He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

martes, 7 de abril de 2015

Tu risa

Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa, 
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo 
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar 
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba, 
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche, 
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere, 
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos, 
níegame el pan, el aire, 
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca 
porque me moriría.

Del libro Los versos del capitán [1952] del poeta chileno Pablo Neruda [1904-1973], premio Nobel de Literatura en 1971.

lunes, 6 de abril de 2015

De fauna doméstica

Por el momento, las pruebas de su existencia parecen ser determinadas señales físicas que los investigadores menos escépticos defienden como evidencias: la exhalación de su aliento, huellas de su cuerpo, su color, su olor, su canto. De su silenciosa respiración sería testimonio la leve corriente de aire que, a veces, percibimos en la nuca o en las orejas, aunque en la casa todas las ventanas estén cerradas. La precisión del soplo vendría a ser indicio de un largo apéndice que pudiéramos llamar nasal, quizá retráctil. Un reflejo de su color lograría asomar en la penumbra del pasillo, o de las alcobas, a la hora vespertina, con el sol declinante: el suave resplandor nacarado, parecido a la ceguera de los espejos, que denunciaría un cuerpo blanquecino, cubierto de pellejo, plumón o escamas, capaz de reflejar la luz con mayor intensidad que una piel desnuda y mate. Que su cuerpo puede cambiar de tamaño lo confirmarían las diversas señales que se consideran suyas, tanto esas huellas que deforman sin motivo aparente la larga superficie de las colchas o la panza de los cojines, como las pequeñas oquedades que suelen aparecer en la harina, el azúcar o el pimentón cuando abrimos el bote que los guarda. Su olor, aunque diverso, es característico: no del todo agradable, pero tampoco hediondo, es ese que puede sorprendernos de repente en casa, sin que seamos capaces de descubrir su procedencia. Al parecer, su canto imita con tal certeza los sonidos de la rutina cotidiana, que es casi imposible distinguirlo del goteo del grifo, la descarga de una cisterna, el tictac de un viejo reloj, el rumor del tráfico en la calle o el súbito zumbido de la lavadora. Nunca se han encontrado rastros inconfundibles de sus pisadas, y hay quien sugiere que se movería volando o reptando. Su capacidad de volar corroboraría lo plumoso del cuerpo; la alternativa nos induciría a suponerlo cubierto de pellejo peludo o de piel escamosa. Nadie ha podido conocer de qué se alimenta y tampoco se han hallado sus excrementos. Hay quien propone que se nutriría de nuestras exhalaciones psíquicas, quizá mientras dormimos. Se adapta bien a las casas donde abundan los libros: las pequeñas arrugas y raspaduras de ciertas páginas y cubiertas, las manchitas que deforman algunas letras, serían señal de que los utiliza como guarida. La cualidad que puede atribuírsele sin confusión ni engaño es la invisibilidad, única evidencia que nadie, hasta ahora, ha conseguido refutar.

Microrrelato, minificción o nanocuento del escritor, ensayista, poeta y académico español José María Merino [1941- ], incluido en su libro La glorieta de los fugitivos [2007].

domingo, 5 de abril de 2015

Hoy, mamá ha muerto.

Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, He recibido un telegrama del asilo: "Madre fallecida. Entierro mañana. Sentido pésame". Nada quiere decir. Tal vez fue ayer.

Comienzo de la novela El extranjero [1942] del escritor francés Albert Camus [1913-1960].

sábado, 4 de abril de 2015

Tenían eso en común

Quería hablar más con aquellas personas que estaban en la misma situación de espera que ella. Tenía miedo, y aquella gente también. Tenían eso en común.

Del cuento Parece una tontería del escritor Raymond Carver [1938-1988], incluido en su libro Catedral [1983].

viernes, 3 de abril de 2015

Disfruta de la vida

Disfruta de la vida. Hay mucho tiempo para estar muerto.

Cita atribuida a Hans Christian Andersen [1805-1875], escritor y poeta danés, de cuyo nacimiento se cumplieron ayer, 2 de abril, 210 años.
Autorretrato de Andersen de 1830.

[Ese mismo día se celebra el Día Internacional del Libro Infantil desde 1965.]

jueves, 2 de abril de 2015

Consejos a Millás sobre cómo escribir

[...] Un día en el que se quedaron solos, Millás le confesó a Julia que le gustaría escribir algo sobre ella. 
-Pues piensa antes de empezar a escribir -respondió la chica-, escribe con orden, elige las palabras con cuidado, evita las repeticiones innecesarias y las muletillas, escribe con naturalidad, relee lo que has escrito y corrige si es necesario.

De la novela La mujer loca [2014] de Juan José Millás [1946- ].

miércoles, 1 de abril de 2015

martes, 31 de marzo de 2015

Eso es lo que es

-Continúe -le animó la señora Webster-. Sé de lo que habla. Prosiga, señor Carlyle. A veces es bueno hablar. En ocasiones es necesario. Además, quiero escucharlo. Y después se sentirá mejor. A mí me pasó una vez algo así, algo parecido a lo que está describiendo usted. Amor. Eso es lo que es.

Del cuento Fiebre del escritor Raymond Carver [1938-1988], incluido en su libro Catedral [1983].

lunes, 30 de marzo de 2015

gente que lee (32)

David Laing [1793-1878], anticuario, historiador, coleccionista, retratado al óleo en 1862 por el pintor escocés Sir William Fettes Douglas [1822-1891].

