Estos días ando enredándome con Michel de Montaigne.
Cada vez más...
[Continuará...]
He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]
domingo, 3 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
No quiero ser un encanto
-Gracias -contestó ella. Luego en voz más baja, para compensar su irritación, añadió-: Eres un encanto.
-No quiero ser un encanto. Quiero ser el puto amor de tu vida -repuso Curt con una fuerza que la desconcertó.
De la novela Americanah [2013] de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
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viernes, 1 de mayo de 2015
La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra...
La filosofía, tal como yo entiendo esta palabra, es algo que se encuentra entre la teología y la ciencia. Como la teología, consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar; como la ciencia, apela más a la razón humana que a una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación. Todo conocimiento definido pertenece a la ciencia -así lo afirmaría yo-, y todo dogma, en cuanto sobrepasa el conocimiento determinado, pertenece a la teología. Pero entre la teología y la ciencia hay una tierra de nadie, expuesta a los ataques de ambas partes: esa tierra de nadie es la filosofía. Casi todos los problemas que poseen un máximo interés para los espíritus especulativos no pueden ser resueltos por la ciencia, y las certeras réplicas de los teólogos ya no nos parecen tan convincentes como en los siglos pasados. ¿Está dividido el mundo en espíritu y materia? Y suponiendo que así sea, ¿qué es espíritu y qué es materia? ¿Está el espíritu sometido a la materia o está dotado de fuerzas independientes? ¿Tiene el universo unidad o finalidad? ¿Está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la naturaleza, o creemos solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, a saber: un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose en un pequeño e insignificante planeta? ¿O es lo que le parece a Hamlet? ¿Acaso las dos cosas a la vez? ¿Existe una manera noble de vivir y otra vil, o son todos los modos de vida meramente fútiles? Si hay un modo de vida noble, ¿en qué consiste y cómo lo realizaremos? ¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el universo se moviera inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe la sabiduría, o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la locura? Cuestiones como estas no hallan respuesta en ningún laboratorio. Las teologías han pretendido dar respuestas, todas demasiado concretas, pero precisamente su precisión hace que el espíritu moderno las mire con recelo. El estudio de estos problemas, aunque no los resuelva, es misión de la filosofía.
De la Historia de la Filosofía Occidental [1945] de Bertrand Russell [1872-1970].
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jueves, 30 de abril de 2015
miércoles, 29 de abril de 2015
gente que lee (36)
Hoy, 29 de abril, hace 35 años de la muerte de Alfred Hitchcock [1899-1980].
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martes, 28 de abril de 2015
lunes, 27 de abril de 2015
Carne podrida
Por entonces, a Millás se le habían podrido dos novelas, una detrás de otra, apenas comenzadas. Dos abortos que le habían dejado sin ganas de iniciar la gestación de una tercera, pese a que, al revisar sus cuadernos de apuntes, tropezó con alguna anotación sugestiva. No es problema de las ideas, se dijo al fin, es problema del aparato reproductor, que está viejo, ya no soporto más ficción. Aun felicitándose por el coraje del diagnóstico, que le ponía a salvo de acometer sin ganas un tercer proyecto narrativo condenado al fracaso, cayó en una apatía creadora que contaminó enseguida los demás aspectos de su existencia. No hallaba placer en nada, ni siquiera en la lectura. Los libros se le caían de las manos como las hojas de los árboles. Los libros seguramente estaban vivos; sus manos, tal vez, no. Dejó de madrugar, de dar sus paseos matinales, de controlar lo que comía, y al poco había engordado siete u ocho quilos. Ocho quilos, dice él, de carne podrida, como las novelas a cuya escritura había renunciado.
Inicio del capítulo 10 de la novela La mujer loca [2014] de Juan José Millás [1946- ].
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domingo, 26 de abril de 2015
sábado, 25 de abril de 2015
A la llana y sin rodeos
En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes
conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El
encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a
triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede
a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a
la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del
segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.
A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de
escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos,
“ser noticia”, como dicen obscenamente los parásitos de la literatura- sin parar
mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera
y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese
al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas. La vejez de lo nuevo se
reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de
la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y
teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante
décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza. Quienes
adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato
en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la
fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras
ni épocas.
“Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”, escribe
Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la
institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de
ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la
aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil
celebración.
Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La
mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista
de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico
no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y
ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo
con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces
ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!
Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas,
incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a
abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad
cervantina. Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el
territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía.
Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema
que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la
tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las
identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.
En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y
comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas
probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su
vida tras su rescate laborioso de Argel? ¿Cuántos lectores del Quijote conocen las
estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus
negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el
barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en
1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos
de la sociedad?
Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos
hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el
propósito, dice, de que “reine la verdad y desaparezcan las sombras”, obra cuya
lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras
indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos,
y más de un siglo después las sombras permanecen. Sí, mientras se suceden las
conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la
burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos,
muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos
años en los que, dice en el prólogo del Quijote, “duermo en el silencio del olvido”:
ese “poetón ya viejo” (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en
silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.
Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa
“exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a
las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de
Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe
distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de
las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas
mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.
Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y
socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos
de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad
que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería
financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma
por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos
inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.
Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos
resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción,
precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes
como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho
encontrará siempre un refrán para defenderla.
El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis
social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra
Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la
del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede
ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de
una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el
ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas
reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la
encrucijada, Cervantes nos muestra el camino. Su conciencia del tiempo “devorador y
consumidor de las cosas” del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera
Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en
boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se
despliega hasta el infinito. Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso
Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los
poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como
una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos
evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella.
Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no
nos resignamos a la injusticia.
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viernes, 24 de abril de 2015
Indicios
Leo. Es como una enfermedad. Leo todo lo que cae en mis manos, bajo los ojos: diarios, libros escolares, carteles, pedazos de papel encontrados por la calle, recetas de cocina, libros infantiles. Cualquier cosa impresa.
Tengo cuatro años. La guerra acaba de empezar.
Vivimos en un pueblecito que no tiene ni estación, ni electricidad, ni agua corriente, ni teléfono.
Mi padre es el único maestro del pueblo. Enseña en todos los cursos, desde el primero hasta el sexto. En la misma aula. La escuela está separada de nuestra casa sólo por el patio, y las ventanas del colegio dan al huerto de mi madre. Cuando me encaramo a la ventana más alta del comedor veo a toda la clase con mi padre delante, de pie, escribiendo en la pizarra negra.
El aula de mi padre huele a tiza, a tinta, a papel, a calma, a silencio, a nieve incluso en verano.
La gran cocina de mi madre huele a animal muerto, a carne cocida, a leche, a mermelada, a pan, a ropa húmeda, a pipí del bebé, a agitación, a ruido, al calor del verano... incluso en invierno.
Cuando el mal tiempo no nos permite jugar fuera, cuando el bebé grita más fuerte de lo habitual, cuando mi hermano y yo hacemos demasiado ruido y demasiados destrozos en la cocina, nuestra madre nos envía a nuestro padre para que nos imponga un "castigo".
Salimos de casa. Mi hermano se detiene delante del cobertizo en el que guardamos la leña:
-Yo prefiero quedarme aquí. Voy a cortar un poco de leña pequeña.
