He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
sábado, 8 de agosto de 2015
viernes, 7 de agosto de 2015
Agradecimiento
-Y por esto. Yo te estoy agradecido por esto.
-No tienes que darme las gracias.
-Claro que sí. Hay algo que leí, en un libro que seguramente nunca habría leído por mí mismo. Lo tenía un compañero mientras estábamos en un sitio con pocas distracciones y se lo pedí para hojearlo. Era un libro de cartas, entre un escritor y una escritora, mi amigo me dijo que lo compró porque le gustaba el escritor y le habían dicho que en aquellas cartas se desnucaba como en ningún otro escrito suyo. Y era verdad. En una de ellas decía algo que se me quedó grabado: "Siempre he creído que la mujer que se acostaba conmigo me hacía un favor". Es justo la misma sensación que he tenido yo siempre.
No supe muy bien cómo encajar aquello.
-No me tomes el pelo -protesté.
-En serio te lo digo. Y por eso entiendo muy bien otra cosa que escribía el hombre, en aquella carta. Que siempre que se veía con una mujer en los brazos, trataba de cuidarla y quererla lo mejor posible, para hacerle sentir ese agradecimiento que le inspiraba.
De la novela Música para feos [2015] de Lorenzo Silva [1966- ].
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jueves, 6 de agosto de 2015
El Paraíso
Junto a la tumba de Eva, dejó escrito Adán:
"Allá donde estuviera Eva, estaba el Paraíso"
De El diario de Adán y Eva, de Mark Twain [1835-1910].
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miércoles, 5 de agosto de 2015
martes, 4 de agosto de 2015
Mi tabla periódica
Espero con entusiasmo, casi ansiosamente, la llegada semanal de revistas como Nature y Science, y me dirijo inmediatamente a los artículos sobre ciencias físicas, y no, como tal vez debería, a los que tratan de biología y medicina. Las ciencias físicas fueron las primeras en fascinarme siendo niño.
En una reciente edición de Nature había un apasionante artículo del físico Frank Wilczek, ganador de un premio Nobel, sobre una nueva manera de calcular las masas ligeramente diferentes de los neutrones y los protones. El nuevo cálculo confirma que los neutrones son muy poco más pesados que los protones (la ratio entre sus masas es de 939,56563 a 938,27231). Se podría pensar que la diferencia es insignificante, pero si no fuese así, el universo, tal como lo conocemos, nunca habría llegado a desarrollarse. La capacidad de calcular algo así, dice Wilczek, “nos anima a predecir un futuro en el que la física nuclear alcanzará el nivel de precisión y versatilidad ya logrado por la física atómica”, una revolución que, por desgracia, yo nunca veré.
Francis Crick estaba convencido de que “el problema difícil” —entender cómo el cerebro produce la conciencia— estaría resuelto en 2030. “Tú lo verás”, solía decirle a Ralph, mi amigo neurólogo, “y tú también, Oliver, si llegas a mi edad”. Crick vivió hasta avanzados los 80 años, trabajando y pensando sobre la conciencia hasta el final. Ralph murió prematuramente, a la edad de 52 años, y ahora yo sufro una enfermedad terminal a los 82. Debo decir que no tengo demasiada experiencia con el “problema difícil” de la conciencia. La verdad es que no lo veo como un problema en absoluto, pero me entristece no ser testigo de la nueva física nuclear que vislumbra Wilczek, ni de otros miles de avances en las ciencias físicas y biológicas.
Hace unas semanas, en el campo, lejos de las luces de la ciudad, vi el cielo entero “salpicado de estrellas” (en palabras de Milton). Un cielo así, imaginé, solo se debía de poder contemplar en altiplanos secos y elevados como el de Atacama, en Chile (donde se encuentran algunos de los telescopios más potentes del mundo). Fue ese esplendor celestial el que me hizo darme cuenta de repente de qué poco tiempo, qué poca vida me quedaba. Para mí, mi percepción de la belleza del cielo, de la eternidad, estaba asociada indisolublemente a una sensación de fugacidad y muerte.
Dije a mis amigos Kate y Allen: “Me gustaría ver un cielo así cuando esté muriendo”.
Ellos me respondieron: “Nosotros empujaremos la silla de ruedas”.
Desde que en febrero escribí que tenía cáncer con metástasis, los cientos de cartas recibidas, las expresiones de cariño y aprecio, y la sensación de que (a pesar de todo) he vivido una vida buena y provechosa, me han consolado. Estoy muy feliz y agradecido por todo ello, pero nada me ha impactado tanto como lo hizo aquel cielo nocturno cubierto de estrellas.
Desde mi infancia he tenido la tendencia a afrontar la pérdida —pérdida de personas queridas— recurriendo a lo no humano. Cuando, siendo un niño de seis años, me enviaron a un internado a principios de la II Guerra Mundial, los números se hicieron mis amigos; cuando regresé a Londres a los 10, los elementos y la tabla periódica se convirtieron en mis compañeros. Las épocas de tensión a lo largo de mi vida me han llevado a volverme, o a volver, a las ciencias físicas, un mundo en el que no hay vida, pero tampoco muerte.
Y ahora, en este punto crítico, cuando la muerte ya no es un concepto abstracto, sino una presencia —demasiado cercana e innegable— vuelvo a rodearme, como cuando era pequeño, de metales y minerales, pequeños emblemas de eternidad. En un extremo de mi escritorio, en un estuche, tengo el elemento 81 que me enviaron unos amigos de los elementos de Inglaterra; en el estuche dice: “Feliz cumpleaños de talio”, un recuerdo de mi 81º cumpleaños, el pasado julio. Y después está el reino dedicado al plomo, el elemento 82, por mi 82º cumpleaños, que acabo de celebrar a principios de este mes. En él hay también un pequeño cofre de plomo que contiene el elemento 90: torio, torio cristalino, tan bello como los diamantes, y, por supuesto, radioactivo (de ahí el cofre de plomo).
A principios de año, las semanas después de enterarme de que tenía cáncer, me sentía muy bien a pesar de que la mitad de mi hígado estaba invadido por la metástasis. Cuando, en febrero, se aplicó a mi enfermedad un tratamiento consistente en inyectar gotas minúsculas en las arterias hepáticas (un procedimiento conocido como embolización), me encontré fatal durante un par de semanas, pero luego me sentí fenomenal, cargado de energía física y mental. (Casi todas las metástasis habían sido aniquiladas por la embolización). No se me había concedido una remisión, pero sí un descanso, un tiempo para profundizar amistades, visitar pacientes, escribir y volver a mi país natal, Inglaterra. Entonces la gente apenas podía creer que estuviese en fase terminal, y yo mismo podía olvidarlo fácilmente.