domingo, 29 de marzo de 2015

He visto

Ahora que soy mayor, lamento no haber escrito un diario de los hoteles por los que he pasado a lo largo de mi vida (escribo estas líneas desde uno) y de las cosas que he visto desde sus ventanas. He visto, por ejemplo, un cementerio rodeado de edificios altos. He visto agonizar a un anciano en el edificio de enfrente, lo he visto morir. He visto un patio interior oscuro en el que había anidado una golondrina. He visto un callejón con un sex-shop al que entraban hombres con la cabeza agachada y las solapas del abrigo subidas. He visto llorar a una adolescente y pelear a una pareja de novios. He visto un domingo por la tarde desolado, con familias paseando de la mano. He visto el mar y he visto la luna. He visto un río por el que pasaban barcazas perezosas que no parecían de verdad. He visto a un perro devorando a un gato. He visto a un mendigo construyendo una casa de cartones. He visto a mi madre pasear conmigo de la mano, porque desde las ventanas de los hoteles se ven muchas alucinaciones. He visto temblar las copas de los árboles por influencia del viento. He visto aviones que despegaban y aterrizaban sin cesar. He visto un mercado con el techo roto. He visto puestos de verduras y de frutos secos. He visto dos o tres accidentes de coche. He visto una ciudad entera, a mis pies, he visto sus tejados y sus ventanas pequeñas y las humedades de sus paredes. He visto un edificio de oficinas con sus oficinistas, todos Clips de Famóbil. He visto un campo de fútbol y una plaza de toros, muy desasosegantes los dos. He visto a un policía acariciando su pistola. He visto descampados. He visto vacas (sagradas y profanas). He visto desfiles militares. He visto manifestaciones de estudiantes. He viso una plaza de piedra con una fuente en medio. He visto cúpulas de iglesias que parecían flotar a la puesta del sol. He visto antenas de televisión. He visto cables de la luz. He visto zopilotes y cigüeñas. He visto restaurantes caros y baratos. He visto terrazas de verano. He visto jóvenes y viejos. He visto la selva y el desierto. He visto una muralla. He visto a un hombres tirando de una cabra. He visto un atraco. He visto a dos muchachos transportando un espejo gigantesco en el qeu se reflejaba la puerta de mi hotel...

Del libro Articuentos completos [2011] de Juan José Millás [1946- ].

viernes, 27 de marzo de 2015

200

Ya hay 200 entradas en este blog sobre cosas que leo y cosas que escribo. Poco a poco, durante este año y pico que ha pasado desde que lo inicié, va entrando cada vez más gente por aquí a curiosear... y en algunos casos a quedarse.

Quiero aprovechar este post número 200 para pediros a quienes venís de visita vuestros comentarios, vuestras sugerencias, críticas, propuestas... que contéis qué estáis leyendo, vuestras recomendaciones....

Y para "celebrarlo" estrenamos twitter [@capituloseis] y e-mail [elcapituloseisdeminovela@gmail.com] propios del blog.

Nos vemos en los libros...

jueves, 26 de marzo de 2015

Stefan y Michel

Después de muchas vicisitudes Stefan y Michel han llegado por fin a casa, de la mano de los Reyes Magos...
¡Qué buena pareja!
¡Y qué ganas de leerles...!

[¡Gracias, hermana!]

miércoles, 25 de marzo de 2015

¿Hacia dónde caminar?

¿Por qué resulta a veces tan arduo decidir hacia dónde caminar? Creo que existe en la Naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos inconscientemente a él, nos dirigirá correctamente. No da igual qué senda tomemos. Hay un camino adecuado, pero somos muy propensos, por descuido y estupidez, a elegir el erróneo. Nos gustaría tomar ese buen camino, que nunca hemos emprendido en este mundo real y que es símbolo perfecto del que desearíamos recorrer en el mundo ideal e interior; y si a veces hallamos difícil elegir su dirección, es -con toda seguridad- porque aún no tiene existencia clara en nuestra mente.

De Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].

martes, 24 de marzo de 2015

El blog de la BNE

Estos días ando gulusmeando en la BNE y en su página web.
Hace un par de semanas estuve allí, me hice el carné de lector, y tuve la suerte de hacer una visita por algunas de las tripas de la biblioteca.
El miércoles pasado volví para asistir a uno de los mini cursos de formación para usuarixs que organiza la propia biblioteca, en los que te cuentan cómo funciona y cómo usarla.
En este curso, que en teoría dura una hora pero se extendió algo más porque hay muuuchas cosas que contar, hacen una introducción contando qué es y para qué es la BNE, explican cómo usar su catálogo, dan una breve descripción del edificio, de las salas de lectura, y cuentan cómo usarlas, cómo pedir libros, etc.
Una de las cosas que descubrí ese día, y que tampoco sabía, es que existe un blog de la BNE con novedades y noticias sobre la institución.
¡Ya está en mi lista de blogs...!

lunes, 23 de marzo de 2015

gente que lee (31)


Mujer desnuda leyendo [1920] óleo del pintor francés Robert Delaunay [1885-1941].

domingo, 22 de marzo de 2015

El lápiz

Viñeta de El Roto, publicada en El País el 20 de marzo de 2015.

sábado, 21 de marzo de 2015

Club de Lectura Serrano: Carver-Adichie

Ayer tuvimos nuestra primera reunión del Club de Lectura Serrano...
En realidad ya hicimos una quedada "fundacional" hace algo menos de un mes, pero la de hoy ha sido la primera en la que teníamos "deberes": la colección de cuentos Catedral [1983] del escritor estadounidense Raymond Carver [1938-1988].
Ha sido un lujo: nueve personas (dos más que en nuestra otra cita) quedando un viernes por la tarde para pasar un rato juntxs, tomar un café o una infusión y charlar sobre un libro. El libro de Carver es una maravilla, y la conversación ha sido una delicia: divertida, interesante, motivadora, a ratos ha habido cierta polémica, puntos de vista diferentes, apreciaciones diversas sobre los mismos cuentos......
Muchas, muchas cosas en sólo un par de horas.
En fin, que estoy encantado de que ésto que me apetecía tanto haya empezado a rodar.

Y ya tenemos tarea para la próxima reunión: Americanah [2013] de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].
Fotos: Bob Adelman y Karen Jackson.

viernes, 20 de marzo de 2015

En la calle

Estos últimos meses han sido durísimos. En el banco me han hecho la vida imposible hasta conseguir que me fuera: presiones y traiciones de quienes trabajaban codo a codo conmigo, de mi propio equipo. Una violencia gratuita que no he podido soportar por más tiempo. Así que vuelvo a estar sin trabajo, en la calle.
Espero que a pesar de todo se haga justicia. Para evitar tejemanejes malintencionados he preferido acogerme al turno de oficio. Ojalá el abogado o la abogada que se encargue de mi defensa sea capaz de probar que no tuve nada que ver con las extrañas maniobras que la acusación asegura que se hicieron en el banco mientras yo lo presidía...

Manjirón, julio de 2014.

jueves, 19 de marzo de 2015

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees 
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
                      Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Ángel González [1925-2008].

miércoles, 18 de marzo de 2015

martes, 17 de marzo de 2015

BNE

La semana pasada estuve de visita en la Biblioteca Nacional. Siempre había tenido la idea de que era un sitio hermético cuyo acceso estaba reservado sólo para unos pocos eruditos e iniciados. Me habían contado que desde hace un tiempo no es así y de hecho creo que uno de sus objetivos (no sé cómo de recientes) es tratar de abrir sus puertas a la gente "normal" que quiera conocer lo que alberga.
Por ejemplo, el trámite para conseguir el carné de la biblioteca se puede hacer en un momento allí mismo, sólo presentando el DNI si quieres ser lector, y alguna documentación extra si quieres el de investigador.

