ocupada Joan Borysenko
Las uvas de la ira John Steinbeck
Caminar Henry D. Thoreau
Minimalia ed. Luis E. de Tomás
Ejercicios de estilo Raymond Queneau
Geografía V-VII Estrabón
Tatami Alberto Olmos
Muerte en Estambul (Jaritos 6) Petros Markaris
Con el agua al cuello (Jaritos 7) Petros Markaris
A bordo del naufragio Alberto Olmos
La historia del Doctor Dolittle Hugh Lofting
Bebela Agustín García Calvo
La voz a ti debida Pedro Salinas
Jakob von Gunten Robert Walser
Liquidación final (Jaritos 8) Petros Markaris
La piel de Mica Paloma Bravo
Si quieres, puedes Richard Vaughan
La espada de Damocles Petros Markaris
El talento de los demás Alberto Olmos
Escribir ficción Edith Warton
El gran Gatsby F. Scott Fitzgerald
Trenes hacia Tokyo Alberto Olmos
Cosmópolis Don Delillo
Intemperie Jesús Carrasco
Los mutilados Hermann Ungar
Regular, gracias a Dios José Antonio Labordeta
Aquí yacen dragones Fernando León de Aranoa
Alamut Vladimir Bartol
El tesoro de Sierra Madre B. Traven
El desierto de los tártaros Dino Buzzati
La misteriosa llama de la reina Loana Umberto Eco
Un secuestro de película Enrique Páez
Historias extraordinarias Roald Dahl
Fácil de matar Maruja Torres
El verano sin hombres Siri Hustvedt
Casi todo es cuento ed. Enrique Páez
La poesía y la voz en la civilización medieval Paul Zumthor
Todo se desmorona Chinua Achebe
Claus y Lucas Agota Kristof
Diario de viaje Michel de Montaigne
El tiempo de la bruja Árni Þórarinsson
Dibujos animados Félix Romeo
Discothéque Félix Romeo
Pan, educación, libertad (Jaritos 9) Petros Markaris
Amarillo Félix Romeo

miércoles, 21 de mayo de 2014

A trompicones

Aunque ya tiene unos añitos (fue escrita en el 81), la novela A trompicones, de la escritora alemana Mirjam Pressler [1940-2019], es de lo mejorcito que he leído en literatura infantil y juvenil sobre discapacidad y fracaso escolar.

martes, 20 de mayo de 2014

Un intruso en mi cuaderno

Anoche leí Un intruso en mi cuaderno, del escritor David Fernández Sifres [1976- ], un precioso cuento sobre la amistad y la enfermedad, premio Ala Delta 2012.
Lo que al principio parece una historia tontorrona de un niño tímido se va enriqueciendo poco a poco, añadiendo detalles importantes y sorprendentes que hacen un final muy hermoso. El tema de la enfermedad se va introduciendo de forma muy sutil y cuando ya has leído la mitad del libro te das cuenta de que se ha vuelto el centro de la historia.
Por buscar alguna pega, creo que me sobran algunas cosas del epílogo, que me resultan algo forzadas.
En cualquier caso un librito muy recomendable para niños y niñas hasta unos 10 años.

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viernes, 16 de mayo de 2014

jueves, 15 de mayo de 2014

Las cosas nunca son sólo cosas

Sábado 6 de abril de 1996
Una vez por semana me las encuentro en una calle en cuesta. Me las llevo a casa y las miro vivir. Aparentemente son flores. Aparentemente. Las cosas nunca son sólo cosas. Estas por ejemplo, unos tulipanes, hacen que en la casa resuene una nota alegre, fraterna. Los libros que no puedo resistirme a abrir son menos generosos. Los libros no saben, como los tulipanes, morir y nacer de nuevo y finalmente morir sin más. Lo que ayuda, es lo pasajero. Lo que aspira a lo eterno no resulta de ningún consuelo.

Primera entrada del libro-diario Autorretrato con radiador, del escritor francés Christian Bobin [1951- ].