Esa sensación de salud y energía empezó a decaer cuando mayo dejó paso a junio, pero pude celebrar mi 82º cumpleaños por todo lo alto. (Auden solía decir que uno debería celebrar siempre su cumpleaños, no importa cómo se encuentre). Pero ahora tengo un poco de náusea y pérdida de apetito; escalofríos durante el día y sudores por la noche; y, sobre todo, un cansancio generalizado acompañado de agotamiento repentino cuando hago demasiadas cosas. Sigo nadando a diario, aunque ahora más despacio, ya que estoy empezando a notar que me falta un poco el aliento. Antes podía negarlo, pero ahora sé que estoy enfermo. Un TAC realizado el 7 de julio confirmó que las metástasis no solo se habían reproducido en el hígado, sino que se había extendido más allá de él.
La semana pasada empecé un nuevo tipo de tratamiento: la inmunoterapia. No está exenta de riesgos, pero espero que me proporcione unos cuantos buenos meses más. No obstante, antes de empezar con ella, quería divertirme un poco haciendo un viaje a Carolina del Norte para ver el maravilloso centro de investigación sobre lémures de la Universidad de Duke. Los lémures están próximos a la estirpe ancestral de la que surgieron todos los primates, y me gusta pensar que uno de mis propios antepasados, hace 50 millones de años, era una pequeña criatura que vivía en los árboles no tan diferente de los lémures actuales. Me encantan su saltarina vitalidad y su naturaleza curiosa.
Junto al círculo de plomo de mi mesa está la tierra del bismuto: bismuto de origen natural procedente de Australia; pequeños lingotes de bismuto en forma de limusina de una mina de Bolivia; bismuto fundido y enfriado lentamente para formar hermosos cristales iridiscentes escalonados como un poblado hopi; y, en un guiño a Euclides y la belleza de la geometría, un cilindro y una esfera hechos de bismuto.
El bismuto es el elemento 83. No creo que llegue a ver mi 83º cumpleaños, pero creo que hay algo esperanzador, algo alentador en tener cerca el “83”. Además, siento debilidad por el bismuto, un humilde metal gris, a menudo desdeñado e ignorado, incluso por los amantes de los metales. Mi sensibilidad de médico hacia los maltratados y los marginados se extiende al mundo inorgánico y encuentra un paralelo en mi simpatía por el bismuto.
Es casi seguro que no seré testigo de mi cumpleaños de polonio (el número 84), ni tampoco querría tener polonio cerca de mí, con su radiactividad intensa y asesina. Pero en el otro extremo de mi mesa —de mi tabla periódica— tengo un bonito trozo de berilio (elemento 4) elaborado mecánicamente para que me recuerde mi infancia y lo mucho que hace que empezó mi vida próxima a acabar.
Oliver Sacks [1933- ] anunció en febrero de este año que tenía un cáncer terminal en este artículo. Hace un par de días publicó un nuevo artículo en el que habla de su proceso con la enfermedad, de su vida y de su muerte. Entre tanta pamplina como nos encontramos cada día, en la red y fuera de ella, merece la pena prestar atención a estas gotitas de lucidez...
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lunes, 3 de agosto de 2015
País de vampiros
Aquí el descanso perfecto es imposible. No podemos dormir tranquilos, aunque nuestro cobijo sea seguro. Caemos en un sueño inquieto, temeroso, lleno de sobresaltos. Un sueño donde los presentimos, dedicados a su ávida busca, con el propósito indeclinable de alcanzarnos. Invadidos por un miedo que a veces nos hace despertar, imaginamos sus figuras oscuras, sus capas aleteantes, el maletín en que se guardan la aguzada estaca que esperan clavar en nuestro corazón.
José María Merino [1941- ]. Microrrelato de su libro La glorieta de los fugitivos [2007].
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domingo, 2 de agosto de 2015
Museo Cerralbo
Hace unos días visité el Museo Cerralbo. El Museo es el legado de un "coleccionista profesional": una vida entera dedicada a coleccionar objetos. En uno de los carteles que encontré en una galería decía que se podían ver tales y tales cosas "con un auténtico afán de acumulación que queda especialmente patente en la monumental vitrina que aloja un variado repertorio de menudencias y pequeñas figuras o bibelots de porcelana". Pues eso, una locura de cosas y cosas, desde armas medievales a lamparitas de aceite romanas, pasando por cuadros, mobiliario, cerámica, lámparas, relojes... En la foto, una parte de la biblioteca.
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sábado, 1 de agosto de 2015
viernes, 31 de julio de 2015
jueves, 30 de julio de 2015
Acaso
Me dicen que hoy es jueves.
La pequeña certeza
no la confirma nada:
ni el sol en los cristales
-débil y desteñido-,
ni la brisa que mece
borrosas ramas, lejos,
ni la lenta pereza
pesarosa
con la que me dispongo a ver qué pasa.
Salgo a la calle, y miro
sin comprender.
¿Qué tienen esos rostros
que no sea concebible cualquier martes?
El perro que olisquea la acacia desvaída,
¿no es el perro de ayer, por desventura?
Otros son los que insisten.
Me dicen que hoy es jueves.
Ángel González [1925-2008]
La pequeña certeza
no la confirma nada:
ni el sol en los cristales
-débil y desteñido-,
ni la brisa que mece
borrosas ramas, lejos,
ni la lenta pereza
pesarosa
con la que me dispongo a ver qué pasa.
Salgo a la calle, y miro
sin comprender.
¿Qué tienen esos rostros
que no sea concebible cualquier martes?
El perro que olisquea la acacia desvaída,
¿no es el perro de ayer, por desventura?
Otros son los que insisten.
Me dicen que hoy es jueves.
Ángel González [1925-2008]
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miércoles, 29 de julio de 2015
Oficio de palabras
Rescatando palabras, pequeñas islas de lucidez o de ternura,
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Recatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de las piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
sonidos, sílabas, donde aún late un poco de vida.
Recatando palabras, de las siglas y las consignas,
de los editoriales de los periódicos,
de los anuncios de radio y televisión,
de las voces muertas y embalsamadas en las pantallas,
de las programadas conversaciones de los ejecutivos
o de los tediosos discursos ministeriales,
de las arengas patrióticas, de los siniestros sermones.
Rescatando palabras para nada,
para cubrir, sin pena ni gloria, un papel en blanco,
una lápida, donde escribir el repetido epitafio.
Oficio condenado, terca miseria del poeta.
Pero a veces, muy pocas, compensan las palabras,
por ejemplo esta mañana, medio dormidos,
cuando sentía tu piel junto a mi piel,
la suave longitud de las piernas,
el rastro de mis manos en tu sexo,
y los dos, en silencio, creamos un idioma.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
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martes, 28 de julio de 2015
lunes, 27 de julio de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Machado y Matute
Retrato pintado al óleo en diciembre de 1917 por Joaquín Sorolla [1863-1923].
Hoy hace 140 años del nacimiento en Sevilla del poeta Antonio Machado [1875-1939] y 90 del de la novelista y académica Ana María Matute [1925-2014], que murió hace ahora un poquito más de un año.
La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras:
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora.
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
Machado escribió esto hace poco más de un siglo. Era otra época, con otro contexto, con otras ideas, pero quizá nos vendría bien tener ahora unos cuantos Machados... Y unas cuantas Matutes...