-Sí. Mamá se pondrá contenta.
Atravieso el patio, entro en la gran sala y me detengo cerca de la puerta. Bajo los ojos. Mi padre me dice:
-Acércate.
Me acerco y le digo a la oreja:
-Castigada... mamá...
-¿Nada más?
Me pregunta "nada más" porque a veces tengo que entregarle sin decir nada una nota de mi madre, o debo pronunciar las palabras "médico" o "urgencia", o bien únicamente un número: 38 ó 40. Todo esto por culpa del bebé, que se pasa el día enfermo.
Le digo a mi padre:
-No. Nada más.
Me da un libro con imágenes:
-Ve y siéntate.
Voy al fondo de la clase , donde siempre hay lugares vacíos detrás de los mayores.
Fue así como, muy joven, por casualidad y sin apenas darme cuenta, contraje la incurable enfermedad de la lectura.
Cuando vamos de visita a casa de los parientes de mi madre, que viven en una ciudad cercana, en una casa que tiene luz y agua, mi abuelo me toma de la mano y, juntos, recorremos el vecindario.
El abuelo saca un diario del bolsillo de su levita y dice a los vecinos:
-¡Mirad! ¡Escuchad!
Y a mí me dice:
-¡Lee!
Y yo leo. Normalmente, sin errores, y tan rápido como me lo pida.
Dejando de lado este orgullo de abuelo, mi enfermedad de la lectura me traerá sobre todo reproches y desprecio:
"No hace nada. Se pasa el día leyendo."
"No sabe hacer nada más."
"Es la tarea más pasiva de todas."
"Perezosa."
Y, sobre todo, "Lee en vez de...".
¿En vez de qué?
"Hay miles de cosas más útiles, ¿no?"
Incluso ahora, por la mañana, cuando la casa se vacía y todos mis vecinos se van a trabajar, tengo un poco de cargo de conciencia por instalarme en la mesa de la cocina a leer los diarios durante horas en vez de... fregar los platos del día anterior, ir de compras, lavar y planchar la ropa, hacer mermeladas o pasteles...
Y, ¡sobre todo!, en vez de escribir.
De La analfabeta [2004], autobiografía de la escritora húngara Agota Kristof [1935-2011].
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jueves, 23 de abril de 2015
Día del libro
Hoy es el Día del Libro.
Que ustedes lo disfruten... leyendo, comprando libros, compartiéndolos, prestándolos, regalándolos, hojeándolos y ojeándolos, escribiéndolos, charlando sobre ellos........
Que ustedes lo disfruten... leyendo, comprando libros, compartiéndolos, prestándolos, regalándolos, hojeándolos y ojeándolos, escribiéndolos, charlando sobre ellos........
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miércoles, 22 de abril de 2015
martes, 21 de abril de 2015
La memoria confusa
Un viajero tuvo un accidente en un país extranjero. Perdió todo su equipaje, con los documentos que podían identificarlo, y olvidó quién era. Vivió allí varios años. Una noche soñó con una ciudad y creyó recordar un número de teléfono. Al despertar, consiguió comunicarse con una mujer que se mostró asombrada, pero al cabo muy dichosa por recuperarlo. Se marchó a la ciudad y vivió con la mujer, y tuvieron hijos y nietos. Pero esta noche, tras un largo desvelo, ha recordado su verdadera ciudad y su verdadera familia, y permanece inmóvil, escuchando la respiración de la mujer que duerme a su lado.
Microrrelato del escritor José María Merino [1941- ], incluido en su libro La glorieta de los fugitivos [2007].
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lunes, 20 de abril de 2015
...espero...
...espero que mis palabras
desordenen tu conciencia...
De la canción 20 de abril del grupo musical Celtas Cortos.
desordenen tu conciencia...
De la canción 20 de abril del grupo musical Celtas Cortos.
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domingo, 19 de abril de 2015
El recuerdo
La música, el mar y esa sensación caliente que se me va
regando por dentro. El recuerdo, la ternura, la depresión y
todas esas cosas que me van haciendo, que van dibujando
las hebras de mi pelo en tu camisa, que van llegando a mis
ojos, a mi boca, llenándome de nostalgia, de agua salada,
de luna cortada en pedazos y envuelta en papel plateado,
de tu nombre, del nombre que no existe, de lo que
tenemos y lo que nos falta, de todo eso que tengo
dentro, que me recorre y me da esa sensación caliente
que te lleva y te trae.
Gioconda Belli [1948- ].
regando por dentro. El recuerdo, la ternura, la depresión y
todas esas cosas que me van haciendo, que van dibujando
las hebras de mi pelo en tu camisa, que van llegando a mis
ojos, a mi boca, llenándome de nostalgia, de agua salada,
de luna cortada en pedazos y envuelta en papel plateado,
de tu nombre, del nombre que no existe, de lo que
tenemos y lo que nos falta, de todo eso que tengo
dentro, que me recorre y me da esa sensación caliente
que te lleva y te trae.
Gioconda Belli [1948- ].
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sábado, 18 de abril de 2015
El cuerpo
Me avisaron a media tarde. Cuando llegué aún no se había podido determinar ni la hora ni la causa de la muerte. Pedí que me mostraran el cadáver. Parecía dormido, hermosísimo a la luz del atardecer. La piel parecía seda húmeda, metálica. Di las primeras instrucciones, encargué que se registrara la zona y que se
hicieran fotografías de todo, como siempre. Volví a mirar el cuerpo. Hacía tiempo que no aparecía uno así. No acabo de acostumbrarme a esas formas, a los brillos del caparazón, a los cinco pares de patas que ahora descansan plácidas, inertes, bellísimas...
Manjirón, marzo de 2014.

El cuerpo by Román J. Navarro Carrasco is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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viernes, 17 de abril de 2015
¿Me entiendes?
-Ifemelunamma, ven, por favor -dijo su madre, y se dio media vuelta.
Obinze se puso en pie, pero Ifemelu lo detuvo.
-No, me ha llamado a mí.
La madre de Obinze le pidió que pasara a su dormitorio, le pidió que se sentara en la cama.
-Si pasa algo entre Obinze y tú, los dos seréis responsables. Pero la naturaleza es injusta con las mujeres. Un acto lo cometen dos personas, pero si hay consecuencias, una sola carga con ellas. ¿Me entiendes?
-Sí.
Ifemelu eludía la mirada de la madre de Obinze, fijándola en el linóleo blanco y negro del suelo.
-¿Has hecho algo serio con Obinze?
-No.
-Yo fui joven en su día. Sé lo que es el amor cuando se es joven. Quiero darte un consejo. Soy consciente de que, al final, harás lo que quieras, pero mi consejo es que esperes. Puedes amar sin hacer el amor. Hacer el amor es una manera hermosa de demostrar tus sentimientos, pero conlleva responsabilidad, una gran responsabilidad, y no hay prisa. Te aconsejo que esperes hasta que estés al menos en la universidad, espera hasta que seas un poco más dueña de ti misma. ¿Lo entiendes?
-Sí -respondió Ifemelu.
No sabía a qué se refería con eso de "un poco más dueña de ti misma".