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martes, 13 de mayo de 2014

Libros electrónicos y libros en papel

Me encanta el libro en papel y me encanta el libro electrónico. Ningún problema, ninguna nostalgia. Veo claro que cada formato tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El libro electrónico me parece el invento definitivo para llevarte lecturas de viaje, por ejemplo.
Sólo una pega: siempre me ha gustado muchísimo, al llegar a casa de alguien, curiosear entre sus estanterías para ver qué libros tiene. Eso se acabó. [Ya lleva un tiempo pasando lo mismo con la música...]
Tengo alguna pega más, pero supongo que todas soslayables: no me gusta usar el electrónico para libros que quiero subrayar, tengo mis conflictos con el tema de los derechos y la piratería (eso lo dejo para otro post), me gusta forrar los libros que leo y usar el forro para anotar cosas....

El caso es que hoy me he encontrado esto sobre el tema, y me ha gustado mucho:

Una de las muchas cosas que me gustan de los libros es su pura corporeidad. Los libros electrónicos quedan fuera de la vista y caen en el olvido. Pero los libros impresos tienen cuerpo, presencia. Algunas veces, claro, te eluden ocultándose en lugares improbables: en una caja llena de viejos marcos de fotos, pongamos por caso, o en el cesto de la colada, envueltos en una sudadera. Pero otras veces te reconfortan, y uno literalmente tropieza con volúmenes en los que llevaba semanas o años sin pensar. Veo libros electrónicos a menudo, pero nunca me persiguen. Me hacen sentir, pero no puedo sentirlos. Son alma sin carne, sin textura ni peso. Se te pueden meter en la cabeza, pero no pueden asestarte un golpe físico.

Lo he encontrado en la novela autobiográfica El club de lectura del final de tu vida, del estadounidense Will Schwalbe [1962- ], que por cierto, me estoy leyendo en papel.

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lunes, 12 de mayo de 2014

Christine Nöstlinger

Estos días he estado leyendo varios libros de la escritora austriaca de literatura infantil y juvenil Christine Nöstlinger [1936-2018].
  • Un marido para mamá
  • Una historia familiar
  • ¡Vuela, abejorro!
  • Wetti y Babs
  • Hugo, el niño en sus mejores años
En general magnífica, absolutamente recomendable. De vez en cuando leo cosas destinadas a público infantil o juvenil que me resultan un poco rancias, con ideas más propias de la infancia de mis padres que de la de mis sobrinxs. Nada que ver con las novelas de Nöstlinger: frescas, actuales, plenamente vigentes muchos años después de haber sido escritas, removedoras...

Dos cosas que me han gustado mucho de varias de estas novelas:

- Una de ellas la cuenta muy bien el artículo de la wikipedia sobre la autora: "sus libros nacen de problemas reales abordados sin dramatismo y casi siempre con humor o ironía".
- Y la otra: en muchos de sus libros las historias no quedan cerradas del todo. Aparentemente se resuelve el "conflicto" que se plantea en la novela, pero no del todo. La vida es más complicada que las películas de Hollywood y en la realidad raramente se dan "finales felices definitivos". Irónicamente en la última página de una de estas novelas con uno de esos finales más o menos abiertos (Una historia familiar) encuentro este párrafo:

Gretchen se dejó caer en su asiento y trató de prestar atención al profesor de Lengua. Este se lamentaba de que la mayoría de las redacciones no tuviesen un verdadero "final". ¡Lo que no se podía hacer, decía, era estar escribiendo durante cincuenta minutos para luego, cuando tocaba el timbre, poner punto final en cualquier sitio! Antes de empezar una redacción, dijo, había que pensar muy bien qué se quería escribir.

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miércoles, 23 de abril de 2014

gente que lee (3)

Elena Poniatowska, premio Cervantes, fotografiada por Héctor García Cobo
Elena Poniatowska [1932- ], hoy premio Cervantes 2013, fotografiada por el fotógrafo, también mexicano, Héctor García Cobo [1923-2012].

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martes, 22 de abril de 2014

Casualidades

En casa tengo una estantería con un montón de libros pendientes de leer: unos prestados, otros comprados, algunos regalados....

