He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

martes, 26 de enero de 2016

Pena o envidia

Tienes un carácter muy difícil, pero no es por eso por lo que no quiero casarme contigo. No quiero casarme contigo porque esa vez que te digo y otras muchas me has dado pena, y a mí me gustaría casarme con un hombre que no me diera pena, porque bastante tengo con la que me doy yo.
Me gustaría casarme con un hombre que me diese envidia.
[...]
No sé cuándo volverá. No me ha dicho cuándo piensa volver. Tengo la impresión de que me he enamorado de él. No me da ninguna pena, como me la dabas tú algunas veces. Le envidio. Le envidio porque tiene un aire ensimismado, extraño y misericordioso. Tú también algunas veces tenías un aire ensimismado, pero a mí tus secretos me parecían un juego de niños. Él en cambio da la impresión de tener verdaderos secretos, que nunca contará a nadie, secretos complicados y rarísimos. Por eso le envidio. Porque yo en tocante a secretos no tengo ninguno.

De la novela Querido Miguel [1973] de la escritora italiana Natalia Ginzburg [1916-1991].

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