-Me consta que eres una chica lista. Las mujeres son más sensatas que los hombres, y tendrás que ser tú la sensata. Convéncelo. Los dos deberíais poneros de acuerdo en esperar para que no haya presión.
La madre de Obinze calló por un momento e Ifemelu se preguntó si había terminado. El silencio reverberó en su cabeza.
-Gracias, señora -dijo Ifemelu.
-Y cuando decidas empezar, ven a verme. Quiero saber que actúas de manera responsable.
Ifemelu movió la cabeza en un gesto de asentimiento. Sentada en la cama de la madre de Obinze, en el dormitorio de esa mujer, asentía y accedía a anunciarle cuándo empezaría a mantener relaciones sexuales con su hijo. Aun así, percibió la ausencia de vergüenza. Quizá fuera por el tono de la madre de Obinze, su uniformidad, su normalidad.
-Gracias, señora -repitió, mirando ahora a la madre de Obinze a la cara, una cara franca, nada distinta de cómo era habitualmente-. Así lo haré.
Regresó al salón. Obinze, sentado en el borde de la mesa de centro, parecía nervioso.
-Lo siento. Hablaré de esto con ella en canto te vayas. Si quiere hablar con alguien, debe hacerlo conmigo.
-Me ha dicho que no vuelva nunca más a esta casa. Que llevo a su hijo por el mal camino.
Obinze parpadeó.
-¿Cómo?
Ifemelu se echó a reír. Después, cuando le contó lo que su madre había dicho, él cabeceó.
-¿Tenemos que decírselo cuando empecemos? ¿Qué idiotez es esa? ¿Quiere comprarnos condones? ¿Que le pasa a esta mujer?
-Pero ¿a ti quién te ha dicho que vamos a empezar nada?
De la novela Americanah [2013], de Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
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jueves, 16 de abril de 2015
Microsiervos
Como hago más o menos cada tres semanas, otra vez vuelvo a reseñar aquí un blog que me interesa. Y esta vez, como ya ha ocurrido en alguna otra ocasión, quiero traer un blog en el que no se habla expresamente de libros: Microsiervos.
Los temas que se tratan en él están más relacionados con tecnología, fotografía, astronomía, robótica, ciencia, etc., etc., que con libros y literatura, pero es un sitio al que entro prácticamente a diario y que me resulta siempre sorprendente e inspirador.
Naturalmente el nombre del blog "tiene que ver" con el de la novela Microsiervos [1995] del escritor canadiense Douglas Coupland [1961- ]. Y no es esa la única relación que el blog tiene con los libros...
Por cierto, hace poco descubrí, y me gustó, que frente a los más de 525.000 seguidores que Microsiervos tiene en twitter, ellos siguen una sola cuenta, la de su Santo Patrón... ;o)))
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miércoles, 15 de abril de 2015
gente que lee (34)
Ayer, 13 de abril, murió el escritor alemán Günter Grass [1927-2015], premio Nobel de Literatura en 1999.
p.s.: Cuando ya tenía preparada esta entrada para el blog, me entero de que el mismo día, casi a la misma hora, ha muerto también Eduardo Galeano [1940-2015].
Desde el lunes el mundo es un poquito peor... ¡Qué solxs nos vamos quedando...!
p.s.: Cuando ya tenía preparada esta entrada para el blog, me entero de que el mismo día, casi a la misma hora, ha muerto también Eduardo Galeano [1940-2015].
Desde el lunes el mundo es un poquito peor... ¡Qué solxs nos vamos quedando...!
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martes, 14 de abril de 2015
Notas
Hace unos días Elia me regaló unos cuadernitos molones para que lleve siempre uno conmigo y lo use para tomar notas que me sirvan luego para las cosas que me gustaría escribir.
Me encantan.
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lunes, 13 de abril de 2015
Leyendo...
Estos días estoy leyendo Americanah [2013], la última novela de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ]. Es el libro del que hablaremos el viernes que viene, en la próxima reunión de nuestro Club de Lectura Serrano.
Junto a mi cama, para picar un poquito cada noche, tengo algo de poesía:
Junto a mi cama, para picar un poquito cada noche, tengo algo de poesía:
- Palabra sobre palabra [1986], de Ángel González [1925-2008].
- Poesía completa (1968-1996) [1997], de Juan Luis Panero [1942-2013].
- El ojo de la mujer [1992], de Gioconda Belli [1948- ].
y cuentos y microcuentos:
- Cuentos completos (1880-1885), de Antón Chéjov [1860-1904].
- La glorieta de los fugitivos [2007], de José María Merino [1941- ].
¡¡¡ Disfrutando como un enano... !!!
domingo, 12 de abril de 2015
Ocurre a veces
Ocurre a veces
en las calladas horas de la noche,
al filo mismo de la madrugada,
tras el telón caído de la euforia y del vino.
Unos ojos parpadean, se abren,
nos miran con su última transparencia
y un instante a nuestro lado
su dolorido transcurrir, su apretado paisaje de ternura
muestran, como un mendigo o un esclavo,
la humillada quietud de su tristeza.
Entonces, cuando no hay una sola palabra que decir,
con la avidez que lleva en sí lo fugitivo,
besar, unirse en la húmeda tibieza,
en la empapada, áspera arcilla de otra boca,
donde nada al fin y todo nos pertenece.
Después, igual que el viento
agitando fugaz unas cortinas
la claridad de la mañana nos muestra,
desvelar un instante en la memoria
aquello que una noche, una mirada,
la destruida posesión de unos labios, nos dio.
Lo que ahora ciego tropieza, resbala
por la gastada pared del corazón,
aferrándose terco hacia la muerte,
desplomándose sordo hacia el olvido.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
en las calladas horas de la noche,
al filo mismo de la madrugada,
tras el telón caído de la euforia y del vino.
Unos ojos parpadean, se abren,
nos miran con su última transparencia
y un instante a nuestro lado
su dolorido transcurrir, su apretado paisaje de ternura
muestran, como un mendigo o un esclavo,
la humillada quietud de su tristeza.
Entonces, cuando no hay una sola palabra que decir,
con la avidez que lleva en sí lo fugitivo,
besar, unirse en la húmeda tibieza,
en la empapada, áspera arcilla de otra boca,
donde nada al fin y todo nos pertenece.
Después, igual que el viento
agitando fugaz unas cortinas
la claridad de la mañana nos muestra,
desvelar un instante en la memoria
aquello que una noche, una mirada,
la destruida posesión de unos labios, nos dio.
Lo que ahora ciego tropieza, resbala
por la gastada pared del corazón,
aferrándose terco hacia la muerte,
desplomándose sordo hacia el olvido.
Del poeta español Juan Luis Panero [1942-2013], incluido en Poesía completa (1968-1996).
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sábado, 11 de abril de 2015
viernes, 10 de abril de 2015
jueves, 9 de abril de 2015
¿De qué sirven las leyes?
¿De qué sirven las leyes donde sólo reina el dinero, donde la pobreza nunca puede salir triunfante? Incluso los Cínicos, que andan siempre con la alforja a cuestas, más de una vez, y hasta con cierta frecuencia, venden la verdad a buen precio. Así, pues, la justicia no es más que una mercancía pública y el caballero que preside el tribunal ratifica las transacciones.