Cuando fui el miércoles pasado, tuve la suerte de que una amiga que trabaja allí me ofreciera una "visita guiada" por el edificio para enseñarme las diferentes salas de lectura y contarme cómo funciona la biblioteca. Me llevaba y me traía por pasillos, escaleras y ascensores, y tuve la sensación de estar en un lugar demasiado laberíntico, poco intuitivo para moverte por él.
Unos días antes, cuando hablamos de vernos allí, me había preguntado si me gustaría ver los depósitos. Le dije que por supuesto que sí. Así que pedimos permiso y me llevó por algunas de las salas en las que se guardan los miles y miles y miles de libros que hay en la biblioteca.
Son muchos pisos, con innumerables pasillos, en los que hay cientos de metros de estanterías llenos de libros. Cuando te mueves entre ellos tienes la sensación, muy real aunque sepas que no es cierta, de que allí está todo.
Ante mi sorpresa, me explicaron que los libros no están ordenados por temas, por autores, por fechas, o por algún otro criterio que pueda ser más o menos razonable: los libros se ordenan por "orden de llegada". Después del 23954 viene el 23955 y luego el 23956... No importa de qué hable cada uno de ellos: informática, sexualidad, fontanería, religión, alpinismo, jardinería o literatura...
Así que al asombro que produce la cantidad se añade la sorpresa de ir mirando los lomos de cada uno y preguntarte qué vas a encontrar en el siguiente.

Fue una visita fascinante. ¡Gracias!

También, claro, hay un lado oscuro que sólo he vislumbrado, aunque es fácil de imaginar: al llegar me recibió un tipo en la puerta que me dio un panfleto en el que se protestaba por las condiciones laborales de la biblioteca, y leo y me cuentan que el presupuesto está reducido casi a la mitad, que hay montones de documentos, prensa, etc. que se están deteriorando sin que se escaneen ni se haga nada con ellos, que hay equipos que no se reponen, que disminuye el personal, que vienen investigadores de otros países que se lamentan de que no seamos conscientes de lo que se almacena en esas salas...
Por desgracia nada que sorprenda en estos tiempos: la cultura, la ciencia o la educación siguen a la cola de las prioridades de nuestros gobiernos.

lunes, 16 de marzo de 2015

domingo, 15 de marzo de 2015

Carne de lector

Desde la semana pasada tengo un documento en el que dice oficialmente, con sellos, firmas, números y fecha de caducidad, que soy carne de lector.
¡Mola!
Tiene su cosa que la mismísima BNE prescinda de las tildes en sus carnés...
;o)

sábado, 14 de marzo de 2015

Deambular

Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más, a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: "Te doy un penique por lo que estás pensando"; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.
[...] No sé cómo lo soportan las mujeres, que están aún más recluidas en casa que los hombres; aunque tengo motivos para sospechar que la mayor parte de ellas no lo soporta en absoluto.

Del librito Caminar [1862] de Henry David Thoreau [1817-1862].

viernes, 13 de marzo de 2015

jueves, 12 de marzo de 2015

Este papeleo...

No pude pegar ojo en toda la noche y hoy estoy fatigado y abatido como si me hubieran dado una paliza; sin embargo, como ya tengo aquí el montón de cuartillas que pedí al director, y como del aplanamiento en que me hundo no de otra manera me es posible salir si no es emborronando papel y más papel, voy a ver de empezar de nuevo, de coger otra vez el hilo del relato y de dar un empujón a estas memorias para ponerlas en el camino del fin. Veremos si me encuentro con fuerzas suficientes, que buena falta me harán. Cuando pienso en que de precipitarse un poco más los acontecimientos, mi narración se expone a quedarse a la mitad y como mutilada, me entran unos apuros y unas prisas que me veo y me deseo para dominarlos porque pienso que si escribiendo, como escribo, poco a poco y con los cinco sentidos puestos en lo que hago, no del todo claro me ha de salir el cuento, si éste lo fuera a soltar como en chorro, tan desmañado y deslavazado habría de quedar que ni su mismo padre -que soy yo- por hijo lo tendría. Estas cosas en las que tanta parte tiene la memoria hay que cuidarlas con el mayor cariño porque de trastocar los acontecimientos no otro arreglo tendría el asunto sino romper los papeles para reanudar la escritura, solución de la que escapo como del peligro por eso de que nunca segundas partes fueran buenas. Quizás encuentre usted presumido este afán mío de que las cosas secundarias me salgan bien cuando las principales tan mal andan, y quizás piense usted con la sonrisa en la boca que es mucha pretensión por parte mía tratar de no apurarme, porque salga mejor, en esto que cualquier persona instruida haría con tanta naturalidad y como a la pata la llana, pero si tiene en cuenta que el esfuerzo que para mí supone llevar escribiendo casi sin parar desde hace cuatro meses, a nada que haya hecho en mi vida es comparable, es posible que encuentre una disculpa para mi razonar.
Las cosas nunca son como a primera vista las figuramos, y así ocurre que cuando empezamos a verlas de cerca, cuando empezamos a trabajar sobre ellas, nos presentan tan raros y hasta tan desconocidos aspectos, que de la primera idea no nos dejan a veces ni el recuerdo; tal pasa con las caras que nos imaginamos, con los pueblos que vamos a conocer, que nos los hacemos de tal o de cual forma en la cabeza, para olvidarnos repentinamente ante la vista de lo verdadero. Esto es lo que me ocurrió con este papeleo, que si al principio creí que en ocho días lo despacharía, hoy -al cabo de ciento veinte- me sonrío no más que de pensar en mi inocencia.

De la novela La familia de Pascual Duarte [1942] del escritor español, premio Nobel de Literatura en 1989, Camilo José Cela [1916-2002].

miércoles, 11 de marzo de 2015

Inventario de lugares propicios al amor

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas
como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios: 
quicios de puertas orientadas al norte, 
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el "no tocar, peligro de ignominia"
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia, 
en este tiempo hostil, propicio al odio.