Retrato fotográfico realizado por el fotógrafo Pere Formiguera [1952-2013] y perteneciente a su serie Ulls Clucs.
sábado, 25 de julio de 2015
Trueque
Lo vi hace una semana en La infinito, un café - librería de Lavapiés, en Madrid.
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viernes, 24 de julio de 2015
Fisiología
Sócrates no escribió jamás una sola palabra. Sin embargo, la filosofía griega se divide y se estudia en dos partes: los Presocráticos, y Sócrates y los grandes filósofos posteriores. Ahí es nada. No cabe la menor duda de que Sócrates es una figura fundamental del pensamiento occidental. Su búsqueda de la verdad, su indagación, mediante el diálogo, sobre la moral, la honestidad, la justicia, el conocimiento del hombre, -partiendo de la asunción del no conocimiento-, le convierten en un ser singular y por supuesto, en un ser peligroso para cualquier tipo de hipocresía, ya sea individual, colectiva, o incluso democrática. Es esa condición insobornable lo que le lleva -tras una larvada inquina incubada durante más de veinte años- a ser acusado por seres insidiosos cercanos al poder, de perversor de la juventud y negador de los dioses oficiales. Esa joven democracia no digería la independencia, agudeza y ética de un hombre íntegro, valiente, irónico, coherente y enfrentado por su actitud a las oscuridades de un sistema democrático dispuesto a devorar a sus más valiosos hijos. ¿Les suena a algo?
De las notas al programa de la obra Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano, escritas por su autor y director Mario Gas, estrenada hace unos días en el Festival de Teatro Clásico de Mérida.
***
Desde hace algún tiempo da la triste sensación de que están acabando con todo. Me refiero a lo que se puede ver cuando uno se asoma un poco a lo que ocurre en las aulas: se reducen año a año las asignaturas de arte, música, filosofía, latín. Mientras se reducen las horas de estas materias se introducen cosas más o menos "exóticas" como economía, o se añaden horas de clase a informáticas, tecnologías, etc.
Hace años que los ministros de educación, tanto de un partido como de otro, eso da igual porque hace décadas que se volvieron indistinguibles, como si fueran uno solo, parecen haberse puesto de acuerdo en que la formación que se imparte en colegios e institutos sea sólo una formación "práctica", signifique eso lo que signifique. Y eso, claro, vuelve "inútiles" materias como la filosofía o el latín.
Creo que el problema no es Wert, que también y que espero que tanta paz haya llevado como paz dejó, ni el nuevo, que ni sé cómo se llama pero vi hace unos días que una de sus primeras acciones ha sido retirar de su despacho un retrato de Unamuno, por si se le pegaba algo sería. El problema creo que es que, desde hace siglos, con cualquier gobernante de cualquier signo, bajo reyes o dictadores, no se valora la educación, no es una prioridad, no es importante. Cualquiera puede ponerse en ese puesto y hacer cualquier cosa, sin mucho criterio, o sólo con el suyo propio... y no pasa nada.
Ahí vamos...
***
Hace unos días, hablando con uno de mis alumnos, le pregunté qué asignaturas tenía el próximo curso en la opción que había elegido en bachillerato:
-Matemáticas para humanidades, economía, informática, tecnología industrial, fisiología...
-¿Fisiología? ¿Y qué dais en fisiología?
-No sé de qué va... es el primer año que la tengo... no estoy seguro... creo que se da algo parecido a lo que damos en ética... o algo así... no sé...
-¿Filosofía?
-Sí, eso, filosofía.
¡Seguimos!
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jueves, 23 de julio de 2015
miércoles, 22 de julio de 2015
martes, 21 de julio de 2015
La fábula más corta
Una vez, tres cuentistas hicieron un concurso. Ganaría aquel de los tres que supiera la fábula más corta.
El primer cuentista contó una fábula de cien palabras.
El segundo contó una de cincuenta palabras.
El tercero permaneció callado, sin contar nada.
-Bueno, ¿qué pasa? -dijeron los otros dos-. ¿No dices nada?
-Ya he terminado. Mi fábula se titula: El silencio es oro.
Sus compañeros reconocieron que la suya había sido la fábula más corta y le dieron el premio. Pero no sé cuál fue el premio.
Gianni Rodari [1920-1980].
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lunes, 20 de julio de 2015
Rondó para Beverly
El sábado cerré mis 47 leyendo este mini librito maravilloso de John Berger [1926- ] (escrito en colaboración con su hijo Yves). Una delicia. Creo que todo lo que he leído de Berger me ha encantado. Un tipo sabio. Muy recomendable.
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domingo, 19 de julio de 2015
sábado, 18 de julio de 2015
I would prefer not to
Hace ya unas cuantas semanas que vi esta camiseta en La Central de Callao. Y hace unos días, por fin, la tenían de mi talla, así que me la regalé por mi cumple. Estoy encantado...
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viernes, 17 de julio de 2015
Sócrates en Mérida
El fin de semana pasado estuve en el Festival de Teatro Clásico de Mérida viendo Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano. Ha sido uno de mis mini-auto-regalos de cumple de este año...
Ya había estado otra vez en el festival hace años. Debió ser en el 88 ó en el 89. El otro día intenté echar cuentas de cuándo fue y no estoy muy seguro, pero sí recuerdo con quién iba y que la obra que vimos fue Calígula, de Albert Camus [1913-1960].
Me impresionó muchísimo todo: la obra en sí (entonces la verdad es que no había ido mucho al teatro), el espacio (el teatro de Mérida es un lugar que de algún modo sobrecoge simplemente con visitarlo), la fuerza del personaje de Calígula con ese final del espejo que me dejó de piedra.
Desde entonces he tenido ganas de volver, pero por un motivo o por otro nunca ha cuadrado para poder hacer la excursión hasta allí...
Hace un par de sábados me encontré este reportaje en el Babelia de El País en el que se hablaba de la obra, y me dio la impresión de que tenía muuuy buena pinta y que podría ser un muy buen plan para una escapada rápida de verano con Elia.
La cosa ha tenido un punto accidentado porque el mismo sábado por la noche (nos íbamos el domingo por la mañana) estaba lesionado, con un interesante dolor de cadera que me hacía difícil andar y que no parecía muy aconsejable para hacer más de 300 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en un par de días. Pero finalmente, aunque por la noche llegamos a ofrecer las entradas y la reserva de hotel por si alguien las aprovechaba, el domingo por la mañana me encontraba mejor y decidimos que merecía la pena...
El Teatro Romano de Mérida, en el que se representan las obras del Festival, es un espacio impresionante. Sólo por verlo y "habitarlo" durante unas horas, ya merece la pena ir hasta allí...