De la novela El Satiricón, atribuida al escritor latino Petronio, que vivió y escribió hace unos 2000 años.
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miércoles, 8 de abril de 2015
gente que lee (33)
Sepulcro del Doncel, en la catedral de Sigüenza (Guadalajara, España), finales del siglo XV.
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martes, 7 de abril de 2015
Tu risa
Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
níegame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
Del libro Los versos del capitán [1952] del poeta chileno Pablo Neruda [1904-1973], premio Nobel de Literatura en 1971.
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
níegame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
Del libro Los versos del capitán [1952] del poeta chileno Pablo Neruda [1904-1973], premio Nobel de Literatura en 1971.
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lunes, 6 de abril de 2015
De fauna doméstica
Por el momento, las pruebas de su existencia parecen ser determinadas señales físicas que los investigadores menos escépticos defienden como evidencias: la exhalación de su aliento, huellas de su cuerpo, su color, su olor, su canto. De su silenciosa respiración sería testimonio la leve corriente de aire que, a veces, percibimos en la nuca o en las orejas, aunque en la casa todas las ventanas estén cerradas. La precisión del soplo vendría a ser indicio de un largo apéndice que pudiéramos llamar nasal, quizá retráctil. Un reflejo de su color lograría asomar en la penumbra del pasillo, o de las alcobas, a la hora vespertina, con el sol declinante: el suave resplandor nacarado, parecido a la ceguera de los espejos, que denunciaría un cuerpo blanquecino, cubierto de pellejo, plumón o escamas, capaz de reflejar la luz con mayor intensidad que una piel desnuda y mate. Que su cuerpo puede cambiar de tamaño lo confirmarían las diversas señales que se consideran suyas, tanto esas huellas que deforman sin motivo aparente la larga superficie de las colchas o la panza de los cojines, como las pequeñas oquedades que suelen aparecer en la harina, el azúcar o el pimentón cuando abrimos el bote que los guarda. Su olor, aunque diverso, es característico: no del todo agradable, pero tampoco hediondo, es ese que puede sorprendernos de repente en casa, sin que seamos capaces de descubrir su procedencia. Al parecer, su canto imita con tal certeza los sonidos de la rutina cotidiana, que es casi imposible distinguirlo del goteo del grifo, la descarga de una cisterna, el tictac de un viejo reloj, el rumor del tráfico en la calle o el súbito zumbido de la lavadora. Nunca se han encontrado rastros inconfundibles de sus pisadas, y hay quien sugiere que se movería volando o reptando. Su capacidad de volar corroboraría lo plumoso del cuerpo; la alternativa nos induciría a suponerlo cubierto de pellejo peludo o de piel escamosa. Nadie ha podido conocer de qué se alimenta y tampoco se han hallado sus excrementos. Hay quien propone que se nutriría de nuestras exhalaciones psíquicas, quizá mientras dormimos. Se adapta bien a las casas donde abundan los libros: las pequeñas arrugas y raspaduras de ciertas páginas y cubiertas, las manchitas que deforman algunas letras, serían señal de que los utiliza como guarida. La cualidad que puede atribuírsele sin confusión ni engaño es la invisibilidad, única evidencia que nadie, hasta ahora, ha conseguido refutar.
Microrrelato, minificción o nanocuento del escritor, ensayista, poeta y académico español José María Merino [1941- ], incluido en su libro La glorieta de los fugitivos [2007].
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domingo, 5 de abril de 2015
Hoy, mamá ha muerto.
Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, He recibido un telegrama del asilo: "Madre fallecida. Entierro mañana. Sentido pésame". Nada quiere decir. Tal vez fue ayer.
Comienzo de la novela El extranjero [1942] del escritor francés Albert Camus [1913-1960].
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sábado, 4 de abril de 2015
Tenían eso en común
Quería hablar más con aquellas personas que estaban en la misma situación de espera que ella. Tenía miedo, y aquella gente también. Tenían eso en común.
Del cuento Parece una tontería del escritor Raymond Carver [1938-1988], incluido en su libro Catedral [1983].
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viernes, 3 de abril de 2015
Disfruta de la vida
Disfruta de la vida. Hay mucho tiempo para estar muerto.
Autorretrato de Andersen de 1830.
[Ese mismo día se celebra el Día Internacional del Libro Infantil desde 1965.]
jueves, 2 de abril de 2015
Consejos a Millás sobre cómo escribir
[...] Un día en el que se quedaron solos, Millás le confesó a Julia que le gustaría escribir algo sobre ella.
-Pues piensa antes de empezar a escribir -respondió la chica-, escribe con orden, elige las palabras con cuidado, evita las repeticiones innecesarias y las muletillas, escribe con naturalidad, relee lo que has escrito y corrige si es necesario.
De la novela La mujer loca [2014] de Juan José Millás [1946- ].
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miércoles, 1 de abril de 2015
martes, 31 de marzo de 2015
Eso es lo que es
-Continúe -le animó la señora Webster-. Sé de lo que habla. Prosiga, señor Carlyle. A veces es bueno hablar. En ocasiones es necesario. Además, quiero escucharlo. Y después se sentirá mejor. A mí me pasó una vez algo así, algo parecido a lo que está describiendo usted. Amor. Eso es lo que es.
Del cuento Fiebre del escritor Raymond Carver [1938-1988], incluido en su libro Catedral [1983].
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lunes, 30 de marzo de 2015
gente que lee (32)
David Laing [1793-1878], anticuario, historiador, coleccionista, retratado al óleo en 1862 por el pintor escocés Sir William Fettes Douglas [1822-1891].
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domingo, 29 de marzo de 2015
He visto
Ahora que soy mayor, lamento no haber escrito un diario de los hoteles por los que he pasado a lo largo de mi vida (escribo estas líneas desde uno) y de las cosas que he visto desde sus ventanas. He visto, por ejemplo, un cementerio rodeado de edificios altos. He visto agonizar a un anciano en el edificio de enfrente, lo he visto morir. He visto un patio interior oscuro en el que había anidado una golondrina. He visto un callejón con un sex-shop al que entraban hombres con la cabeza agachada y las solapas del abrigo subidas. He visto llorar a una adolescente y pelear a una pareja de novios. He visto un domingo por la tarde desolado, con familias paseando de la mano. He visto el mar y he visto la luna. He visto un río por el que pasaban barcazas perezosas que no parecían de verdad. He visto a un perro devorando a un gato. He visto a un mendigo construyendo una casa de cartones. He visto a mi madre pasear conmigo de la mano, porque desde las ventanas de los hoteles se ven muchas alucinaciones. He visto temblar las copas de los árboles por influencia del viento. He visto aviones que despegaban y aterrizaban sin cesar. He visto un mercado con el techo roto. He visto puestos de verduras y de frutos secos. He visto dos o tres accidentes de coche. He visto una ciudad entera, a mis pies, he visto sus tejados y sus ventanas pequeñas y las humedades de sus paredes. He visto un edificio de oficinas con sus oficinistas, todos Clips de Famóbil. He visto un campo de fútbol y una plaza de toros, muy desasosegantes los dos. He visto a un policía acariciando su pistola. He visto descampados. He visto vacas (sagradas y profanas). He visto desfiles militares. He visto manifestaciones de estudiantes. He viso una plaza de piedra con una fuente en medio. He visto cúpulas de iglesias que parecían flotar a la puesta del sol. He visto antenas de televisión. He visto cables de la luz. He visto zopilotes y cigüeñas. He visto restaurantes caros y baratos. He visto terrazas de verano. He visto jóvenes y viejos. He visto la selva y el desierto. He visto una muralla. He visto a un hombres tirando de una cabra. He visto un atraco. He visto a dos muchachos transportando un espejo gigantesco en el qeu se reflejaba la puerta de mi hotel...