De Tratado de urbanismo [1967] del poeta español Ángel González [1925-2008].

martes, 10 de marzo de 2015

Aburrimientoooooo

Con lo muchísimo que me gusta la novela El nombre de la rosa y lo muchísimo que la disfruto cada vez que la leo y la releo, es increíble lo muchííííííísimo que me estoy aburrieeeeendooo leyendo Baudolino, también de Umberto Eco [1932- ].
¡Ay!

lunes, 9 de marzo de 2015

gente que lee (29)

Hace añísimos, creo que yo debía andar en la facultad, descubrí, supongo que de forma más o menos fortuita como son tantos otros descubrimientos felices, a Charles Bukowski [1920-1994]. Durante una época, más o menos durante esos años de universidad, leí muchos de sus cuentos y sus novelas. (Casi nada de su poesía... siempre me ha costado leer poesía...)
De algún modo me fascinó esa mezcla de vida ruinosa, sensibilidad, desvergüenza, sexualidad, timidez encubierta y tantas otras cosas.

En esos años solía ir siempre (o casi) a comprar libros al mismo sitio: una pequeña librería de barrio que estaba cerca de Goya y que me había recomendado una amiga. Me gustaba ir por allí a mirar, a veces a comprar, y de vez en cuando a preguntarle al librero, que creo que se llamaba Enrique o quizá Emilio, qué me recomendaba.
Recuerdo que un día me llevé un libro de Bukowski y mientras lo iba hojeando en el metro de vuelta a casa descubrí que estaba mal impreso y le faltaban varias páginas. Un par de días después volví a la librería y se lo conté preguntándole si tenía algún ejemplar que estuviera bien. Él me dijo que sí y que por supuesto que me lo cambiaba sin ningún problema.
Cuando me daba el nuevo se paró un momento fijándose en la portada del libro fallido, sonrió y me dijo que bueno, siendo de Bukowski no importaba tanto que le faltaran unas cuantas páginas, que al fin y al cabo en todo lo que escribía contaba siempre lo mismo, y riendo me decía que en sus libros igual podían entrar unas páginas más que quitar unas cuantas y el resultado seguiría siendo siempre parecido: un polvo, un par de cervezas, una vomitona, alguna paja, más cervezas... y vuelta a empezar.
Le agradecí el cambio y salí de la librería pensando, y con los años he ido estando cada vez más convencido de ello, que en Bukowski hay mucho más que sexo cutre y alcohol barato...
El documental  Born into this [2003], sobre su vida y su obra, es una buena prueba de ello. La imagen de arriba, es uno de los fotogramas de esa película, en el que el escritor lee, emocionado, su poema The shower.

Hoy, 9 de marzo, hace 21 años de su muerte.

domingo, 8 de marzo de 2015

Leer para quien no puede leer

Hace unos días conté aquí que, por primera vez, alguien me había pagado por leer varias novelas. (Bueno, no sólo por leerlas, sobre todo por preparar exámenes y guías de lectura sobre ellas). Ha sido divertido. Y aunque alguna de ellas no era precisamente una gran novela, y menos estando destinada a público infantil y juvenil, otras ha sido interesante leerlas (o releerlas).

Dándole vueltas a esto de los posibles trabajos relacionados con libros y lecturas, he vuelto a pensar en un trabajo al que he dado vueltas con frecuencia y que creo que me gustaría mucho hacer: leer para quien no puede leer. Ser "lector por horas" para personas que por algún motivo no lo pueden hacer por sí mismas por enfermedad, por problemas de visión, etc.

Ahí queda.

sábado, 7 de marzo de 2015

Yo, señor, no soy malo...

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.

Comienzo de la novela La familia de Pascual Duarte [1942] de Camilo José Cela [1916-2002].

jueves, 5 de marzo de 2015

Acción ortográfica

Acción ortográfica: desde Quito luchando por vivir en un mundo mejor... un mundo sin faltas de ortografía...

miércoles, 4 de marzo de 2015

martes, 3 de marzo de 2015

Mini jobs

En estos últimos años he hecho muchos mini jobs. Algunos de ellos han estado relacionados con libros y lecturas, unos remunerados y otros por amor al arte: he maquetado tesis doctorales y algún libro, he corregido varios libros de texto, he revisado artículos y capítulos de libros, una foto mía ha sido usada para una portada, colaboré con Vero en Nicaragua pensando qué libros incluir en varias bibliotecas escolares...

No sé si me dejo algo...

La semana pasada me propusieron hacer varios exámenes y guías de lectura de unos cuantos libros para grupos de ESO y Bachillerato: creo que es la primera vez que cobro por leer novelas...
¡No está nada mal!
;o)))

lunes, 2 de marzo de 2015

Libros que crecen

[...] Los escritores, por lo común, corregimos las pruebas de nuestras primeras ediciones y a veces, ni eso. Las que siguen las dejamos al cuidado de los editores quienes, quizá por aquello de su conocida adición al noble y entretenido juego del pasabola, delegan en el impresor, el que se apoya en el corrector de pruebas que, como anda de cabeza, llama en su auxilio a ese primo pobre que todos tenemos quien, como es más bien haragán, manda a un vecino. El resultado es que, al final, el texto no lo reconoce ni su padre: en este caso, un servidor de ustedes. Los libros, con frecuencia, mejoran con esa gratuita y tácita colaboración, pero los autores rara vez nos avenimos a reconocerlo y solemos preferir, quizás habitados por la soberbia, aquello que con mejor o peor fortuna habíamos escrito.
A veces pienso que escribir no es más que recopilar y ordenar y que los libros se están siempre escribiendo, a veces solos, incluso desde antes de empezar materialmente a escribirlos y aun después de ponerles su punto final. La cosecha de las sensaciones se tamiza en la criba de mil agujeros de la cabeza y cuando se siente madura y en sazón, se apunta en el papel y el libro nace. Lo que sucede es que el libro, después de nacer, sigue creciendo -armónico o desordenado- y evolucionando: en la cabeza de su autor, en la imaginación o en el sentimiento de los lectores y, por descontado, en las páginas de sus ulteriores ediciones. Estos crecimientos no son de la misma substancia, bien es verdad, pero todos le hacen crecer. [...]

De la introducción de Camilo José Cela [1916-2002], premio Nobel de Literatura en 1989, a la edición definitiva de 1960 de su novela La familia de Pascual Duarte [1942].

domingo, 1 de marzo de 2015

La antigua Biblos

Desde hace ya algún tiempo, cada más o menos tres semanas, cuelgo una referencia a blogs que me gustan relacionados de algún modo con libros y lecturas. Así, de momento, han ido apareciendo por aquí Un libro al día, la Revista Babar, cuatroESCALONES, Atacama y La Pulga.