Recuerdo que en aquella primera visita que hice al Festival a finales de los ochenta, estuvimos charlando con un señor, que era familiar de una de las personas que íbamos en el grupo, y que había vivido toda su vida en Mérida. Nos contaba que cuando él era pequeño, no tengo ni idea de cuándo sería eso, pero supongo que en los años 20, jugaba en el campo con sus amigos alrededor de las partes del teatro que "asomaban" del suelo. Durante todos estos años me ha gustado pensar en esa imagen del teatro "enterrado", del que asomaban sólo las partes más altas de las gradas, y los niños jugando alrededor.
En la wikipedia he encontrado esta foto del siglo XIX de Jean Laurent [1816-1886], que supongo que se parece mucho al aspecto que tendría el lugar cuando aquel señor que nos contaba la historia jugaba allí de niño.
Hoy, naturalmente, el lugar no tiene nada que ver con ésto. Hay un recinto cerrado al que se accede con tu entrada, y dentro hay una especie de parque temático - cultural - de ocio que incluye el teatro y el anfiteatro. Con su garito nocturno incluido al lado del teatro, para que quien quiera pueda quedarse a tomar un gin-tonic después de haber disfrutado de Sófocles o Aristófanes...
La obra, escrita por Mario Gas y por Alberto Iglesias, y dirigida por el primero, no tiene desperdicio. A partir de los escritos que se conservan sobre Sócrates [470 - 399 a.C.], sobre todo de los Diálogos de su discípulo Platón [427-347 a.C.], han recreado el juicio por el que la ciudad de Atenas condenó a muerte a Sócrates, acusándole de no creer en los dioses y de corromper a la juventud.
La obra es densa, no es cómoda de ver, no es divertida. No te deja despistarte ni un minuto, casi constantemente los actores (seis hombres y una sola mujer, Jantipa, la esposa de Sócrates) se dirigen al público, dándole el papel de jurado en el juicio que se está celebrando en el escenario. Durante poco más de hora y media no te deja distraerte, te obliga a pensar, a seguir los razonamientos y los argumentos de amigos y enemigos del acusado, te hace meterte en esos "interrogatorios" que llenan los diálogos de Platón, en los que Sócrates va arrinconando a sus contertulios para hacerles llegar siempre a donde él quiere...
Y claro, inevitablemente, toda la obra está llena de referencias a la actualidad. No sólo a lo que ocurre últimamente en Grecia. Sino a la actualidad con mayúsculas, a lo que siempre parece ser actualidad desde que Platón escribió sobre ello hace venticuatro siglos: a la honestidad y la corrupción de quienes nos gobiernan, a lo que significa ser justo y ser legal y a la diferencia (más habitual de lo que nos gustaría) entre ambas cosas, a cómo permitimos que gobiernen quienes no son, ni de lejos, los más sabios ni los más buenos...
Supongo, espero, que después de las representaciones en el Festival de Mérida, la obra itinerará por otras ciudades. No se la pierdan. Merece la pena.
Sed buenos. Tratad bien a vuestra familia. Tratad bien a vuestros amigos. Sed felices.
Ya había estado otra vez en el festival hace años. Debió ser en el 88 ó en el 89. El otro día intenté echar cuentas de cuándo fue y no estoy muy seguro, pero sí recuerdo con quién iba y que la obra que vimos fue Calígula, de Albert Camus [1913-1960].
Me impresionó muchísimo todo: la obra en sí (entonces la verdad es que no había ido mucho al teatro), el espacio (el teatro de Mérida es un lugar que de algún modo sobrecoge simplemente con visitarlo), la fuerza del personaje de Calígula con ese final del espejo que me dejó de piedra.
Desde entonces he tenido ganas de volver, pero por un motivo o por otro nunca ha cuadrado para poder hacer la excursión hasta allí...
Hace un par de sábados me encontré este reportaje en el Babelia de El País en el que se hablaba de la obra, y me dio la impresión de que tenía muuuy buena pinta y que podría ser un muy buen plan para una escapada rápida de verano con Elia.
La cosa ha tenido un punto accidentado porque el mismo sábado por la noche (nos íbamos el domingo por la mañana) estaba lesionado, con un interesante dolor de cadera que me hacía difícil andar y que no parecía muy aconsejable para hacer más de 300 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta en un par de días. Pero finalmente, aunque por la noche llegamos a ofrecer las entradas y la reserva de hotel por si alguien las aprovechaba, el domingo por la mañana me encontraba mejor y decidimos que merecía la pena...
El Teatro Romano de Mérida, en el que se representan las obras del Festival, es un espacio impresionante. Sólo por verlo y "habitarlo" durante unas horas, ya merece la pena ir hasta allí...
Recuerdo que en aquella primera visita que hice al Festival a finales de los ochenta, estuvimos charlando con un señor, que era familiar de una de las personas que íbamos en el grupo, y que había vivido toda su vida en Mérida. Nos contaba que cuando él era pequeño, no tengo ni idea de cuándo sería eso, pero supongo que en los años 20, jugaba en el campo con sus amigos alrededor de las partes del teatro que "asomaban" del suelo. Durante todos estos años me ha gustado pensar en esa imagen del teatro "enterrado", del que asomaban sólo las partes más altas de las gradas, y los niños jugando alrededor.
En la wikipedia he encontrado esta foto del siglo XIX de Jean Laurent [1816-1886], que supongo que se parece mucho al aspecto que tendría el lugar cuando aquel señor que nos contaba la historia jugaba allí de niño.
Hoy, naturalmente, el lugar no tiene nada que ver con ésto. Hay un recinto cerrado al que se accede con tu entrada, y dentro hay una especie de parque temático - cultural - de ocio que incluye el teatro y el anfiteatro. Con su garito nocturno incluido al lado del teatro, para que quien quiera pueda quedarse a tomar un gin-tonic después de haber disfrutado de Sófocles o Aristófanes...
La obra, escrita por Mario Gas y por Alberto Iglesias, y dirigida por el primero, no tiene desperdicio. A partir de los escritos que se conservan sobre Sócrates [470 - 399 a.C.], sobre todo de los Diálogos de su discípulo Platón [427-347 a.C.], han recreado el juicio por el que la ciudad de Atenas condenó a muerte a Sócrates, acusándole de no creer en los dioses y de corromper a la juventud.
La obra es densa, no es cómoda de ver, no es divertida. No te deja despistarte ni un minuto, casi constantemente los actores (seis hombres y una sola mujer, Jantipa, la esposa de Sócrates) se dirigen al público, dándole el papel de jurado en el juicio que se está celebrando en el escenario. Durante poco más de hora y media no te deja distraerte, te obliga a pensar, a seguir los razonamientos y los argumentos de amigos y enemigos del acusado, te hace meterte en esos "interrogatorios" que llenan los diálogos de Platón, en los que Sócrates va arrinconando a sus contertulios para hacerles llegar siempre a donde él quiere...