Del libro Articuentos completos [2011] de Juan José Millás [1946- ].
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sábado, 28 de marzo de 2015
viernes, 27 de marzo de 2015
200
Ya hay 200 entradas en este blog sobre cosas que leo y cosas que escribo. Poco a poco, durante este año y pico que ha pasado desde que lo inicié, va entrando cada vez más gente por aquí a curiosear... y en algunos casos a quedarse.
Quiero aprovechar este post número 200 para pediros a quienes venís de visita vuestros comentarios, vuestras sugerencias, críticas, propuestas... que contéis qué estáis leyendo, vuestras recomendaciones....
Y para "celebrarlo" estrenamos twitter [@capituloseis] y e-mail [elcapituloseisdeminovela@gmail.com] propios del blog.
Nos vemos en los libros...
Quiero aprovechar este post número 200 para pediros a quienes venís de visita vuestros comentarios, vuestras sugerencias, críticas, propuestas... que contéis qué estáis leyendo, vuestras recomendaciones....
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Nos vemos en los libros...
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jueves, 26 de marzo de 2015
Stefan y Michel
Después de muchas vicisitudes Stefan y Michel han llegado por fin a casa, de la mano de los Reyes Magos...
¡Qué buena pareja!
¡Y qué ganas de leerles...!
[¡Gracias, hermana!]
¡Qué buena pareja!
¡Y qué ganas de leerles...!
[¡Gracias, hermana!]
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miércoles, 25 de marzo de 2015
¿Hacia dónde caminar?
¿Por qué resulta a veces tan arduo decidir hacia dónde caminar? Creo que existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos inconscientemente a él, nos dirigirá correctamente. No da igual qué senda tomemos. Hay un camino adecuado, pero somos muy propensos, por descuido y estupidez, a elegir el erróneo. Nos gustaría tomar ese buen camino, que nunca hemos emprendido en este mundo real y que es símbolo perfecto del que desearíamos recorrer en el mundo ideal e interior; y si a veces hallamos difícil elegir su dirección, es -con toda seguridad- porque aún no tiene existencia clara en nuestra mente.
De Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].
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martes, 24 de marzo de 2015
El blog de la BNE
Estos días ando gulusmeando en la BNE y en su página web.
Hace un par de semanas estuve allí, me hice el carné de lector, y tuve la suerte de hacer una visita por algunas de las tripas de la biblioteca.
El miércoles pasado volví para asistir a uno de los mini cursos de formación para usuarixs que organiza la propia biblioteca, en los que te cuentan cómo funciona y cómo usarla.
En este curso, que en teoría dura una hora pero se extendió algo más porque hay muuuchas cosas que contar, hacen una introducción contando qué es y para qué es la BNE, explican cómo usar su catálogo, dan una breve descripción del edificio, de las salas de lectura, y cuentan cómo usarlas, cómo pedir libros, etc.
Una de las cosas que descubrí ese día, y que tampoco sabía, es que existe un blog de la BNE con novedades y noticias sobre la institución.
¡Ya está en mi lista de blogs...!
Hace un par de semanas estuve allí, me hice el carné de lector, y tuve la suerte de hacer una visita por algunas de las tripas de la biblioteca.
El miércoles pasado volví para asistir a uno de los mini cursos de formación para usuarixs que organiza la propia biblioteca, en los que te cuentan cómo funciona y cómo usarla.
En este curso, que en teoría dura una hora pero se extendió algo más porque hay muuuchas cosas que contar, hacen una introducción contando qué es y para qué es la BNE, explican cómo usar su catálogo, dan una breve descripción del edificio, de las salas de lectura, y cuentan cómo usarlas, cómo pedir libros, etc.
Una de las cosas que descubrí ese día, y que tampoco sabía, es que existe un blog de la BNE con novedades y noticias sobre la institución.
¡Ya está en mi lista de blogs...!
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lunes, 23 de marzo de 2015
domingo, 22 de marzo de 2015
sábado, 21 de marzo de 2015
Club de Lectura Serrano: Carver-Adichie
Ayer tuvimos nuestra primera reunión del Club de Lectura Serrano...
En realidad ya hicimos una quedada "fundacional" hace algo menos de un mes, pero la de hoy ha sido la primera en la que teníamos "deberes": la colección de cuentos Catedral [1983] del escritor estadounidense Raymond Carver [1938-1988].
Ha sido un lujo: nueve personas (dos más que en nuestra otra cita) quedando un viernes por la tarde para pasar un rato juntxs, tomar un café o una infusión y charlar sobre un libro. El libro de Carver es una maravilla, y la conversación ha sido una delicia: divertida, interesante, motivadora, a ratos ha habido cierta polémica, puntos de vista diferentes, apreciaciones diversas sobre los mismos cuentos......
Muchas, muchas cosas en sólo un par de horas.
En fin, que estoy encantado de que ésto que me apetecía tanto haya empezado a rodar.
Y ya tenemos tarea para la próxima reunión: Americanah [2013] de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
En realidad ya hicimos una quedada "fundacional" hace algo menos de un mes, pero la de hoy ha sido la primera en la que teníamos "deberes": la colección de cuentos Catedral [1983] del escritor estadounidense Raymond Carver [1938-1988].
Ha sido un lujo: nueve personas (dos más que en nuestra otra cita) quedando un viernes por la tarde para pasar un rato juntxs, tomar un café o una infusión y charlar sobre un libro. El libro de Carver es una maravilla, y la conversación ha sido una delicia: divertida, interesante, motivadora, a ratos ha habido cierta polémica, puntos de vista diferentes, apreciaciones diversas sobre los mismos cuentos......
Muchas, muchas cosas en sólo un par de horas.
En fin, que estoy encantado de que ésto que me apetecía tanto haya empezado a rodar.
Y ya tenemos tarea para la próxima reunión: Americanah [2013] de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
Fotos: Bob Adelman y Karen Jackson.
viernes, 20 de marzo de 2015
En la calle
Estos últimos meses han sido durísimos. En el banco me han hecho la vida imposible hasta conseguir que me fuera: presiones y traiciones de quienes trabajaban codo a codo conmigo, de mi propio equipo. Una violencia gratuita que no he podido soportar por más tiempo. Así que vuelvo a estar sin trabajo, en la calle.
Espero que a pesar de todo se haga justicia. Para evitar tejemanejes malintencionados he preferido acogerme al turno de oficio. Ojalá el abogado o la abogada que se encargue de mi defensa sea capaz de probar que no tuve nada que ver con las extrañas maniobras que la acusación asegura que se hicieron en el banco mientras yo lo presidía...
Manjirón, julio de 2014.

En la calle por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
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jueves, 19 de marzo de 2015
Muerte en el olvido
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Ángel González [1925-2008].