Hace unos días me llegó un mail con la recomendación de que visitara La antigua Biblos, un blog de reseñas de libros, que quien me escribía me aseguraba que me iba a gustar.

Entré, eché un vistazo, efectivamente me gustó, me suscribí para recibir en mi correo las nuevas entradas, decidí que iba a ser el siguiente blog que iba a referenciar aquí y lo anoté en mi lista de "entradas pendientes".

Es un blog interesante. Me recordó un poco a Un libro al día, en el sentido de que casi todas las entradas son reseñas de libros y que, aquí también, todos los días hay alguna entrada. A veces más de una.
Y también, como aquel, es un blog hecho en colaboración. En este caso no es un equipo sino una persona quien lo coordina y mantiene, pero está abierto a quien quiera colaborar enviando sus reseñas. Eso hace que haya muchas opiniones, gustos y criterios diferentes. Las "reglas" para colaborar son pocas y sencillas, muy asumibles. En fin, un sitio que creo que merece la pena seguir.

Unos días después, de forma bastante inesperada, recibí dos mensajes a la vez de La antigua Biblos.
Uno de ellos era del propio Antonio F. Rodríguez, el bloguero que lo mantiene, diciéndome que le había gustado mucho mi Capítulo VI y que esperaba que no me pareciera mal que se hubiera tomado la libertad de colgar una entrada sobre él.
El otro mail era el aviso de suscriptor de ese día para visitar esa entrada: una presentación preciosa, que me encantó y me emocionó, de este blog que llevo ya más de un añito manteniendo sobre cosas que leo y cosas que escribo.

Si en algún momento hay poquitas rayitas de batería para seguir haciendo estas cosas, cuando recibes mensajes así, sin ninguna duda las pilas se recargan de golpe...

¡Gracias!

Seguimos...

sábado, 28 de febrero de 2015

Una honesta ocupación

A decir verdad, el reconocimiento de la ignorancia es una de las más hermosas y seguras pruebas de juicio que encuentro. Yo no tengo otro sargento que ordene mis piezas sino la fortuna. A medida que mis desvaríos se presentan, los amontono; a veces se apresuran en muchedumbre, otras veces se arrastran de uno en uno. Quiero que se vea mi paso natural y común, tan descompuesto como es. Me dejo ir tal como me encuentro. Además, no son éstas materias que no sea lícito ignorar, ni hablar de ellas al azar y a la ligera.
Desearía tener una comprensión más perfecta de las cosas, pero no la quiero adquirir al precio tan alto que cuesta. Mi intención es pasar con dulzura y sin esfuerzo lo que me resta de vida. No quiero romperme la cabeza por nada, ni siquiera por la ciencia, por mucho que sea su valor. En los libros busco solamente deleitarme con una honesta ocupación; o, si estudio, no busco otra cosa que la ciencia que trata del conocimiento de mí mismo y que me enseña a morir bien y a vivir bien.

Del ensayo Los libros de Michel de Montaigne [1533-1592], de cuyo nacimiento se cumplen hoy, 28 de febrero, 482 años.

viernes, 27 de febrero de 2015

Club de Lectura

Hace mucho tiempo que tenía ganas de montar un Club de Lectura: un espacio en el que compartir opiniones, debates, gustos, propuestas, sugerencias, comentarios sobre libros y lecturas.
Desde hace algún tiempo he ido lanzando la idea a gente de la Sierra, a amigos y amigas a quienes creo que les puede apetecer algo así...

Y el viernes pasado, por fin, hicimos nuestra primera reunión: hablamos de lo que nos apetece hacer, de cómo organizarnos, de cómo mantenernos en contacto y mantener el grupo vivo más allá de las reuniones mensuales que vayamos haciendo, iniciamos una primera lista de libros que nos gustaría leer...

Y ya tenemos "deberes" para la próxima quedada:

jueves, 26 de febrero de 2015

Afortunado eres

[...] No podríamos decir lo mismo de las personas que nacieron entre 2065 y 2314. Así que si estás leyendo estas líneas, ya sabemos algo de ti: no perteneces a ese desgraciado período de dos siglos y medio en el que nadie sabía leer.
Afortunado eres.

De la novela juvenil de ciencia ficción Por el camino de Ulectra, de Martín Casariego Córdoba [1962- ].

miércoles, 25 de febrero de 2015

gente que lee (27)

Retrato de la madre del fotógrafo ruso Aleksandr Ródchenko [1891-1956] realizado en 1924.

martes, 24 de febrero de 2015

De mi propia vida

Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado. Hace nueve años me descubrieron en el ojo un tumor poco frecuente, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el tratamiento de láser a los que me sometí para eliminarlo acabaron por dejarme ciego de ese ojo, es muy raro que ese tipo de tumor se reproduzca. Pues bien, yo pertenezco al desafortunado 2%.

Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte. Las metástasis ocupan un tercio de mi hígado, y, aunque se puede retrasar su avance, son un tipo de cáncer que no puede detenerse. De modo que debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Me sirven de estímulo las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, que, al saber que estaba mortalmente enfermo, a los 65 años, escribió una breve autobiografía, en un solo día de abril de 1776. La tituló De mi propia vida.

“Imagino un rápido deterioro”, escribió. “Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros”.

He tenido la inmensa suerte de vivir más allá de los 80 años, y esos 15 años más que los que vivió Hume han sido tan ricos en el trabajo como en el amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía (bastante más larga que las breves páginas de Hume) que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados.

Hume continuaba: “Soy... un hombre de temperamento dócil, de genio controlado, de carácter abierto, sociable y alegre, capaz de sentir afecto pero poco dado al odio, y de gran moderación en todas mis pasiones”.

En este aspecto soy distinto de Hume. Si bien he tenido relaciones amorosas y amistades, y no tengo auténticos enemigos, no puedo decir (ni podría decirlo nadie que me conozca) que soy un hombre de temperamento dócil. Al contrario, soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.

Sin embargo, hay una frase en el ensayo de Hume con la que estoy especialmente de acuerdo: “Es difícil”, escribió, “sentir más desapego por la vida del que siento ahora”.

En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.

Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.

Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto).

De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.

No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.

Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

Oliver Sacks [1933- ], neurólogo inglés es autor, entre otros muchos libros, de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

Este artículo se publicó originalmente el 19 de febrero en The New York Times y el pasado sábado 22 de febrero en El País.

lunes, 23 de febrero de 2015

domingo, 22 de febrero de 2015

Romanes

Román está cubierto hasta la altura de la boca. De manera mecánica, muerde sin apretar o lame la sábana, sujeta por ambas manos a cada lado de la cabeza. Su cuerpo esmorecido se prolonga a partir de aquí dando lugar, en primer término, al cuello, especie de tallo que une la cabeza al tronco y que es, junto a las extremidades, una de las zonas más angostas de su cuerpo. El tronco, cubierto con una camisa, permanece inmóvil, un tanto ajeno a los movimientos respiratorios que de forma continua se producen en su interior. El vientre, además de dar cobijo a las vísceras, es con los ojos uno de los lugares por los que el miedo penetra con más facilidad. Cuando esto ocurre, Román detecta una paralización de los músculos respiratorios: un movimiento de defensa que por lo general se inicia en el alojamiento del paquete intestinal. De forma simultánea a esta contracción, pero a la altura de la boca, se produce otro movimiento: la lengua entra y sale rozando la superficie áspera de la sábana hasta que una sequedad extrema, ocasionada en parte por este roce y en parte por una menor actividad de las glándulas salivares, fruto también de este estado de defensa, la obliga a retirarse al interior de su cámara donde con un temblor imperceptible consigue nuevas aportaciones de saliva. Las piernas se extienden a partir de los muslos en la dirección más oscura del túnel formado por la sábana. Carecen de puntos muy sensibles, excepto en las rodillas, en las que un hormigueo de poca duración, pero ajustado a un ritmo preciso, precede siempre a las situaciones de alerta que se dan en el resto de su cuerpo. Los pies, por fin, a continuación de cada una de las piernas y sujetos a ellas por un tobillo, están cubiertos con unos gruesos calcetines de lana que intentan dar calor a una zona poco regada por la sangre, aunque muy sensible a los cambios atmosféricos. La abundancia de huesos en esta parte del cuerpo de Román convierte al frío en una manifestación particularmente incómoda por cuanto penetra hasta la médula, de donde no es fácil sacudirlo.

De la novela El jardín vacío [1981] del escritor Juan José Millás [1946- ].

Muy raras veces me encuentro con otros romanes, así que cuando doy con alguno, ya sea en los papeles o en el Mundo Real no puedo evitar celebrarlo de algún modo...

En las novelas sólo recuerdo a uno de los personajes de Nada, de Carmen Laforet, el tío Román de Andrea, la protagonista. Y en el Mundo Real he conocido a muy pocos: un día en la consulta del médico llamaron a Román y nos levantamos a la vez otro tipo y yo; hace poco tuve un alumno Román que estaba aún más sorprendido que yo cuando nos presentó su madre; el año pasado en la barra de un bar de Buitrago se me acercó un tipo a saludarme diciéndome que éramos tocayos al oír mi nombre; y mi abuelo y mi padre, de quien por cierto es hoy su cumpleaños...

sábado, 21 de febrero de 2015

¿Por qué escribe?

[...] Como todos ustedes saben, la pregunta que más a menudo se nos hace a los escritores, la que más gusta, es la siguiente: ¿Por qué escribe? ¡Escribo porque me sale de dentro! Escribo porque soy incapaz de hacer un trabajo normal como los demás. Escribo para que se escriban libros parecidos a los míos y yo pueda leerlos. Escribo porque estoy muy, muy enfadado con todos ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta pasarme el día entero en un habitación escribiendo. Escribo porque sólo puedo soportar la realidad si la altero. Escribo para que el mundo entero sepa la vida que hemos llevado y seguimos llevando yo, los otros, todos, nosotros, en Estambul, en Turquía. Escribo porque me gusta el olor del papel, de la pluma, de la tinta. Escribo porque más que en cualquier otra cosa creo en la literatura y en la novela. Escribo porque es una costumbre y una pasión. Escribo porque me da miedo ser olvidado. Escribo porque me gustan la fama y la atención que me ha proporcionado la escritura. Escribo para estar solo. Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para ver si acabo de una vez esa novela, ese artículo, esa página que he comenzado. Escribo porque eso es lo que todos esperan de mi. Escribo porque infantilmente creo en la inmortalidad de las bibliotecas y en cómo mis libros están en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo, es increiblemente hermoso y sorprendente. Escribo porque me resulta agradable verter en palabras toda esa belleza y esa riqueza de la vida. Escribo no para contar una historia sino para crear una historia. Escribo para librarme de la sensación de que hay un sitio al que debo ir pero al que no consigo llegar, como en un sueño. Escribo porque no consigo ser feliz. Escribo para ser feliz.

Del discurso pronunciado por el escritor turco Orhan Pamuk [1952- ] al recoger su premio Nobel en 2006.

viernes, 20 de febrero de 2015

Libros de verdad y libros de mentira

Hace unos días un amigo me envió por guasap este tuit:

con el código da vinci os cuestionasteis la religión, con 50 sombras, la sexualidad, cuando leáis un libro de verdad os explotará el cerebro.

Ahí queda...
Quien avisa...
;o)

