He estado de compras... y he comprado tres cosas. Lo primero: una máquina de escribir. Acabaré el capítulo seis de mi novela y seremos millonarios. La segunda: una estufa. Aquí hay calor humano pero no basta... La tercera: un despertador... porque hay que introducir el tiempo en nuestras vidas... porque nos hace falta disciplina... sobre todo a mí... y porque será la única forma de cronometrar mi tiempo.
[Ópera Prima, Fernando Trueba, 1980]

viernes, 17 de abril de 2015

¿Me entiendes?

-Ifemelunamma, ven, por favor -dijo su madre, y se dio media vuelta.
Obinze se puso en pie, pero Ifemelu lo detuvo.
-No, me ha llamado a mí.
La madre de Obinze le pidió que pasara a su dormitorio, le pidió que se sentara en la cama.
-Si pasa algo entre Obinze y tú, los dos seréis responsables. Pero la naturaleza es injusta con las mujeres. Un acto lo cometen dos personas, pero si hay consecuencias, una sola carga con ellas. ¿Me entiendes?
-Sí.
Ifemelu eludía la mirada de la madre de Obinze, fijándola en el linóleo blanco y negro del suelo.
-¿Has hecho algo serio con Obinze?
-No.
-Yo fui joven en su día. Sé lo que es el amor cuando se es joven. Quiero darte un consejo. Soy consciente de que, al final, harás lo que quieras, pero mi consejo es que esperes. Puedes amar sin hacer el amor. Hacer el amor es una manera hermosa de demostrar tus sentimientos, pero conlleva responsabilidad, una gran responsabilidad, y no hay prisa. Te aconsejo que esperes hasta que estés al menos en la universidad, espera hasta que seas un poco más dueña de ti misma. ¿Lo entiendes?
-Sí -respondió Ifemelu.
No sabía a qué se refería con eso de "un poco más dueña de ti misma".
-Me consta que eres una chica lista. Las mujeres son más sensatas que los hombres, y tendrás que ser tú la sensata. Convéncelo. Los dos deberíais poneros de acuerdo en esperar para que no haya presión.
La madre de Obinze calló por un momento e Ifemelu se preguntó si había terminado. El silencio reverberó en su cabeza.
-Gracias, señora -dijo Ifemelu.
-Y cuando decidas empezar, ven a verme. Quiero saber que actúas de manera responsable.
Ifemelu movió la cabeza en un gesto de asentimiento. Sentada en la cama de la madre de Obinze, en el dormitorio de esa mujer, asentía y accedía a anunciarle cuándo empezaría a mantener relaciones sexuales con su hijo. Aun así, percibió la ausencia de vergüenza. Quizá fuera por el tono de la madre de Obinze, su uniformidad, su normalidad.
-Gracias, señora -repitió, mirando ahora a la madre de Obinze a la cara, una cara franca, nada distinta de cómo era habitualmente-. Así lo haré.
Regresó al salón. Obinze, sentado en el borde de la mesa de centro, parecía nervioso.
-Lo siento. Hablaré de esto con ella en canto te vayas. Si quiere hablar con alguien, debe hacerlo conmigo.
-Me ha dicho que no vuelva nunca más a esta casa. Que llevo a su hijo por el mal camino.
Obinze parpadeó.
-¿Cómo?
Ifemelu se echó a reír. Después, cuando le contó lo que su madre había dicho, él cabeceó.
-¿Tenemos que decírselo cuando empecemos? ¿Qué idiotez es esa? ¿Quiere comprarnos condones? ¿Que le pasa a esta mujer?
-Pero ¿a ti quién te ha dicho que vamos a empezar nada?

De la novela Americanah [2013], de Chimamanda Ngozi Adichie [1977- ].

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