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Ángel González [1925-2008].
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miércoles, 18 de marzo de 2015
martes, 17 de marzo de 2015
BNE
La semana pasada estuve de visita en la Biblioteca Nacional. Siempre había tenido la idea de que era un sitio hermético cuyo acceso estaba reservado sólo para unos pocos eruditos e iniciados. Me habían contado que desde hace un tiempo no es así y de hecho creo que uno de sus objetivos (no sé cómo de recientes) es tratar de abrir sus puertas a la gente "normal" que quiera conocer lo que alberga.
Por ejemplo, el trámite para conseguir el carné de la biblioteca se puede hacer en un momento allí mismo, sólo presentando el DNI si quieres ser lector, y alguna documentación extra si quieres el de investigador.
Cuando fui el miércoles pasado, tuve la suerte de que una amiga que trabaja allí me ofreciera una "visita guiada" por el edificio para enseñarme las diferentes salas de lectura y contarme cómo funciona la biblioteca. Me llevaba y me traía por pasillos, escaleras y ascensores, y tuve la sensación de estar en un lugar demasiado laberíntico, poco intuitivo para moverte por él.
Unos días antes, cuando hablamos de vernos allí, me había preguntado si me gustaría ver los depósitos. Le dije que por supuesto que sí. Así que pedimos permiso y me llevó por algunas de las salas en las que se guardan los miles y miles y miles de libros que hay en la biblioteca.
Son muchos pisos, con innumerables pasillos, en los que hay cientos de metros de estanterías llenos de libros. Cuando te mueves entre ellos tienes la sensación, muy real aunque sepas que no es cierta, de que allí está todo.
Ante mi sorpresa, me explicaron que los libros no están ordenados por temas, por autores, por fechas, o por algún otro criterio que pueda ser más o menos razonable: los libros se ordenan por "orden de llegada". Después del 23954 viene el 23955 y luego el 23956... No importa de qué hable cada uno de ellos: informática, sexualidad, fontanería, religión, alpinismo, jardinería o literatura...
Así que al asombro que produce la cantidad se añade la sorpresa de ir mirando los lomos de cada uno y preguntarte qué vas a encontrar en el siguiente.
Fue una visita fascinante. ¡Gracias!
También, claro, hay un lado oscuro que sólo he vislumbrado, aunque es fácil de imaginar: al llegar me recibió un tipo en la puerta que me dio un panfleto en el que se protestaba por las condiciones laborales de la biblioteca, y leo y me cuentan que el presupuesto está reducido casi a la mitad, que hay montones de documentos, prensa, etc. que se están deteriorando sin que se escaneen ni se haga nada con ellos, que hay equipos que no se reponen, que disminuye el personal, que vienen investigadores de otros países que se lamentan de que no seamos conscientes de lo que se almacena en esas salas...
Por desgracia nada que sorprenda en estos tiempos: la cultura, la ciencia o la educación siguen a la cola de las prioridades de nuestros gobiernos.
Por ejemplo, el trámite para conseguir el carné de la biblioteca se puede hacer en un momento allí mismo, sólo presentando el DNI si quieres ser lector, y alguna documentación extra si quieres el de investigador.
Cuando fui el miércoles pasado, tuve la suerte de que una amiga que trabaja allí me ofreciera una "visita guiada" por el edificio para enseñarme las diferentes salas de lectura y contarme cómo funciona la biblioteca. Me llevaba y me traía por pasillos, escaleras y ascensores, y tuve la sensación de estar en un lugar demasiado laberíntico, poco intuitivo para moverte por él.
Unos días antes, cuando hablamos de vernos allí, me había preguntado si me gustaría ver los depósitos. Le dije que por supuesto que sí. Así que pedimos permiso y me llevó por algunas de las salas en las que se guardan los miles y miles y miles de libros que hay en la biblioteca.
Son muchos pisos, con innumerables pasillos, en los que hay cientos de metros de estanterías llenos de libros. Cuando te mueves entre ellos tienes la sensación, muy real aunque sepas que no es cierta, de que allí está todo.
Ante mi sorpresa, me explicaron que los libros no están ordenados por temas, por autores, por fechas, o por algún otro criterio que pueda ser más o menos razonable: los libros se ordenan por "orden de llegada". Después del 23954 viene el 23955 y luego el 23956... No importa de qué hable cada uno de ellos: informática, sexualidad, fontanería, religión, alpinismo, jardinería o literatura...
Así que al asombro que produce la cantidad se añade la sorpresa de ir mirando los lomos de cada uno y preguntarte qué vas a encontrar en el siguiente.
Fue una visita fascinante. ¡Gracias!
También, claro, hay un lado oscuro que sólo he vislumbrado, aunque es fácil de imaginar: al llegar me recibió un tipo en la puerta que me dio un panfleto en el que se protestaba por las condiciones laborales de la biblioteca, y leo y me cuentan que el presupuesto está reducido casi a la mitad, que hay montones de documentos, prensa, etc. que se están deteriorando sin que se escaneen ni se haga nada con ellos, que hay equipos que no se reponen, que disminuye el personal, que vienen investigadores de otros países que se lamentan de que no seamos conscientes de lo que se almacena en esas salas...
Por desgracia nada que sorprenda en estos tiempos: la cultura, la ciencia o la educación siguen a la cola de las prioridades de nuestros gobiernos.
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lunes, 16 de marzo de 2015
domingo, 15 de marzo de 2015
Carne de lector
Desde la semana pasada tengo un documento en el que dice oficialmente, con sellos, firmas, números y fecha de caducidad, que soy carne de lector.
¡Mola!
Tiene su cosa que la mismísima BNE prescinda de las tildes en sus carnés...
;o)
¡Mola!
Tiene su cosa que la mismísima BNE prescinda de las tildes en sus carnés...
;o)
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sábado, 14 de marzo de 2015
Deambular
Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: "Te doy un penique por lo que estás pensando"; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.
[...] No sé cómo lo soportan las mujeres, que están aún más recluidas en casa que los hombres; aunque tengo motivos para sospechar que la mayor parte de ellas no lo soporta en absoluto.
Del librito Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].
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viernes, 13 de marzo de 2015
jueves, 12 de marzo de 2015
Este papeleo...
No pude pegar ojo en toda la noche y hoy estoy fatigado y abatido como si me hubieran dado una paliza; sin embargo, como ya tengo aquí el montón de cuartillas que pedí al director, y como del aplanamiento en que me hundo no de otra manera me es posible salir si no es emborronando papel y más papel, voy a ver de empezar de nuevo, de coger otra vez el hilo del relato y de dar un empujón a estas memorias para ponerlas en el camino del fin. Veremos si me encuentro con fuerzas suficientes, que buena falta me harán. Cuando pienso en que de precipitarse un poco más los acontecimientos, mi narración se expone a quedarse a la mitad y como mutilada, me entran unos apuros y unas prisas que me veo y me deseo para dominarlos porque pienso que si escribiendo, como escribo, poco a poco y con los cinco sentidos puestos en lo que hago, no del todo claro me ha de salir el cuento, si éste lo fuera a soltar como en chorro, tan desmañado y deslavazado habría de quedar que ni su mismo padre -que soy yo- por hijo lo tendría. Estas cosas en las que tanta parte tiene la memoria hay que cuidarlas con el mayor cariño porque de trastocar los acontecimientos no otro arreglo tendría el asunto sino romper los papeles para reanudar la escritura, solución de la que escapo como del peligro por eso de que nunca segundas partes fueran buenas. Quizás encuentre usted presumido este afán mío de que las cosas secundarias me salgan bien cuando las principales tan mal andan, y quizás piense usted con la sonrisa en la boca que es mucha pretensión por parte mía tratar de no apurarme, porque salga mejor, en esto que cualquier persona instruida haría con tanta naturalidad y como a la pata la llana, pero si tiene en cuenta que el esfuerzo que para mí supone llevar escribiendo casi sin parar desde hace cuatro meses, a nada que haya hecho en mi vida es comparable, es posible que encuentre una disculpa para mi razonar.