La muerte de Sócrates [1787] del pintor francés Jacques-Louis David [1748-1825]
José María Pou, que es quien interpreta a Sócrates, es un actor enorme. En todos los sentidos. Y él solo llena todo el teatro de Mérida y lo que le pongan por delante. Actúa sin actuar. Habla y gesticula como si estuviera charlando con un grupo de amigos en un bar, como si fuera lo único que sabe hacer y lo hiciera constantemente, todo el tiempo.Y claro, inevitablemente, toda la obra está llena de referencias a la actualidad. No sólo a lo que ocurre últimamente en Grecia. Sino a la actualidad con mayúsculas, a lo que siempre parece ser actualidad desde que Platón escribió sobre ello hace venticuatro siglos: a la honestidad y la corrupción de quienes nos gobiernan, a lo que significa ser justo y ser legal y a la diferencia (más habitual de lo que nos gustaría) entre ambas cosas, a cómo permitimos que gobiernen quienes no son, ni de lejos, los más sabios ni los más buenos...
Supongo, espero, que después de las representaciones en el Festival de Mérida, la obra itinerará por otras ciudades. No se la pierdan. Merece la pena.
Sed buenos. Tratad bien a vuestra familia. Tratad bien a vuestros amigos. Sed felices.
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jueves, 16 de julio de 2015
Marruecos
Ruido, tajín, cuscús, zumo de naranja, té con hierbabuena, pescado, harira, chuparkía, medinas y kasbas, alfombras, babuchas, tiendas, gritos, turistas, limpiabotas, dátiles, hombres en los cafés jugando a las damas y al parchís, petit taxis, grand taxis, ctm, moscas, miel, abejas que se meten en los vasos de té y que andan y vuelan impunemente entre los pasteles, anacardos, almendras, azulejos, banderas y fotos del rey. Más ruido, música, velos, el olor del pescado y de la carne en los mercados, la casquería, las especias, reconocer al cruzar un mercadillo el olor del cuscús de mi madre y de los caracoles de mi abuela, hombres sentados, mirando, fumando, playas, niños, mezquitas, callejones, avenidas, móviles, motillos ruidosas, más turistas, más hombres que miran desde los cafés, mujeres con críos, mujeres con velos a las que sólo se le ven los ojos, mujeres que conducen y fuman y besan y ríen, más banderas y más fotos del rey, banderas y fotos del rey por todas partes, miradas severas, represivas, vigilantes, miradas divertidas, cómplices, con ganas de hablar, de comunicar, manos y pies pintados de gena, chilabas. Más ruido, más música...
Marruecos, mayo de 2008.

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miércoles, 15 de julio de 2015
gente que lee (47)
Miguel de Unamuno [1864-1936] fotografiado leyendo alrededor de 1930.
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martes, 14 de julio de 2015
Decisiones
En el estudio, Athena rompió a llorar. Laura fue a verla y, como era de esperar, enseguida se inició una sucesión de negociaciones:
-¿Quieres ésta, cariño? ¿La amarilla, la azul o la roja? ¿Cuál quieres?
Tú dale una y ya está, pensó Ifemelu. Abrumar a una niña de cuatro años con opciones, dejarle la carga de tomar una decisión, era privarla de la dicha de la infancia. Al fin y al cabo, la edad adulta ya asomaba en el horizonte, y ya tendría entonces que tomar decisiones cada vez más ingratas.
De Americanah [2013] de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
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lunes, 13 de julio de 2015
La hoguera
Es un asunto muy delicado
el de la pena capital,
porque además del condenado,
juega el gusto de cada cual.
Empalamiento, lapidamiento,
inmersión, crucifixión,
desuello, descuartizamiento,
todas son dignas de admiración.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sé que han probado su eficacia
los cartuchos del pelotón;
la guinda del tiro de gracia
es exclusiva del paredón.
La guillotina, por supuesto,
posee el chic de lo francés,
la cabeza que cae al cesto,
ojos y lengua de través.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
No tengo elogios suficientes
para la cámara de gas,
que para grandes contingentes
ha demostrado ser el as.
Ni negaré que el balanceo
de la horca un hallazgo es,
ni lo que se estira el reo
cuando lo lastran por los pies.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sacudir con corriente alterna
reconozco que no está mal:
la silla eléctrica es moderna,
americana, funcional.
Y sé que iba de maravilla
nuestro castizo garrote vil
para ajustarle la golilla
al pescuezo más incivil.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Ayer murió en Zahara de los Atunes, con 71 años, Javier Krahe.
Sit tibi terra levis.
el de la pena capital,
porque además del condenado,
juega el gusto de cada cual.
Empalamiento, lapidamiento,
inmersión, crucifixión,
desuello, descuartizamiento,
todas son dignas de admiración.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sé que han probado su eficacia
los cartuchos del pelotón;
la guinda del tiro de gracia
es exclusiva del paredón.
La guillotina, por supuesto,
posee el chic de lo francés,
la cabeza que cae al cesto,
ojos y lengua de través.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
No tengo elogios suficientes
para la cámara de gas,
que para grandes contingentes
ha demostrado ser el as.
Ni negaré que el balanceo
de la horca un hallazgo es,
ni lo que se estira el reo
cuando lo lastran por los pies.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Sacudir con corriente alterna
reconozco que no está mal:
la silla eléctrica es moderna,
americana, funcional.
Y sé que iba de maravilla
nuestro castizo garrote vil
para ajustarle la golilla
al pescuezo más incivil.
Pero dejadme, ay, que yo prefiera
la hoguera, la hoguera, la hoguera.
La hoguera tiene qué sé yo
que sólo lo tiene la hoguera.
Ayer murió en Zahara de los Atunes, con 71 años, Javier Krahe.
Sit tibi terra levis.
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domingo, 12 de julio de 2015
Jaritos
No hace mucho leí la serie de novelas policiacas del escritor griego Petros Márkaris [1937- ]. Estos días en que se está hablando tanto de Grecia, de su crisis y del referéndum del domingo pasado, me he acordado mucho de las historias del comisario Kostas Jaritos.
Todas las novelas de la serie están ambientadas en estos últimos 15 ó 20 años y los crímenes son una buena excusa en manos de Márkaris para contar cuál es la situación real en Grecia: describe los atascos de Atenas, las condiciones en las que está viviendo alguna gente a consecuencia de lo que está ocurriendo, el sentir de la gente de a pie, la situación de la prensa, de la policía, de empresarios y trabajadores, de los políticos... Leyendo estas novelas en España, son muchas, muchas, muchas cosas las que resuenan y resultan demasiado familiares.
Las primeras novelas de la serie están ambientadas en los noventa, pasan por los primeros 2000, por las olimpiadas de Atenas del 2004 y por el inicio de la crisis, y en la última que se ha publicado el escenario es el de una Grecia que ya ha salido del euro y que trata de recuperarse tras el desastre. Como tantas veces, la literatura, aún siendo ficción, cuenta tan bien o mejor la realidad que la prensa o la historia o la sociología...