Ayer eché mano de esa estantería y cogí Un yanqui en la corte del Rey Arturo, de Mark Twain [1835-1910]. Es de los que llevan mucho tiempo esperando y le tenía ganas. Por la noche eché un vistazo a la wikipedia para saber algo más sobre la biografía de Mark Twain y vi que justamente ayer fue el 104 aniversario de su muerte. Una de esas casualidades raras, raras....

Mark Twain fotografiado por A.F. Bradley en Nueva York en 1907
Mark Twain fotografiado por A.F. Bradley en Nueva York en 1907

No llevo más que unas cuantas páginas del libro y efectivamente, como esperaba, es fantástico.

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lunes, 21 de abril de 2014

Lecturas de Semana Santa

Estos días estoy leyendo mucha literatura infantil y juvenil:


Algunas cosas fantásticas (como los dos primeros libros de esta mini-lista), a pesar de tener más de cuarenta años, y otras rancias a más no poder (como el último), a pesar de ser de 2010. Pero de eso me apetece hablar aquí en otro momento.

Y también estoy leyendo a Alice Munro. Un descubrimiento maravilloso. Me ha pasado con ella lo mismo que me ocurrió hace años con Coetzee. Cuando les dieron el Nobel no conocía a ninguno de lxs dos, y al empezar a leerlos me fascinaron...
He leído Mi vida querida (una colección de cuentos sorprendente) y La vida de las mujeres (una novela creo que bastante autobiográfica).
Seguiré con ella...

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martes, 1 de abril de 2014

¿Quién quiere ponerse a escribir otro libro?

Desde luego que Jackson sabía que los libros existían porque alguien se sentaba a escribirlos, que no salían de la nada. La cuestión era qué les movía a escribirlos, con tantos, tantísimos libros como había en el mundo. Dos de esos libros se los había tenido que leer en el colegio. Historia de dos ciudades y Huckleberry Finn, ambos con un lenguaje que acababa cansando, aunque por distintos motivos. Y era comprensible. Fueron escritos en el pasado.
Lo que a Jackson le asombraba, aunque no tenía intención de que se le notara, era que alguien quisiera ponerse a escribir otro libro en el momento presente. Ahora.

Del cuento Tren, incluido en el libro Mi vida querida, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], premio Nobel en 2013.

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lunes, 31 de marzo de 2014

viernes, 28 de marzo de 2014

La mirada

Recuerdo el año que estuve viviendo en Nueva York, compartiendo casa con otros cinco profesores españoles que, como yo, impartían clases en institutos de Secundaria. A la hora de la cena hablábamos de la ciudad, y yo tenía la sensación de que vivíamos en cinco ciudades diferentes, a pesar de que teníamos todos la misma edad, el mismo trabajo y el mismo lugar de origen. Puede que existan ocho millones de ciudades que comparten un mismo nombre, Nueva York; una para cada uno de sus habitantes. Pero además estoy convencido de que ahora la misma ciudad ya es otra, porque aun siendo la misma, yo no la podré ver con los mismos ojos. La escritura refleja lo real porque es subjetiva. Nueva York, Barcelona o Albacete solo existen como y cuando las miramos. 

Del libro Escribir de Enrique Páez [1955- ].

Magnífico.

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martes, 25 de marzo de 2014

gente que lee (2)

Hotel lobby [1943], óleo del pintor estadounidense Edward Hopper [1882-1967]

Hotel lobby [1943], óleo del pintor estadounidense Edward Hopper [1882-1967].

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viernes, 21 de marzo de 2014

Mezclando cosas

Estos días ando con varios libros a la vez, como muchas veces últimamente. En estas últimas semanas he terminado La prisión de la libertad de Michael Ende, Memorias de una vaca de Bernardo Atxaga, Capitán de mar y guerra de Patrick O'Brian y El Mago de Oz de L. Frank Baum. Entre uno y otro le hinco el diente a los cuentos de Alice Munro (que me tienen maravillado) y cuando vengo a Madrid me ventilo unos cuantos articuentos de Juan José Millás.