Las cosas nunca son como a primera vista las figuramos, y así ocurre que cuando empezamos a verlas de cerca, cuando empezamos a trabajar sobre ellas, nos presentan tan raros y hasta tan desconocidos aspectos, que de la primera idea no nos dejan a veces ni el recuerdo; tal pasa con las caras que nos imaginamos, con los pueblos que vamos a conocer, que nos los hacemos de tal o de cual forma en la cabeza, para olvidarnos repentinamente ante la vista de lo verdadero. Esto es lo que me ocurrió con este papeleo, que si al principio creí que en ocho días lo despacharía, hoy -al cabo de ciento veinte- me sonrío no más que de pensar en mi inocencia.
De la novela La familia de Pascual Duarte [1942] del escritor español, premio Nobel de Literatura en 1989, Camilo José Cela [1916-2002].
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miércoles, 11 de marzo de 2015
Inventario de lugares propicios al amor
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas
como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el "no tocar, peligro de ignominia"
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
De Tratado de urbanismo [1967] del poeta español Ángel González [1925-2008].
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas
como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el "no tocar, peligro de ignominia"
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
De Tratado de urbanismo [1967] del poeta español Ángel González [1925-2008].
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martes, 10 de marzo de 2015
Aburrimientoooooo
Con lo muchísimo que me gusta la novela El nombre de la rosa y lo muchísimo que la disfruto cada vez que la leo y la releo, es increíble lo muchííííííísimo que me estoy aburrieeeeendooo leyendo Baudolino, también de Umberto Eco [1932- ].
¡Ay!
¡Ay!
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lunes, 9 de marzo de 2015
gente que lee (29)
Hace añísimos, creo que yo debía andar en la facultad, descubrí, supongo que de forma más o menos fortuita como son tantos otros descubrimientos felices, a Charles Bukowski [1920-1994]. Durante una época, más o menos durante esos años de universidad, leí muchos de sus cuentos y sus novelas. (Casi nada de su poesía... siempre me ha costado leer poesía...)
De algún modo me fascinó esa mezcla de vida ruinosa, sensibilidad, desvergüenza, sexualidad, timidez encubierta y tantas otras cosas.
En esos años solía ir siempre (o casi) a comprar libros al mismo sitio: una pequeña librería de barrio que estaba cerca de Goya y que me había recomendado una amiga. Me gustaba ir por allí a mirar, a veces a comprar, y de vez en cuando a preguntarle al librero, que creo que se llamaba Enrique o quizá Emilio, qué me recomendaba.
Recuerdo que un día me llevé un libro de Bukowski y mientras lo iba hojeando en el metro de vuelta a casa descubrí que estaba mal impreso y le faltaban varias páginas. Un par de días después volví a la librería y se lo conté preguntándole si tenía algún ejemplar que estuviera bien. Él me dijo que sí y que por supuesto que me lo cambiaba sin ningún problema.
Cuando me daba el nuevo se paró un momento fijándose en la portada del libro fallido, sonrió y me dijo que bueno, siendo de Bukowski no importaba tanto que le faltaran unas cuantas páginas, que al fin y al cabo en todo lo que escribía contaba siempre lo mismo, y riendo me decía que en sus libros igual podían entrar unas páginas más que quitar unas cuantas y el resultado seguiría siendo siempre parecido: un polvo, un par de cervezas, una vomitona, alguna paja, más cervezas... y vuelta a empezar.
Le agradecí el cambio y salí de la librería pensando, y con los años he ido estando cada vez más convencido de ello, que en Bukowski hay mucho más que sexo cutre y alcohol barato...
El documental Born into this [2003], sobre su vida y su obra, es una buena prueba de ello. La imagen de arriba, es uno de los fotogramas de esa película, en el que el escritor lee, emocionado, su poema The shower.
Hoy, 9 de marzo, hace 21 años de su muerte.
De algún modo me fascinó esa mezcla de vida ruinosa, sensibilidad, desvergüenza, sexualidad, timidez encubierta y tantas otras cosas.
En esos años solía ir siempre (o casi) a comprar libros al mismo sitio: una pequeña librería de barrio que estaba cerca de Goya y que me había recomendado una amiga. Me gustaba ir por allí a mirar, a veces a comprar, y de vez en cuando a preguntarle al librero, que creo que se llamaba Enrique o quizá Emilio, qué me recomendaba.
Recuerdo que un día me llevé un libro de Bukowski y mientras lo iba hojeando en el metro de vuelta a casa descubrí que estaba mal impreso y le faltaban varias páginas. Un par de días después volví a la librería y se lo conté preguntándole si tenía algún ejemplar que estuviera bien. Él me dijo que sí y que por supuesto que me lo cambiaba sin ningún problema.
Cuando me daba el nuevo se paró un momento fijándose en la portada del libro fallido, sonrió y me dijo que bueno, siendo de Bukowski no importaba tanto que le faltaran unas cuantas páginas, que al fin y al cabo en todo lo que escribía contaba siempre lo mismo, y riendo me decía que en sus libros igual podían entrar unas páginas más que quitar unas cuantas y el resultado seguiría siendo siempre parecido: un polvo, un par de cervezas, una vomitona, alguna paja, más cervezas... y vuelta a empezar.
Le agradecí el cambio y salí de la librería pensando, y con los años he ido estando cada vez más convencido de ello, que en Bukowski hay mucho más que sexo cutre y alcohol barato...
El documental Born into this [2003], sobre su vida y su obra, es una buena prueba de ello. La imagen de arriba, es uno de los fotogramas de esa película, en el que el escritor lee, emocionado, su poema The shower.
Hoy, 9 de marzo, hace 21 años de su muerte.
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domingo, 8 de marzo de 2015
Leer para quien no puede leer
Hace unos días conté aquí que, por primera vez, alguien me había pagado por leer varias novelas. (Bueno, no sólo por leerlas, sobre todo por preparar exámenes y guías de lectura sobre ellas). Ha sido divertido. Y aunque alguna de ellas no era precisamente una gran novela, y menos estando destinada a público infantil y juvenil, otras ha sido interesante leerlas (o releerlas).
Dándole vueltas a esto de los posibles trabajos relacionados con libros y lecturas, he vuelto a pensar en un trabajo al que he dado vueltas con frecuencia y que creo que me gustaría mucho hacer: leer para quien no puede leer. Ser "lector por horas" para personas que por algún motivo no lo pueden hacer por sí mismas por enfermedad, por problemas de visión, etc.