Todas las novelas de la serie están ambientadas en estos últimos 15 ó 20 años y los crímenes son una buena excusa en manos de Márkaris para contar cuál es la situación real en Grecia: describe los atascos de Atenas, las condiciones en las que está viviendo alguna gente a consecuencia de lo que está ocurriendo, el sentir de la gente de a pie, la situación de la prensa, de la policía, de empresarios y trabajadores, de los políticos... Leyendo estas novelas en España, son muchas, muchas, muchas cosas las que resuenan y resultan demasiado familiares.
Las primeras novelas de la serie están ambientadas en los noventa, pasan por los primeros 2000, por las olimpiadas de Atenas del 2004 y por el inicio de la crisis, y en la última que se ha publicado el escenario es el de una Grecia que ya ha salido del euro y que trata de recuperarse tras el desastre. Como tantas veces, la literatura, aún siendo ficción, cuenta tan bien o mejor la realidad que la prensa o la historia o la sociología...
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sábado, 11 de julio de 2015
Ande yo caliente y ríase la gente
Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tanga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.
Busque muy en buena hora
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.
Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.
De Luis de Góngora y Argote [1561-1627], poeta y dramaturgo, de cuyo nacimiento en Córdoba se cumplen hoy 454 años.
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.
Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.
Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tanga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.
Busque muy en buena hora
el mercader nuevos soles;
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.
Pase a media noche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama;
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.
Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se junten ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.
De Luis de Góngora y Argote [1561-1627], poeta y dramaturgo, de cuyo nacimiento en Córdoba se cumplen hoy 454 años.
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viernes, 10 de julio de 2015
Algunas veces todos tenemos que llorar
No hubo contestación. Sylvia miró de frente a la muchacha, cosa que hasta ese momento no había sido capaz de hacer. Vio que tenía los ojos cuajados de lágrimas, la cara llena de manchas -con aspecto casi sucio- y que parecía dominada por la angustia.
No hizo nada por evitar la mirada de Sylvia. Apretó los labios contra los dientes, cerró los ojos y se meció de atrás hacia adelante, como si ahogara un aullido. De pronto, para desconcierto de Sylvia, aulló. Aulló, lloró, tragó una bocanada de aire, las lágrimas le rodaron por las mejillas, moqueó y empezó a mirar desesperadamente alrededor en busca de algo para limpiarse. Sylvia salió corriendo y volvió con un puñado de Kleenex.
-Tranquilízate, estás aquí, aquí estás bien -le dijo, pensando que lo que debía hacer era cogerla en brazos.
Pero no tenía ninguna gana de hacerlo y podría empeorar las cosas. La muchacha podría darse cuenta de que Sylvia lo hacía a desgana, de lo incómodo que le resultaba semejante situación.
Carla dijo algo y volvió a decirlo:
-¡Qué barbaridad! ¡Qué barbaridad!
-No, no lo es. Algunas veces todos tenemos que llorar. No pasa nada, no te preocupes.
-Es una barbaridad.
Del relato Escapada, de la escritora canadiense Alice Munro [1931- ], Premio Nobel de Literatura en 2013, que hoy cumple 84 años.
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jueves, 9 de julio de 2015
Poco a poco
Pues la cosa está en marcha. Sin prisa pero sin pausa. Demasiadas incógnitas aún en el aire, pero ahí está el sueño y las ganas. De momento leyendo, buscando, escuchando, planeando...
Y el blog sobre el viaje de Montaigne avanza.
Poco a poco.
Despacito...
Ya veremos... ¿qué sé yo?
De momento... ¡seguimos!
Y el blog sobre el viaje de Montaigne avanza.
Poco a poco.
Despacito...
Ya veremos... ¿qué sé yo?
De momento... ¡seguimos!
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miércoles, 8 de julio de 2015
martes, 7 de julio de 2015
La envidia
Hace añísimos, en un taller de fotografía que impartía Navia al que asistí, nos explicó que un buen criterio para saber cómo de interesante nos parecía una foto, era pensar cuánta envidia te producía no haberla hecho tú.
Me gustó. Y me pareció un criterio aplicable a muchas otras cosas...
Durante estas semanas pasadas he estado leyendo, poquito a poco, sin empacho, sin prisa pero sin pausa, Ochenta y seis cuentos, de Quim Monzó [1952- ].
Me gustó. Y me pareció un criterio aplicable a muchas otras cosas...
Durante estas semanas pasadas he estado leyendo, poquito a poco, sin empacho, sin prisa pero sin pausa, Ochenta y seis cuentos, de Quim Monzó [1952- ].
Lo terminé el domingo, estando aún en Algeciras. Llevo un par de días podrido de envidia...
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lunes, 6 de julio de 2015
La felicidad
La felicidad, ahora puedo recordarlo y contarlo, incluso debo, existe y es pasear de la mano bajo el sol de Madrid, camino del metro, después de haber desayunado tranquilamente, y que al llegar al metro cada uno vaya a tomar una dirección distinta y eso no importe. Porque sabes que esas manos volverán a entrelazarse una semana después, que será así y no será de otro modo, salvo que el destino, Dios, ponga cada uno quien le corresponda, decida de pronto deshacer su propia obra de anudarlas, algo que no puede suceder tan pronto, algo que en el fondo del corazón sabes que no va a ocurrir. La felicidad es separarse y no tener miedo de no volver a verse, despedirse con un beso rápido en el andén y luego viajar sentada en el vagón rumbo a la soledad de tu casa, que desde que existe el otro, y desde que se produjo el encuentro, ya no es una condena, sino otro lugar donde esperar, serena y confiada, la oportunidad de recobrarlo todo, entero y sin menoscabo, mejor aún que en el comienzo, tan sólo una semana después, siete días que, para variar, tendrán uno por uno sentido.
Me he leído, durante estos días de playa y familia, la novela Música para feos [2015] de Lorenzo Silva [1966- ], otra opción interesante de lectura veraniega.
Ha sido mi primer encuentro con Lorenzo Silva, llevaba tiempo queriendo leer algo suyo y por un motivo o por otro lo iba retrasando. A ratos me ha parecido que en la historia hay episodios algo predecibles, quizá algunos un poco tópicos. Pero en general me ha gustado, he encontrado páginas emocionantes, algunas que me han conmovido y que me han dado que pensar... Hay temas que se tocan en el libro, especialmente en la última parte, que me hacían desear una discusión con amigxs delante de unos cafés para debatir un rato y compartir puntos de vista.
[Me entran ganas de contar qué páginas son esas y qué temas me gustaría discutir, pero no me gustaría chafar nada de la historia, así que dejo que quien quiera leerlo, los descubra.]
En definitiva, una buena recomendación para estos días de demasiado calor, que lo que apetece, al menos a algunas horas del día, es sentarse fresquito en casa a leer hasta que se pase la calorina...
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domingo, 5 de julio de 2015
sábado, 4 de julio de 2015
viernes, 3 de julio de 2015
Alguna lectura veraniega...
Me proponen a través del facebook que si me atrevo a hacer algunas sugerencias de lecturas veraniegas: podrías recomendarnos en tu blog alguna lectura veraniega, tipo "leo un poquito, vuelta y vuelta, leo, chapuzón, otro poquito..." pero de las que molan-molan.