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martes, 18 de marzo de 2014

Bibliotecas

Parece que la "crisis", o lo que sea, me ha vuelto a llevar a las bibliotecas.
Hubo una época, cuando aún vivía en Hortaleza, que fui un usuario compulsivo de la biblioteca del barrio. Luego, con las mudanzas y con la posibilidad de comprar los libros, se me apolilló el carné.
Ahora vuelvo a usarlo y me encanta: la biblioteca de Puerta de Toledo cuando voy a Madrid, la del Centro de Humanidades de La Cabrera, la municipal de Buitrago...

lunes, 17 de marzo de 2014

gente que lee (1)

Marilyn Monroe fotografiada leyendo por Elliott Erwitt en 1956

Marilyn Monroe [1926-1962] fotografiada mientras leía por el fotógrafo estadounidense Elliott Erwitt [1928- ] en 1956.

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domingo, 9 de marzo de 2014

Por eso escribo

Escribo para sobrevivir. Para tener una vida interior, que viene a ser lo mismo. Escribo porque escribir me produce placer. Porque me hace sentirme un ser humano. Un ser libre. Escribir para uno mismo es el origen de la literatura. Es el punto de arranque de la auténtica literatura, y de la libertad. No tiene nada que ver con los premios. Nada que ver con la moda ni con el consumo. Escribo por amor al lenguaje. A las palabras. A la voz. Es lo que más respeto. Por eso escribo. Únicamente por eso escribo.

Cita del escritor chino Gao Xingjian [1940- ], premio Nobel de Literatura en el año 2000, encontrada en el libro Escribir de Enrique Páez.

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viernes, 7 de marzo de 2014

La prisión de la libertad

A Michael Ende [1929-1995] se le conoce (casi) sólo por Momo y por La historia interminable, pero cada vez que cae en mis manos algún libro suyo que no conocía descubro que es más y más interesante.
Estos días he leído el libro de relatos La prisión de la libertad, muy sugerente, muy borgiano (a veces de forma muy explícita), y que no estoy muy seguro de que sea literatura infantil-juvenil, porque me ha parecido muy recomendable también para adultxs, igual que me ha pasado cada vez que he leído Momo.
Una joya.

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lunes, 17 de febrero de 2014

El libro

Estaba leyendo un libro en la cama cuando me pareció que era el libro el que me leía a mí. Me pasa a veces con la televisión, que creo estar viéndola y, de repente, gracias a un guiño que hace la pantalla, descubro el ojo secreto por el que ella me mira. La radio ni la enchufo porque sé que acecha cada uno de mis suspiros. El caso es que, ya digo, estaba descendiendo por las líneas de una página con el cuidado con el que se baja por una escalera extraña cuando advertí que también las palabras que leía me recorrían en dirección al fondo.
Disimulé para que el libro no se diera cuenta de que le había pillado, y continué leyendo, aunque más despacio, para seguir mejor el movimiento de las frases por mi interior. Recorrieron las zonas sociables con la naturalidad con que se recorren las habitaciones de una casa, sólo que mi cuerpo -a diferencia de la mayoría de las viviendas- tiene aposentos en los que habitualmente no entro por educación o miedo, no lo sé. Hay una habitación dentro de mi cuerpo ante cuya puerta paso mil veces al día sin pensar siquiera en asomarme por el ojo de la cerradura. Pero sé que ahí se esconde lo peor y lo mejor de mi vida en un orden sintáctico semejante al que guardan los objetos familiares antiguos en el interior de un desván.
Noté el roce sutil de las frases, y enseguida advertí que no se conformarían con ver los dormitorios y el pasillo porque sentí que manipulaban la cerradura del trastero y se colaban en él por la primera rendija que lograron abrir. Continué leyendo, y ellas continuaron leyéndome. Entonces cerré el libro y me di la vuelta para dormir, pero las palabras se habían quedado dentro, y ahora me leían en voz alta, así que se pasaron la noche hablando de mí. No me enteré de lo que decían porque yo, por mi parte, me había quedado en el interior del libro.

Del libro Articuentos completos, del escritor Juan José Millás [1946- ].

Portada del libro Articuentos completos, de Juan José Millás

Se lo regalé a Elia hace un par de años. Cada vez que bajo a su casa en Madrid lo cojo y leo o releo tres o cuatro articuentos. Un fantástico libro de mesilla de noche, para tenerlo siempre disponible para echarle mano, leer un poquito y volver a dejarlo hasta otra ocasión. Te hace sonreír, reflexionar, es un espejo en el que verte, un motivo para entristecerte o alegrarte, enfadarte... en definitiva, un buen alimento para el cerebro.