jueves, 19 de febrero de 2015

Biografía

A los cuatro años sus padres le matricularon en un colegio al que estuvo yendo hasta que cumplió los diecisiete.
Allí aprendió a leer y a escribir y las cuatro tablas. Y allí aprendió también dónde desemboca el Ebro, quién escribió La Regenta, qué país es el primer productor de trigo y en qué siglo reinó Felipe II.
Durante todo ese tiempo su actividad era semejante a la de los demás niños de su edad. (Se puede decir, sin temor a equivocarse, que durante toda su vida su actividad fue semejante a la de sus semejantes.)
Al llegar del colegio merendaba, veía la televisión, hacía los deberes y jugaba con las cosas que en televisión anunciaban con el nombre de juguetes.
Después de la EGB hizo, como casi todos, el BUP. Como tantos otros estudió el COU, se examinó de selectividad y, como muchos, entró en la universidad.
Hizo una carrera que no le entusiasmaba en absoluto, pero que tampoco aborrecía. Lo importante, sus padres se lo habían dicho miles de veces, era conseguir un título superior lo antes posible, con el que luego poder acceder a un buen despacho en alguna buena empresa. Y luego ¡a vivir!
La verdad es que hubiera preferido ser ingeniero, pero tal y como estaban las cosas en la universidad, su 5.7 no le permitía ser demasiado ambicioso, así que tuvo que conformarse con una licenciatura de ciencias.
Bien mirado, ésta tenía la evidente ventaja de ser un año más corta y algo menos agobiante que las ingenierías superiores. (Por supuesto quedaba descartada la posibilidad de ser perito.)
Su horario durante los seis años que deambuló por la facultad (repitió segundo y arrastró hasta cuarto el álgebra de primero), no era demasiado sofisticado: se levantaba temprano (la clase empezaba a las nueve y media y tardaba tres cuartos de hora en llegar hasta la ciudad universitaria, suponiendo que no hubiera demasiado tráfico), desayunaba, se daba una ducha, iba a clase, volvía, comía, veía la televisión, estudiaba un rato y se metía en la cama.
Los sábados solía ir a dar una vuelta por Bilbao y tomarse un par de minis con algún amiguete de la facultad.
En cuatro ocasiones desde el comienzo del BUP hasta que terminó la carrera, conoció a otras tantas chicas que desordenaron tanto su horario como su sistema hormonal.
Al acabar la carrera miró a su alrededor y un destello de lucidez recorrió sus infrautilizadas meninges. Decidió que ya estaba bien de llevar una vida gris y mediocre y se dijo a sí mismo que había llegado el momento de cambiar (sic).
Desde ese día se puso a buscar un buen trabajo en una buena empresa, donde al cabo de un par de años llegaría a ganar un buen sueldo con el que darse una buena vida.
Y se echó una buena novia con la que se casó a los once meses de haber coincidido por primera vez en el ascensor del edificio de oficinas donde ambos trabajaban y haberle dicho él a ella que a qué hora solía bajar a tomar café.
Un par de meses después de la boda fueron a pasar un fin de semana a un Parador Nacional cerca de Madrid. Al fin y al cabo todavía podían considerarse recién casados y querían recordar los maravillosos momentos que habían pasado juntos, en aquel idílico crucero por el Adriático que hicieron durante su luna de miel.
El domingo, mientras desayunaban, él le dijo que tenía que hablar con ella de algo importante. Le explicó que él se definía a sí mismo como liberal y progresista, y que por favor no fuera a malinterpretar lo que iba a decirle.
A continuación le contó que había estado pensando qué era lo que más les convenía y había llegado a la conclusión de que lo mejor era que ella dejara su trabajo y se dedicase sólo a la casa y a los niños que dentro de poco empezarían a llegar. Mientras, él se ocuparía de llevar a casa el dinero necesario.
Le dijo que al fin y al cabo él ganaba más que ella, tenía más posibilidades de ascender que ella y que él seguramente no iba a saber dar biberones y limpiar culitos tan bien como lo haría ella.
Luego le preguntó que qué le parecía.
Ella, naturalmente, ese mismo lunes fue como todos los días al edificio de oficinas donde ambos trabajaban, pidió la baja, y se despidió de sus ya ex-compañeros.
Al poco tiempo tuvieron su primer hijo. En los cuatro años siguientes tuvieron otros dos: otro niño y una niña.
Los años que siguieron fueron de moderada prosperidad. Poco a poco fue medrando en la empresa. Tanto su categoría como su nómina iban mejorando con el paso de los años.
Su sueldo le daba para mantener un pequeño chalé en un pueblo cerca de Guadalajara al que iban todos los fines de semana con ganas o sin ellas. En uno de los bares del pueblo solía jugar interminables partidas de tute y de mus y el domingo por la tarde después de ver el partido de fútbol por televisión se incorporaba a una larguísima caravana que en dos o tres horas les llevaría de vuelta a casa.
Trabajó durante treinta y siete años en la misma empresa en la que había entrado al acabar la carrera y en la que había conocido a su mujer.
En ella había llegado a ser Subdirector Gerente de Material y el día de su jubilación, sus compañeros le brindaron un cálido homenaje en un buen restaurante del centro, entregándole una medallita y un diploma conmemorativo que enmarcó y colgó en el salón.
Murió siete años después, quizá de tedio, dejando una modesta pero desahogada pensión a su viuda y a sus tres hijos.
Probablemente fue feliz.
D.E.P.

Madrid, diciembre de 1990.

Licencia Creative Commons
Biografía por Román J. Navarro Carrasco se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Biografía es uno de los primeros relatos que recuerdo haber escrito. Tenía 23 años, hace casi 25, estaba estudiando física en la universidad, y supongo que pretendía ser un reflejo de una de las posibles vidas que no me apetecía vivir. Aún hoy lo es.
Estas últimas semanas, al mudarme, he tenido que mover y remover muchos papeles y carpetas, y ésto es una de las cosas que han aparecido. Estoy seguro de que hoy no lo hubiera escrito igual, pero al copiarlo aquí he querido respetar cada palabra y cada coma de las que escribí entonces.

miércoles, 18 de febrero de 2015

gente que lee (26)

Dante en el exilio [1860], óleo del pintor italiano Domenico Petarlini [1822-1898].

martes, 17 de febrero de 2015

Cincinnati

Imagen de la antigua biblioteca pública de Cincinnati, demolida en 1955.

lunes, 16 de febrero de 2015

La Marabunta

Sigo viendo, con asombro, con sorpresa, con alegría, cómo abren librerías en Madrid. Hay por ahí gente atrevida que, en estos tiempos de crisis, índices de lectura absurdos, libros electrónicos y centros comerciales que lo acaparan todo, aún tienen el coraje de montar una pequeña librería en la Ciudad.

En Lavapiés, una de las zonas por las que suelo moverme cuando voy a Madrid, he visto  muchas en estos últimos años. Algunas llevan ya mucho tiempo, como Traficantes de Sueños, y otras han abierto hace sólo unos meses, como Swinton & Grant, que además de libros, cómics y novelas gráficas, tiene cafetería y sala de exposiciones. Algunas me gustan especialmente para pasar allí un rato, trabajar, leer, compartir un café o echar un vistazo, como La fugitiva o La infinito o Tipos infames o Cave canem... Otras han sabido encontrar algún punto con el que innovar la idea de vender libros, como La casquería, que los vende al peso.

Entre tanto sitio interesante hay también alguno que ha pasado de ser una librería muy chula a ser un bar para modernxs con los escaparates llenos de máquinas de escribir y libros de segunda mano...