Soy tímido para estas cosas por aquello de que quién soy yo para andar dando mi opinión y diciendo qué es interesante y qué no... Pero ahí van unas cuantas propuestas de cosas que he leído durante este año y me han gustado:
Soy tímido para estas cosas por aquello de que quién soy yo para andar dando mi opinión y diciendo qué es interesante y qué no... Pero ahí van unas cuantas propuestas de cosas que he leído durante este año y me han gustado:
- Americanah, una novelaca estupenda, ¡600 páginas!, de Chimamanda Ngozi Adichie.
- Los cuentos de Raymond Carver y de Quim Monzó. Dos de los mejores cuentistas que conozco. Cada uno en su estilo, claro, pero fascinantes ambos.
- Fascinante la biografía de Michel de Montaigne escrita por Stefan Zweig.
- Dos libritos un poco cerebrudos pero que me han dejado loco: Bartleby, el escribiente, de Herman Melville y Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas.
- De cuento y novela infantil y juvenil, dos descubrimientos que he hecho este año: Achim Bröger y Gianni Rodari.
- Los microrrelatos de La glorieta de los fugitivos, de José María Merino.
- Y dos cositas más. Un clásico, El satiricón de Petronio, y un librito perfecto para verano o para invierno o para cualquier momento del año, Caminar de Henry David Thoreau.
De nada.
;o)
Que disfruten...
jueves, 2 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
martes, 30 de junio de 2015
Me basta así
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso-;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)
Ángel González [1925-2008]
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso-;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)
Ángel González [1925-2008]
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lunes, 29 de junio de 2015
Eructos y regüeldos
"De Cervantes se acuerdan cuatro gatos porque se los obliga a leer el Quijote", afirmó una vez la escritora de superventas mundiales Isabel Allende. Y algo similar dijo de Borges, antes de asegurar que los escritores "se mueren y se acabaron".
Lo contaba ayer el escritor chileno Carlos Franz en un artículo que publicó en El País, en el que hablaba de cómo evoluciona la lengua, lo que queda de ella y lo que no al cabo de los años y de la influencia de libros como la novela de Cervantes.
Hay que ser realmente muy osadx para hacer un comentario como ése que el autor del artículo atribuye a Isabel Allende. Estaría bien saber cómo funciona y qué se mueve en la cabeza de un/a escritor/a de "superventas mundiales" para llegar a afirmar algo así.
Hace muchos, muchos años fui muy asiduo de sus libros. Me leí todos los primeros, y sobre todo leí y releí un montón de veces De amor y de sombra, que se convirtió durante un tiempo en uno de mis libros de cabecera. Ahora, con la distancia de 20 ó 25 años, se me ocurren muchos motivos para que me gustara tanto: la idea del amor que mostraba, la lealtad, las ideas políticas...
Luego hubo cosas que fueron desinflando mi visión tanto de la autora como de su obra. Recuerdo una de ellas que para mí fue una enorme decepción cuando la descubrí. En la edición que tenía de esa novela marqué muchas cosas, subrayé frases, anoté impresiones... aún debo tenerla por ahí llena de notas. Una de las frases que recuerdo que me impresionaron y me emocionaron era aquella en la que se describía el amor de lxs protagonistas como un "apetito desordenado de placeres deshonestos". Desde mis 17 ó 18 añitos aquello me parecía el no va más de la poesía y de la literatura. Durante años recordé esa frase de memoria y aún hoy la escribo sin tener que buscar la novela para consultarla.
En algún momento, mucho tiempo después, por algún motivo, busqué en el diccionario de la RAE la palabra concupiscencia:
concupiscencia.
1. f. En la moral católica, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos.
Y a partir de ahí, poco a poco, en cada entrevista, en cada nuevo libro, y ahora en este comentario que leo en el artículo de ayer, Isabel Allende se me ha ido derrumbando...
Hace unos años, después de una conversación con una amiga en que le conté cómo me había marcado esta novela, al llegar a casa la busqué y volví a releerla de una sentada. Volví a reconocerme en ella, le agradecí lo que me había aportado, me emocioné recordando cómo me emocionaba... y la volví a poner en su estantería...
***
Por cierto, a mi me ha evocado todo esto sobre Isabel Allende y sus libros, pero merece mucho la pena leer completo el artículo de Carlos Franz sobre los eructos y regüeldos de el Quijote...
[La ilustración que lo acompaña y que he sumado a esta entrada de mi blog es de Enrique Flores.]
domingo, 28 de junio de 2015
sábado, 27 de junio de 2015
Implante
Ayer, viernes, tuve cita con mi dentista para que me hiciera un implante. Primera vez. No la primera vez que me hacen algo en el dentista, que me han hecho de todo, sino la primera vez que me hacen un implante. Ahorro los detalles por innecesarios, desagradables y quizá hirientes para sensibilidades frágiles.
Siempre he tenido terror a ir al dentista. Pánico. Una legendaria cobardía ante la idea de ir a la clínica dental me ha acompañado desde pequeño, quizá debida a las demasiadas visitas que he tenido que hacer en mi vida, a la mala fortuna de haber dado en ocasiones con dentistas que no eran todo lo hábiles o cuidadosos (o ambas) que a mí me hubiera gustado, a una dentadura de poca calidad, a un cuidado inadecuado, etc., etc. ¿Qué se yo?
A ese miedo histórico, ayer se sumaba la posibilidad de que, tras la intervención podía pasar de todo: infección, inflamación, dolores, posible hemorragia, rechazo... Así que la sugerencia de mi dentista fue que dedicara el fin de semana a hacer "reposo relativo". Así lo llama en la hoja fotocopiada que me dio con un montón de indicaciones...
En previsión de tener bien ocupado ese tiempo de reposo relativo me he hecho acompañar estos días post-implante por Gianni, Alice, Quim y Banana.
Mi dentista es una artista. No hace odontología, hace orfebrería fina, alta cocina, mecánica de precisión... Así que después de su obra de arte la recuperación está siendo maravillosa. Al susto de sentarme en ese sillón y sentir la anestesia siguió la tranquilidad de estar en buenas manos. Y luego a casita.
En resumen, que con la excusa del implante estoy aprovechando para pasar el fin de semana comiendo cosas ricas (y blanditas) y leyendo cuatro libros maravillosos...
Seguimos.
Siempre he tenido terror a ir al dentista. Pánico. Una legendaria cobardía ante la idea de ir a la clínica dental me ha acompañado desde pequeño, quizá debida a las demasiadas visitas que he tenido que hacer en mi vida, a la mala fortuna de haber dado en ocasiones con dentistas que no eran todo lo hábiles o cuidadosos (o ambas) que a mí me hubiera gustado, a una dentadura de poca calidad, a un cuidado inadecuado, etc., etc. ¿Qué se yo?