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domingo, 16 de febrero de 2014

Página 2

Acabo de ver el programa Página 2 de hoy. Cada vez me gusta más... fresco, dinámico, divulgativo... y con la intención "desde el principio, de fomentar la lectura, sobre todo en los más jóvenes" como ha dicho al final del programa de hoy Óscar López, que lo dirige y presenta.
Al menos hasta donde yo sé, es el único programa sobre libros que hay en la tele, y ha conseguido dar un gran paso desde los programas aburridos y rancios que hacía (y no sé si sigue haciendo aún) Fernando Sánchez Dragó, en los que salían unos señores muy cerebrudos (y alguna señora, pocas) sentados alrededor de una mesa contando cosas muy serias sobre libros.
Una delicia encontrar que los libros, y hablar sobre ellos, pueden ser divertidos...

viernes, 14 de febrero de 2014

Chocolate amargo

Hace unos 25 años, cuando aún estaba en el grupo scout de mi cole, hice varios cursos para ser monitor de tiempo libre. Entre los diferentes módulos que se podían elegir para completar las horas que se exigían, había uno sobre coeducación e igualdad de género, aunque esa palabra, género, aún no estaba tan extendida como hoy.
Fue la primera vez que asistí a un curso, taller, encuentro, etc. que me permitió organizar un poco ideas que, aunque me parecían de sentido común, aún tenía muy desordenadas: la igualdad de oportunidades, de derechos y de deberes entre hombres y mujeres, el sexismo en los juegos y juguetes o en la publicidad, el lenguaje inclusivo, la coeducación, los roles de género, etc. Aquel fin de semana me marcó muchísimo y me abrió caminos que aún hoy sigo transitando.

Durante esos días nos recomendaron varios libros y uno de ellos, cuyo título por algún motivo he recordado durante todos estos años, fue Chocolate amargo, de la escritora alemana Mirjam Pressler. Ayer lo encontré en la biblioteca del Centro de Humanidades de La Cabrera y lo leí de una sentada después de cenar.
Una novela escrita en 1980, hace ya un tercio de siglo, pero absolutamente vigente en todo lo que cuenta: las dificultades de la adolescencia con la propia imagen y la aceptación en el grupo, los roles dentro de la familia tradicional, la autoridad difícil de cuestionar del padre dentro de esa familia y la frustración de la madre por vivir una vida que no le gusta, la rebeldía adolescente y la rebeldía de mujeres que tratan de librarse de siglos de presión... Un libro muy recomendable no sólo para jóvenes, que es a quien en principio está dirigido, sino también para adultxs.


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jueves, 13 de febrero de 2014

Los libros tristes

—¿Te gustan los libros tristes?
—Sí, encuentro que para que un libro sea bueno hay que poder llorar por lo menos una vez al leerlo.

De la novela Chocolate amargo, de la escritora alemana Mirjam Pressler [1940-2019].

Miriam Pressler bei einer Lesung im Anne Frank Zentrum, 2012 - Scott-Hendryk Dillan
Mirjam Pressler

Actualización [mayo de 2020]: Revisando y actualizando mi blog me encuentro con que Mirjam Pressler murió hace algo más de un año. Sit tibi terra levis...

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miércoles, 12 de febrero de 2014

Para empezar... Cortázar

Hace tiempo que tengo ganas de hacer un blog en el que hablar de libros y literatura, de lo que me gusta leer y escribir...
Podría haberlo iniciado hace un mes o dos o la semana que viene, pero hoy puede ser un buen día como otro cualquiera, con el interés añadido de que precisamente hoy, 12 de febrero, hace 30 años de la muerte en París de Julio Cortázar, uno de los más grandes. Y esos años deben ser también, más o menos, los que hace que sus libros, sus novelas y sus cuentos, me acompañan.


Instrucciones para llorar


Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u  ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. 
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar con su gato y su cámara fotográfica
Julio Cortázar [1914-1984]

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