Por supuesto, la lista podría seguir y seguir y seguir... Hablo de Madrid, y en particular de Lavapiés, porque es lo que conozco un poco más de cerca. Pero sé que esto mismo está ocurriendo en muchos otros lugares. Aquí en la Sierra Norte, hay un ejemplo que me encanta que es la Papelería - Librería Eclipse, en Buitrago de Lozoya, que no se conforma con vender novelas, libros de texto, cuadernos y material escolar, sino que se empeña en organizar conciertos, talleres, mesas redondas, tertulias... y ahora también su II Concurso de Microrrelatos...

Estos días me ha llegado por el facebook la noticia de que La Marabunta, una librería muy activa cerca de la que viví varios años, no ha podido aguantar y en unos días echará el cierre...
Una pena...

domingo, 15 de febrero de 2015

sábado, 14 de febrero de 2015

La respiración

Pero también había otro motivo para insertar los extensos pasajes didácticos. Después de haber leído el manuscrito, los amigos de la editorial me sugirieron que acortase las primeras cien páginas, porque les parecía que exigían demasiado esfuerzo y se leían con dificultad. No vacilé en negarme, porque, sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y, si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina.
Entrar en una novela es como hacer una excursión a la montaña: hay que aprender a respirar, coger un ritmo de marcha, si no todo acaba en seguida. [...]
¿Qué significa pensar en un lector capaz de superar el escollo penitencial de las cien primeras páginas? Significa exactamente escribir cien páginas con el objeto de construir un lector idóneo para las siguientes.

De las Apostillas a El nombre de la rosa [1983], de Umberto Eco [1932- ].

viernes, 13 de febrero de 2015

El espejo del alma

No nos habíamos visto nunca, en ningún sitio, en ninguna ocasión, pero se parecía tanto a un vecino mío que me saludó cordialmente: él también se había confundido.

Microcuento del escritor catalán Pere Calders [1912-1994], de su libro Invasió subtil i altres contes, incluido en la antología La mano de la hormiga.

jueves, 12 de febrero de 2015

Un año de blog

Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.

Hoy, 12 de febrero, hace 31 años de la muerte de Julio Cortázar.
Y hoy hace un año que, precisamente con una entrada sobre Cortázar, inicié este blog sobre cosas que leo y cosas que escribo.

Ya he contado aquí en otras ocasiones que el 2014 ha sido un año duro para mí, y que durante estos meses algunas de las cosas que mejor me han sentado han sido leer, como siempre; intentar escribir, un anhelo que tenía desde hace muchos años; y mantener este blog.
Las tres me han divertido, me han hecho tomar perspectiva sobre los problemas que me rondaban, me han hecho mirarme desde fuera, me han hecho aprender...

Desde hace unos meses empecé a dar un poco de difusión al blog a través de facebook y de algunos mails. Empezaron a suscribirse amigxs, empecé a colgar algunos relatos míos, uno en cada luna nueva, empecé a dar al blog un cierto formato, surgieron algunas "secciones" más o menos fijas...

Y cada vez viene más gente de más sitios a visitarnos y ver qué se lee y qué se escribe por aquí...


Y seguimos...

***

Flor y cronopio

Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: "Es como una flor".

Del libro Historias de cronopios y famas [1962].

miércoles, 11 de febrero de 2015

gente que lee (25)

Fotografía de Charles Dickens [1812-1870] leyendo con sus hijas Kate y Mary.
Por cierto, el pasado sábado 7 de febrero se cumplieron 203 años de su nacimiento...

martes, 10 de febrero de 2015

Escribir ficción

Es cierto que el talento solo puede alimentarse, no enseñarse, pero el oficio de escribir sí que se puede enseñar.
Escribir ficción.
Hacía tiempo que le tenía echado el ojo. Me lo regalé el sábado.
Sigo aprendiendo, estudiando, probando, leyendo, escribiendo, buscando, mirando, escuchando...

lunes, 9 de febrero de 2015

domingo, 8 de febrero de 2015

No te queda sino leer todos los libros.

Y, además, no debes pensar que las clases son lo más importante para un estudiante, ni que la taberna es sólo un lugar donde se pierde el tiempo. Lo bueno del studium es que aprendes, sí, de los maestros, pero aún más de los compañeros, sobre todo de los que son mayores que tú, cuando te cuentan lo que han leído, y descubres que el mundo debe de estar lleno de cosas maravillosas y que para conocerlas todas, visto que la vista no te bastará para recorrer toda la tierra, no te queda sino leer todos los libros.

De la novela Baudolino [2000] del escritor italiano Umberto Eco [1932- ].

sábado, 7 de febrero de 2015

Descubrir, inventar, crear

Lo encontré hace un par de días en cuatroESCALONES:

En realidad no creo que nadie invente nada, lo que creo que hacemos es descubrir. Nuestro papel es precisamente ese, descubrir. No el de inventar. Lo único que podemos hacer es cambiar de una forma a otra. Inventar implica que uno ha creado algo de la nada, y no es eso lo que hacemos. Creamos algo a partir de algo. De ahí que me guste la idea del camino del descubrimiento, que es el que recorremos al hacer arquitectura. El descubrimiento es el proceso creativo. No se trata estrictamente de creatividad, es un proceso por el que debemos transitar como método de descubrimiento. Y eso es algo extremadamente importante.

Glenn Murcutt [1936- ], arquitecto australiano.

viernes, 6 de febrero de 2015

jueves, 5 de febrero de 2015

Ganas de escribir

Escribí una novela porque tuve ganas. Creo que es una razón suficiente para ponerse a contar. El hombre es por naturaleza un animal fabulador. Empecé a escribir en marzo de 1978, impulsado por una idea seminal. Tenía ganas de envenenar a un monje. Creo que las novelas nacen de una idea de ese tipo y que el resto es pulpa que se añade al andar.

De las Apostillas a El nombre de la rosa [1983], de Umberto Eco [1932- ].

miércoles, 4 de febrero de 2015

gente que lee (24)

Canónigo leyendo [1889], óleo del pintor español Enrique Simonet [1866-1927].

martes, 3 de febrero de 2015

Atacama

En su blog no suelen hablar de literatura, pero hablan de arte, historia, antropología, arquitectura, viajes.... y todo eso es también parte de la literatura, ¿no?
http://www.atacama.es/
Y además son amigxs...

lunes, 2 de febrero de 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "No mueras, te amo tanto."
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

César Vallejo [1892-1938], poeta peruano.