A ese miedo histórico, ayer se sumaba la posibilidad de que, tras la intervención podía pasar de todo: infección, inflamación, dolores, posible hemorragia, rechazo... Así que la sugerencia de mi dentista fue que dedicara el fin de semana a hacer "reposo relativo". Así lo llama en la hoja fotocopiada que me dio con un montón de indicaciones...
En previsión de tener bien ocupado ese tiempo de reposo relativo me he hecho acompañar estos días post-implante por Gianni, Alice, Quim y Banana.
Mi dentista es una artista. No hace odontología, hace orfebrería fina, alta cocina, mecánica de precisión... Así que después de su obra de arte la recuperación está siendo maravillosa. Al susto de sentarme en ese sillón y sentir la anestesia siguió la tranquilidad de estar en buenas manos. Y luego a casita.
En resumen, que con la excusa del implante estoy aprovechando para pasar el fin de semana comiendo cosas ricas (y blanditas) y leyendo cuatro libros maravillosos...
Seguimos.
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viernes, 26 de junio de 2015
jueves, 25 de junio de 2015
Mitad hombre, mitad mujer
Mitad hombre,
mitad mujer,
Te besaré las cuencas de los ojos
sorprendidos al tacto de mi lengua,
que diestra lamerá
los hombros, las orejas,
y el cuello que se achica de tanto escalofrío.
Mordisquearé tu pecho tiernamente
deslizando mi voz
hasta la selva de tu pubis
donde me internaré curioso
por descubrir el clímax donde mecer el sueño
Toda mujer,
todo hombre,
muertos de placer.
Del poemario Cartografía del deseo [2015] de la poeta Ana Martínez.
mitad mujer,
Te besaré las cuencas de los ojos
sorprendidos al tacto de mi lengua,
que diestra lamerá
los hombros, las orejas,
y el cuello que se achica de tanto escalofrío.
Mordisquearé tu pecho tiernamente
deslizando mi voz
hasta la selva de tu pubis
donde me internaré curioso
por descubrir el clímax donde mecer el sueño
Toda mujer,
todo hombre,
muertos de placer.
Del poemario Cartografía del deseo [2015] de la poeta Ana Martínez.
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miércoles, 24 de junio de 2015
martes, 23 de junio de 2015
En la playa de Ostia
A pocos kilómetros de Roma está la playa de Ostia, donde los romanos acuden a miles en verano; en la playa no queda espacio ni siquiera para hacer un agujero en la arena con una palita, y el que llega el último no sabe dónde plantar la sombrilla.
Una vez llegó a la playa de Ostia un tipo extravagante, realmente cómico. Llegó el último, con la sombrilla bajo el brazo, y no encontró sitio para plantarla. Entonces la abrió, le hizo un retoque al mango y la sombrilla se elevó inmediatamente por el aire, sobrevolando miles y miles de sombrillas y yéndose a detener a la misma orilla del mar, pero dos o tres metros por encima de la punta de las otras sombrillas. El desconcertante individuo abrió su tumbona, y también ésta flotó en el aire. El hombre se tumbó al amparo de la sombrilla, sacó un libro del bolsillo y empezó a leer, respirando la brisa del mar, picante de sal y yodo.
Al principio, la gente ni siquiera se dio cuenta de su presencia. Todos estaban debajo de sus sombrillas, intentando ver un pedacito de mar por entre las cabezas de los que tenían delante, o hacían crucigramas, y nadie miraba hacia arriba. Pero de repente una señora oyó caer algo sobre su sombrilla; creyó que había sido una pelota y se levantó para regañar a los niños; miró a su alrededor y hacia arriba y vio al extravagante individuo suspendido sobre su cabeza. El señor miraba hacia abajo y le dijo a aquella señora:
-Disculpe, señora, se me ha caído el libro. ¿Querría usted echármelo para arriba, por favor?
De la sorpresa, la señora se cayó de espaldas, quedándose sentada sobre la arena, y como era muy gorda no lograba incorporarse. Sus parientes acudieron para ayudarla, y la señora, sin hablar, les señaló con el dedo la sombrilla volante.
-Por favor -repitió el desconcertante individuo-, ¿quieren tirarme mi libro?
-Pero ¿es que no ve que ha asustado a nuestra tía?
-Lo siento mucho, pero de verdad que no era esa mi intención.
-Entonces, bájese de ahí; está prohibido.
-En absoluto; no había sitio en la playa y me he puesto aquí arriba. Yo también pago mis impuestos, ¿sabe usted?
Mientras, uno tras otro, todos los romanos de la playa se pusieron a mirar hacia arriba, y señalaban riendo a aquel extraño bañista.
-¿Ves a aquel? -decían-, ¡Tiene una sombrilla a reacción!
-¡Eh, astronauta! -le gritaban-, ¿Me dejas subir a mí también?
Un muchachito le echó hacia arriba el libro, y el señor lo hojeaba nerviosamente buscando la señal. Luego prosiguió su lectura muy sofocado. Poco a poco fueron dejándolo en paz. Sólo los niños, de vez en cuando, miraban al aire con envidia, y los más valientes gritaban:
-¡Señor! ¡Señor!
-¿Qué queréis?
-¿Por qué no nos enseña cómo se hace para estar así en el aire?
Pero el señor refunfuñaba y proseguía su lectura. Al atardecer, con un ligero silbido, la sombrilla se fue volando, el desconcertante individuo aterrizó en la calle cerca de su motocicleta, se subió a ella y se marchó.
¿Quién sabe quién era aquel tipo y dónde había comprado aquella sombrilla?
Cuento del escritor y pedagogo italiano Gianni Rodari [1920-1980], especializado en literatura infantil y juvenil.
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lunes, 22 de junio de 2015
El viaje de Montaigne
Hoy, 22 de junio, recién comenzado el verano, hace 435 años que Michel de Montaigne salió de su castillo en el sur de Francia para viajar por Europa. Recorrió parte de Francia, Suiza, Alemania e Italia. Y durante los 17 meses y 8 días que duró su viaje lo fue registrando en un diario que dictó y escribió en francés e italiano.
Hoy, aprovechando el aniversario de su partida, he abierto un nuevo blog en el que contar su viaje. Y si todo va bien en un año estaré en camino para contar el mío...
Hoy, aprovechando el aniversario de su partida, he abierto un nuevo blog en el que contar su viaje. Y si todo va bien en un año estaré en camino para contar el mío...
domingo, 21 de junio de 2015
Necesitamos aire para respirar
Todos pedimos aire,
aire para reír y suspirar,
aire para que nuestras palabras
no se estrellen en murallas
construidas a punta de muerte.
Es por el aire por lo que cantamos,
poetas, músicos, habladores,
nuestro pueblo está sediento de aire,
se está ahogando nuestro pueblo
en el olor fétido de la carroña.
Es aire lo que se respira en el subsuelo
allí donde se esconde el verbo nuevo.
Es aire lo que se respira en las montañas,
a pesar de los gritos,
es aire lo que se respira,
es aire,
todos están oliendo
-subrepticiamente y a escondidas-
un aire limpio.
Gioconda Belli [1948- ].
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