Ahí queda.
Dándole vueltas a esto de los posibles trabajos relacionados con libros y lecturas, he vuelto a pensar en un trabajo al que he dado vueltas con frecuencia y que creo que me gustaría mucho hacer: leer para quien no puede leer. Ser "lector por horas" para personas que por algún motivo no lo pueden hacer por sí mismas por enfermedad, por problemas de visión, etc.
Ahí queda.
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sábado, 7 de marzo de 2015
Yo, señor, no soy malo...
Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.
Comienzo de la novela La familia de Pascual Duarte [1942] de Camilo José Cela [1916-2002].
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viernes, 6 de marzo de 2015
jueves, 5 de marzo de 2015
Acción ortográfica
Acción ortográfica: desde Quito luchando por vivir en un mundo mejor... un mundo sin faltas de ortografía...
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miércoles, 4 de marzo de 2015
martes, 3 de marzo de 2015
Mini jobs
En estos últimos años he hecho muchos mini jobs. Algunos de ellos han estado relacionados con libros y lecturas, unos remunerados y otros por amor al arte: he maquetado tesis doctorales y algún libro, he corregido varios libros de texto, he revisado artículos y capítulos de libros, una foto mía ha sido usada para una portada, colaboré con Vero en Nicaragua pensando qué libros incluir en varias bibliotecas escolares...
No sé si me dejo algo...
La semana pasada me propusieron hacer varios exámenes y guías de lectura de unos cuantos libros para grupos de ESO y Bachillerato: creo que es la primera vez que cobro por leer novelas...
¡No está nada mal!
;o)))
No sé si me dejo algo...
La semana pasada me propusieron hacer varios exámenes y guías de lectura de unos cuantos libros para grupos de ESO y Bachillerato: creo que es la primera vez que cobro por leer novelas...
¡No está nada mal!
;o)))
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Verónica Sánchez
lunes, 2 de marzo de 2015
Libros que crecen
[...] Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejamos al cuidado de los editores quienes, quizá por aquello de su conocida adición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en su auxilio a ese primo pobre que todos tenemos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, el texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes. Los libros, con frecuencia, mejoran con esa gratuita y tácita colaboración, pero los autores rara vez nos avenimos a reconocerlo y solemos preferir, quizás habitados por la soberbia, aquello que con mejor o peor fortuna habíamos escrito.
A veces pienso que escribir no es más que recopilar y ordenar y que los libros se están siempre escribiendo, a veces solos, incluso desde antes de empezar materialmente a escribirlos y aun después de ponerles su punto final. La cosecha de las sensaciones se tamiza en la criba de mil agujeros de la cabeza y cuando se siente madura y en sazón, se apunta en el papel y el libro nace. Lo que sucede es que el libro, después de nacer, sigue creciendo -armónico o desordenado- y evolucionando: en la cabeza de su autor, en la imaginación o en el sentimiento de los lectores y, por descontado, en las páginas de sus ulteriores ediciones. Estos crecimientos no son de la misma substancia, bien es verdad, pero todos le hacen crecer. [...]
De la introducción de Camilo José Cela [1916-2002], premio Nobel de Literatura en 1989, a la edición definitiva de 1960 de su novela La familia de Pascual Duarte [1942].
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domingo, 1 de marzo de 2015
La antigua Biblos
Desde hace ya algún tiempo, cada más o menos tres semanas, cuelgo una referencia a blogs que me gustan relacionados de algún modo con libros y lecturas. Así, de momento, han ido apareciendo por aquí Un libro al día, la Revista Babar, cuatroESCALONES, Atacama y La Pulga.
Hace unos días me llegó un mail con la recomendación de que visitara La antigua Biblos, un blog de reseñas de libros, que quien me escribía me aseguraba que me iba a gustar.
Entré, eché un vistazo, efectivamente me gustó, me suscribí para recibir en mi correo las nuevas entradas, decidí que iba a ser el siguiente blog que iba a referenciar aquí y lo anoté en mi lista de "entradas pendientes".
Es un blog interesante. Me recordó un poco a Un libro al día, en el sentido de que casi todas las entradas son reseñas de libros y que, aquí también, todos los días hay alguna entrada. A veces más de una.
Y también, como aquel, es un blog hecho en colaboración. En este caso no es un equipo sino una persona quien lo coordina y mantiene, pero está abierto a quien quiera colaborar enviando sus reseñas. Eso hace que haya muchas opiniones, gustos y criterios diferentes. Las "reglas" para colaborar son pocas y sencillas, muy asumibles. En fin, un sitio que creo que merece la pena seguir.
Unos días después, de forma bastante inesperada, recibí dos mensajes a la vez de La antigua Biblos.
Uno de ellos era del propio Antonio F. Rodríguez, el bloguero que lo mantiene, diciéndome que le había gustado mucho mi Capítulo VI y que esperaba que no me pareciera mal que se hubiera tomado la libertad de colgar una entrada sobre él.
El otro mail era el aviso de suscriptor de ese día para visitar esa entrada: una presentación preciosa, que me encantó y me emocionó, de este blog que llevo ya más de un añito manteniendo sobre cosas que leo y cosas que escribo.
Si en algún momento hay poquitas rayitas de batería para seguir haciendo estas cosas, cuando recibes mensajes así, sin ninguna duda las pilas se recargan de golpe...
¡Gracias!
Seguimos...
Hace unos días me llegó un mail con la recomendación de que visitara La antigua Biblos, un blog de reseñas de libros, que quien me escribía me aseguraba que me iba a gustar.
Entré, eché un vistazo, efectivamente me gustó, me suscribí para recibir en mi correo las nuevas entradas, decidí que iba a ser el siguiente blog que iba a referenciar aquí y lo anoté en mi lista de "entradas pendientes".
Es un blog interesante. Me recordó un poco a Un libro al día, en el sentido de que casi todas las entradas son reseñas de libros y que, aquí también, todos los días hay alguna entrada. A veces más de una.
Y también, como aquel, es un blog hecho en colaboración. En este caso no es un equipo sino una persona quien lo coordina y mantiene, pero está abierto a quien quiera colaborar enviando sus reseñas. Eso hace que haya muchas opiniones, gustos y criterios diferentes. Las "reglas" para colaborar son pocas y sencillas, muy asumibles. En fin, un sitio que creo que merece la pena seguir.
Unos días después, de forma bastante inesperada, recibí dos mensajes a la vez de La antigua Biblos.
Uno de ellos era del propio Antonio F. Rodríguez, el bloguero que lo mantiene, diciéndome que le había gustado mucho mi Capítulo VI y que esperaba que no me pareciera mal que se hubiera tomado la libertad de colgar una entrada sobre él.
El otro mail era el aviso de suscriptor de ese día para visitar esa entrada: una presentación preciosa, que me encantó y me emocionó, de este blog que llevo ya más de un añito manteniendo sobre cosas que leo y cosas que escribo.
Si en algún momento hay poquitas rayitas de batería para seguir haciendo estas cosas, cuando recibes mensajes así, sin ninguna duda las pilas se recargan de golpe...
¡Gracias!
Seguimos...
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